Monday, January 27, 2014

Y me han dolido los cuchillos (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: El blog Gaspar, El Lugareño está presentando, los lunes y jueves, una selección del poemario Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991), de Félix Luis Viera. Se incluye traducción al italiano de Gordiano Lupi.  


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Última canción del caminante


Haría falta llegar hasta ti
y me siguieras.
He visto los pececillos de luz ardiendo en tu
vientre
cuando la noche apenas alcanza para el fragor
   de mi mano.
Dulce es tu boca, dulce
como un solo compás que llena por completo
   el pentagrama.
En el camino perdí el sombrero,
se me cuarteó la piel, también me creció la
   ponzoña y también
la perdí; qué recia brega.
En tus ojos vi que quedaba una curva en el
   camino,
haría falta llegar hasta ti
y consumirla.
Alguna vez tuve suerte y se me fue en una
   baraja marcada,
me quedé sin suerte y sin metal y con una
   pizquita de alma
y una amargura tan parecida al resquemor, que
   augura espanto.
Tu cuerpo es hermoso y perfecto porque tiene
   el justo alcance de mi lengua,
tu cuerpo es como la bujía solitaria en una
   pared solitaria
de cierto pueblito solitario,
tu cuerpo es también solitariamente una bujía
y se parece al agua que corre por las tejas.
Cuando pregunto por mí todo desaparece, no
   hay mí
ni nadie que responda,
he perdido la Rosa de los Vientos, el sentido de
   la quilla,
las aves de la costa.
Haría falta que las aves volaran y piaran
   anunciando un costa que es la tuya.
Desde un balcón te miro pasar desnuda en una
   carroza de girasoles
en la que vas sola y mis manos son el único
   aplauso
y el mundo está solo y sigue solo.
Hay un silencio como de pájaro que está
   naciendo
cuando abrevo en tu piel,
cuando en ella me lavo los ojos y las rajaduras
   del cansancio
y sé que debajo hay una campana que es mía
   y que no es,
que se va y se empequeñece tocando a rebato
   en una breve
nube que está naciendo allá en lo alto
   y que se va.
El jugo de tu entraña tiene un sabor agridulce,
   un sabor
a despedida que llega, a bienvenida que parte.
He de lamerte y te lamo como a un sueño cierto
   del que me alejo,
me alejan.
Tus senos son la alcancía donde ya no hay nada
   que depositar,
o quizás algo: la moneda que se diluye entre los
   dedos,
tus senos son la sincronía que el pincel no puede
   componer
y también la dinamita que sólo mi boca rectifica.
El vaivén de tu figura es la hoja que el viento
   mueve después
de hacerse humano y sabio y lascivo
y por eso las perforaciones que me quedan
   luego del Encuentro.
Cuando te penetro sé que hay un cometa que
   se va,
y un cometa que nace y que yo nunca veré.
La levadura que me depositas es de un pan que
   se cocerá a destiempo.
Mas ya sin suerte, sin sombrero,
sin metal, sin costa ni quilla ni Rosa de los Vientos
haría falta llegar hasta ti
y me siguieras,
haría falta hacer del ahora todo el tiempo,
el minuto eterno que ni el tiempo podría detener.


Mayo 1990

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Ultima canzone del viandante



Avrei bisogno di arrivare da te
e che tu mi seguissi.
Ho visto i pesciolini bruciare di luce nel tuo
ventre
quando la notte basta appena per il fragore
   della mia mano.
Dolce è la tua bocca, dolce
come un solo ritmo che riempie totalmente
   il pentagramma.
Lungo il cammino persi il cappello,
mi si screpolò la pelle, produssi persino del
   veleno ma poi
lo persi; che dura fatica.
Nei tuoi occhi vidi che restava una curva nel
   cammino,
avrei bisogno di arrivare da te
e consumarla.
Qualche volta ebbi fortuna e la persi in un
   mazzo di carte segnato,
restai senza fortuna, senza denaro, con un
   pizzico d’anima
e un’amarezza così vicina all’angoscia, da
   provocare spavento.
Il tuo corpo è bello e perfetto perché
è proprio alla portata della mia lingua,
il tuo corpo è come la candela solitaria in una
   parete solitaria
di un certo paesino solitario,
il tuo corpo è anche solitariamente una candela
e ricorda l’acqua che scorre sulle tegole.
Quando chiedo di me tutto scompare, non
   ci sono io
né altri che risponda,
ho perso la Rosa dei Venti, il senso
   della chiglia,
gli uccelli della costa.
Avrei bisogno che gli uccelli volassero e cantassero
   per annunciare una costa che è la tua.
Da un balcone ti guardo passare nuda in una
   carrozza di girasoli
nella quale vai da sola e le mie mani sono l’unico
   applauso
e il mondo sta solo e prosegue solo.
C’è un silenzio come se un uccello stesse
   per nascere
quando mi abbevero nella tua pelle,
quando in lei mi lavo gli occhi e le screpolature
   della fatica
e so che sotto c’è una campana che è mia
    e che non è,
che fugge via e rimpiccolisce dando l’allarme
   in una piccola
nube che sta nascendo là in alto
   e che fugge via.
Il succo delle tue viscere ha un sapore agrodolce,
   un sapore
di congedo che arriva, di benvenuto che parte.
Devo baciarti e ti bacio come un sogno certo
   dal quale mi allontano,
mi allontanano.
I tuoi seni sono il salvadanaio dove non c’è più niente
   da depositare,
o forse qualcosa: la moneta che si scioglie tra le
   dita,
i tuoi seni sono la sincronia che il pennello non può
   comporre
e anche la dinamite che soltanto la mia bocca disinnesca.
L’andatura della tua figura è la foglia che il vento
   muove dopo
essersi fatto umano, saggio e lascivo
ed è questo il motivo delle perforazioni che mi restano
   dopo l’Incontro.
Quando ti penetro so che una cometa
   fugge via,
e una cometa nasce ma io non la vedrò mai.
Il lievito che mi affidi è di un pane che
   si cuocerà fuori del tempo.
Ma ormai senza fortuna, senza cappello,
senza denaro, senza costa né chiglia né Rosa dei Venti
avrei bisogno di arrivare da te
e che tu mi seguissi,
avrei bisogno di trasformare questo istante in tutto il tempo,
il minuto eterno che neppure il tempo potrebbe trattenere.


Maggio 1990

Traducción al italiano de Gordiano Lupi

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Félix Luis Viera nació en Santa Clara, Cuba, en 1945. Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC 1976, Ediciones Unión Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994). Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990). Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela, UNEAC 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba, 1995); Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997, Editorial Capiro, Cuba, 2002).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y otros países. En su país natal recibió varios reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo Herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que aborda el tema de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados supuestos desafectos a la revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en la Florida.
En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en Versos”, otorgados en aquel país.
Es ciudadano mexicano por naturalización.

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