Sunday, April 5, 2015

“Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (I Corintios 15,14)

Foto/Ileana Sánchez
 para el blog Gaspar, El Lugareño
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(para el Blog Gaspar, El Lugareño) por P. Raúl Rodríguez
Párroco de Quemado de Güines, Diócesis de Santa Clara
Texto publicado originalmente en abril de 2009


En la noche del Sábado Santo, en la celebración de la Vigilia de la Pascua, el sacerdote bendice el fuego, la luz se va extendiendo en las manos de los fieles y las tinieblas van desapareciendo. Por varias veces se proclama “La luz de Cristo” y los fieles dan gracias a Dios. Esa noche se celebra el triunfo de la vida sobre de la muerte, de la luz sobre las tinieblas, la oscuridad es vencida por la luz y Cristo Resucitado, vencedor de la muerte, se convierte en motivo de gozo y alegría. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo Resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de Pentecostés, el paso del Espíritu Santo.

El Beato Carlos Manuel, beato puertorriqueño, ha dicho “vivimos para esa noche”, estamos invitados a celebrar con alegría que el Señor ha resucitado.

El Domingo de Resurrección o de Pascua es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es cuando adquiere sentido nuestra fe.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo, a la vez que nos invita a ser testigos del resucitado en la vida de cada día.

La Resurrección de Jesús es un hecho histórico, el sepulcro se encuentra vacío, el Resucitado se hace presente en la vida de los discípulos.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la Resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?, ¿qué nos puede preocupar?

Cualquier sufrimiento adquiere sentido con la Resurrección y el resucitado nos entrega su gran don: la paz.

Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado, sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes, estamos llamados a anunciar a los que nos rodean nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.

La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes del gozo del Resucitado, por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo misionero.

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