Friday, December 31, 2010

(de la Iglesia cubana) Humor episcopal en la peregrinación de la Virgen de la Caridad

Aunque he tomado unas vacaciones blogueriles, al recibir este texto y fotos, no he resistido la tentación de compartirlo inmediatamente con Uds.

Les dejo con esta simpática y creativa anécdota, narrada en primera persona por su protagonista y les deseo nuevamente un Buen 2011.

Gaspar, El Lugareño


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Foto trucada
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Foto original
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UNA TRAVESURA AL FINAL DE LA PEREGRINACIÓN

Para poder entender la singular historia de estas dos fotografías trucadas, debo explicar que, en las reuniones previas al comienzo de la Peregrinación Nacional, los organizadores, y de manera especial Mons. Dionisio, Arzobispo de Santiago de Cuba, insistieron mucho en el cuidado y protección que habría que tener con la imagen de la Virgen y con la camioneta que la trasladaría. Recalcaron muchas veces que “la Virgen no podía ir por caminos malos, ni por ríos, ni podía sacarse de la camioneta para ser trasladada en otro tipo de vehículo, etc, etc.”

Fue tanta la insistencia sobre el tema que llegó un momento en que yo me decía a mí mismo: “Sólo falta que digan mi nombre”. Ellos conocían el programa elaborado para Guantánamo-Baracoa y, por supuesto, sabían que el 75% de este territorio es de montañas. Y los ríos abundan. Y las yuntas de bueyes, también.

La “maldad” se la hicimos a Mons. Dionisio luego de terminada la Peregrinación por nuestra Diócesis. Se nos ocurrió a varios trucar dos fotos: una  en la que yo venía sobre una balsa típica de las que atraviesan el río Toa, y otra donde, a propósito, yo me había retratado detrás de una carreta de bueyes. Como sabemos, hoy día, con una computadora, se hacen maravillas. Y así se hizo. Detrás de la balsa grande, colocamos otra más pequeña con la imagen de la Virgen, y así ella aparecía “atravesando el río Toa”. Y  más fácil fue colocar la imagen en la carreta de bueyes…

Ahora habría que esperar a que llegara una buena ocasión para mostrárselas a Mons. Dionisio.

Y el momento llegó en un almuerzo en El Cobre. Me senté al lado de él y, como quien confiesa un pecado, le enseñé varias fotos, pero las dos primeras eran las trucadas. “No te pongas bravo”, le dije.

Cuando mi hermano obispo vio la foto del Toa, su cara se fue poniendo roja y sus palabras fueron acusatorias: “Tú ves, esto te salió bien, pero ¿tú te imaginas qué hubiera pasado si esa balsa se vuelca con la imagen encima? ¡Ahí mismo se hubiera echado a perder la Peregrinación Nacional!”

Por caridad, yo no podía permitir que él se siguiera molestando. Y mucho menos que se le fuera a atragantar la comida. Y entonces le expliqué lo de las fotos trucadas.

Todavía no sé si me ha perdonado la burla y la risa de los presentes…

+Mons. Willy Pino
Obispo de Guantánamo-Baracoa

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