Monday, February 19, 2018

Alicia Alonso y Martha Graham, una hermosa historia de admiración y respeto mutuo (por Baltasar Santiago Martín)

Nota: Agradezco a Baltasar Santiago Martín, que comparta con los lectores  su artículo Alicia Alonso y Martha Graham, una hermosa historia de admiración y respeto mutuo. Primera Parte, texto incluido en el próximo número de la revista Caritate.

La presentación del número de febrero  2018 de la revista Caritate, tendrá lugar el jueves 22 de febrero  a las 8. 30 p.m., en el Centro Cultural Art Emporium (710 SW 13th Ave, Miami, FL. 33135).

Alicia Alonso saluda a Martha Graham en su camerino,
 tras su interpretación de Clitemnestra, a sus casi 64 años (1ro de abril de 1958)
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Cuando el periodista Roger Salas presentó en Madrid, el lunes 20 de junio de 2016, la primera parte de las entrevistas contenidas en ¿Por qué bailamos? Papelería sobre la Danza (y el Ballet) —el tercer volumen de la colección y el primero de entrevistas—, un libro encabezado por Martha Graham, Alicia Alonso y Merce Cunningham, acotó al respecto: "He hecho una selección: hay artistas con los que hablé que se han quedado fuera, pero no por desprecio, sino porque la obra está encabezada por Martha Graham, Alicia Alonso o Merce Cunningham, con lo que hay un techo evidente al que corresponder. Seleccionar a unos y dejar a otros ha sido un trabajo duro y riguroso", explicó Salas. "Era casi imposible no comenzar por la bailarina cubana Alicia Alonso", bromeó Salas

Esta mención del autor de Martha Graham y Alicia Alonso, paradigmas mundiales de la danza y del ballet, como inicio de las entrevistas de su libro, me da pie –nada forzado– para recordar que entre ambas grandes figuras hubo una hermosa historia de admiración y respeto mutuos, a diferencia, por ejemplo, de la antipatía que existió entre las también inmensas Anna Pávlova y Isadora Duncan, sobre todo de Pávlova hacia Duncan.
La nota de la emotiva foto dice así:
Sosteniendo un bouquet de flores, la ballerina Martha Graham (izquierda) recibe un beso de congratulación de la ballerina Alicia Alonso. Miss Graham había concluido su actuación en el rol titular de Clitemnestra. Miss Alonso, quien encabeza su compañía de ballet en Cuba, aparecerá en The Metropolitan Opera House (MET), el 22 abril de 1958, en el rol titular del ballet Giselle”.
Alicia bailó Giselle en el MET con el American Ballet Theater (ABT) el 22 de abril de 1958, como bailarina invitada, sustituyendo –¡por segunda vez en la Historia– a Alicia Márkova, quien estaba enferma en Londres. Royes Fernández, su Albrecht, también fue una sustitución de Erik Bruhn; y Lupe Serrano fue Mirtha. John Martin publicó una excelente reseña sobre Alicia en The New York Times.

Cabe suponer que Martha acudiría a ver dicha actuación de Alicia, en correspondencia a la presencia de Alonso en la suya del 1ro de abril, pues eran amigas y la Graham la admiraba también muchísimo, e iba a verla bailar siempre que le era posible.

Antes de que Alicia Alonso conociera y se relacionara con Martha Graham, fue su hermana Blanca Martínez del Hoyo –“Cuca”– quien primero lo hizo. Cuca se había enamorado de un estudiante universitario llamado Raúl Chibás, involucrado activamente en la oposición a Fulgencio Batista, y cuando la huelga general de marzo de 1935 contra este fracasó, la familia pensó que sería prudente que Raúl se fuera de Cuba por miedo a represalias, temor nada infundado, pues José Eleuterio Pedraza Cabrera, quien después del golpe de estado del 4 de septiembre de 1933 había sido ascendido a capitán y nombrado ayudante de Batista, durante la huelga de marzo de 1935 se convirtió en el Gobernador de La Habana, y se destacó por la aplicación de métodos represivos brutales y sangrientos contra el fracasado movimiento huelguístico.

Cuca, ya convertida en la esposa de Raúl, lo acompañó a los Estados Unidos, donde él continuó sus estudios en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y Cuca matriculó en la Academia de Martha Graham –la Martha Graham School of Contemporary Dance– para estudiar danza moderna, donde se convirtió en pupila de la gran Martha (lo que aprenderá con ella le servirá más tarde para fundar su propia academia de ballet), pero a finales de ese año regresó a La Habana, donde sustituyó a Nikolái Yavorski en la dirección de la Escuela de Ballet de Pro Arte Musical, hasta que, a inicios de 1936, Yavorski fue recibido con una función de bienvenida, en la que los alumnos interpretaron varios divertissements.

En septiembre de 1937, Fernando Alonso llegó a Nueva York, con la firme promesa hecha a Alicia Martínez, de enviarla a buscar en cuanto se hubiera instalado con las condiciones básicas para recibirla.

En cuanto Fernando comenzó su carrera como bailarín en Nueva York y recibió su primer sueldo, en octubre de 1937 le arregló el viaje a Alicia, con la que ya se había casado por poder en La Habana, con Matías Alonso, su padre, como representante en la ceremonia.

Convenientemente, Laura Rayneri se enteró de que el marido de Natalia Aróstegui de Suárez había sido nombrado como cónsul de Cuba en Nueva York, y que Natalia estaba preparándose para unírsele, por lo que le pidió a Natalia que Alicia viajara con ella a la capital del mundo.

A inicios de octubre de 1937, la precoz dieciséisañera llegó a Nueva York, con sus piernas “viradas hacia afuera”, como Fernando le decía, y volvieron a contraer matrimonio por lo civil, en el Consulado cubano, tal y como habían acordado los dos enamorados por teléfono cuando ultimaban los detalles de la boda por poder en Cuba (de ahí el cambio de apellido de Martínez a Alonso de la cubana, según la costumbre norteamericana). Cuca y Raúl fueron sus testigos, pues la pareja había regresado a vivir en Nueva York.

El 14 de marzo de 1938 Alicia dio a luz una niña, a la que pusieron como nombre Laura, en honor de la madre de Fernando, quizás como compensación por su apoyo incondicional en todo momento en Cuba.

En cuanto se recuperó del parto, la nueva mistress Alonso se dedicó a practicar con la mayor dedicación posible y a explorar cualquier oportunidad que le permitiera abrirse camino en el mundo del ballet, en el que ya Fernando había logrado entrar en 1937 con el Ballet Mordkin.

“Empecé enseguida a tomar clases. Cuando se enteraron, me regañaron, pero me ponía una fajita y a la barra”, relata Alicia. Intentó actuar en un grupo de ballet que hacía montajes para el célebre coreógrafo ruso Mijaíl Fokín, pero su reciente maternidad se lo impidió, por lo que reinició su entrenamiento profesional en Nueva York bajo la guía del maestro italiano Enrico Zanfretta, un anciano muy simpático que en su juventud había sido figura en la Scala de Milán, y luego con la rusa Alexandra Fedórova.

Su hermana Cuca le habló con entusiasmo de las clases que había tomado con Martha Graham, pero, como Alicia estaba totalmente enfocada en el ballet clásico, no se mostró interesada en tomar clases con ella, a pesar de que con el tiempo se harían buenas amigas.
Martha Graham había nacido el 11 de mayo de 1894, en Pittsburgh, Pennsylvania, y se trasladó a California con su familia a los 14 años.

Estudió con la bailarina Ruth Saint Denis, pionera de la danza moderna norteamericana. En 1922 entró en la Denishawn Company, considerada la cuna de esa manifestación dancística en Norteamérica, con la que viajó a Londres. Allí conoció a Eleonore Duse, a Paderevski y a Diághilev, y a su regreso decidió iniciar su vida en New York como artista independiente, hasta formar su propia compañía, la Martha Graham School of Contemporary Dance, en la que Cuca había matriculado en 1935.
En 1939 tuvo lugar la Feria Mundial de Nueva York, y Graham y su grupo se presentaron en mayo en la misma, con su coreografía Tributo a la paz, mientras que Alicia, que ya pertenecía en ese entonces al Ballet Caravan, fue seleccionada, también en mayo, para bailar en el Pabellón de Venezuela. Según el testimonio de María Karnílova, otra bailarina que la vio actuar ese día y que sería su compañera en el Ballet Theatre: “Ella no estaba pulida aún, pero ya estuvo maravillosa, y con una gran determinación”.

La participación de Alicia y de Martha en esa gran Feria Mundial de Nueva York de 1939 permite suponer que Alicia vio actuar a Martha y viceversa, y que así pudo haber nacido esta hermosa historia de admiración y respeto mutuos.



La Feria Mundial de Nueva York de 1939 tuvo lugar del 30 de abril al 31 de octubre de dicho año, en esa ciudad estadounidense, y fue inaugurada por el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, en presencia de 200.000 personas; una exposición llena de avances tecnológicos, sociales y artísticos, entre los cuales se incluyó la danza, tanto el ballet clásico como la danza moderna. Posteriormente, la Feria Mundial se volvió a abrir al público del 11 de mayo al 27 de octubre de 1940. Esta muestra tuvo como slogan: "Construyendo el mundo del futuro" y contó con una superficie de casi 500 hectáreas.


En la segunda temporada de la Feria participó también el mencionado Ballet Caravan, en The Ford Playhouse –un teatro construido al efecto por esa compañía automovilística–, donde presentaron, desde el 16 de mayo al 27 de octubre de 1940, un ballet humorístico, titulado A Thousand Times Neigh, que contaba la historia del automóvil desde el punto de vista de un caballo bailarín llamado Dobbin.

La producción fue diseñada por Walter Dorwin Teague, mientras que el guion, la música y las letras fueron responsabilidad de Edward Mabley; la dirección musical fue de Tome Bennett; y la coreografía, de William Dollar.

Al Ballet Caravan (1936-1939) se habían unido Fernando y Alicia Alonso en 1939 (quienes en la primavera de 1940 serían admitidos en el naciente Ballet Theatre); de cuya plantilla formaron parte también Todd Bolender, Lew Christensen, Fred Danieli, William Dollar, Erick Hawkins (quien abandonó la compañía en 1938, para unirse a la de Martha Graham como bailarín y coreógrafo), Michael Kidd, Eugene Loring, MarieJeanne Ruthanna Boris, Gisella Caccialanza y Annabel Lyon, entre otros.
La revista Dance Observer publicó un artículo
 sobre la participación de la compañía de Martha Graham
 con su coreografía Tributo a la paz, en la Feria.
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El nombre de la compañía de Martha cambió a Martha Graham Dance Company durante el verano de 1941, y en diciembre de ese mismo año Martha viajó a La Habana con su compañía para presentarse en el Teatro Auditórium, invitados y contratados por Pro Arte Musical, principalmente gracias al empeño y la visión de Laura Rayneri, la suegra de Alicia –quien presidía esa gran institución cultural desde 1934–, pero Alicia no se encontraba en su patria en esa fecha, debido a que tuvo que ser operada de la vista en Nueva York, como se verá más adelante.

El repertorio ofrecido por Martha Graham y su ensemble al público habanero fue el siguiente:
  • El penitente (música de Louis Horst / coreografía de Martha Graham)
  • Carta al mundo (Hunter Jason / Martha Graham)
  • Cada alma es un circo (Paul Nordhoff / Martha Graham)
  • Lamentación (Kodaly / Martha Graham)
 Los bailarines principales que se presentaron en el Auditórium fueron, además de Martha, Erick Hawkins (que, como ya se mencionó, había estado en el Ballet Caravan, y era la pareja sentimental de Martha, con quien se casaría en 1948, y se divorciaría en 1954), Jean Erdman, Nina Fonaroff y Jane Dudley. Estos tres últimos se hospedaron en la casa de Cuca en La Habana, quien brindó todo su entusiasta apoyo a quien fuera su maestra en Nueva York, y por supuesto asistió a la representación junto a Laura Rayneri y casi todos los miembros de las familias Alonso y Rayneri.

A pesar de ello, según el testimonio de la propia Graham, “la audiencia estuvo formada enteramente por los más frívolos balletómanos”, lo cual se explica perfectamente porque, todavía hoy, el público cubano en general prefiere el ballet clásico a la danza contemporánea, y en 1941 lo demostró.

Erick Hawkins tenía tal poder sobre Martha, que la convenció para ir a Cuba en barco, a pesar del terror que ella sentía por el mar, sobre todo debido a su miedo a los torpedos. Viajaron en tren desde Nueva York a Miami, y allí tomaron el barco hacia La Habana.

Durante el viaje marítimo a la capital cubana, Martha conversó con algunos miembros de la tripulación del barco y les comentó que “uno nunca sabe dónde pueden estar los submarinos (alemanes)”.

Gracias a la amabilidad con que Martha, Erick y el resto de los bailarines fueron atendidos en casa de Cuca Martínez –donde se hospedaron tres de ellos–, así como durante toda su estancia en La Habana, al regresar a Nueva York Martha se interesó aún más por la carrera de Alicia, quien, desafortunadamente, estaba sufriendo graves problemas en sus ojos.

A inicios de ese año 1941 tan marcado por la Segunda Guerra Mundial, los problemas de visión de Alicia, que habían comenzado desde los 19 años, se acrecentaron, y durante su participación en Giselle como solista en el Majestic Theatre, el 7 de marzo de 1941, hicieron crisis. De pronto, tras el escenario, comenzó a tropezar con cuanto había a su paso, y los testigos pensaron que esa sería su última función.

Fernando la llevó a que la viera un renombrado especialista de la Clínica Mayo, el Doctor Ramón Castroviejo Briones, un famoso cirujano español que ejercía su profesión en Nueva York; precursor de los “bancos de ojos” para facilitar los trasplantes a enfermos afectados de problemas de visión.
Muy a su pesar, Castroviejo tuvo que cortar en los grandes, oscuros y expresivos ojos de Alicia. El 7 de diciembre de 1941, cuando ocurrió el ataque japonés a Pearl Harbor —que significó la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial— Alicia ya había sido operada en el Hospital Presbiteriano de Nueva York.

Después de tres meses de reposo, las vendas le fueron retiradas, pero la cirugía no resultó exitosa. No obstante, fue capaz de unirse a varios integrantes del Ballet Theatre, incluido John Kriza, quienes habían sido invitados a bailar con el Ballet Caravan en una gira por Sudamérica.
“Yo había comenzado a ensayar El murciélago (Die Fledermaus) de Balanchine, cuando sufrí una recaída y tuve que soportar una segunda operación, después de la cual retorné a Cuba para recuperarme. No mucho tiempo después, al comenzar de nuevo el baile, me lastimé los ojos en un accidente automovilístico, y requerí de una tercera operación”, relata la bailarina.

Alicia se puso en manos de un reconocido oculista cubano, el doctor Gustavo Alamilla, quien le hizo la tercera operación.

Ella misma fue la que puso el plazo de un año, y tuvo que estar un año con los ojos vendados de nuevo. Se acostó, sin poderse mover casi, porque era necesaria una absoluta inmovilidad física.

Y Alicia Alonso volvió a bailar al año, tal y como se lo había propuesto. Las coreografías que practicó tan meticulosamente con sus dedos durante un año, le dieron una maestría sorprendente, nunca antes vista. Sobreponiéndose a sus problemas visuales, y en virtud de su vocación y tenacidad, se reincorporó a la actividad danzaria en Cuba.

Sobre el reto de bailar con su visión disminuida, Alicia ha declarado: “Esto me hizo más fuerte interiormente, me hizo concentrarme y creé una línea que iba desde la cabeza hasta la punta de los pies para poder seguir bailando; de esta manera la vista no me distraía”.

A inicios del otoño de 1943, Alicia y Fernando decidieron regresar a Nueva York, al seno del Ballet Theatre.

Bastaron pocos días para que Alicia se sintiera ya involucrada con la compañía para su temporada de otoño, aunque lo primero que tuvo que hacer fue ponerse al día con los cambios que había experimentado el BT durante su ausencia.

En junio de 1941, el Ballet Theatre había firmado un contrato con Sol Hurok Enterprises. Hurok (1888-1974) —con una fama muy bien ganada como sagaz negociante y gerente— proclamó enseguida en voz alta “que el Ballet Theatre sería la compañía más prometedora del mundo occidental”, y se dedicó a reestructurarlo a imagen y semejanza del Ballet Ruso de Montecarlo, que él también representaba, con el antiguo sistema de promover a las estrellas. También introdujo la figura del regisseur, para supervisar los ensayos y las presentaciones.

Y para lograr un golpe de efecto aún más impactante, anunció al Ballet Theatre como “lo más grande en el ballet ruso”, o “el Ballet Theatre, con su repertorio de ballet ruso para el público de Norteamérica”. En fin, que la palabra clave era “ruso”.

Hurok fue muy criticado por los bailarines norteamericanos (principalmente por Martha Graham y Agnes de Mille) por favorecer a las estrellas extranjeras y complacer la debilidad del público por los alardes técnicos y los “trucos”, a expensas de la verdad sicológica y dramática.

Por ejemplo, Sol Hurok hizo posible el éxito internacional de Carmen Amaya en los Estados Unidos, trajo también otras muchas compañías y figuras flamencas a Broadway y las patrocinó en sus giras artísticas, lo cual habla bien de su visión abarcadora de la danza en general, no solo del ballet clásico.

Ya en 1915 Ted Shawn había coreografiado una danza española, y en 1920 presentó una suite de danzas españolas con Martha Graham como compañera (La Meri 1967: 25), lo cual representa otro punto de contacto y empatía artística entre la Graham y la Alonso, tan orgullosa de sus raíces hispanas, que la llevarían a ser la mejor Carmen del mundo. (Continuará)

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Art Emporium y la Fundación APOGEO tienen el gusto de invitar  a la presentación del número de febrero 2018 de la revista CARITATE, dedicado a la República Dominicana, con el empresario y promotor cultural dominicano Enrique Sarubbi en portada, quien promociona su canal de televisión Somos RD en este número.

Estarán presentes también varias de las personalidades involucradas en esta edición, como la pintora Yamilé Sempé, el imitador Olber Vargas y el realizador audiovisual, productor, fotógrafo y traductor Pedro Martín Navarro.

Jueves 22 de febrero de 2018 a las 8:30 p.m.
Art Emporium
710 SW 13th
Ave, Miami, FL. 33135

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