Monday, January 17, 2011

"Con la misma furia de la primavera" poemario de Alberto Lauro


Le agradezco al fraterno Alberto Lauro que comparta  con los lectores del blog Gaspar, El Lugareño un adelanto de la segunda edición de su libro Con la misma furia de la primavera, próximo a salir en España por Visión Libros Editorial de Madrid.


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Con la misma furia de la primavera

Nota a la segunda edición

Este es un libro que se publicó pero que no existe. Los poemas fueron escritos por Alberto Lauro (Holguín, Cuba, 1959) entre los años 1983 y 1986 en Holguín y La Habana. Después de arduas discusiones del jurado, Con la misma furia de la primavera obtuvo el Premio Literatura-86 y fue publicado en abril de 1987. El poeta Manuel Díaz Martínez presidió el jurado y –como antes le sucedió con el libro Fuera del juego de Heberto Padilla o Hija de Eva de María Elena Cruz Varela- le otorgó la distinción, en contra de la institución que lo convocaba: el Sectorial Provincial de Cultura de Holguín.

A ello le siguió un enfrentamiento del autor con los funcionarios de esa entidad, y luego con los del Partido Comunista de la localidad al negarse a suprimir algunos poemas que, según le objetaron, daban una imagen negativa y contestataria de la juventud cubana, así como lo inconveniente de algunos nombres que aparecían en las dedicatorias. El autor se negó y amenazó con publicarlo fuera de Cuba. Para evitar el escándalo, el libro vio la luz con muchísimas erratas y omisiones de algunos destinatarios de los poemas. A su presentación en Holguín, sin convocatoria de prensa ni público, asistió el poeta Eliseo Diego para dar apoyo a Alberto Lauro. No hubo notas periodísticas ni tuvo reseñas, salvo la aparecida en la revista Manxa, de Ciudad Real (España), firmada por el poeta y crítico Antonio González Guerrero. Ya para esa fecha era un joven poeta de reconocido prestigio. Había obtenido varios premios literarios nacionales, participado en programas de radio y televisión, y en eventos auspiciados por la Biblioteca Nacional José Martí, el Ministerio de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz (apéndice de la Unión de Jóvenes Comunistas que controla a los artistas y escritores jóvenes) y la Casa de las Américas, amén de su precocidad como periodista en el diario Ahora de Holguín. No le permitieron cumplimentar las invitaciones literarias que recibió de universidades y entidades extranjeras, aunque él reclamó este derecho durante varios años al mismísimo Comité Central del Partido Comunista de Cuba. 

El libro no fue distribuido en las librerías, salvo algunos ejemplares en su ciudad natal, donde con posterioridad han sido vendidos a precios exorbitantes en el mercado negro. Fue la consecuencia de su osadía al publicar en España, meses antes de recibir este premio, con el patrocinio del poeta chileno Alberto Baeza Flores y el poeta y editor español José Jurado Morales, Parábolas y otros poemas (Ediciones Rondas, Barcelona, 1987), sin permiso oficial. Los ejemplares que le remitieron fueron confiscados y decomisados en la Aduana de La Habana. Tampoco le aprobaban que, haciendo caso omiso de las numerosas advertencias de la policía de la Seguridad del Estado, siguiera colaborando en revistas literarias internacionales como Quimera, Cuaderno Literario Azor y Manxa (España), Linden Lane Magazine (Estados Unidos), Revue Noire (Francia), Babel (Portugal), entre otras, e ignorando a la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, organización a la que se negó a pertenecer. 

A pesar de la censura, el libro en copias manuscritas situó al poeta entre las voces destacadas de la “Generación de los 80” en la isla. Años más tarde algunos poemas del libro fueron publicados por Emilio de Armas en la revista Letras Cubanas y otros en distintas publicaciones como Unión y El Caimán Barbudo, siendo incluido en numerosas antologías, entre ellas: Un grupo avanza silencioso (UNAM, México, 1990, y Letras Cubanas, La Habana, 1994); Provincia del Universo (Ed. Holguín, Cuba, 1993); Poesía Cubana: la isla entera (Ed. Betania, Madrid, 1995), Los frutos del sol (Ateneo de Los Teques, Venezuela, 1996), La eterna danza (Ed. Letras Cubanas, 2000 y 2006), Antologia de la Poesía Cósmica Cubana (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2001), Los frutos del sol (Ed. La hoja de la calle, Venezuela, 2003), y Nueva Poesía Hispanoamericana (Ed. Lord Byron, Lima, 2007), entre otras. En 2002 leyó una amplia selección de este poemario y de Cuaderno de Antinoo (Ed. Betania, Madrid, 1994) para toda Cuba, desde las emisiones de Radio “Martí”, radicada en Miami, en el programa “Poeta, poema, poesía”, dirigido por la poeta Rina Lastre.

El autor se negó a publicar en las editoriales de Cuba desde 1986. En 1990 le permitieron ir a Suiza invitado por la Asociación de Estudios de Literatura y Sociedades de América Latina, y los Departamentos de Español de las Universidades de Neuchâtel y la Católica de Friburgo. A su regreso varios manuscritos le fueron confiscados y nunca devueltos aunque hiciera múltiples reclamaciones. Los últimos años en Cuba los pasó prácticamente aislado y vigilado en una mansión en La Habana. Su artículo publicado en Francia “Últimas conversaciones con Reinaldo Arenas” (Revue Noire, Nº. 6, Sept.- Oct., 1992), estando aún en La Habana, marcó su pública ruptura con el régimen castrista. En 1992 varios amigos lo convencieron para que editara y fuera reivindicado. Entonces les entregó un manuscrito con poemas todavía más pesimistas (Libro de las noches de Job), que fue aprobado por la Editorial Letras Cubanas para su edición, mientras el poeta sabía que intentaría escapar de Cuba. Falsificando un permiso de salida oficial lo logra. Ese poemario no llegó a editarse. Dentro de Cuba, apoyó siempre en público a sus amigos marginados por la oficialidad cultural, entre ellos, la pintora Antonia Eiriz, el pintor Raúl Speek, el cineasta y pintor Nicolás Guillén Landrián, el artista Miguel Ángel Ponce de León, la pintora Clara Morera, el escritor Reinaldo Bragado, el preso histórico de “los plantados” Alfredo Mustelier –al que ayudó a revisar textos escritos por él en prisión, que luego fueron dados a conocer como denuncias fuera de Cuba-, o el prisionero político y Presidente de la Comisión Cubana pro Derechos Humanos y Reconciliación Nacional Gustavo Arcos Bergnes. A su llegada a Madrid en 1993, el poeta Gastón Baquero le entregó manuscritos de libros suyos que pudo sacar clandestinamente de Cuba. 

Con el aval del Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas y el Consejo Español de Ayudas a los Refugiados, el Gobierno español le concedió primero asilo político y la ciudadanía española después.

Según la información de www.cubaliteraria.com, portal literario oficial de la isla, con datos suministrados por el Instituto de Literatura y Lingüística y el Instituto Cubano del libro, el autor nació en 1914 y falleció en 1959. 

Al cumplirse los veinticinco años de su aparición Visión Libros Editorial, tal cual el poeta lo concibió, rescata para sus lectores Con la misma furia de la primavera, el libro que le diera notoriedad a pesar de la censura del régimen y el secuestro de los ejemplares editados de este libro, escrito por Alberto Lauro, poeta, escritor y periodista cubano, que continúa denunciando desde España y los foros internacionales la falta de libertad de expresión; el encarcelamiento de los periodistas, escritores y artistas independientes, y el férreo control del Gobierno cubano sobre los medios de comunicación en Cuba.

PUESTA EN ESCENA

Cuando se apagaron las luces
empezó, implacable, el redoble del tambor.
Iba pasando el desfile
de lentejuelas y máscaras
que animarían las funciones
de la siniestra temporada.

Más tarde apareció el payaso
que a nadie hizo reír,
soltando sobre nuestras cabezas
pavorosas llamas de su boca de dragón.
En la misma escena antes había sido
cartomántico, domador, equilibrista
y otros oficios innombrables.

Vimos el fuego tomar alturas,
llegar hasta la carpa destrozada
que ya para entonces
amenazaba con hundirse
entre el silencio y las ruinas.

Lo demás ya se sabe.
Los monos escaparon a la madrugada.
La rumbera se fue con un borracho,
dejando tras su paso huellas
de tules y alcanfor.
Los elefantes aplastaron el campo de rosas.
El circo se incendió.


UNA MUJER HA VENIDO

Una mujer ha venido a contemplar la noche.
Con su callado paso, silenciosa
mira las quietas aguas de mis ojos,
se sienta a ver pasar en la distancia
las aves que nunca supe a dónde van.
Su húmedo pecho de amar sabe
esconder entre montañas de oro mi cabeza,
junto a las horas que hemos compartido
agonizando en las playas del deseo
mientras, posesos de la fiebre,
fijaba estrellas en mi muerte, robaba sueños
con el poder de sus ansias,
sembraba espigas a todo lo largo del camino.
Una mujer ha venido a contemplar la noche.
Sabe que sus labios recorro con la lluvia.
Cada calle tiene la sombra de su pelo,
que luego deja caer sobre mi espalda
brillante como haces de trigo.
Del estanque de su cuerpo nacen flores extrañas,
manantiales para la sed del caminante,
su pupila cegada por el sol,
la llanura que es toda su espera,
la copa derramada, el vino nuevo.


ADOLESCENCIA

No pueden apartarse quienes
Entre sí vivos se mantienen.
John Donne.

Finalmente las muchachas se marcharon
y a los amigos cientos de fronteras nos separan.
Éramos quienes andaban largas llanuras
despiertos hasta esperan el alba.
Ellas escogían las frutas maduras cantando
canciones alegres, orgullosas de nosotros,
fuertes y ágiles.

Íbamos de noche a ver el mar,
bien sumadas las escasas monedas
que enviaron nuestros padres,
justas para ir a cualquier sitio
donde hasta muy tarde beber
cerveza clara y amarga como las despedidas,
en compañía de mujeres innombrables que aspiraban
a ser madres de hijos que no nacieron nunca
-a ellas juramos, perdidos luego
en el humo sin inocencia
y la conmovida penumbra de sus ojos grises
haberlas confundido
con las más bellas extranjeras de Europa Occidental.

Casi se olvida la infancia
en que lanzamos al viento puro de la mañana,
contra el fuego del sol,
miles de blancas palomas de papel.
Las cartas, cada vez menos, se cruzan todavía.
En el tintero se seca una sustancia que imprime
insólitos colores al abismo de la lejanía y del espanto,
evaporando rostros, recuerdos, hechos como palabras
roedoras de lápidas, besos y lanzallamas,
odios y alegrías enaltecidos
por victoriosos gritos de guerra,
en la paz cotidiana,
más allá de la cítara, la sangre y el yunque.

El horizonte no es el perro hambriento
que abre sus enormes fauces, el epitafio
que el tiempo arroja a la cara,
pesada piedra
al fondo del ácido párpado de la ira:
se encienden señales como hogueras
a todo lo largo y ancho del camino,
el que repasa el ojo del huracán
al dejar en su adiós siniestras madrigueras,
hambrientas caricias, desnudas miradas.

Y el sueño, con la etérea elegancia del centauro,
practica los pasos ingenuos del minuet
sobre la pasarela
-los mismos de las reses que van al matadero
con aire de feria o conducidos por máscaras,
adoradores de santos de madera,
indulgentes a veces y a veces implacables
en el sinuoso camino del ciempiés,
que aguarda el insulto sigiloso de que
todo poema es un disparo a quemarropa*.

Huimos, prófugos de la adolescencia,
mientras ante nuestro paso
la vida se tiende con su mirada de perro fiel.

Estamos, amigos, en la esquina de siempre,
más serios que de costumbre
-tanto que la vecina más próxima
bajo estos aburridos nombres
ya no nos reconoce-
reunidos para festejar
la agonía de un siglo de temor y gloria,
en el que conocimos
el júbilo en la frontera imprecisa de los años
de la pasión que nos salva y nos condena.

Finalmente las muchachas se marcharon
Y a los amigos cientos de fronteras nos separan.
Pronto cumpliremos la última edad de Cristo.
Arduo será el andar
por largas avenidas y pueblos diferentes
aguardando la tarde y el amor,
pero entre las heridas del miedo y la esperanza

cantemos con la misma
furia de la primavera.


ELOGIO DE OTRA LOCURA

Tu corazón creció en la flor
que dejé sobre la tierra de mi pecho.
Fue una piedra del río,
aire que despeinó las crines
de mis caballos salvajes,
el jardín donde enterré las caracolas
que me traían música.

Era una paloma
posada en los aleros del frío,
refugio que construí en la demencia,
fotografía rota de una casa ardiendo
sobre el campo silencioso,
abatida por el fuego del fin
y el musgo entre las ruinas.

Tu corazón lo vi perderse al horizonte,
dobló cualquier esquina
arrastrado por las turbias aguas,
pequeño barco de papel
bajo la lluvia.

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en el blog: Manny entrevista a Alberto Lauro 

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