Tuesday, April 3, 2012

(Desde el estudio de Viera) Drogas

Drogas

por Félix Luis Viera

Es una tontería pensar que quienes hoy consumen drogas en una y otra latitud, dejarán de hacerlo por temor a la represión; más bien debemos creer que cada día serán más los consumidores, los cuales llegarán a constituir una cifra catastrófica en caso de que los centros de rehabilitación no se expandan; pero, sobre todo, en caso de que el consumo continúe prohibido.

Solo alguien que piense en retroceso puede creer que las drogas no llegaron, hace tiempo, para quedarse quién sabe hasta cuándo. Un mal ineluctable que únicamente se podrá afinar, como decía, con la despenalización del consumo, a la par de las campañas de concientización sobre el daño que este puede provocar. 

Los diferentes gobiernos se empecinan en combatir algo que jamás podrán erradicar por la vía de la represión. Los gastos para el combate a los cosechadores, narcotraficantes y consumidores ascienden a miles de millones de dólares mensuales. Pensemos: miles de millones de dólares mensuales que podrían ser utilizados de tantas maneras; pienso en infinidad de escuelas y hospitales, en la eliminación de la hambruna y del subvivir en general en regiones de América Latina, África, Asia. Podrían invertirse asimismo en la ecología y otras tareas mundiales de urgencia que hoy tienen a la Tierra en peligro de desaparecer.

Pero los líderes mundiales siguen encaprichados en ir contra la lógica. La pregunta: ¿alguien que tenga medio dedo de frente y que haya observado el curso de la historia, podría pensar que combatiendo con violencia el consumo de drogas, este desaparecerá? Nadie con los atributos anteriores podría pensarlo.

Por ejemplo, en Estados Unidos casi se han duplicado los consumidores en los últimos 20 años; según cálculos conservadores, hoy son 25 millones de personas que se valen de una u otra droga en alguna medida. Otro ejemplo: la lucha contra el narcotráfico que inició el Gobierno mexicano en 2006, ha costado, hasta hoy, según cifras oficiales, 47 515 muertes. El Gobierno azteca suele taparse diciendo que es la batalla entre delincuentes la que ha provocado la mayoría de estas muertes; es decir, que la mayor parte de esta cifra pertenece a delincuentes muertos. Pero no es tan así, el país vive hoy una situación de pánico: los ciudadanos andamos atemorizados en medio de una guerra entre dos frentes, el de los narcotraficantes y el de las fuerzas del orden. Por otro lado, ¿acaso los narcotraficantes no son seres humanos?, ¿debieran ellos morir cuando, en realidad, no deberían de existir como tales, como delincuentes dedicados al narcotráfico, digo? Reitero, no es tan así: fuentes periodísticas afirman que en estos cinco años de combate contra el narcotráfico, más de 4 mil niños y adolecentes han hallado la muerte víctimas del fuego cruzado; se calcula que debido a estas acciones hay aproximadamente 6 mil huérfanos y más de 20 mil familias están de luto. Un solo niño que muera, duele. Y duele más cuando es el resultado de una guerra insensata, de una aberración. Súmese que hay algo que no es posible cuantificar: el dolor, la tensión, el llanto, el trastoque de tantas vidas que padecemos aquí y allá por la misma aberración.

Un ejemplo que podría ilustrar el avance en el consumo de drogas es el caso de Cuba. Bajo un régimen cerrado, de control social, policial y político paradigmáticos, hoy sabemos que, finalmente, el tráfico y el consumo de drogas han ido ascendiendo en la Isla en los últimos años.

Volvemos a las pérdidas materiales. Alguien que haga las cuentas y llegue al monto que significan cientos de cárceles repletas de delincuentes que no deberían existir —manutención, custodia, transportes, combustibles, etc.—; las nóminas infladas a más no poder de ejércitos y otras instituciones de seguridad en uno y otro país puestos en función de una quimera; recursos de otra índole como aviones, helicópteros, barcos al servicio de una batalla perdida... y lo que falta. Estoy seguro de que quien hiciera estas cuentas se asombraría al constatar que la suma sería de decenas de miles de millones de dólares anuales, desperdiciados.

La pregunta: ¿quién en su sano juicio piensa que no llegará el día en que, indefectiblemente, el consumo de drogas sea despenalizado? Entonces, ¿por qué demorar lo que inevitablemente sucederá?, ¿por qué continuar con un empecinamiento que cuesta tantas vidas, tanto luto y tanto oro en todo el planeta?

Pero hay quizás otra razón de fuerza mayor o al menos de igual importancia: ¿debe haber en el mundo algún gobierno que obligue al ciudadano a no consumir esto o aquello?, ¿no deben tener libertad los ciudadanos para elegir en este sentido?, ¿no se violan sus derechos cuando son penalizados por esta causa? ¿Las atribuciones de los gobiernos no deben limitarse solo a prevenir, orientar, ayudar —aun con el establecimiento de leyes para tal propósito— a su población, pero nunca a imponerse a esta?, ¿o deben estar facultados los Gobiernos, como tantos lo están hoy en el caso que nos ocupa, para inmiscuirse en la decisión personal de los ciudadanos?

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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