Wednesday, May 2, 2018

La corona ¿perdida? de la Avellaneda (por Carlos A. Peón-Casas)


El 27 de enero de 1860, nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, era agasajada por sus contemporáneos en el entonces Teatro Tacón con la entrega de una bellísima joya: una corona de laurel, de oro puro, cincelada por las manos prodigiosas de un artífice italiano.

El suceso congratulatorio a nuestra eximia Tula, no hubiera tenido otras consecuencias, si la valiosa joya hubiera quedado en poder de la excelsa poetisa principeña.

Pero la realidad fue otra. Cuatro años después del hecho, la poetisa, en gesto magnífico hubo de donar aquel laurel a la Virgen, “representada por una imagen que entonces se veneraba en la Iglesia de Belén”(1), según lo acota la periodista Berta Arocena, en un artículo firmado para la Revista Bohemia en 1956.

Aquella fina imagen de la Virgen María bajo la advocación del Sagrado Corazón, era una talla en madera policromada que se veneraba en la capilla del que fuera el antiguo convento de los padres Belemitas, y luego colegio de los Jesuitas, en La Habana de Intramuros.

Por el artículo ya citado de la periodista Arocena, sabemos que una fuente suya, la Sra. Lolita Márquez, por entonces con noventa años de edad, le había proporcionado “una medalla alusiva a la coronación”(2).

Por otra parte seguía apuntando la bien enterada cronista que,
el padre Eduardo Martínez Márquez, S.J me obsequió con una foto de la virgen tallada en madera policromada ante la que se arrodillara Gertrudis para cederle la joya a perpetuidad(3).
Para aquel año de 1956, ya ubicado el Colegio de Belén en una flamante sede, en los nuevos predios de Marianao, se seguía conservando con mucho celo la impresionante y valiosa alhaja, " en el mismo estuche del cual Luisa Pérez de Zambrana la sacara para ceñir las sienes de Tula"(4), y dejaba testimonio del hecho cuando apuntaba que:
La corona de la Avellaneda esta bajo las siete llaves de una moderna caja de seguridad. Su custodio el padre José Rubinos S.J me explicó que intentaron robarla una vez(5).
Pero aunque en aquella ocasión se frustró el intento, poco o nada se sabe de lo que fuera el destino final de aquella magnífica prenda, a partir del minuto que el entonces Colegio de Belén fuera intervenido, y los entonces custodios de la alhaja, los padres jesuitas, abandonaran en su mayoría el país.

Habría pues que barruntar cual sería su hipotético destino, sobre el que hoy, flota un tupido velo de silencio, difícil de develar, habida la cuenta que serán muy pocos los testigos de aquel minuto, que pudieran testimoniar con propiedad sobre el destino que se diera a aquella rara joya.

Desde entonces, en el nacionalizado colegio habanero, sigue faltando la invaluable pieza de orfebrería italiana, cedida en perpetuidad, por nuestra Tula a la Madre de todos los cristianos, cuya venerada imagen también sigue faltando en su sitial.

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  1. Los Húsares de la Avellaneda. Berta Arocena. Bohemia, Marzo de 1956
  2. Ibíd.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.

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