Sunday, June 22, 2008

Dos Sonetos de Severo ó algunas notas breves a un hallazgo.

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Agradezco a Carlos A. Peón Casas que haya enviado este texto suyo, sobre Severo Sarduy (Camagüey, 25 de febrero de 1937-París, 8 de junio de 1993)
publicado originalmente en la revista Enfoque, para compartirlo con los lectores del blog Gaspar, El Lugareño.

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La suerte de hallar poesía de un poeta camagüeyano en una publicación que hace cuarenta y dos años vio la luz en esta ciudad, y que durante todo ese tiempo durmió el sueño del arpa en su rincón del ángulo oscuro, sobre todo si el autor, rimador primero y devenido a posteriori novelista y ensayista de renombre mundial aunque localmente muy pocos, poquísimos lo sepamos y lo apreciemos, es parte ya de la historia de la literatura de este siglo, y su nombre es más que el recuerdo sobre una lápida de un cementerio parisino, hace de este acto de volver a leer sus versos legados al tiempo un mediodía canicular de julio de 1957, otro de esos ejercicios poéticos donde el lector re-crea para bien del poema, la esencia misma del decir de aquel por entonces joven escritor de sólo veinte años, que manejaba ya con precisión lopeveguiana aquel difícil metro que de Petrarca heredáramos para bien del buen decir poético.

De tales actos emerge muchas veces la historia, y en este caso la poesía resultante es al mismo tiempo un apéndice de historicidad y punto referencial para la comprensión de lo que sería un devenir literario brillante de aquel que fuera y sigue siendo un nombre grande de las letras, orgullo nuestro del que no siempre nos preciamos: Severo Sarduy Aguilar.

De Severo es poco y es mucho lo que se puede decir, sobre todo si los destinatarios conocen o no al autor de Colibrí o De donde son los cantantes, dos de sus novelas, o si acaso han leído su poesía anterior, o sus ensayos. Si se está entre los primeros, o entre los segundos, de cualquier manera resultará una “novedad” este acercamiento a estos sonetos. Sarduy es de esos escritores que pasan por desconocidos aún después de ser mundialmente aclamados, y a los que el terruño local casi da por olvidados porque una parte importante de su vida se verificó en playas extranjeras, no así su nacer en esta comarca donde no solo son “sombreros y pastores”, sino también cabezas lúcidas donde ceñir otras no menos egregias coronas de laurel. Y no es que nos sobren las celebridades, pero en este siglo hay más de un nombre en el buen hacer de los versos, y esos nombres junto a los que les preceden en el tiempo, son genuinos y son nuestros. Severo es de esos, pero con la inconveniencia que su fama(que le llega felizmente antes de su deceso), ocurre más allá de nuestra realidad, y que sólo ya muy tarde, nos llega como un atisbo de una grandeza que debió ser nuestro orgullo desde siempre. Definitivamente, y lo que creo que lo hace menos asiduo entre nosotros, es el hecho de que pocos lo entienden, y por un mecanismo de imperdonable desasimilación, lo tildan de “dificil”, “barroco”, o vaya ud a saber que otros adjetivos, que no por ciertos, dejan de ser otros ya manidos encasillamientos que no le hacen ningún bien, no ya al autor, que no los necesita, sino a la obra, y a los que por obligación literaria o histórica debieran conocerla de verdad.

Severo Sarduy Aguilar es aquel joven poeta que un jueves 18 de julio de 1957, en una sesión especial que el Club Rotario de Camagüey celebrara en el por entonces Salón de Actos del Colegio Provincial de Periodistas en esta ciudad, era congratulado por sus méritos literarios, junto a otra poetisa local, Hortensia Pérez de Castellanos, y que en tal ocasión declamara para los concurrentes dos sonetos, los mismos que la publicación antes citada (Los dos sonetos aparecen en el número correspondiente a Julio de 1957, Año 3, No 1, de la revista del Club Rotario de Camagüey) recogiera y conservara. Oriundo de Camagüey que lo vio nacer en 1937, marchó luego a La Habana para iniciar sus estudios de medicina, donde residió hasta su salida a Francia, país donde se radicó hasta su muerte en 1993 y produjo el grueso de su producción literaria. De esa primera época habanera datarán posiblemente estas dos composiciones, con cuya lectura corresponde a los rotarios camagüeyanos por haberle hecho objeto de tal homenaje. En sus palabras de agradecimiento acota con verbo inspirado como sus versos “fijos en el palacio desconocido de la memoria” buscan ser parte de la cotidianeidad y del espacio, y penetrar con su esencia los lugares más recónditos, pero también los más transitados. Y finaliza con un deseo: “…si estos poemas lograran gravar sus cifras, sus alquimias más secretas, en el silencio transitado de símbolos; si estos poemas logran un sitio en ese silencio, para vuestro ámbito habremos logrado, la poetisa del renovado asombro y yo, nuestro anhelo más vehemente”(Palabras de Severo agradeciendo al homenaje que le fue tributado en la sesión del jueves 18 de Julio de 1957 organizada por el Club Rotario y aparecidas en la misma publicación.)

El hallazgo de estas dos composiciones (el azar jugó un papel concurrente pues se buscaba información sobre el Club Rotario de Camagüey), hizo pensar enseguida que quizá dado el carácter de la ocasión en que tales obras fueron dadas a conocer, y el hecho de que aunque publicadas por la mencionada revista local, fuera muy probable que aquellas composiciones quedaran, incluso para la memoria del autor, como versos de ocasión, más que como piezas definitorias de una futura antología. Al parecer, tal razonamiento parece confirmarse cuando, revisando la obra poética del escritor, no hallamos estos dos sonetos incluidos, y al conversar con los familiares, descubrimos, no sin poca sorpresa por ambas partes, que tales sonetos tampoco se conservan entre los originales que ellos poseen de tal época. El misterio a dilucidar es si acaso el propio autor los desechó en algún momento, algo muy normal y lógico si pensamos en que con sólo veinte años, todo lo concerniente con la posteridad de su obra sería una preocupación menor para el autor de Maitreya o Gestos. Al darlos a conocer, nos mueve únicamente el deseo de que tales composiciones, que hasta donde sabemos no han sido incluidas en ediciones posteriores, y sólo se publicaron localmente con motivo de la ocasión ya citada, pasen a ser parte indisoluble del patrimonio nuestro, y al mismo tiempo sirvan para conocer mejor la obra de este camagüeyano al que hay que recordar con la dimensión exacta de su grandeza de creador, un gesto que tiene mucho de justicia literaria por llamarle de alguna forma al reconocimiento que su obra nos merece.

Ruina, Sangre, Combate” y “Lugar en el Espejo” son los títulos de ambas composiciones, dos títulos por demás sugerentes, dos contenidos inevitablemente dispares a la hora de una valoración en línea de lo estilístico y conceptual, aunque imbricados necesariamente en la misma savia, y definitivamente hijos de un mismo sentir poético. Nuestra humilde aproximación no pretende un análisis exhaustivo de ambos, más bien se trata, en primera instancia de dar a conocer en perspectiva del tiempo y de la poesía, dos manifestaciones de un hacer y de un sentir esencialmente poéticos, quizá para entender cómo se gestó el futuro novelista y ensayista, o para saber cuánto de auténtico poeta habría después en su obra de narrador, una imbricación que no siempre resulta fácil delimitar como tampoco es factible determinar hasta donde el río deja de serlo en la desembocadura del océano.

Prefiero guardar silencio respetuoso ante estas dos piezas (otros sabrán con más propiedad si son claves o no), y dejar las exégesis para los que quieran o puedan hacerse cargo de tan responsable labor. Como poeta, siento un grato placer estético ante estas dos composiciones, pero confieso que es mucha más especial la cercanía por “Lugar en el Espejo” . Obra quizá así con algo más de temperamento impresionista, pero de cualquier manera, sigo creyendo que el verso es como esa certeza que tenemos de la belleza más allá de la belleza misma, y que no por breve lo bueno deja de ser bueno. Catorce versos dicen que es soneto(…) y hay muchas más razones para entenderlo con el corazón que con la compungida y a veces maltrecha razón. Que prime entonces el gusto por la poesía, y que calle la razón, y se haga el verso…


Ruina, Sangre, Combate.

(Soneto)

Campo cubano: despoblado, seco,

La pobreza te cubre sin orilla,

En tu caña lo amargo se arrodilla

Lo dulce deja de la ausencia el hueco

Campo mío. Al silencio parte el eco

De mi canto que ordena a la semilla

Que suba hasta los cielos la amarilla

Espiga de la dulce caña. Trueca

Mi verso en fuerte nave de combate

Y al dulce ritmo de mi sangre late

Y mata al que a la cumbre sólo suba

Para que sepa que la joven raza

Pasa bañada en sangre pero pasa

Ardiendo en gozo por la nueva Cuba.

Lugar en el espejo

Tiene tu voz un sitio en el espejo

Donde al oro la luz da los glaciales

Desnudos de su blanco, y el reflejo

De tanta luz destroza los cristales.

Qué hechizado rejuego de sonidos

Como de arpas de nieve, redescubre

Las islas del espejo con que cubre

Tu intocada belleza los sentidos

Y un inquieto deleite de cristales

En la zona del sueño que te sueña

Arma tu rostro en mágicos vitrales

Y la luz redescubre su blancura

Y cualquier cosa que al cristal enseña

Devuelve en el espejo tu figura.


5 comments:

J. Ferrer said...

Me suenan algunos versos, Joaquín, pero no los encuentro ahora mismo, tarde ya, así que menguada mi capacidad de encontrar algo, en la Obra Completa compilada por Guerrero y Wahl, ni en otras fuentes. Bien puede ser que me suenen como suenan campanas nuevas que parecen ya oídas.
Así que parece que el hallazgo es hallazgo de verdad y te felicito.
Sarduy es grande grandísimo.

Joaquín Estrada-Montalván said...

Ferrer, muchas gracias por comentar.

Carlos cuando escribio este texto, originalmente para Enfoque, como explica aca, hizo sus "averiguaciones" y no encontro que hubieran sido publicados en alguna antologia o poemario de Severo.

Nos parecio interesante, (a Carlos y a mi) compartirlos con los lectores del blog, como una curiosidad literaria, para ampliar las "averiguaciones" por si fueron o no publicados en otro libro y como homenaje al escritor camagueyano,

saludos

J. Ferrer said...

Me sonaba lo de la "joven raza" y la "nueva Cuba". Es probable que alguien más lo haya citado. Aquí lo encuentro en este artículo de Luis Suardíaz:
http://www.bnjm.cu/sitios/revista/2002/03-04/luiss.htm

Joaquín Estrada-Montalván said...

Ferrer, gracias nuevamente, Suardiaz cita (los versos) de una revista, posiblemente sea la misma.

Al parecer los sonetos, no han sido recogidos en antologia o poemario.

le copio el articulo a Carlos, y se lo mando.

saludos

Joaquín Estrada-Montalván said...

Tambien existe la posibilidad que Suardiaz lo haya visto en el texto original de Carlos, que fue publicado en la revista Enfoque 66 . Abril - Junio de 1999. Año XIX, y la fecha de este articulo de Suardiaz esta fechado en julio-diciembre 2002.

saludos

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