Thursday, May 10, 2018

¿Podemos educar a nuestros hijos a los gritos? (por Christina Balinotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada a la familia por la Dra. Christina Balinotti (https://www.facebook.com/christina.balinotti), quien ha aceptado la invitación a compartir cada jueves, un tema relacionado con su proyecto Universidad de la Familia, programa académico extenso de 45 semanas. Los libros de la Dra. Christina Balinotti se pueden adquirir en Amazon en este enlace. Para ver sus videos www.unifamilia.com

¿Podemos educar a nuestros hijos a los gritos?
Por qué no es conveniente


El grito, es siempre violencia verbal ya que, por lo general, va acompañado de algún insulto o ataque a la autoestima del niño. Otras veces, lamentablemente, de castigos corporales. Y no hablo de levantar, la voz de vez en cuando. Esto nos ha pasado a todos. Hablo de un ambiente en el cual este tipo de comunicación disfuncional es permanente. Donde, además, la televisión está siempre encendida, se alza la voz para ser escuchado, los problemas familiares se discuten a los gritos. Los padres pelean por cualquier cosa. Hay golpe de puertas y reproches constantes. En definitiva, un hogar donde la regla imperante es cuanto más gritas más te harás entender (pensamiento erróneo)

El departamento de psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, afirma que este tipo de educación altera de forma permanente la estructura del cerebro infantil en dos áreas fundamentales. En principio, la amígdala cerebral, un órgano en forma de almendra ubicado a los costados de los lóbulos temporales. Parte importante del cerebro límbico encargado de procesar las emociones. En la naturaleza, el grito es una señal de alarma que genera miedo y activa nuestro mecanismo de defensa dirigido a asegurar la supervivencia. Al escuchar un grito la amígdala cerebral interpreta que existe una amenaza inminente para nuestra vida y prepara el cuerpo para la huida o el ataque inmediato. Dicha respuesta del organismo es posible gracias al incremento de las hormonas responsables de generar estrés, adrenalina y cortisol. En consecuencia y en este estado de alteración química, las pupilas se dilatan, el ritmo cardíaco y la respiración se aceleran, la presión arterial se eleva. Dentro de un ambiente en el cual los gritos son habituales, el niño permanecerá con miedo y en alerta constante. Sus niveles de adrenalina y cortisol, siempre elevados, alterando, de esta forma, su digestión, su crecimiento y su defensa contra las enfermedades. Es así que en aquellos infantes sometidos a esta clase de violencia, la amígdala cerebral se presenta 12% más pequeña que en aquellos criados en ambientes saludables. Bajo estas circunstancias, el cerebro comenzará a funcionar basado en la adrenalina en lugar de la serotonina, sustancia responsable del equilibrio anímico y la calma y, por lo tanto, de una crianza pacífica. Será un individuo sometido a padecer estrés crónico. Propenso a estar irritable y a la defensiva.

Otro efecto grave es la reducción del cuerpo calloso, conjunto de fibras que conecta los dos hemisferios cerebrales. Dicha reducción impide la comunicación fluida entre ambos hemisferios cerebrales. Por ende, tendrá problemas de atención, cambios bruscos de personalidad y desequilibrio emocional.

¿Qué aprende y qué padecerá en este ambiente?

  • Aprende la caricia negativa. El mal amor.
  • Aprende malos modales con las consecuencias que ello implica para sus relaciones laborales, de amistades y parejas.
  • Padecerá de una baja la autoestima básica. Existen dos clases de autoestima: Básica y circusntacial. La más importante es la primera, la cual se desarrolla en un ambiente amoroso y de confianza durante los primeros años de nuestra vida. Donde los padres ejercen una autoridad experta, vale decir, autoridad sin gritos pero, con límites claros, De esta forma, las tristezas de la vida lo afectaran solo en su autoestima circunstancial.
  • Durante la adolescencia, padecerá síntomas de depresión o ansiedad. En el primer caso, el hijo, se encerrará sobre sí mismo, se aislara para defenderse de las agresiones de su ambiente familiar. En el segundo responderá con violencia, o con importantes trastornos de la ansiedad. Obsesiones ataques de pánicos, fobias, estrés post-traumático.
Papá, mamá, ser padres es muy difícil, arduo, agotador y demandante. Una experiencia que todos aprendemos sobre la marcha. El grito no es una herramienta pedagógica. Suele ser, tan solo, la expresión de una frustración en tu vida personal o con tus hijos que no sabes manejar por vías adecuadas. Tal vez tu jefe te grita, quizás tus padres te han gritado de igual manera. En ambas modalidades te dejas llevar o bien por la costumbre adquirida en tu infancia, el ámbito laboral agresivo o bien por la ira del momento.

¿Qué puedes hacer?

  • Reemplaza el grito por la explicación. Comprende que tu grito es un llamado de auxilio por una problemática personal y emocional que aún no has resuelto y que quizás desconozcas. Busca ayuda.
  • No intentes disciplinar en momentos estresantes de tu vida. Al llegar de la oficina, por ejemplo o al salir por la mañana a tu trabajo.
  •  Cálmate antes de actuar. Piensa y prepara lo que vas a decirle mientras haces ejercicio en el gimnasio, bicicleta o simplemente caminas por tu barrio.
Recuerda

Si decides dejar de gritar a tus hijos a tiempo, no habrá que reparar ningún daño. Pero si no lo haces, alguien saldrá herido y es probable que sean tus hijos.





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Christina A. Balinotti: Escritora, Personalidad de Televisión y Radio. Experta en temas de Cultura y Psicología. Mujer de la Semana 2015 CNN Español. Pionera del Movimiento y Organización Femenidad Holística. 
Fundadora/Directora del programa académico Universidad de la Familia, Ahora Sí, Miami 2016.

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