Wednesday, December 9, 2020

La devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba. Anécdotas poco contadas. (por Carlos A. Peón-Casas)

Samuel Hazard: 
"Cuba with Pen and Pencil". 1871
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Un ya casi inencontrable folletico, cabe sin dificultad en la palma de la mano, nos facilita esta cercanía de hoy. Está dedicado a La Virgen del Cobre, y era parte de un proyecto de publicaciones católicas en la Cuba anterior a 1959: los folletos DOCA, acrónimo para Folletos de Orientación Católica Actual, que firmaba el P. A. Villaverde, jesuita; y que se editaban puntualmente en el Colegio de Belén. 

Este particular número rastreaba los pormenores de la historia de nuestra Patrona, desde los albores de su feliz hallazgo en la Bahía de Nipe, remontando su devenir histórico; y a la vez como una muy práctica manera de catequizar al pueblo sencillo y creyente. 

Pero hay detalles muy sugerentes en este sencillo folletico que nos muestran los detalles de aquella temprana devoción a la pequeña imagen “de madera oscura, de 40 centímetros”[1], encontrada sobre una tabla de madera a manera de balsa y con la inscripción: “soy la Virgen de la Caridad”. De aquella especial pieza, guardada con celo junto a la imagen cuenta el P. Villaverde una singular anécdota: 
En uno de los desastres que sufrió el Santuario el carpintero echó mano inadvertidamente de aquella madera y cortó un pedazo para hacer un arreglo. Cuando se dio cuenta de que había cortado la madera que se tenía tradicionalmente por la que había servido de balsa a la Virgen en Nipe, el carpintero quiso reparar su descuido y prometió cubrir de plata la que quedaba[2]
De tal suerte conocemos ese fragmento, tal y como se conserva hasta hoy. El propio autor sigue apuntando que, en el año 1953, se revisó la superficie de la tabla, luego de levantar las láminas de plata, pero no se distinguió ninguna inscripción. 

En algún momento de su interesante relato sobre la aparición de la imagen flotando sobre aquel pedazo de madera, nos apunta esclarecedoramente el hecho de que: 
Los barcos eran bautizados con advocaciones de la Virgen y en sus tablas onomásticas empleaban el verbo sustantivado de manera que una inscripción así: “soy la Virgen de la Caridad”, podía referirse a la embarcación o a la imagen. Sabemos además que cuando las embarcaciones iban a ser atacadas por piratas, los españoles echaban las imágenes al mar para evitar profanaciones. En medio de una tormenta también las echaban al mar para conseguir buen tiempo por intercesión de la Virgen. Las historias nos cuentan igualmente que si las naves encontraban una gran calma, colocaban sobre el mar una madera con un objeto mariano con el fin de determinar la dirección de las corrientes (…)[3]
La devoción a nuestra Virgen del Cobre, sitio al que llegaría para instalarse, después de su hallazgo en Nipe, empezaría a propagarse por toda la Isla. Y no eran pocos los que hacían el largo camino hasta su santuario. Cita el autor las referencias lo que sobre el particular recrea Pichardo en “Caminos de la Isla” sobre el tramo de Cuba a Jiguaní, que era: 
muy frecuentado de muchas partes de la Isla por los que vienen en romería a visitar el famoso santuario de la milagrosa Virgen[4]
La devoción de aquella generación de criollos no fue bien vista por las autoridades españolas, a tal punto que como se nos sigue citando: 
unas rogativas a la Virgen practicadas en Camagüey en 1851 se consideraron sediciosas y la medalla llegó a equipararse a los otros dos símbolos de la nacionalidad: el himno bayamés y el tricolor de la bandera”[5]
Las alusiones que siguen fueron rescatadas del imaginario popular durante la Peregrinación que llevo a la Virgen por toda Cuba entre los años de 1951 y 1952. Hay en ellas referentes al signo de fervorosa devoción que le tuvieron a la Virgen nuestros mambises, en las personas de sus más preclaros adalides. 
Una viejita de color le contó al P. Manuel (capellán durante la peregrinación) que cuando era niña había conocido a Maceo porque su mamá le lavaba la ropa: una vez olvidó Maceo la medalla de la Caridad en su camisa, y cuando se la devolvieron le preguntaron si era católico, y en seguida contestó:-Sí, y a mucha honra; y sobre todo devoto de la Caridad, como me lo enseñó mi madre desde niño.[6]
La misma señora cantaba esta décima guajira donde el mismo sujeto de su anécdota era protagonista: 
Cuando Maceo salió 
Maceo y Quintín Banderas 
Con el cañón de madera 
Que en la Yaya reventó, 
El artillero cayó 
Herido por todo el suelo. 
Se quitó Maceo el sombrero 
Y le dijo a Socarrás: 
¡Válgame la Caridad 
Si de este caso no muero![7]
En aquel largo periplo por la geografía cubana con la imagen de la bendita Virgen del Cobre, otras anécdotas se sucedieron con el mismo signo de devoción raigal de nuestros mambises durante la gesta independentista de los Diez Años: 
En Baire le contaron las hijas del Mayor General Jesús Rabí que en una ocasión su padre sorprendió abundante pertrecho de los españoles por la Sierra Maestra, pero llegaron a perder el camino; entonces el General le rezó a la Caridad porque era muy devoto de ella y había ido muchas veces al obre; de pronto se sintió inspirado al mirar el cielo y le dijo a su soldados:-Vamos a seguir esa estrella que brilla más porque es la caridad- Así lo hicieron y llegaron al campamento.[8]
En ese mismo periplo, pero a la altura del poblado de Cauto Cristo, otro suceso digno de mención tuvo por protagonista al entonces líder ortodoxo Eduardo Chibás, la anécdota que nos sirve de feliz epílogo, nos relata que: 
(…) después de darle a besar la medalla de la Virgen (…) le preguntó el Capellán: -Le habrá pedido usted a la Virgen por su Partido-Y Chibás le respondió: -No, Padre, le he pedido por la Patria. La Caridad está por encima de todas la políticas.[9]





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[1] Santa María de la Caridad del Cobre. Patrona de Cuba. A. Villaverde, SI. EPASI, Colegio de Belén. La Habana, (Cuba). 
Emilio Cueto lo cita en su imprescindible La Virgen de la Caridad en el alma del pueblo cubano (Polymita, 2014) y apunta que su fecha de publicación corresponde a 1959, un dato que no encontramos en el ejemplar a nuestra vista. 
[2] Ibíd. p.9 
[3] Ibíd. p.15. Un detalle bien curioso puede dar pistas sobre la bendita aparición. Lo cuenta Pezuela en su Diccionario de la Isla: “Túvose por milagroso tal hallazgo: ya procediese del naufragio de algún buque…” (t 2, p 10. En la misma Historia leemos: “En abril de 1601 salió de Sanlúcar la armada y flota al mando de Melgarejo…se componía de 43 bajeles. Primero la detuvieron las calmas en el golfo…Un recio norte echó a pique hasta once embarcaciones.” 
[4] Ibíd. p.23 
[5] Ibíd. 
[6] Ibíd. p.25 
[7] Ibíd. 
[8] Ibíd. 
[9] Ibíd. p. 26 (Semanario Católico, 1952 p. 118.40)

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