Thursday, December 12, 2013

Y me han dolido los cuchillos (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: El blog Gaspar, El Lugareño está presentando, los lunes y jueves, una selección del poemario Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991), de Félix Luis Viera. Se incluye traducción al italiano de Gordiano Lupi.  


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En un día, en un solo día


Salí a la calle sobre las 7:30 am como siempre
y como siempre nadie, ninguno de los transeúntes,
se fijó particularmente en mí, se asombró con mi
   presencia.
Tomé un ómnibus y no se creó ningún escándalo, nadie
me pidió un autógrafo ni quiso
asesinarme nadie, siguió
ruta normal, no hubo
que detenerlo, paralizar el tránsito.
Llegué adonde llego cada mañana a ganarme
—o al menos intentar ganarme—
este injusto pan de cada día
y los que estaban en el vestíbulo apenas me
   miraron,
siguieron viendo la TV, esperando las 8 para ir
   adentro.
Por la tarde tomé la calle más concurrida
—“la arteria principal de la ciudad”, como dicen
los periodistas aburridos—
y en el camino saludé a 6 ó 7 conocidos
pero ninguno me exigió una frase de consuelo
ni quiso fotografiarse conmigo para luego
orgulloso
mostrar la foto a su familia.
Entré en la librería y no reventó ninguna
   conmoción,
la gente siguió comprando, mirando los libros
(mientras las libreras, abúlicas, miraban a la nada)
sin que mi vida peligrara, ni siquiera
alguien me empujó.
De ahí al parque y tampoco mi presencia
produjo algo extraordinario
excepto que uno de esos pájaros del atardecer
me cagó directamente en la cabeza,
pero con toda normalidad, como se la cagan a
   cualquiera.
Llegué a la casa y no me hallé con una cuadrilla
   de periodistas, fotógrafos, camarógrafos
que calculando que a esa hora debía llegar
me esperasen para asaltarme con preguntas,
solicitudes de consejos,
saludos multitudinarios,
suspiros, besos, vítores,
tampoco me disparó un francotirador oculto en la
   azotea de enfrente.
Así que entré.
Me bañe.
Estuve leyendo.
Por la noche, anónimo, más bien escondido
—en un rincón vedado en las afueras—
me encontré con Noemí. Aquí
sí hubo conmociones, alabanzas,
vítores, suspiros, firmas, etc., pero todo
   personal.
Nos despedimos.
De regreso no me dispararon ni un solo bazukazo
y eso que venía solitario por las calles solitarias:
formidable cuadro para un atentado o una
   violación
por parte de una extremista envenenada
—o un extremista envenenado—
por los video-clips más temerarios.
De modo que, tranquilamente, sin nadie
encañonándome de súbito
para robarme una palabra,
saqué la llave, abrí
y me acosté a leer.

Ahí tienen, amigos míos, el itinerario
de un día.
No me negarán las ventajas que en un día,
en un solo día,
tenemos los desconocidos, esos hombres
   que no necesitamos guardaespaldas.

Octubre 1984


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In un giorno, in un solo giorno


Uscii per strada verso le 7:30 am come sempre
e come sempre nessuno, nessun passante,
fece caso in modo particolare a me, si meravigliò della mia
   presenza.
Presi un autobus e la cosa non fece scalpore, nessuno
mi chiese un autografo non volle
assassinarmi nessuno, proseguì
il percorso normale, non dovettero
fermarlo, paralizzare il traffico.
Mi recai dove vado ogni mattina a guadagnarmi
- o almeno a tentare di guadagnarmi -
questo ingiusto pane di ogni giorno
e coloro che stavano all’ingresso appena mi
   notarono,
continuarono a guardare la TV, aspettando le 8 per andare
   dentro.
Verso sera presi la strada più frequentata
- “l’arteria principale della città”, come dicono
   i giornalisti noiosi -
e durante il percorso salutai 6 o 7 conoscenti
ma nessuno pretese da me una frase di conforto
né volle fotografarsi con me per poi
orgoglioso
mostrare la foto alla sua famiglia.
Entrai nella libreria e non esplose nessuna
   commozione,
la gente continuò a comprare, a guardare i libri
(mentre le libraie, abuliche, guardavano il niente)
senza che la mia vita fosse in pericolo, non ci fu
nessuno che mi spinse.
Neanche da lì al parco la mia presenza
produsse effetti straordinari
a parte il fatto che un uccello verso il tramonto
mi cacò proprio sulla testa,
ma in tutta normalità, come cacano sopra
   chiunque.
Arrivai alla mia casa e non mi trovai davanti una banda
   di giornalisti, fotografi, operatori
che calcolando l’ora del mio arrivo
mi attendevano per assalirmi con domande,
richieste di consigli,
saluti di gruppo,
sospiri, baci, ovazioni,
non mi sparò neppure un franco tiratore nascosto nella
   terrazza di fronte.
Così entrai.
Mi lavai.
Mi misi a leggere.
Di notte, anonimo, o meglio nascosto
- in un angolo vietato nella periferia -
mi incontrai con Noemí. Qui
sì che ci furono turbamenti, elogi,
ovazioni, sospiri, firme, etc., ma tutto
   personale.
Ci salutammo.
Di ritorno non mi spararono un solo colpo di bazooka
nonostante camminassi solitario lungo strade solitarie:
formidabile quadro per un attentato o uno
   stupro
da parte di un’estremista avvelenata
- o un estremista avvelenato -
dai videoclip più temerari.
Di modo che, tranquillamente, senza nessuno
che mi prendesse da parte all’improvviso
per rubarmi una parola,
estrassi la chiave, aprii la porta
e mi misi sul letto a leggere.

Qui avete, amici miei, l’itinerario
di un giorno.
Non mi negherete i vantaggi che in un giorno,
in un solo giorno,
abbiamo noi sconosciuti, noi uomini
   che non abbiamo necessità di guardie del corpo.


Ottobre 1984

 Traducción al italiano de Gordiano Lupi

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Félix Luis Viera nació en Santa Clara, Cuba, en 1945. Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC 1976, Ediciones Unión Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994). Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990). Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela, UNEAC 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba, 1995); Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997, Editorial Capiro, Cuba, 2002).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y otros países. En su país natal recibió varios reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo Herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que aborda el tema de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados supuestos desafectos a la revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en la Florida.
En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en Versos”, otorgados en aquel país.
Es ciudadano mexicano por naturalización.

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