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Thursday, July 1, 2021

Un Congreso Mundial sobre la Muerte en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


En el año de 1993, sobrevivíamos en medio del ruido y el polvo que generaba la muerte de la Unión Soviética y el Campo Socialista; caían estatuas y muros y se desintegraban países; en medio de aquel caos que nos empujó dentro del túnel del “Periodo Especial”, a Joel James se le ocurrió la idea de que la Casa del Caribe convocara a un Congreso Mundial sobre el tema de la muerte.


A todos no pareció una locura, pero Joel tenia una gran capacidad para argumentar y convencer, primero lo hizo con nosotros y luego con funcionarios locales y del ministerio de Cultura que sin mucho entusiasmo apoyaron o toleraron aquella locura de la Casa del Caribe.

Elaboramos una convocatoria y un afiche y lo circulamos internacionalmente. El evento se desarrollaría tres días a fines del mes de junio, precediendo el Festival del Caribe que se año estaba dedicado a México.

El programa estaba pensado en términos de una presencia de ponentes santiagueros, algunos invitados nacionales y la participación internacional que respondiera a la convocatoria.

Unos días antes de la inauguración del congreso nos dimos cuenta de que lo de mundial era un fracaso, pues no había respondido nadie a la convocatoria, ni un solo extranjero.

Entonces me fui al Hotel Las Américas donde estaba instalada la delegación mexicana que había venido para participar en el Festival. Me reuní con los mexicanos y les explique lo más diplomáticamente que pude la situación. Como el tema de la muerte es muy importante en la cultura mexicana y allí habían muchos antropólogos, logramos improvisar una serie de intervenciones que insertadas en el programa salvaron el carácter internacional del evento, al punto de que creo que muy pocos se dieron cuenta de aquella suerte de mexicanizacion del mismo.

El Congreso se inauguró en el salón de los Vitrales de la Plaza y mientras Joel hacia su discurso inaugural, estalló una tormenta y se fue la corriente en el local produciendo cierto desconcierto, lo cual pareció un mal augurio; pero en realidad todo funcionó bastante bien, pues el equipo de la Casa del Caribe tenia a la sazón una experiencia notable en la organización de eventos.

El programa académico estaba pensado en términos de ofrecer una amplia variedad de miradas sobre el tema de la muerte; hubo ponencias de varios especialistas en medicina y un sacerdote católico; así como reflexiones en torno a la visión de la muerte de protestantes, santeros, paleros y espiritistas; también se abordó el tratamiento del tema en los campos del derecho y la literatura. Pienso que precisamente las dos ponencias que más impacto causaron fueron una sobre la pena de muerte en Cuba, tema polémico en la época y otra sobre el cuento de Onelio Jorge Cardoso titulado: Francisca y la Muerte, que para sorpresa de todos motivó interesantes comentarios de la hija de Onelio que se encontraba en el público.


En realidad aquello que inicialmente pareció una locura de Joel James, resultó un espléndido ejercicio de pensamiento interesante y original.

La clausura del congreso fue en un salón de la tercera planta del Teatro Heredia, después de la Relatoria, el actor Andrés Caldas disfrazado de la muerte hizo una intervención un tanto esotérica, tras la cual todos los participantes, visiblemente impresionados, bajaron detrás de Caldas, que creo llevaba una vela encendida en la mano, por una estrecha escalera oscura hasta la primera planta del Teatro. ¡Así con un poco de magia terminó el Congreso Mundial sobre la Muerte!

El Festival del Caribe, unos días después, borró de la memoria el Congreso Mundial Sobre la Muerte, en parte por que la cultura mexicana hizo un despliegue fastuoso en lo intelectual y artístico; quizás porque muchos querían en su subconsciente olvidar la muerte que de cierta forma el congreso había invocado.

Algunas de las ponencias presentadas en el congreso se publicaron luego en la revista Del Caribe y la editorial Oriente publicó un pequeño libro que incluía tres miradas sobre el tema de la muerte, a partir de textos de Joel James, el Padre Joan Rovira a la sazón Rector del Seminario San Basilio Magno y un médico y sacerdote habanero de un culto sincrético.


Cuando un día alguien escriba la historia de la cultura santiaguera en aquellos años, tendrá en estos textos publicados una prueba de aquel olvidado evento que forma parte de la extraordinaria obra de Joel James como promotor cultural y pensador.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, June 24, 2021

Un domingo en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



La crónica firmada por Juan José en la sección Santiago Social del periódico Diario de Cuba de fecha 22 de septiembre de 1919, nos permite asomarnos a un domingo de hace un siglo en la ciudad de Santiago de Cuba.

El cronista comienza pintándonos una mañana en la que destaca la religiosidad de los santiagueros los cuales asisten a los templos católicos, bautistas, episcopales, metodistas etc. En las iglesias católicas dice: “sus naves se veían llenas, pletóricas de creyentes y profanos, ávidos de rezar los primeros; deseosos de henchir de impresiones gratas, con la contemplación de las bellezas y las modas los segundos”.

Con una rápida mirada nos acerca al domingo de las familias vistalegrinas:
… a las once de la mañana, se disfrutaba de la matinée del Vista Alegre, a la que concurrió una muy selecta representación femenina. Se observaba en la amplia sala del teatro: belleza, elegancia y perfume y en el palco escénico: arte y belleza también, con la compañía de zarzuelas de Luís Manzano.
El mediodía el cronista lo califica como paradisíaco porque la ciudad siguiendo la antigua costumbre española se entrega a la siesta.

Al caer la tarde la vida social se reanima y muchos van a los parques a pasear y tomar el fresco. En particular en el Parque Céspedes la concurrencia era muy numerosa y la Banda Militar brindaba un programa de música selecta.

Los teatros y los cines merecen una especial atención del cronista pues estos desempeñaban en aquellos tiempos un papel importante en el domingo santiaguero: “Abrieron sus puertas los teatros. La función vespertina del teatro Aguilera se inició con una concurrencia en la que los niños eran mayoría. Después de dos o tres horas de películas y un breve receso, comenzó la sesión de modas denominada Domingo de Oro: Tantas mujeres bellas convirtieron el teatro en un aristocrático salón de fiestas (…) Los palcos y las lunetas eran un encanto. Los teatros Marti y Estrada Palma estaban invadidos por los fanáticos del cine”.

La crónica finaliza con una nota sobre los catalanes que ese día habían conmemorado en su cede social una fecha histórica: “En la noche el Grupo Cataluña efectuaba la velada conmmorativa de la jornada del 11 de septiembre de 1714, cuando Catalunya perdió su independencia. El Orfeón inició el acto con un himno de Maera y siguió con otras obras como, El Emigrado y Visión del Emigrado”.

¿Ha quedado fuera de la crónica el santiaguero feo? Por supuesto que si, seguramente en la tarde y particularmente en la noche hubo mucho movimiento en los bares y cantinas del área del puerto y los prostíbulos de la zona de tolerancia; a ciencia cierta acaeció una actividad intensa en los lugares donde se jugaba y hasta en las vallas de gallos; quizás las casas templos y los espiritistas aumentaban su numero de consultas el domingo.

Pero les recuerdo que Juan José era un cronista social y no un antropólogo. Lo real es que este pequeño retrato del domingo santiaguero con el paso del tiempo ha adquirido cierto valor, tanto por lo que describe como por lo que omite.

El domingo 21 de septiembre del año 1919 pudo pasar totalmente inadvertido porque ese día no ocurrió nada significativo, pero el cronista congeló ese instante como en una fotografía, salvándolo para la posteridad.




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, June 17, 2021

Y se hizo la luz en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


La historia del alumbrado público en la ciudad de Santiago de Cuba está llena literalmente de sombras. En la primera mitad del siglo XIX se utilizaba aceite de coco para el alumbrado, más tarde se instalaron 612 farolas que utilizaban hidrógeno y finalmente en 1862 se pusieron en algunas calles 800 farolas que consumían petróleo.

La noche fue siempre peligrosa en la ciudad por la oscuridad y la vida nocturna pobre y limitada a las tertulias hogareñas. Por eso la llegada del alumbrado público eléctrico en los albores del siglo XX, debió ser un momento sencillamente maravilloso para los santiagueros.

La Compañía Eléctrica y de Alumbrado y Tracción de Santiago de Cuba, presidida por José Marimon, una empresa cubana y con capital cubano, invirtió millón y medio de pesos en las instalaciones de la planta eléctrica y el servicio de tranvías. Las primeras pruebas del alumbrado eléctrico se efectuaron los días 6 y 18 de enero de 1908 y la última el martes 21 de enero de ese año.

La prensa local comentó con gran entusiasmo el trascendental acontecimiento. Un periodista de La Independencia escribió: “cuando todos los focos de la ciudad dieron luz, un grito de alegría vibro por todas partes”. Dos días después La Independencia volvió sobre el tema con este comentario: “Al fin después de tantas campanadas, la ciudad de Santiago cuenta desde anoche, con el alumbrado público eléctrico”. El periódico La República por su parte afirmó rotundamente: “Santiago progresa. Desde la noche de hoy, las mortecinas candilejas que desde tiempo inmemorial y con desdoro de nuestra cultura y progreso, constituían nuestro alumbrado, serán sustituidas por la luz eléctrica”
 

Unos días mas tarde comenzaron a circular por las calles de la ciudad los tranvías eléctricos con los escudos de la República y de Santiago de Cuba; los ciudadanos se agolpaban en las esquinas para aplaudir al verlos pasar, ¡Se vivían días de un optimismo sin precedentes!

Carlos Forment siempre atento al pulso de la ciudad, anotó en sus crónicas: “¡Por fin! esta noche se inaugura el servicio de alumbrado público eléctrico. Aunque adoleciendo de muchas deficiencias, la ciudad luce iluminada, provocando que muchas familias salieran a la calle a pasear, especialmente por la de Enramadas que era la mas alumbrada, así como la Alameda Michaelsen que por esta época era un paseo muy concurrido, donde de noche acudían las familias…”

La llegada de la luz eléctrica a Santiago de Cuba además de enriquecer la vida de los santiagueros, tuvo un efecto simbólico, pues fue vista como el momento de salida del largo y oscuro túnel de la época colonial y la entrada con el nuevo siglo, en un mundo moderno.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, June 3, 2021

Hombres de Negocios en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



Cuando se estudia la primera mitad del siglo XX en Santiago de Cuba, generalmente se destacan las figuras de políticos, artistas e intelectuales cuya impronta ha quedado muy firme en la ciudad; pero se tiende a olvidar a los que tenían instinto para los negocios y también dejaron sus huellas.

Una mirada a los periódicos santiagueros de la época puede mostrarnos el rostro de algunos hombres cuya intuición para los negocios contribuyó a la construcción de una ciudad prospera y moderna.

La familia Bacardi desempeñó un papel protagónico en la vida de la ciudad, la industria del ron y la cerveza Hatuey llegaron a ser elementos emblemáticos de la cultura santiaguera; el dinero de los Bacardi está en las fábricas de ron y cerveza, pero también en el museo, la biblioteca y el carnaval.


En 1922 la prensa informaba que: “…la compañía de Bacardi construyó los edificios de un nuevo y magnifico alambique o destilería que inauguró el domingo 5 de febrero. Izó la bandera del murciélago y ofreció una fiesta que desbordó de bebidas y música.”


José Marimon fue otra de las figuras relevantes de aquellos tiempos, su nombre aparece asociado con algunas compañías de la época como la de electricidad y tracción que desarrollaron la planta eléctrica y el tranvía, así como el reparto Vista Alegre; también en empresas de carácter financiero como la presidencia del Banco Español de Cuba. En la toponimia urbana dejo su nombre en Villa Marimon y el Reparto Marimon.

La prensa presentó a Marimon así, en ocasión del inicio de las obras para la planta eléctrica: “José Marimon vicepresidente de la Compañía Eléctrica y sus invitados, se dirigieron en varios coches al edificio de la planta eléctrica situado en Punta Blanca (…) La simbólica ceremonia fue sencilla y breve. El Gobernador Pérez Carbo y el Sr. Marimon, al frente de un cuadrilla de 10 peones, hundieron cada uno un pico en la tierra humedecida por las recientes lluvias…” Algunas personas que conocieron personalmente a Marimon afirmaban que tenía un origen humilde y una cultura pobre, pero que poseía una fantástica intuición para los negocios.

Otro importante hombre de negocios santiaguero fue Eduardo Chibas Guerra quien negoció en los Estados Unidos la creación de la planta eléctrica de Santiago de Cuba y en 1905 era ingeniero director de las obras de dicha empresa. El cronista Carlos Forment anotó lo siguiente en ocasión del natalicio de su hijo, quien seria un famoso político en la republica: “Nace en la casa que entonces existía en la esquina de San Félix y Marina, hoy Aguilera no. 310, el niño Eduardo René Chibas Rivas, hijo del notable ingeniero y rico hombre de negocios Eduardo Chibas Guerra y la bella dama camagüeyana, Gloria Rivas Agramonte, muy estimados en esta sociedad.”

En mayo de 1926 abrió sus puertas en la esquina de Enramadas y Paraíso, La Iris, propiedad de Valentín Ramos y Jose Regidor, los periódicos elogiaron lo que llamaron “café moderno La Iris”. Diez años más tarde se inauguró el Salón La Iris, contiguo al café. El lunes 1 de febrero de 1937 dice la prensa que Valentín Ramos ofreció un ponche de honor a la artista mejicana y cantante Esperanza Iris, inspiradora del nombre del establecimiento.


En 1926 el Dr. Jose Ortiz fundador, dueño y Director General inauguró la Clínica de Los Ángeles, calificada por la prensa local como una “clínica modelo (…) una obra maestra en su género, prestigio de Cuba, orgullo de Oriente”.

En 1930 el Sr. Jaime Vidal inauguró oficialmente, en los límites de las calles Enramadas, Barnada y Bayamo, el Mercado Modelo Vidal que contaba con 750 puestos de venta en los que se podía comprar prácticamente de todo. A la semana siguiente la prensa comentaba que a las tres de la mañana llegaban diariamente las arrías del campo “con todos los productos frescos, hermosos y tiernos de la tierra cubana.”

Desde el domingo 5 de septiembre de 1954 Santiago de Cuba contaba con la vaquería Quety propiedad de Jose Simón Fortín, una moderna pasteurizadora situada en la carretera de El Caney.

Una relación de las principales familias de la burguesía santiaguera, publicada en 1983, incluía las siguientes: Bacardi Rosell, Bosch Lamarque, Schueg Chassin, Navarrete Parreño, García Vidal, Mestre, Espinosa, Duany, Mercade, Abascal, Chávez Milanes, Echevarria de la Pezuela, Fernández Casas, Castelvi Vinent, y Rousseau Sánchez.

Estos ciudadanos santiagueros se identificaban con distintas tendencias políticas e ideológicas, en su mayoría eran admiradores del modo de vida norteamericano, al punto de enviar a sus hijos a estudiar en colegios y universidades estadounidenses; iban regularmente como turistas al Norte, pero no eran anexionistas.

Aquellos santiagueros amaban el dinero y sabían hacerlo; su papel fue muy importante en el crecimiento económico y la modernización de la ciudad; su función no puede minimizarse, ni ignorarse, so pena de dejar fuera del análisis un segmento clave de la sociedad de la época.


Los hombres de negocios, como dijera el filosofo uruguayo Pepe Mujica son una suerte de gallina de los huevos de oro, si se hace una sopa con esa gallina, no habrá más huevos, así de simple; ellos no aspiraban a figurar en el claustro de la universidad de Oriente, tribunas o salones, su don era saber hacer dinero. Cuentan que un empleado de Federico Fernández Casas le dijo una vez a éste que en un documento había puesto harina sin h, y Fico le dijo, ponle la h y fírmala tu a ver si te dan la harina…

Los hombres de negocios, como los inventores y los artistas son necesarios en una sociedad moderna, su secreto es que piensan que enriquecerse es glorioso.







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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, May 27, 2021

Del pecado en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


En los albores del siglo XX, el alcalde Emilio Bacardi proscribió en la ciudad de Santiago de Cuba el oficio más viejo del mundo, el cual se ejercía desde hacia muchos años en el callejón de Escudero, esto provocó que las prostitutas emigraran a otros barrios, con la consecuente queja de los vecinos; por lo que finalmente el alcalde decidió crear una zona de tolerancia en los alrededores del puerto, la cual con el paso del tiempo tendría la mayor concentración de burdeles en las calles de Factoría, Barracones, San Francisco baja, Heredia baja y Padre Pico.

La ZONA como popularmente se le llamaba era prácticamente invisible para los habitantes de la parte alta de la ciudad, las personas decentes no solían bajar allí y era un tema tabú en las conversaciones lo que allí ocurría. Para la sociedad civil santiaguera, orgullosa de su progreso y modernidad, la zona, era una suerte de fea cicatriz que debía ocultarse.

La zona de tolerancia contribuyó significativamente a que los santiagueros se voltearan de espaldas al mar, desapareciendo definitivamente la vieja costumbre de pasear por la Alameda para disfrutar de la brisa marina.

En el año de 1908 el alcalde Ambrosio Grillo destacó algunas de las ordenanzas municipales concebidas como “medidas tendentes a evitar la corrupción de las costumbres”, una de las cuales incluía la prohibición de que las meretrices viajaran en coches llevando el fuelle bajo.

En algunos periódicos de aquella época se reflejaba el enfrentamiento de la ley y el orden contra la prostitución. Así por ejemplo según la prensa, un vigilante de la Primera Estación denunció a Dalia Maria vecina de Trocha Sur por infringir la Orden No. 213, que prohíbe el ejercicio del amor libre…; en otra ocasión se denunciaba que habían comenzado a celebrarse bailes públicos, a los que asisten mujeres de vida alegre, en una casa de prolongación de la calle Corona.

Sin embargo fue el cronista Carlos Forment quien dejaría para la posteridad un inestimable testimonio sobre uno de los secretos mejor guardados de la ciudad, la tóxica presencia de la marinería yanqui, procedente de la base naval de Guantánamo, en la zona de tolerancia.

Con fecha 12 de febrero de 1907 escribe Forment en sus crónicas: “Cinco destroyers y un trasporte de guerra estadounidenses llegan a nuestro puerto para descansar bajando a tierra la tripulación, donde ha gastado gruesa cantidad de dinero.”

El día 30 del mismo mes, anota Forment: “Esta madrugada se produjo en la parte comercial próxima a los muelles, en la llamada “zona de tolerancia” una gran alarma y alteración del orden, al chocar marineros del buque norteamericano de guerra Tacoma, que se hallaban beodos, con la policía municipal cubana…”

Podría pensarse que la presencia de marinos norteamericanos en el puerto se circunscribió a los años de la segunda intervención; sin embargo en enero de 1957 el periódico Prensa Universal al referirse a los movimientos de buques en el puerto comentaba que: “ Según datos del Distrito Naval de Oriente, durante el año de 1956 hicieron su entrada en este puerto 113 unidades de la marina de guerra de Los Estados Unidos, que conducían 1 277 oficiales y 18 612 alistados, que francos de servicio, vinieron a disfrutar un fin de semana de asueto y descanso, después de los entrenamientos en la Base Naval de Guantánamo”. Estas cifras, según la misma fuente, no incluían los 4 000 marineros que arribaron ese año por vía aérea.

¡Evidentemente Caimanera estaba desbordada y era necesario traer los marinos francos de servicio a Santiago de Cuba!

¿Algunos marineros visitarían en Daiquirí la playa donde se produjo el desembarco, el fuerte de El Viso en el Caney, la loma de San Juan o los pecios hundidos durante la batalla naval de 1898? Es posible, pero sin dudas la mayoría eran los “turistas” con los que hacían su “zafra” los centenares de bares, cantinas y prostíbulos de la zona de tolerancia.

La frontera entre la zona y el centro histórico de la ciudad, estaba a la altura de la Plaza del Mercado; según testimonios de la época, muchas prostitutas y chulos por la madrugada solían subir la loma de la calle de la Marina (Aguilera) hasta una fonda que estaba frente a La Plaza, a la que popularmente le llamaba “el eructo”.

Esta frontera imaginaria, todos la respetaban y sólo existía un discreto control policial. En el maravilloso anecdotario de Roberto García Ibáñez, recogido por su hijo Roberto García Serrano, se incluye esta estupenda anécdota, según la cual en una ocasión un joven de una conocida familia de Vista Alegre, pasado de tragos, violó la frontera y subió con una mujer de la zona, hasta el Club 300, a unos metros del parque Céspedes. El portero que lo conocía bien, le dijo respetuosamente y con su mejor sonrisa: señor ud. puede pasar, pero la señora no, porque es de dudosa moralidad. A lo que el joven le respondió con desparpajo, señalando al interior del Club: mira chico, de dudosa moralidad son toda esas mujeres que están allá adentro, a esta la traigo de la casa de Lola Brangaña.

En la zona se iniciaron sexualmente varias generaciones de adolescentes y jóvenes santiagueros y allí tocando en los bares y cantinas, dieron sus primeros pasos algunos músicos que como Eliades Ochoa luego han sido muy famosos.

La sociedad santiaguera que por aquella época se escandalizaba con las mulatas que bailaban semidesnudas en las carrozas del carnaval, miraba para otra parte cuando se trataba de la zona. Por lo menos no hay constancia en la prensa de denuncias o campañas moralizadoras contra la prostitucion, por parte de instituciones cívicas, religiosas o fraternales ¡Nadie parece haber dicho una sola palabra en voz alta contra aquel pecado de la ciudad!





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, May 20, 2021

Una pelea santiaguera en el mundo de la moda (por Rafael Duharte Jiménez)


Durante más de trescientos años los santiagueros siguieron las modas que venían en los barcos que de vez en cuando llegaban de España; gracias a la maravillosa imaginación de Emilio Bacardi contamos con la descripción de una mujer elegante, en los albores el siglo XVI santiaguero. Refiriéndose a la andaluza Doña Guiomar de Guzmán escribió este en su novela histórica, de la cual la misma es protagonista: “Sus carnes, por la escasez de ropas, fuese ello por el excesivo calor o por libre coquetería, se moldeaban perfectamente bajo la saya de zaraza de pintados florones y pajarracos que malamente cubrían sus correctas líneas…”

A fines del siglo XVIII, con los emigrados que arribaron por la bahía en varias oleadas procedentes de Saint Domingue, llegaron las modas de Paris; las cuales costureras y modistas pronto difundieron en el barrio francés y no tardaron en exhibirse en el café concert Tivoli, la calle Gallo y los salones de la Filarmónica.

El pintor ingles Walter Goodman, quien vivió en la ciudad a mediados del siglo XIX, ofrece una estupenda estampa sobre las modas en aquellos tiempos. En el capitulo de su libro titulado: Por la Noche en la Retreta, escribió: “El conjunto de personas que pasean, formado principalmente de señoras y señoritas ataviadas con lindos vestidos de todos los tipos de muselina. Los caballeros vestidos de dril blanco, sombrero de jipijapa y zapatos de la mejor piel española; o bien llevan levitas negras y altas bombas”.

Resulta obvio que el santiago elegante seguía básicamente las modas de Madrid y Paris, sin adaptarlas al clima local, por lo que durante el verano, debió ser un verdadero sacrificio estar a la moda. No obstante existen testimonios sobre un camisero en la ciudad que vendía chamarretas abiertas, a la criolla.

A comienzos del siglo XX, en medio del ritmo frenético que caracterizó la entrada de la isla en la órbita cultural norteamericana, se echaron a un lado los gruesos paños y los colores pálidos propios de los climas europeos en los que los cambios de estación están bien delimitados y el invierno es largo y severo; esta vez no se trataba sólo de nuevas modas, sino de un cambio esencial, la búsqueda de la armonía del vestuario con clima local; en aquel minuto de cambio, la ropa del santiaguero se tropicalizó por primera vez y para siempre.

¿Quiénes fueron los agentes del cambio? Forment los identificó de forma rotunda: …los comerciantes norteamericanos, naturalmente, maestros en el arte de simplificar la vida”.

El primer episodio de aquella transformación que reconcilió el vestido y el clima, la protagonizó un calzoncillo, cuya etiqueta en blanco y rojo decía Made for the BVD- Best retail Trade, a cual los santiagueros pronto apodaron Vibidi; cuentan que los calzoncillos fueron recibidos con verdadero arrebato por los jóvenes, ante la mirada severa de los viejos a quienes los mismos no les parecían muy masculinos…

Revista Bohemia. 1912
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Forment anotó en sus crónicas, con fecha 31 de diciembre de 1908: Por esta época se introduce una novedad en la indumentaria masculina: las camisetas y los calzoncillos cortos, o sea estos últimos a la rodilla, en sustitución de los largos, que llegaban hasta el tobillo.

En los años veinte, en la ciudad de Santiago se anunciaban una serie de establecimientos que nos permiten imaginar algunos escenarios donde se produjeron los cambios en la moda: La California, Tejidos y Confecciones; Gran Peletería SAMSO; Las Columnas Peletería-Tejidos; Vidal Hermano y Cia. Sucursales: Peletería Vidal, Peletería La Ideal, Peletería La Lucha; Wal Over (peletería) Precios Fijos; La Nueva California. Camisas y Pantalones marca TERIN; Peletería La Principal.

La falda-pantalón parece haber sido el elemento más explosivo en aquellos tiempos de cambio. El cronista Forment afirma que el 21 de abril de 1910, La actriz Pepita Carbonell acompañada de dos amigas, recorrió las calles Saco (Enramadas) y Estrada Palma y luego entraron a merendar al Café La Cubana, y que como vestía una falda-pantalón, la seguía “tal cantidad de personas unas la aplaudían y otras la criticaban, que la policía tuvo que dispersar a los curiosos.”

Con fecha 26 de marzo de 1911 Forment anotó este otro escándalo de la terrible falda-pantalón: “En el paseo de esta noche en el reparto Vista Alegre, una señorita extranjera lució por primera vez en Santiago la falda-pantalón. Fue tal el gentío que la seguía, que tuvo que abandonar el parque…”.

Dos días después el periódico El Cubano Libre, preguntaba provocativamente: ¿A ver quien es la más resuelta, la más heroica de las señoritas elegantes de Santiago, para lanzarse a la calle, antes que ninguna con la revolucionaria falda-pantalón?

Al mes siguiente en la revista Oriente Literario escribía el periodista Eduardo Jiménez este comentario: “La falda-pantalón que lucha contra la critica furibunda de los anatematizadores de todo lo nuevo (…) la falda-pantalón se mantiene tenaz, firme. Avanza muy lentamente, pero esta avanzando”.

A lo largo del siglo pasado, los santiagueros lucharon contra el calor con calzoncillos, camisetas, la falda-pantalón, las mamboletas y los bikinis; poco a poco abandonaron las modas de Madrid y Paris y asumieron las que llegaban del Norte, para terminar creando las suyas propias a partir del ingenio de modistas y costureras cubanas.

La moda no es un tema frívolo, como algunos piensan, el estudio de la misma es interesante para conocer algunos aspectos de la sociedad, pues sus movimientos en ocasiones reflejan transformaciones que como en este caso, tienen que ver con los profundos cambios políticos, económicos y de mentalidad que vivieron los santiagueros en las primeras décadas del siglo pasado.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, May 13, 2021

Los 20 días que conmovieron a Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



Una Guía Comercial de los años veinte del siglo pasado, afirma que por esa época funcionaban en la ciudad de Santiago de Cuba numerosos gremios, encontrándose entre los más importantes: La Unión de Empleados de los Ferrocarriles de Cuba, La Unión de Torcedores de Tabacos, La Unión de Obreros Panaderos; La Asociación Tipográfica de Oriente y los Estibadores y Braseros de la Marina.

Resulta interesante observar, a la distancia de 104 años, la huelga que en enero de 1917 sostuvo el gremio de Estibadores y Braceros de la Marina, frente a los consignatarios de buques y dueños de los muelles santiagueros, por un aumento de salario.

Según la prensa local de la época, ese año el movimiento de mercancías en el puerto fue intenso, al extremo de que la explanada que separaba la estación de tren, de los almacenes, estaba llena de bultos de todas clases y había numerosos barcos cargados en el puerto, por lo que la recaudación de la aduana seguramente era muy satisfactoria.

Esta debió ser la coyuntura aprovechada por el gremio de Estibadores y Braseros para solicitar un aumento de salario. Las negociaciones de los representantes de los obreros con la patronal fueron inicialmente infructuosas y el miércoles 3 de enero los obreros se declararon en huelga, abandonando las labores de carga y descarga de los buques y sentándose en la explanada, frente a la Aduana, La Alameda y los muelles de la Naviera.

El sábado día 6 algunos vapores comenzaron a salir del puerto rumbo a Cienfuegos, para descargar allí sus mercancías; la noticia de que las gestiones realizadas por la Administración de la Aduana y la Alcaldía Municipal habían fracasado, corrió como la pólvora por la ciudad e inmediatamente los víveres comenzaron a subir de precio en los comercios.

La situación era grave, muchos barcos estaban descargando las mercancías en el puerto de Cienfuegos, lo cual encarecía la transportación; el miércoles día 10, los trabajadores rechazaron una proposición de los patronos de pagar por toneladas la carga y descarga.

En la noche tuvo lugar una asamblea en el Círculo Obrero, en la cual los gremios acordaron esperar un poco para declarar un paro general, pero a la mañana del día siguiente la situación se precipito y se fueron a la huelga albañiles, carpinteros, sastres y planchadores, en solidaridad con los estibadores y braseros.

En algunos muelles y tinglados, comenzaron sin embargo tareas de descargas de buques por parte de más de un centenar de rompe-huelgas, los cuales no tardaron en ser agredidos por algunos huelguistas indignados; la policía tuvo que intervenir para restablecer el orden.

En medio de aquella tensa situación tuvieron lugar varios incidentes violentos en la vía pública y la zona comercial, en los cuales tuvo que intervenir la policía.

El sábado día 20, los carretilleros y carniceros que no se habían sumado a la huelga, continuaban sus labores normalmente y los planchadores, sastres y barberos retornaron a sus actividades; el trafico en la Marina continuaba con el acarreo de mercancías a los almacenes, pero custodiados por policías.

El lunes 22 todos los gremios que habían apoyado la huelga de los estibadores habían regresado a sus labores.

En la noche del martes 23, una comisión integrada por representantes de la Cámara de Comercio y la Asamblea de Presidentes de los Gremios, presentó una propuesta que fue intensamente debatida y finalmente aceptada por los representantes de los consignatarios y dueños de muelles, poniendo fin a la huelga, a la mañana del día siguiente, regresaron los estibadores al trabajo, con la satisfacción de haber vencido a los patronos y con un salario mas alto.

En el año de 1917 los obreros del puerto de Santiago de Cuba no aspiraban a tomar el cielo por asalto, pero es evidente que sabían defenderse, negociando con los patronos, utilizando el recurso de la huelga y contando con la solidaridad de otros gremios. Faltaban unos meses para que estallara la Revolución de Octubre a 9 550 kilómetros del puerto de Santiago de Cuba, aun no circulaba la consigna proletarios del mundo uníos, pero aquí entre el mar Caribe y las montañas de Cuba, los obreros defendían sus intereses.

La paralización del puerto era impensable para una ciudad que como Santiago avanzaba dinámicamente a la cabeza de la Provincia de Oriente, el poder de los estibadores y braseros santiagueros en aquella época era real. 






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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, May 6, 2021

La aventura del automóvil en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



El 31 de mayo de 1902 circuló el primer automóvil por las calles, Marina, Nepomuceno y Enramada, entonces el tramo mejor empedrado de la ciudad. Según el cronista Carlos Forment, Charles Brooks el propietario del auto le contó que el iba muy despacio y un grupo de muchachos callejeros le hacia burlas y hasta le tiraron piedras, porque lo creían “un coche endiablado” ¡Así entró el automóvil a Santiago de Cuba!

¡Aquel automóvil marca Locomovil, puso fin a casi cuatrocientos años de hegemonía absoluta de la tracción animal en el transporte en la ciudad! 

Aunque pueda asombrarles, once años después de aquel día en que Brooks manejara su auto rodeado de curiosos y en medio de los gritos y las pedradas de los mataperros, la ciudad de Santiago contaba ya con varios garajes y establecimientos de automóviles de alquiler que tenían un total de 62 vehículos para prestar servicio a los santiagueros.

En el mes de junio del año de 1913, el periódico El Cubano Libre publicó la noticia de que la empresa Santiago Automovile Co., pondría en circulación una guagua–automovil con capacidad para treinta personas, que diariamente haría los viajes entre la ciudad y el pueblo de Dos Bocas.

La circulación de automóviles en Santiago de Cuba aumentaba significativamente cada año, en 1916 se registraron en el Ayuntamiento casi el doble de vehículos que el año anterior: 92 automóviles particulares y 105 de alquiler.

En la tarde del viernes 18 de febrero del año de 1916 ocurrió algo insólito, una manifestación rodante para reclamar al Ayuntamiento el arreglo de la avenida que unía la ciudad con el reparto Vista Alegre, en la que participaron más de cien automóviles de todos los tipos y algunos coches, atronando las calles con el ruido de sus bocinas, timbres y mofles abiertos.

Una comisión que incluía entre otras personalidades a German Michaelsen, al pasar frente al Ayuntamiento se bajó de los autos que iban a la cabeza del desfile, para entrevistarse con el gobernador y el alcalde y exponerle sus demandas; luego continuaron su larga marcha a través de las calles; era una interminable hilera de vehículos y la población se agolpaba para verla pasar en medio de un ambiente carnavalesco.

En 1926 se celebró en el teatro Rialto, el Primer Congreso Automovilístico de Oriente: Pro Buenos Caminos, asistieron personalidades, autoridades civiles y militares y un gran número de industriales norteamericanos que representaban varias fabricas de automóviles. Las palabras de clausura estuvieron a cargo nada más y nada menos que del destacado intelectual dominicano Max Enríquez Ureña. La ciudad de Santiago de Cuba era evidentemente un mercado potencial para los fabricantes norteamericanos de automóviles. 

¡Poco más de dos décadas después de la aventura de Brooks y su coche endiablado, la ciudad de Santiago de Cuba era la sede de un Congreso Automovilístico y tenia un Palacio del Automóvil! 

El jueves 14 de febrero de 1929 la prensa local comentó ampliamente una exposición de cuatro modelos de la marca Chevrolet en el Palacio del Automóvil, ubicado en las calles Aguilera y Corona, el evento fue amenizado por el trío Matamoros que ya por entonces era bastante famoso.

El 8 de enero de 1931 quedó abierto al paso de los vehículos el tramo de la Carretera Central desde la Loma de Quintero hasta la Avenida Victoriano Garzón. Unos días después se efectuó la inauguración de la Carretera Central, el gobernador Barceló declaró en el acto: vía publica a “la hermosa carretera que une lo pueblos y las ciudades desde Pinar del Río hasta Oriente”. Si se tiene en cuenta el aislamiento que sufrió la región oriental durante más de cuatro siglos, puede aquilatarse la trascendencia de aquel acontecimiento desde el punto de vista económico y social.

En la primera mitad del siglo pasado, sin lugar a dudas, tuvo lugar en la ciudad, una fantástica revolución en el transporte, protagonizada por el automóvil, el tren, el tranvía, el ómnibus y el avión. La añeja ciudad de empinadas lomas, callejones y calles empedradas por la que circularon durante siglos solo: coches, carretas y carretillas tiradas por caballos, se iba esfumado ¡Santiago de Cuba entraba sobre ruedas en el siglo XX!




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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, April 29, 2021

Santiago de Cuba: El triunfo del espíritu (por Rafael Duharte Jiménez)


"Si quieres conocer el futuro, estudia el pasado"
Confucio






En los últimos meses del año de 1898, la guerra, las privaciones materiales y la presencia militar de los norteamericanos, debieron crear en la ciudad de Santiago de Cuba un profundo malestar en la cultura. La sociedad Filarmónica orgullo de los criollos, era un lejano recuerdo, el Club San Carlos se caía a pedazos. No había lugar, ni público, ni ánimo, para conferencias, conciertos o recitales. Las sociedades de tumba francesa, los cabildos carabalíes y los grupos carnavalescos de los barrios populares a duras penas sobrevivían.

Con la llegada del nuevo siglo este sombrío panorama comenzó lentamente a cambiar. En aquel oscuro minuto, el alcalde, historiador y novelista Emilio Bacardi, el pintor José Boffil y el Coronel mambi Federico Pérez Carbo, contra viento y marea, imaginaron un mundo espiritual y con la creación de un museo-biblioteca pusieron la primera piedra del mismo.

El las primeras décadas del siglo, las sociedades de recreo y ayuda mutua fundadas por españoles, chinos y árabes, estimularon, en pequeña escala, la preservación de sus respectivas culturas. También se crearon clubes aristocráticos como el Country Club, El Vista Alegre Tennis Club, el Ciudamar Yacht Club y otros, que contemplaban además de la recreación el estimulo al deporte y la cultura artística.

El Club San Carlos fundado en 1864, renació en un majestuoso edificio de tres plantas, frente a la antigua Plaza de Armas, ahora Parque de Céspedes, con un proyecto del arquitecto santiaguero Carlos Segrera y en sus salones pronto brilló la cultura.

A lo largo de las primeras cuatro décadas se fundaron una serie de instituciones en las cuales se cultivaba la cultura cubana, sin ningún tipo de subordinación ante la española o la norteamericana; este proceso se inició con la fundación del Ateneo en 1914 y quizás alcanzo su clímax a fines de la década del cuarenta con el nacimiento del Lyceum y la Universidad de Oriente. 

La idea de crear el Ateneo parece haber surgido en 1908, pero el proyecto no cuajó hasta el año de 1914 en que se fundó oficialmente en un acto en el Teatro Oriente, con el objetivo de: Promover en la ciudad de Santiago la cultura en el campo de las letras, las artes y las ciencias.

En el año de 1921 se fundó el Ateneo de Oriente, el cual se propuso elevar la cultura en toda la provincia de Oriente, promoviendo el desarrollo de la literatura, las bellas artes, el teatro cubano y la historia patria.

Siete años más tarde en el Teatro de Vista Alegre se inauguró la institución Hispano-Cubano de Cultura de Oriente, presidida por el intelectual dominicano Max Enríquez Ureña, quien en sus palabras inaugurales caracterizó el ambiente cultural de aquellos tiempos en los siguientes términos: “Asistimos en Cuba a un movimiento intenso que favorece la extensión de la cultura y que hoy puede observarse en toda las clases sociales, donde hay interés por las cosas del espíritu”;en diciembre de ese año la institución contaba con 430 socios.

En las conferencias promovidas por esta sociedad se abordaron temas de filosofía, jurisprudencia, estética, pedagogía, historia, música y literatura. Entre los invitados estuvieron personalidades de la talla de José Maria Chacon y Calvo, Alfonso Hernández Cata, Camila Enríquez Ureña, Carlos Loveira, Rafael Estenger y Luís Felipe Rodríguez, entre otros. El órgano oficial de la institución fue la revista literaria Archipiélago dirigida por Max Enríquez Ureña.

A comienzos de la década del treinta, Ernesto Buch movilizó a los intelectuales y artistas de la ciudad para la refundación del Ateneo. Pronto comenzaron los Domingos del Ateneo que se desarrollaron inicialmente en la casa natal del poeta José Maria Heredia y luego sucesivamente en los teatros: Rialto, Cuba y Aguilera. Sus programas se basaban en charlas sociológicas, científicas e históricas, conciertos, recitales, lecturas de cuentos y puesta en escena de obras de teatro.

¿Quiénes eran los principales intelectuales en aquellos años en que se cultivaba con pasión en Santiago la cultura espiritual? La figura más relevante posiblemente fuera Max Enríquez Ureña, extraordinario animador cultural. También eran personalidades muy reconocidas, Antonio Bravo Correoso, presente en lo principales proyectos culturales de la época y Eduardo Abril Amores, la estrella del periodismo local; Carlos Forment, periodista y continuador de la crónicas de Emilio Bacardi, el periodista y escritor Armando Leyva, el historiador Leonardo Griñan Peralta, el poeta José Manuel Poveda; Ernesto Buch López, formidable promotor cultural y autor de una magnifica historia de Santiago de Cuba publicada en 1947; los pintores Justo Orozco y Jose Joaquín Tejada; la célebre concertista y pedagoga Dulce Maria Serret y su hermano Daniel Serret, entre muchos otros.

Entre los años de 1936 y 1941 funcionó en la Casa de Heredia la Asociación Pro Arte Cubano cuyo objetivo era “despertar el culto a las Bellas Artes, con preferencia a la pintura, la escultura y el Dibujo”.

En el año de 1940 se constituyó La Sociedad Filarmónica de Santiago de Cuba para “fomentar el desenvolvimiento musical en esta ciudad, mediante la organización de conciertos, recitales, conferencias, publicaciones, becas y otros medios incluyendo la creación de una Orquesta Sinfónica”. Ese año fue muy fecundo en materia de instituciones culturales, pues también surgió Pro Arte de Oriente que tenia como principal objetivo “fomentar el desenvolvimiento cultural de la ciudad” y cuya primera función artística fue un cuadro de ballet con el acompañamiento de la orquesta de Gonzalo Roig en el Teatro Oriente. 

Sobre el nacimiento del Lyceum en el año de 1940, la prensa comentaba que: “un grupo de damas entusiastas de nuestra sociedad se han dado a la tarea de organizar una nueva institución denominada Lyceum” La misma desarrolló una intensa actividad cultural que incluía, conferencias y exposiciones de artes plásticas, recitales de poesía, conciertos y actos conmemorativos dedicados a Heredia y Marti. También organizaron una Feria del Libro en 1954 y junto al Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Oriente, dirigido a la sazón por el profesor e historiador Felipe Martínez Arango, patrocinó Cine y Arte.

Es de destacar que en Pro Arte Cubano, Pro Arte de Oriente y el Lyceum, las mujeres ejercieron un indiscutible liderazgo que debió resultar incomodo y hasta retador para los prejuicios de la época. 

Es cierto que en aquella época existía un abismo entre lo que pudiéramos llamar la alta cultura y la cultura popular; ciertamente no hubo puertas abiertas en el Lyceum, Pro Arte o El Ateneo para los percusionistas y tocadores de corneta china de La Conga de Los Hoyos o la Tumba Francesa La Caridad de Oriente; aunque tampoco estuvieron abiertos para ellos los salones de las sociedades de color; se trataba de mundos paralelos que se miraban con recelo, luego de una larga historia de racismo y discriminación.

En Santiago de Cuba durante la primera mitad del siglo pasado, existieron profundas tensiones sociales, prejuicios e incluso segregación racial; sin embargo a ratos la sociedad civil alcanzó consensos que lograron que la cultura avanzara y fueron haciendo de Santiago una ciudad culta. 

Detrás del Ateneo, la Sociedad Hispano-Cubano de Cultura, Pro Arte de Oriente, Acción Ciudadana, El Club Aponte, El Casino Cubano, La Luz de Oriente y la Universidad, existió una voluntad muy santiaguera, que en ocasiones saltó por encima de barreras sociales y prejuicios y sintonizó con los de abajo, llevando el espíritu de Santiago al triunfo.





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, April 22, 2021

Máscaras y disfraces en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



El disfraz fue un elemento típico del carnaval en España que debió arribar a la ciudad de Santiago de Cuba en algún momento de la época colonial. A mediados del siglo XIX el pintor ingles Walter Goodman titula: Mascaras en Santiago, el capitulo dedicado al carnaval, de su libro Un Artista en Cuba, afirma allí: “Lo principal que tiene el carnaval de Santiago son las comparsas callejeras o conjuntos de enmascarados o mamarrachos como se les llama en el lenguaje criollo, y los bailes de mascaras”.

A comienzos del siglo veinte los bailes de disfraces eran muy populares en la ciudad según se consigna en la prensa de la época. En 1906 Ilustración Cubana señalaba que: “El día de San Joaquín, en las calles de nuestra vieja ciudad, la población pudo observar la invasión de numerosas comparsas. Mas la nota sobresaliente de las fiestas la dieron las sociedades de recreo, con sus brillantes bailes de disfraces (…) Los bailes de máscaras de las demás sociedades transcurrieron muy animadamente”.

Una crónica de periódico La Independencia de julio de 1911 dice que: “Durante la mañana y el mediodía se movieron algunas máscaras por las calles (…) Los parques de la ciudad, sobre todo, el Parque Céspedes, estaban llenos de enmascarados (…) circulaban coches engalanados, tripulados por jóvenes de los dos sexos, vestidos de atractivos disfraces…”.

El carnaval del año 1912 estuvo bajo la sombra fatídica de la llamada Guerrita de los Negros y ese año la prensa afirmó enfáticamente que: “el disfraz brilló por su ausencia”.

En las crónicas del carnaval publicadas en la prensa los años de 1916, 1917 y 1922 no hay mención al disfraz. Una relación de fiestas bailables en los salones del Club Aponte, el Casino Cubano y La Luz de Oriente, así como en residencias de familias, no hace referencia al disfraz.

En 1939 parece haber regresado el disfraz a los salones. Una extensa relación de bailes anunciados para el carnaval incluía numerosos bailes de disfraces en distintos lugares como, Los Jardines de la Cervecería Hatuey y sociedades como La Luz de Oriente y el Club Aponte, donde se dice que eran tradicionales. Al parecer las máscaras desaparecieron de las calles y parques, pero resurgieron en los salones.

En el año de 1955 el alcalde municipal prohibió expresamente el uso de caretas y disfraces durante el carnaval; en las crónicas del carnaval de 1957 no se menciona la presencia de estos elementos en comparsas o carrozas.

Las máscaras y el disfraz que según Goodman eran lo principal del carnaval santiaguero, cien años más tarde habían desaparecido de la fiesta popular más importante de la ciudad. ¿Empobreció esta ausencia la fiesta? Sin lugar a dudas, pues la máscara y el disfraz, como el alcohol, desinhiben y con ello aumentan las posibilidades de diversión. El carnaval es un momento de inversión de valores, de locura, en el cual el anonimato de la máscara y el disfraz desempeñaban un papel fundamental; estos y el ron tenían un papel protagónico en la fiesta. 






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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Thursday, April 15, 2021

Aventuras de Santiago Apóstol en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


 
En el siglo XVI el culto a Santiago Apóstol tuvo un lugar protagónico en la intensa vida religiosa de los habitantes de la ciudad de Santiago de Cuba; pero a comienzos de la centuria siguiente este comenzó un lento proceso de decadencia, quizás asociado con el surgimiento de cultos criollos como el de la Virgen de la Caridad del Cobre y el del Ecce Homo; a lo cual se añadió el hecho de que la creciente contradicción entre criollos y peninsulares, convertiría progresivamente al Santiago Matamoros en un símbolo del colonialismo español, distanciándolo de los santiagueros.

A comienzos del siglo XX Santiago Apóstol era para los santiagueros prácticamente uno más dentro del santoral católico, al tiempo que la Virgen de la Caridad era declarada, a solicitud de los mambises, como Patrona de Cuba y su santuario en el poblado de El Cobre se convertía en un lugar de peregrinación nacional.

Una revisión de las crónicas de Carlos Forment, muestra que en la primera década del siglo no se celebró el día de Santiago y sólo a partir de 1911 parece recuperarse la celebración, al respecto escribe el cronista: 
Día 25 como día de Santiago, patrono de la ciudad, ha habido extraordinaria animación este año. Anoche las sociedades celebraron bailes de disfraces y todo el día de hoy numerosa comparsas han recorrido la ciudad hasta altas horas de la noche, poniendo una nota de colorido y alegría popular.
El periódico La Independencia ofreció detalles sobre aquel día de Santiago:
Los parques de la ciudad, sobre todo el parque Céspedes, estaban llenos de enmascarados y de paseantes a pie, en tanto que, por las calles de sus alrededores, circulaban coches engalanados tripulados por jóvenes de los dos sexos, vestidos de atractivos disfraces y arrojando serpentinas y confetis. El paseo de los coches se extendió por muchas calles. También se movieron las carrozas entre las que llamo la atención la del establecimiento El Louvre. 

Resulta interesante este renacer del Apóstol Santiago en su ciudad, sólo que ahora no entre nubes de incienso, sino de serpentinas y confetis. El 25 de julio en el atrio de la catedral una pequeña procesión recordaría al Santo, al tiempo que abajo, en el parque Céspedes, sonaban músicas profanas y jóvenes disfrazados se divertían lanzándose serpentinas y confetis.

Hacia fines de siglo, los historiadores, finalmente se pusieron de acuerdo sobre la fecha del año de fundación de la villa y fijaron para festejar el acontecimiento, el 25 de julio. La fecha del onomástico del Santo, que devino día de Santiago en el carnaval, ahora era también objeto de solemnes conmemoraciones oficiales. Durante ese día el actor Dagoberto Gainza desde hace muchos años recorre la ciudad disfrazado de Santiago Apóstol, personaje que él encarnó en una obra clásica del teatro santiaguero, titulada: De Cuando Santiago Apóstol Puso los Pies en la Tierra. ¡En esta ciudad que lleva su nombre, el Apóstol Santiago es parte de lo real maravilloso!

Thursday, April 8, 2021

Una mirada a los mercados de Santiago de Cuba en la primera mitad del siglo XX (por Rafael Duharte Jiménez)




Algunos viajeros afirman que es necesario visitar los mercados y cementerios cuando de quiere conocer a fondo una ciudad; los mercados son ruidosos, calurosos y están llenos de olores, sabores, los cementerios sin embargo son fríos y silenciosos; en unos bulle la vida, en los otros reina la muerte.

En el año de 1860 se inauguró la Plaza del Mercado en el lugar donde habían estado el convento y el hospital de Belén, destruidos por el terremoto de 1852. El edificio contaba con cuatro galerías y espacios para 600 puestos en los que se vendían todos los frutos del mar y la tierra.

En una Guía Comercial de la segunda década del siglo XX se hacia referencia a la vieja plaza del Mercado en los siguientes términos: “Es un edificio que desmerece de la importancia y cultura de esta ciudad…”

En 1930 se inauguró el Mercado Modelo Vidal, “mercado de abastos”, propiedad de Jaime Vidal, situado en los limites de las calles Saco (Enramadas); Barnada y Bayamo, a unos escasos metros de la Plaza de Marte. El Mercado Vidal contaba con 750 puestos de venta en los que se podía comprar hasta lo inimaginable.

En el año de 1947 el poeta y periodista Regino Pedroso visitó la antigua plaza del Mercado que posiblemente por esa etapa estaría en estado ruinoso, por lo que seria demolida tres años mas tarde. Sin embargo el testimonio del poeta ilustra muy bien el ambiente de aquel sitio.
No obstante lo temprano de la hora el mercado estaba lleno. Por los alrededores, los mas diversos comercios y los mas variados medios de transporte y sobre todo, en profusión, cargadas de plátanos, de cocos, de frutas, esas chatas carretillas santiagueras. Entramos por la pescadería, en cuya tarima cabrillean como si aun estuviesen vivos hermosos cangrejos y los más variados peces de las aguas antillanas. Por dondequiera sacos y canastas con los mas diversos frutos. Plátanos de Baracoa, yuca y boniatos de La Maya y Jiguani, grandes mameyes (aquí zapotes) de cuajada sangre. (…..) y sorprendemos a alguien que discute con un vendedor la compra de un melon: 

----Bueno compay insiste el comprador, cinco reales esta bueno.

---- No compay, ese melón es del Cristo. Si usted no da seis reales usted no come ese melón. (…..)
En 1950 se demolió la vieja plaza del mercado y se puso la primera piedra del nuevo edificio, que se construyó en 6 meses. El mismo fue inaugurado por el Presidente de la República y el Alcalde de Santiago de Cuba. El nuevo edificio constaba de 4 plantas, contenía almacenes, frigoríficos, elevadores y un horno crematorio para incinerar la basura; así como modernos equipos para la extracción del aire. Según la prensa local: “En el momento de su inauguración, el nuevo mercado se consideraba como uno de los mas modernos del mundo”.

En los mercados de la ciudad de Santiago el viajero, sin quitarse el polvo del camino, podía observar lo real maravilloso santiaguero.

Thursday, April 1, 2021

Epidemias en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)


En el verano del año 1515 se propagó una epidemia de viruela en la región de Cuba que diezmó la población aborigen, probablemente fruto de la llegada de los españoles que fundaron la villa de Santiago. El historiador mexicano Aguirre Beltrán afirma que un negro ladino que se embarcó con su amo en la expedición de Hernán Cortes que salio de la bahía santiaguera en 1518, llevó la viruela a tierra mexicana.

La precaria situación de la higiene y la ausencia de médicos y boticas fue un fenómeno crónico en la ciudad de Santiago de Cuba durante prácticamente toda la época colonial. El médico e historiador Rafael Fleitas afirma que “Hacia el año 1600 la ciudad quedó una vez más sin médico, el Ayuntamiento acudió a la curandera india Maria Nava y el 3 de noviembre de 1609 esta fue oficialmente contratada”.

En las actas capitulares de la ciudad aparecen frecuentemente denuncias que atribuyen epidemias a los esclavos africanos que traían los barcos negreros y se informa sobre controles y medidas de cuarentena a dichos navíos en algunos cayos de la bahía. Las Crónicas de Santiago de Cuba de Emilio Bacardi también ofrecen un registro pormenorizado de las distintas epidemias que azotaron la ciudad.

Durante la época colonial las principales epidemias que asolaron a Santiago de Cuba fueron la Viruela, la Fiebre Amarilla y el Cólera Morbus. Las rogativas a los santos y particularmente a la Virgen de la Caridad del Cobre a partir del siglo XVII, fue el único remedio frente a las epidemias, pues los antibióticos no llegaron hasta el siglo XX. Las autoridades coloniales instrumentaron numerosos medidas para mejorar la higiene de la ciudad relacionadas con el destino de la basura y los desperdicios sólidos; en 1844 se creo incluso una estación de cuarentena en Cayo Duan para los buques que venían de lugares donde habían epidemias; todo este esfuerzo choco siempre con la tradicional indisciplina del vecindario, poco inclinado a cumplimentar las medidas sanitarias. 

En los últimos años del siglo XIX, las intensas medidas sanitarias del gobierno de ocupación norteamericano erradicaron o controlaron enfermedades como la fiebre amarilla. En el año de 1902 según la Guía Directorio de Comercio y Profesiones e Industrias en la ciudad de Santiago habían: 42 médicos, 7 dentistas, dos droguerías y 19 farmacias. 

En el año de 1918 al concluir la Primera Guerra Mundial se propagó una pandemia que afectó a numerosos países de Europa y los Estados Unidos la cual se denomino Gripe Española, por supuestamente haberse originado en España.

Ese año la ciudad de Santiago de Cuba sufrió una epidemia de influenza, que debió ser la terrible Gripe Española. Las salas del Hospital Civil y todos los sanatorios estaban llenos de “griposos”. La epidemia provoco más de 200 defunciones. El Diario de Cuba comentaba “Es macabro el espectáculo de los numerosos entierros que se ven pasar diariamente por las calles más transitadas.”

En el mes de octubre, teniendo en cuenta la gravedad de la situación, el Alcalde decretó la suspensión de todos los espectáculos, el cierre de las escuelas públicas y todo lugar de reunión eventual como los templos y logias.

A fines de mes se constituyó el Comité de Auxilio de Santiago de Cuba que organizó comisiones de trabajo para enfrentar la epidemia. Numerosas brigadas sanitarias recorrieron la ciudad y sus repartos para desinfectar todos los establecimientos de acceso público, las ciudadelas y cuarterías.

El 16 de noviembre aún se reportaban numerosas defunciones y permanecían enfermos con la gripe más de 2 200 santiagueros según reportaban los periódicos La Independencia y Diario de Cuba.

¿Como llegó a Santiago de Cuba la Gripe Española? Quizás con los emigrados que venían de Europa, tal vez con los norteamericanos; lo real es que la ciudad logró controlar la llamada “Gripe Española” como años antes había derrotado al colonialismo español.





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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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