Tuesday, May 8, 2012

(desde el estudio de Viera) La Carga

Foto/Reuters
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La Carga

por Félix Luis Viera

El poeta comunista cubano Rubén Martínez Villena (1899-1934), con razón por muchos venerado hasta hoy tanto por su obra poética como por su ejemplo de vida puesta en favor de su pueblo, dice en par de versos de su pieza “Mensaje lírico civil” (1923): “Hace falta una carga para matar bribones,/para acabar la obra de las revoluciones;”.

En la primera mitad de la década de 1970, Fidel Castro, con esa puerilidad que lo caracteriza para prodigar frases huecas, optó en uno de sus diazepánicos discursos por parodiar aquellos versos del excelso poeta. Dijo entonces el bribón de Birán al cerrar aquel discurso y así, de paso, calzar uno de sus alegatos interminables en favor de sí mismo: “¡Rubén [Martínez Villena] desde aquí te decimos: ...esta es la carga que tú querías!”.

Desde 1974, aproximadamente, se rumoraba en Cuba que el método de las dietas (estipendio) entregadas a los trabajadores que debían realizar labores lejos de sus centros de trabajo, cambiaría. Entonces se les proporcionaba los llamados Bonos de Dieta, con un valor de compra de 3.50 pesos. Como no tenían valor en metálico, quienes los portaban, por lo general, de manera indolente consumían la totalidad en cada comida, y en otros casos convertían los bonos en dinero al venderlos por debajo 3.50, o hacían con ellos trueques por ciertos servicios y por objetos, o aun los regalaban a cualquier familiar o conocido. El despilfarro —sello del socialismo castrista—era descomunal. 

En la época antes dicha, el azar castrista me había llevado a trabajar en el área financiera de una empresa del Ministerio de la Industria Ligera. La noticia de que los Bonos de Dieta serían abolidos y en su lugar, a cada trabajador que lo requiriese se le entregaría 3.50 pesos en efectivo por cada comida (7 pesos diarios), creó tensión entre los trabajadores de aquella empresa. Pero sobre todo entre los camioneros, quienes, sin duda, se beneficiarían más que los otros, puesto que sus viajes podrían durar dos o tres días, o al menos se trasladaban lejos diariamente, con derecho a dieta. El camionero que más interés mostraba por la novedad que se avecinaba era Pastor, un hombre de baja estatura, de cuerpo cuadrado, ojos verdes que casi siempre miraban con picardía.

El día que (aunque nadie lo había dicho todo el mundo lo sabía, como suele ocurrir en Cuba) se llevó a cabo en aquella empresa la reunión final para establecer de inmediato la entrega de dietas en efectivo, yo, al salir de esta reunión, atravesé la calle en dirección al comedor. En la acera, a unos seis metros de la puerta, estaba Pastor, con quien yo conversaba a cada rato. Me hizo un gesto como llamándome. Fui hasta él. Solo me dijo como quien inquiere: “Dime”. Le respondí: “Sí”. El camionero Pastor llevó los brazos hacia arriba y, mirando al cielo, gritó casi: “¡Rubén, esta es la carga que tú querías!”. Di media vuelta y, dos o tres pasos después, sentí que Pastor me detenía tomándome por un brazo. Me volví hacia él y vi en su rostro una mezcla de picardía y terror. “Fue sin querer, se me salió... Por la virgen, no me vayas a chivatear... mira que yo tengo hijos...”.

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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