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Wednesday, September 16, 2026

Una mirada a la segunda semana del XL Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



La segunda semana de esta cuadragésima edición del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami (FITHM) trajo a nuestros escenarios tres interesantes propuestas provenientes de Uruguay, España y Chile, permitiendo como siempre disfrutar la diversidad teatral que este encuentro ofrece, el cual no es aprovechado plenamente ni por parte del público ni de los propios miembros del amplio colectivo de teatristas que viven en nuestra ciudad -los cuales debieran abarrotar las salas de presentación- perdiéndose así esta magnífica oportunidad.


La propuesta llegada del Uruguay, “Zombi manifiesto”, es una obra escrita y dirigida por Santiago Sanguineti e interpretada por Paula Lieberman, Rogelio García, Carmen Laguzzi y el propio Sanguinetti. Dicha producción fue el resultado de la colaboración entre la compañía Abuela Katiuska y la Sala Verdi de Montevideo, ambas uruguayas, así como de Pozo da Cultura de Narón, de Galicia, España. Por este texto dramático su autor ha sido premiado en diversas oportunidades por instituciones culturales uruguayas. Dicha pieza tuvo sus presentaciones los días 10, 11 y 12 en el Westchester Cultural Arts Center.

La obra fue concebida dentro del contexto por el aniversario cincuenta del golpe de estado ocurrido en 1973 en Uruguay. La pieza que es una denuncia a tales hechos utiliza un lenguaje teatral el cual se mueve entre el absurdo y lo esperpéntico, aprovechando de manera metafórica ideas y conceptos directamente extraídos de ideólogos comunistas como Karl Marx y neo existencialistas como Mark Fisher. Lo arbitrario del argumento, permeado de un constante humor negro, es utilizado como material discursivo para criticar a un sistema capitalista que presuntamente provoca ‘muertos vivientes’ según el propósito conceptual del texto.

Esta comedia estructurada en once escenas, las cuales se muestran separadas unas de otras con toda intencionalidad mediante la colocación o retirada de elementos escenográficos, utiliza la sátira para abordar temas tales como la traición, la venganza, la ausencia de valores y la llamada conciencia de clase, mostrando por medio de una reiterada y desacertada introducción de largos textos del Manifiesto Comunista, una estética casi al borde del panfleto ideológico. Que suba a escena en este evento una obra que trate acerca de los trágicos sucesos ocurridos durante la sucesión de dictaduras militares en América del Sur, no debe ser causa de preocupación alguna y constituye un serio tema a tener presente; pero que se presente en Miami, a donde tantas víctimas de regímenes opresores comunistas han arribado, una obra donde se pretende exaltar por contraposición los valores de la ideología marxista -aunque procurando mostrarlo mediante un tratamiento humorístico, que finalmente se los traga a ellos mismos- resulta irresponsable, falta de tacto y de respeto por parte de la organización del festival hacia todos los miles de personas que viven en esta ciudad, que sufrieron y aún sufren las consecuencias de esas también cruentas dictaduras. Muchas posibles e inaceptables comparaciones nos vienen a la mente acerca de temáticas que constituirían un enorme agravio si fueran presentadas sobre un escenario ante comunidades afroamericanas, judías e indígenas.

No obstante, el tan evidente propósito ideológico de la obra, el trabajo de los actores acierta en el manejo de las intenciones del lenguaje sobre el que se construye la misma. Un buen manejo tanto de los diálogos como de sus movimientos en escena hace que los actores mantengan en todo momento un acertado desempeño que contribuye al persistente y logrado ambiente de comedia negra, que impregna toda la obra. Sin embargo, no podemos dejar de destacar la labor del actor Rogelio García, que realiza una estupenda incorporación del militar zombi resucitado, la cual es asumida con gran destreza y concientización de las características de tal esperpéntico personaje, atrapando con verdadera eficacia la esencia del mismo mediante un magnífico trabajo tanto de voz como corporal, lo que evidencia la diversidad de reconocimientos recibidos por parte de este intérprete en la incorporación de dicho rol.


Otra de las obras presentadas en esta segunda semana de festival llegó proveniente de Chile, “Historia de un jabalí o algo de Ricardo III”, texto de Gabriel Calderón, dirigida por Cristian Plana, con las actuaciones de Marcelo Alonso y Francisco Reyes, en una producción de Fundación Teatroamil, la cual efectuó sus funciones en el escenario el Carnival Studio Theater at The Adrienne Arsh Center for the Performing Arts, durante los días 11, 12 y 13.

Esta puesta estructurada en la siempre interesante concepción del ‘teatro dentro del teatro’, toma como pretexto el supuesto trabajo de una agrupación teatral que prepara el montaje de la tragedia de William Shakespeare “Ricardo III” -posiblemente la más trágica de dicho autor- como escenario para hablarnos acerca de la ambición, el poder, los bajos sentimientos y la crueldad, desde el mismo ambiente artístico. De muy inteligente manera el autor de la pieza expone descarnadamente los conflictos que le son inherentes al teatro como hecho aglutinador de ideas, personalidades, egos, conceptos, estrategias. A través de un texto que se mueve constantemente entre la prosa y el verso, entre las palabras del autor de la puesta y las del original texto shakesperiano, se pone en evidencia la contradictoria mirada sobre la validez de un teatro que respete línea por línea a su autor o de aquel otro que recoja sus ideas, se embriague de ellas y las devuelva cargadas de nuevos significantes invocadas por la entrega del intérprete. El discurso dramático enfrenta texto con actor, mostrando a este último como responsable absoluto por la trascendencia de aquel y a la vez como víctima y verdugo de su propio ego.

La concepción escénica dispuesta como si estuviéramos en presencia de un colectivo de actores dispuestos a comenzar la lectura de la obra, nos sustituye a estos por sus sillas vacías, pero con algún supuesto libreto u otro objeto personal o de vestuario sobre ellas, que colocadas en un gran círculo, nos van anunciando estar en presencia de un mundo controlado, cerrado, que al igual lo estará en aquel sangriento reinado, lo estará ahora por la autoridad impositiva del director teatral.

El trabajo llevado a cabo por Francisco Reyes en el rol de Pancho -el atormentado actor- y Marcelo Alonso, responsable de interpretar al supuesto director, así como a otros personajes -la madre del actor, la reina Margarita y la joven Lady Anne, estos dos últimos de la obra de Shakespeare- muestra sobre escena a dos profesionales de larga trayectoria no solamente sobre las tablas, sino además en cine y televisión, los cuales conocen los secretos del muy complejo mundo de la interpretación, los incorporan en descarada convivencia y los muestran en un juego de total complicidad. Ambos actores realizan un excelente manejo del lenguaje poético isabelino traducido al español, con una muy acertada proyección de sentimientos y emociones llevados en ocasiones hasta límites extremos de la entrega interpretativa.

Aunque comúnmente expresamos nuestras quejas ante la utilización de micrófonos corporales sobre los actores, en esta oportunidad los mismos son acertadamente utilizados con la intención de crear excelentes efectos sonoros donde en oportunos momentos, cuando la garra dramática de los textos lo requieren, generar un ambiente dentro del cual las voces de los actores se expanden en un profundo eco, exaltando de esta forma el significado de los parlamentos.

Sin duda alguna estamos en presencia de una inteligente puesta en escena, construida sobre exigentes parámetros artísticos, intelectuales y teatrales, convirtiendo su disfrute en todo un privilegio.


La tercera propuesta teatral en subir a los escenarios del festival durante esta segunda semana fue el unipersonal “A fuego”, escrito e interpretado por Pablo Macho Otero, con la dirección compartida entre éste y Emma Arquillué, en una producción de la compañía catalana La Bella Otero, llegada en representación española y la cual se presentó los días 11, 12 y 13 en el Koubek Center Theatre.

Este trabajo en solitario, el cual concebido totalmente en verso, con intención -como bien apuntó su intérprete- de ‘llamar la atención’ en tiempos donde todos pretendemos hacerlo a cualquier precio, convierte al actor sobre las tablas en una especie de contemporáneo juglar enfrentado a un provocador diálogo con el espectador , quebrando la llamada cuarta pared a la vez que construye un juego metateatral con el cual nos lleva a imaginar que desnuda parte de su propia identidad y pensamiento, en lo que podrían verse rasgos de la tan manoseada ‘autoficcion’, término al que algunos consideran un género, debe ser considerada en realidad como una herramienta dramatúrgica más.

A través de la pieza el autor-intérprete se toma libertades tales que rozan el tan conocido concepto del ‘stand-up comedy’ manejado a la perfección, efecto que se sobredimensiona al hablar todo el tiempo dentro de un estricto canon de una composición poética correspondiente al soneto clásico -el cual en su estructura se encuentra compuesto por catorce versos endecasílabos, agrupados en dos estrofas de cuatro, llamadas cuartetas junto a otras dos de tres versos, denominadas tercetos, presentando rima consonante- labor desarrollada dentro de un perfecto juego con el lenguaje contemporáneo, llegando incluso a crear una atrevida sonoridad léxica que desborda el trabalenguas, provocando con ello el aumento de la musicalidad expresiva que va a acompañar toda el trabajo del actor. No es de extrañar que el dramaturgo haya concebido la idea de escribir una obra de estructura y argumento tan contemporáneo en verso, si partimos de su propia afirmación al considerase ante todo poeta.

El argumento de este interesante unipersonal toma la figura de Eróstrato, un pobre pastor que decidió quemar el monumental templo dedicado a la diosa Artemisa en la antigua ciudad griega de Éfeso -en la Turquía actual- con el único propósito de tomar notoriedad y ser recordado, hecho que sin duda ha trascendido hasta nuestros días a pesar de que después de haber sido ejecutado se prohibiera mencionar su nombre bajo pena de muerte, lo que a pesar de dicha férrea censura obviamente no sucedió. Partiendo de tan lejana historia es que Macho Otero se apropia de ella para introducirnos en un diálogo acerca de la fascinación provocada por tal histórico personaje, provocando que la misma megalomanía y narcisismo que recorre a la sociedad actual salga a flote proponiéndonos una introspectiva mirada sobre nosotros mediante una constante provocación inteligentemente manejada, por medio de la que se nos conduce hacia el inevitable y lógico final. Las preocupaciones por perdurar más allá de la muerte física y a su vez el miedo a ella, marca definitivamente este brillante ejercicio interpretativo de Pablo Macho Otero con el cual nos obsequiara una noche de excelente teatro.


Hasta aquí nuestra andadura por esta segunda semana teatral que el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami nos ha proporcionado, expectantes de lo que sobre los escenarios nos deparará la próxima.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 14, 2026.

Monday, September 14, 2026

“La oveja blanca”, la tragedia cubana sube oportunamente a las tablas de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


Hablar acerca del teatro cubano lamentablemente impone hacerlo desde dos miradas antagónicas, separadas ambas no solo por distancias geográficas, sino también por la visión política e ideológica que cada una de ellas proyecta. Para algunos de nosotros el teatro cubano será siempre uno solamente, sin importar el rincón del mundo desde donde haya sido concebido, ni el idioma en que se encuentre escrito, porque siempre será portador del sentido de la vida, la esencia y la visión que conforma la naturaleza del nacido en aquella isla; pero lamentablemente decisivas y profundas divergencias de carácter político que han implicado devastadores acontecimientos sociales, han hecho que dicho teatro haya sufrido también divisiones ideológicas las cuales han provocado lacerantes heridas costosas de ignorar.

Desde los tempranos años de la década del sesenta del pasado siglo, con la llegada al poder en Cuba de la supuesta revolución hecha para los obreros, los pobres y desposeídos, envuelta en un supuesto manto ‘verde como las palmas’, que prontamente se tiñera ‘rojo de sangre’, el ciudadano de la isla se vio obligado a buscar maneras de escapar hacia un exilio, que aunque en los primeros momentos se tomara como temporal, ha continuado su travesía a través del tiempo, acumulando ya c siete décadas de existencia. Dicha diáspora ha alcanzado las regiones más insospechadas del mundo, pero desde un inicio tuvo su punto principal de concentración en la ciudad de Miami, a solo 90 millas de la tierra dejada atrás, por lo que pronto este enclave -no sin dolores, tristezas, carencias y mucho esfuerzo- se fue convirtiendo en el nuevo hogar de cientos, de miles de cubanos que han buscado la seguridad y libertad que les fuera cercenada en su patria.

Entre la multitud de cubanos que arribaron a estas costas, médicos, ingenieros, amas de casa, empleados, maestros, enfermeros, dueños de negocios grandes y pequeños, hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos, llegaron también artistas y como no podía ser de otra forma gente de teatro: directores, actores, dramaturgos, escenógrafos, diseñadores, técnicos, quienes a pesar de tener que comenzar desde cero buscándose los medios para comenzar una nueva vida, no dudaron en regresar a los escenarios con la doble intención de entretener al cada vez más abundante número de compatriotas que arribaban, mientras que fijaban su mirada en continuar su personal desarrollo artístico.

Numerosos espacios de representación teatral -no siempre los más idóneos- comenzaron a marcar el mapa de una ciudad que poco a poco iría creciendo y desarrollando una incipiente vida cultural en la lengua de Cervantes, permitiendo que subieran a escena obras del repertorio internacional y cubano, así como nuevas propuestas escritas por autores que desde el exilio deseaban dejar constancia de sus experiencias y deseos de recuperar un país por el que nunca se ha dejado de luchar.

Dramaturgos cubanos que fueron asentándose en estas tierras desde los primeros momentos, tales como Pedro Román, Matías Monte Huidobro, Julio Matas, Luis Baral, Pedro Monje Rafuls, Maricel Mayor Marsán, Luis Santeiro, José Abreu Felipe, Iván Acosta, Héctor Santiago, Raúl de Cárdenas, José Cid, José Corrales, Leopoldo M. Hernández, Marcos Miranda, Julie de Grandy, Nilo Cruz, entre muchos otros, y aquellos que han continuado arribando a través de los años, como Carmen Duarte, Eddy Díaz Souza, Ernesto García, Nitsy Grau, Antonio Orlando Rodríguez, Yoshvani Medina, Adyel Quintero, Cristina Rebull, Grethel Delgado, Yusniel Suárez, han continuado haciendo un teatro que aunque extra insular no ha dejado de ser cubano también, el cual se mira a sí mismo desde una visión no solamente de libertad conceptual, sino juzgando y colocando sobre las tablas la trayectoria errática que ha violentado a la nación cubana de las últimas casi siete décadas.

Hay quienes critican con cierto desdén la dramaturgia cubana del exilio por volver una y otra vez sobre la problemática política y social, sobre las consecuencias obvias que han afectado a su población y de los que incluso han logrado escapar físicamente, pero que aún continúan atrapados en ella de manera sentimental y psicológica. Muchos de esos que señalan y juzgan, olvidan que el teatro siempre ha sido utilizado también como instrumento de denuncia, como forma de llamar la atención sobre determinados acontecimientos que marcan el rumbo de la sociedad, pero huyendo del puro panfleto político, buscando hacerlo a través del nivel artístico requerido.

Desde tal perspectiva, sin duda alguna la dramaturgia cubana tanto la realizada dentro de la isla como la del exilio ha quedado marcada por ideas políticas, mientras una se ha convertido en denuncia, la otra se ha hecho partícipe y cómplice, ahí la gran diferencia entre ambas.

Para aquellos que nos reprochan nuestro teatro exiliado por sus bien definidas características ideológicas y políticas, al parecer olvidan que de igual manera existe una muy abundante dramaturgia acerca de las dictaduras argentinas, uruguayas, chilenas por solo citar algunas o que trata habitualmente sobre problemáticas dentro de las comunidades chicanas y afroamericanas en los Estados Unidos o aquella otra que no deja de denunciar en todo momento los horrores del holocausto y los terrores del nazismo, por lo que no existe razón alguna para que los cubanos no tengamos igual derecho a denunciar con toda vitalidad el genocidio sufrido por nuestra nación, también en manos de una despótica y sangrienta dictadura, que por cierto ha resultado ser la más longeva del continente.

Debido a lo explicado anteriormente, una obra como “La oveja blanca” - escrita por Rolando Tarajano- producción la cual acaba de ser estrenada y presentada en tan solo dos funciones -como lamentablemente resulta habitual- en el Sandrell Rivers Theater, los días 22 y 23 del pasado mes de agosto, debiera constituir un momento de reflexión dentro del actual teatro cubano en general. La obra que contó con dirección del propio autor, quien además la protagoniza junto a un elenco formado por Danielys Brito, Elizabet San Miguel, Daniel Panebianco y Roly Guardado, bajo la producción general de Niurka Noya, llega en momentos donde la desgarradora situación entorno a la realidad que se vive dentro de la isla de Cuba alcanza niveles que desbordan las más pesimistas proyecciones, convirtiéndose en un contundente grito de denuncia.

Con esta pieza, su autor ha abordado temas sensibles de ingente actualidad, colocando ante el espectador una reconocible realidad, no temiendo hacer para ello uso de variados recursos, desde el humor, el sarcasmo, hasta el desgarramiento del drama. Sobre el escenario, el argumento nos presenta a un matrimonio acompañado de una hija adolescente quienes hace dos años llegaron a este país después de un peligroso periplo a través de fronteras, selvas y enfrentamientos con la delincuencia que los mueve y acompaña, de la que también han tenido que protegerse. Estos personajes que ante nuestros ojos se nos muestran deseosos de encauzar sus vidas con nuevos proyectos, no obstante, pronto dejan ver una herida abierta que no les permite entregarse por completo a sus propósitos, ya que atrás, en la isla dentro de una cárcel como prisionero político, ha quedado el hijo varón, situación que para la madre constituye un sufrimiento imposible de contener. Dicha situación -que condicionará el desarrollo argumental de la obra- pone en riesgo el matrimonio, produciendo aparentes rupturas que provocan reproches por haber tomado la decisión de abandonar el país, dejando al hijo atrás a pesar de haber contado con su aprobación en tal proyecto.

Dicha trayectoria dramática va a construirse dejando correr la acción entre situaciones cotidianas de adaptación a la nueva vida, abriendo ciertas ventanas hacia el pasado, chocando con los avatares de la cotidianeidad, todo ello a medida que se va elevando paso a paso el tono dramático que conducirá al impactante desenlace hacia el que el autor expone al público con una frontal declaración de principios, la cual convierte el final de la obra en un llamado de atención hacia todos los cubanos que han tomado el camino del exilio, a repensarnos si con nuestra decisión no cargamos también con parte de la responsabilidad por la continuidad de la septuagenaria tiranía que ha asolado a nuestra nación. Sin duda alguna, el desenlace de la obra se siente como un violento bofetón sobre nuestras conciencias y un llamado a la reflexión.

Entre los varios temas tratados en este texto dramático hay dos que llaman la atención debido a que hacen referencia a como personas sin escrúpulos fuera de Cuba se aprovechan para explotar la necesidad material del cubano, tanto de aquel que permanece dentro de la isla como del recién llegado, con el objetivo de obtener ganancias económicas. Uno de esos temas tiene que ver con el interés por comprar las pinturas realizadas por el joven en la isla, que su familia con mucha dificultad ha podido traer consigo -situación que resulta un poco forzada teniendo en cuenta la manera en que realizaron la travesía hacia este país- por parte de un cierto marchante de arte también de origen cubano, que a la larga resulta ser una estafa.

El otro aspecto que no deja de vincularse al anterior es la propuesta de dicho interesado en las obras pictóricas -ante su supuesta inviabilidad económica- de convertir a la familia en socios dentro del lucrativo negocio de las agencia de viajes y envíos de paquetes hacia Cuba -para si poder pagarles las obras de arte- oferta que aunque para el padre representa una manera de poder prosperar, por parte de la madre es vista como una ofensa hacia el hijo preso en la isla. El momento de discusión que entre ambos padres con posiciones antagónicas produce dicha situación, resulta sin duda alguna el de mayor intensidad dramática de la puesta, en el que ambos actores -Tarajano y Brito- ofrecen una excelente muestra de sus facultades interpretativas. Tan solo por dicha escena, esta obra tendría que ser considerada como un parteaguas dentro de la dramaturgia cubana actual.

Aunque hayamos hecho referencia al desempeño de Rolando Tarajano y Dianelys Brito respecto a una escena en específico, debemos agregar que en general ambos asumen sus roles con una razonada lógica emanada de posibles experiencias conocidas -Stanislavsky estaría de pláceme- con lo que la credibilidad de los mismos queda fuera de toda duda. Tanto uno como otro actor aborda sus respectivos personajes mediante una diversidad de matices que enriquecen sus desenvolvimientos dramáticos, con la naturalidad y el sentido de verdad requeridos, convirtiendo su labor escénica en referencia de magnífico quehacer artístico.

En cuanto a Elizabet San Miguel como la hija, su labor se desenvuelve con naturalidad, frescura y buena proyección, apropiándose inteligentemente del rol de intermediaria dentro de la tragedia familiar, aportando con su presencia el discurso de racionalidad necesario. Respecto a Daniel Panebianco como el joven recién llegado desde la isla, su desempeño no logra salirse de cierta frialdad, mientras que Roly Guardado en el rol del hijo dejado atrás, a pesar de sus muy breves apariciones en escena, muestra una acertada interiorización de la esencia de tan importante personaje para el desarrollo de la historia.

Tres aspectos podríamos señalar a la puesta en escena. Primero, la innecesaria y excesiva utilización de palabras soeces caracterizando el comportamiento cotidiano del cubano. Si bien es cierto que actualmente dentro de la isla, producto de todos estos años de manipulación y desvalorización de la sociedad, tanto la moral, el lenguaje, como el comportamiento del ciudadano se ha degradado, vulgarizado, colindando con lo delincuencial, consideramos que sobre el escenario tal realidad debe ser manejada de otra manera, con respeto hacia un público que no tiene porque estar expuesto a tales groseras expresiones, sobre todo si pensamos en un espectador no cubano. Debemos saber distinguir entre lo ‘popular’ de lo que resulta ser grosero, mirando hacia atrás, hacia nuestro desaparecido teatro vernáculo. Al hacer uso de dicho vocabulario en escena, ayudamos a reafirmar una nada favorable opinión muy difundida a nivel mundial respecto a los cubanos, a la cual los artistas no podemos contribuir.

Otro punto a tener en cuenta se refiere a la misma concepción de la puesta, la cual va desarrollando cada escena de la obra a través de cuadros separados unos de otros, efecto logrado mediante la salida de los actores de escena y el bajar la intensidad de la luz, acción que se irá repitiendo constantemente a lo largo de todo el espectáculo, ejerciendo cierta monotonía al ritmo de la obra, así como la sensación de estar ante una propuesta con características más propias de un trabajo fílmico que teatral. Por último, señalar una vez más como venimos haciendo constantemente cada vez que se presenta dicha situación, en la innecesaria utilización de micrófonos corporales que provocan imprevistos y no deseados efectos sonoros, que acomodan a los intérpretes a no tener que esforzarse por trabajar su proyección de voz, quedándose atrapados detrás de un micrófono, con lo que se corre el peligro de acentuar el carácter televisivo de las actuaciones.

No obstante, estos apuntes que no empañan para nada el valor de esta propuesta teatral, consideramos que la misma debería tener un largo recorrido por diversos escenarios no solo de esta ciudad o país, sino que también debiera convertirse en embajadora sobre escenarios internacionales de la denuncia de un pueblo que sufre la ausencia de libertad para su país. Enhorabuena a Rolando Tarajano por adentrarse con su escritura en un tema de tanta vigencia, tratado con enorme sinceridad e igualmente a todo el equipo que creyó en él.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, agosto 28, 2026.

Monday, September 7, 2026

El Ingenio Teatro en un encuentro con William Shakespeare. (por Wilfredo A. Ramos)


Los días 5 y 6 de septiembre la compañía Ingenio Teatro regresó a los escenarios de Miami con la obra “Desnudos en el bosque” -estrenada el pasado mes de abril como parte del festival internacional de teatro Casandra- texto basado en la conocida tragedia de William Shakespeare “Macbeth”, la cual contó con dramaturgia de Raquel Carrió y Adyel Quintero, bajo la dirección de Lilliam Vega, estando integrado el elenco de la puesta por los actores Hosni García, Rachel Cruz, Betsy Rodríguez, Jorge Luis Álvarez, Ivanesa Cabrera, Simone Balmaseda, Rocío Álvarez, Kirenia Vega y Fanny Tachín, quienes llevaron a las tablas un interesante trabajo concebido dentro de una mágica estructura dramática, la cual es provocadora de un resultado final cargado de intensidad, plasticidad y acertados valores estéticos.


Dicha propuesta aprovecha el siempre oportuno texto shakesperiano para abarcar temas que partiendo de los trabajados por el autor inglés en su obra, permiten ampliarlos y hacerlos abarcar otros discursos que han rodeado y persisten en el infinito andar del ser humano. Así que al hablar de aspectos presentes en el argumento de dicha obra como son el dominio, la ambición, las miserias humanas y el poder, junto con las consecuencias que tales acciones traen aparejadas tales como la miseria, la represión, la destrucción de un pueblo, de una nación, es imposible no percatarse del mensaje identificador con la situación de calamidad que atraviesa la isla de Cuba, sumergida también en las miserias humanas que un dominio totalitario opresivo le ha provocado y que los implicados en el trabajo de adaptación del texto supieron inferir. Esta propuesta teatral es una clara muestra de como una denuncia contemporánea puede dejarse sentir mediante su paso a través de un texto dramático isabelino.


Como parte de estas presentaciones, tuvo lugar además el habitual encuentro teórico que todos los años dicha agrupación teatral organiza, bajo el título de “Autores Inolvidables” el cual, como no podía ser de otra manera, fue dedicado a la figura de William Shakespeare. Esta convocatoria intelectual tuvo como pretexto observar la dramaturgia de dicho autor a través de la mirada de algunos directores teatrales de nuestra ciudad, por lo que para ello se contó con la presencia de Erom Jimmy, José Manuel Domínguez y Miguel Sahid, teniendo de moderador al teatrólogo y dramaturgo Adyel Quintero, quien tuvo a su cargo una introducción sobre aspectos esenciales del quehacer dramatúrgico del autor y las motivaciones que su obra han provocado desde sus surgimientos.


Cada uno de estos directores expresaron sus respectivas ideas en cuanto a la validez e impronta que la obra de Shakespeare puede ejercer sobre los artistas de hoy en día. Mientras que Erom Jimmy primeramente agradeció la presencia en la sala de críticos y especialistas quienes con sus observaciones ayudan a la siempre difícil creación de una identidad teatral miamense, a continuación compartió sus conceptos sobre lo inacabado que resulta un texto dramático aún después de haber este subido a escena, así como sobre la pluralidad de ideas que del mismo se desprenden, las cuales pueden ser relaboradas por el director de escena sin pretender traicionar la partitura de conceptos original de su autor. José Manuel Domínguez por ejemplo habló acerca de que, a pesar de no haber sentido nunca interés por enfrentarse a la dirección de alguno de los textos considerados clásicos, sin embargo reconoció que como espectador si disfrutaba enormemente de los mismos, dejando saber que casualmente había pensado trabajar por primera vez un texto de Shakespeare –“Romeo y Julieta”- con los alumnos del taller de actuación con el que se encuentra involucrado en estos momentos. Por su parte Miguel Sahid, se refirió a la significación que posee la obra de dicho dramaturgo para el trabajo de todo director y como el mismo puede ser recreado desde las experiencias de vida presentes.


Respecto a la realización de este interesante evento de carácter teórico, del cual hemos sido partícipe desde su primera edición a través de los años, nos parece que los mismos deberían de gozar de algo más tiempo de duración -sabemos de los problemas financieros y logísticos que representa la renta de espacios para realizar cualquier tipo de actividad- ya que en tan solo una hora de duración, ningún tipo de evento de carácter teórico, en el cual además de las exposiciones de los participantes, deben producirse interacciones con el público interesados en hacer preguntas, argumentar o discrepar sobre los temas tratados, puede redondear sus objetivos. De este tipo de actividades está muy necesitado -como bien expuso también en su intervención el director Erom Jimmy- el medio teatral de Miami, ya que por medio de ellos se puede lograr un necesario intercambio de experiencias, conocimientos y opiniones, para así enriquecer el nivel artístico e intelectual de sus integrantes, a la vez de acercar mucho más al público hacia el disfrute de esta manifestación.


Finalmente, no dejamos de mencionar que para ambos días la directiva de Ingenio Teatro, en su interés por contribuir también al desarrollo de todas las artes en la ciudad, mostró en el vestíbulo del Sandrell Rivers Theater -lugar de realización de todo el evento- una exposición del artista Hiram Vega con el nombre de “Egonizando” con una muestra de algunas de sus obras pictóricas y de carácter digital. De igual manera, ambos días después de terminada la presentación teatral, se realizaron pequeños conciertos de los intérpretes Polito Ibañez, el sábado, así como Paola y Orlando Guanche, el domingo, para de esta forma finalizar otra jornada artística por la que el Ingenio Teatro no deja de apostar.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 6, 2026.

Fotos/ Manuel Valladares. 

“La muerte de un viajante”, dramaturgia norteamericana en la escena de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


“Hay hombres que no suben después de caer”. Arthur Miller.




Algunos autores teatrales que devienen figuras imprescindibles dentro de la cultura de su país, pasando de ser referentes artísticos para convertirse en testigos y denunciantes de las condiciones tanto sociales como humanas del medio en que desarrollaron sus vidas, dejándolas reflejadas a través del argumento de sus obras, siendo un buen ejemplo de ello aquellos dramaturgos que integraron la corriente del llamado ‘teatro psicológico’.

Aunque los antecedentes de este teatro tendríamos que buscarlos en el siglo XIX dentro de la obra de autores como el sueco Henrik Ibsen y el ruso Anton Chejov, dichas características se afianzarán con la llegada del existencialismo y el psicoanálisis por medio del trabajo de escritores tales como el irlandés Samuel Beckett y el francés Jean Paul Sartre, hasta alcanzar a la dramaturgia norteamericana con la aparición de tres autores que inmediatamente se convertirían en la máxima representación de esa corriente teatral.

Los autores norteamericanos del pasado siglo XX que revolucionaron la escena de dicho país no son otros que Eugene O’Neill, Tennessee Williams y Arthur Miller, quienes sin ningún tipo de duda son sus tres grandes exponentes, convirtiéndose en figuras imprescindibles a valorar, estudiar y tener siempre presentes dentro de la escritura dramática de este país.

Dicha corriente teatral que ganara terreno dentro de los Estados Unidos, por supuesto emprendió viaje también fuera de dichas fronteras, provocando que en diversos países otros escritores incorporaran las características de tal corriente dramática a sus obras. Autores tales como los ingleses John Osborne y Harold Pinter, el francés Jean Anouilh, los mexicanos Emilio Carballido y Luisa Josefina Hernández, los argentinos Carlos Gorotiza y Roberto Cossa, el puertorriqueño Rene Marqués o el chileno Egon Wolff, así como el japonés Yukio Mishima, entre otros, tuvieron a bien sumergirse dentro de las coordenadas que tal propuesta dramática les ofrecía, por medio de la cual se abría la posibilidad de dejar plasmados los problemas de sus respectivos entornos sociales, colocando al ser humano en el centro de ellos.

Arthur Miller (Arthur Asher Miller, 1915-2005) una de las figuras más destacadas de la dramaturgia norteamericana e integrante de la corriente del teatro psicológico de dicho país, fue un acérrimo crítico de la sociedad de consumo y con ello del famoso ‘sueño americano’, por lo que desde sus inicios su teatro estuvo marcado por la crítica social, convirtiéndose rápidamente en una figura controvertida dentro de la escena de su país. Sus denuncias a los valores conservadores dentro de la sociedad de Estados Unidos lo condujeron, debido a la atmosfera anticomunista de entonces, a tener que declarar ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas, donde se negó a revelar nombre de persona alguna, por lo cual se le retiró su pasaporte impidiéndole viajar a Bruselas al estreno de una de sus obras, aunque finalmente no fue acusado y por tanto no fue enviado a prisión.

Igualmente, Miller se interesó dentro de su teatro por acercarse a temas relacionados con las consecuencias derivadas de problemáticas maneras de crianza por parte de los padres y lo que ello suponía en la distorsión del entorno familiar, pudiéndose ver acentuado por las situaciones del ambiente ciudadano. Para este autor la magnificencia de los conceptos sobre virtud y principios morales siempre estuvieron en disputa, siendo un mordaz denunciante del machismo imperante en la sociedad y las consecuencias que ello procuraba en la vida tanto sobre en el individuo como en la comunidad. Arremetió duramente contra la deshumanización de la vida estadounidense y aunque se acercó algo con sus posturas al marxismo, más tarde lo criticó con dureza.

Dentro de su dramaturgia encontramos títulos tales como “Un hombre de suerte” 1940, “Todos eran mis hijos” 1947, “La muerte de un viajante” 1949, “Las brujas de Salem” 1953, “Recuerdo de dos lunes” y “Panorama desde el puente” ambas en 1955, “Después de la caída” 1964, “El precio” 1968, “La creación del mundo” 1972, “Cristal roto” 1994 y “Terminando el dibujo”, siendo esta su última obra en el 2004. También escribió algunos guiones para cine y televisión. Dentro de los primeros se encuentra “Vidas rebeldes”, concebida en 1961 para Marilyn Monroe, su entonces esposa, contando con la dirección de John Huston. Como escritor fuera del teatro obtuvo su mayor éxito con su autobiografía ‘Vueltas al tiempo’. En el año 2002 Arthur Miller fue merecedor del prestigioso Premio Príncipe de Asturias de las Letras otorgado por el reino español.


Es precisamente de este autor, que Nilo Cruz, el también ganador de un Premio Pulitzer, ha decidido llevar a escena aquí en Miami, su obra “La Muerte de un viajante” en el marco de las celebraciones por los 250 años de la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, la cual tuvo lugar entre los días 21 y 30 del pasado mes de agosto, en el Westchester Cultural Arts Center, contando con las actuaciones de Carlos Acosta Milián, Rosalinda Rodríguez, Caleb Casas, Guillermo Cabré, Nabilah Fernández y Charlie Sothers, mientras que la parte técnico-artística estuvo integrada por Carlos Pinto en el diseño de luces, Gema Valdés en del vestuario y Haydn Diaz en el del sonido, contando con la producción general de Alexa Kuve al frente de Arca Images.

“La muerte de un viajante”, escrita por Arthur Miller en 1949, por la que su autor recibió el Premio Pulitzer además del Tony y el de la Crítica de la ciudad de New York, ha sido considerada una de las obras destacadas del siglo XX, debido a su encarnada crítica al llamado “sueño americano” -pero que podría ser también considerado como todo sueño extremo de ambición humana en cualquier otra parte- así como por su revolucionaria redefinición con respecto al concepto de la tragedia moderna, sus causales, definiciones y condicionamientos, pero además por su profunda indagación en el ámbito psicológico y social que marcan el comportamiento de los seres humanos. Es por ello, que dicha obra ha devenido en un clásico de la dramaturgia norteamericana y una obra imprescindible en todos los escenarios.

El dramaturgo Nilo Cruz, quien junto a su trabajo de dirección escénica se ha convertido en una presencia habitual en los escenarios miamenses, asumió esta nueva propuesta teatral con una mirada alejada de las habituales concepciones naturalistas con que generalmente es representada dicha obra, otorgándole a la misma una imagen mucho más contemporánea. Para ello manejó su ambientación dentro de un amplio espacio con dos niveles, dentro del cual la utilización preponderante de baúles a modo de mobiliario, junto con apenas dos sillas, dan idea de manera sencilla del hogar familiar. Este concepto escenográfico se ve magnificado con la colocación sobre el fondo del segundo nivel del escenario de una enorme estantería llena de una gran variedad de maletas y maletines que atrapa la mirada del público debido a su majestuosidad, elemento el cual queda resaltado además por un interesante diseño de iluminación que sobre el mismo ha sido concebido. Incluso hacia el final de la obra dicho imponente elemento escenográfico adquiere la imagen de una gran pared repleta de nichos del cementerio donde descansan los restos del personaje protagónico. Como puede apreciarse el director utiliza dichos elementos -baúles y maletas- hiperbolizando el mensaje de la obra.


Cruz ha concebido su propuesta mediante una evidente estructuración racional del movimiento escénico, estableciendo el justo balance entre este y el espacio de representación, sacándole provecho a ambos planos del escenario -inferior y superior- para mostrar los diferentes espacios físicos y temporales dentro de los que se mueve la acción. Aunque el tiempo narrativo impuesto por el autor impone cierta lentitud en el ritmo de la obra, la propuesta de Cruz logra que la acción fluya dentro de la atmósfera que el texto impone.

Respecto a la labor de los actores, es necesario señalar el total compromiso de los mismos hacia las exigencias que tal texto dramático demanda para el desarrollo de sus respectivos personajes, mostrando unas incorporaciones sólidamente construidas por parte de cada uno de los implicados. Hay que señalar que en esta ocasión el director ha dejado fuera de escena algunos de aquellos personajes secundarios -Charley y su hijo Ben, vecinos de los Loman, Stanley, la Señorita Forsythe y Letta, personajes del bar- no imprescindibles y que con sus ausencias la trama no sufre alteración alguna, pero que si la aligera y recorta el tiempo de duración de la obra, el cual no obstante alcanza cerca de la hora cuarenta minutos, dividida en dos actos, donde al segundo se le une el ‘requiem’ o epílogo del texto original.

Acosta Milián en el exigente rol protagónico como Willy Loman ofrece un trabajo de interiorización no comúnmente apreciado sobre nuestras tablas. Desde su acertada búsqueda de una muy marcada modulación y proyección de la voz, hasta la asimilación de una apropiada y característica postura corporal, este actor dibujó su personaje de principio a fin en la que sin duda alguna sea la más destacada labor dentro de su trayectoria artística, constituyéndose en el esperado regalo que todo público espera disfrutar al asistir a una representación teatral.

El personaje del joven Biff Loman, el hijo idealista, inadaptado, ambicioso y frustrado, interpretado por el actor Caleb Casas, es trabajado con las adecuadas variaciones de intensidad que el mismo requiere, revelando la diversidad de sentimientos y emociones que dicho rol requiere a través del desarrollo de la trama, destacándose sobre todo labor en el segundo acto cuando la intensidad dramática alcanza su clímax. No obstante, un aspecto que enturbia parte de su desempeño tiene que ver cuando en escenas de cierta intimidad conversacional frente a su hermano durante el transcurso del primer acto, sus parlamentos resultan en ocasiones difíciles de comprender debido a una no adecuada pronunciación.

Por su parte Rosalinda Rodríguez realiza una delicada interpretación del personaje de Linda Loman, la comprensiva esposa y madre, quien dentro del hogar es la encargada de sobrellevar las situaciones provocadas por la convivencia diaria y las características personales de cada uno de los integrantes de dicho núcleo familiar. La actriz desenvuelve su personaje con extrema naturalidad, mostrando de manera convincente la contenida intensidad emocional con que el autor lo ha dotado, a la vez que llegado el momento, encauza el desborde de sus emociones con fuerza, pero sin innecesarias afectaciones.

En cuanto al desempeño de Guillermo Cabré como Happy Loman, el hijo mayor, su labor escénica está rodeada de la fuerza interpretativa y veracidad con que lleva a cabo todos sus trabajos. Este actor posee una portentosa voz y una excelente proyección con la que hace imposible que ninguno de sus personajes pueda pasar inadvertido sin importar el nivel que dentro de la trama posean. Como contraparte dentro de la acción, el actor busca en todo momento dejar marcada la diferencia de personalidades mediante un muy definido concepto de credibilidad interpretativa, provocando el necesario equilibrio ante las emociones y consecuencias de las acciones entre ambos hermanos.

Finalmente, tres personajes que por ser secundarios no dejan de ser importantes para el detonante de la trama son los de la mujer, el de Howard Wagner, y el tio Ben, todos relacionados estrechamente con Willy, el primero por ser su amante -causante del rencor que se establece entre este y su hijo Biff al descubrir tal relación- asumido por Nabilah Fernández; mientras que el segundo, Howard Wagner, actual jefe de Willy y el tercero Ben, su fallecido hermano -encarnación para él del éxito y la riqueza, presente sobre el escenario solo como una sombra- incorporados ambos por Charlie Sothers, encontraron en estos dos actores la contundente complicidad con unos roles que se convierten en detonantes importantes de los acontecimientos con los que se construye la acción.

A esta puesta en escena debemos agradecerle que su director no haya utilizado los tan molestos micrófonos corporales que cada vez resultan ser más utilizados en numerosas puestas teatrales con los inconvenientes que ello trae, desde el mal funcionamiento de los mismos hasta la pérdida del sentido de proyección de la voz, problema que se hace mucho más habitual sobre los escenarios de lo que se quisiera ver.


El público miamense debe estar satisfecho de que al fin se hayan dado las condiciones para la presentación de esta obra que desde el año 2023 estuviera entre los planes de Arca Images, la cual debido a diferentes situaciones no había podido ser llevada a las tablas. Si bien la actividad teatral de esta ciudad necesita un mayor y necesario encuentro con el teatro de autores hispanoamericanos, de igual forma requiere disfrutar de los excelentes textos de la dramaturgia norteamericana, ambos ausentes de nuestros escenarios. Gracias a Nilo Cruz por esta excelente propuesta y ofrecernos otra magnífica muestra de buen teatro, del que cada día podemos presumir en nuestra ciudad.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 4, 2026.

Fotos/ Alfredo Armas.

Sunday, September 6, 2026

“Las sirenas no existen”, el otro viaje de Odiseo sobre el escenario. (por Wilfredo A. Ramos)


“Las palabras vacías son malvadas” Homero (aedo -cantor- siglo VIII a.c.)



En el escenario de Artefactus Teatro, en ese pequeño pero acogedor espacio donde se hacen realidad los sueños de muchos artistas sin importar de qué manifestación se trate, pero donde el teatro reina por derecho propio desde hace más de quince años, Eddy Díaz Souza ha subido a escena otro de sus textos dramáticos convertidos en poesía, no referimos a la obra “Las sirenas no existen”, la cual se mantuvo en escena durante dos semanas -entre el 21 y 30 de agosto- en las tablas de Artefactus Teatro, con un elenco integrado por Luis Barcena, Hanny Cunill, Betsy Rodríguez, Lina Echeverri, Rei Prado, mientras que la escenografía estuvo en manos de Carlos Artime y música original de Rony Cintra, en una producción general de Carlos Artega.


A este nuevo texto dramático de Díaz Souza, como es habitual, lo envuelve un halo poético que sin embargo en esta oportunidad se nos muestra con mayor evidencia al percatarnos de su escritura realizada dentro de un formato con características propias del ‘verso libre’, lo que permite al autor manejar el lenguaje de manera abierta. Esta escritura dramática-poética ofrece la posibilidad de ser rica en imágenes, las cuales al ser recreadas sobre las tablas transfieren a la dramaturgia escénica una marcada plasticidad, recreada no solo mediante el concepto escenográfico sino igualmente a través del desempeño actoral.


Con esta propuesta de “Las sirenas no existen”, Díaz Souza introduce al espectador en un mundo imaginario que, aunque provocando referencias hacia la antigua tragedia homérica de “La Odisea”, del mismo modo nos aleja de ella desviándonos hacia un universo de reflexiones y ‘viajes’ más personales e íntimos. La apropiación de aquella leyenda en mano de este autor se convierte en un navegable mundo de ilusiones, anhelos, encuentros y desencuentros que pueblan la imaginación del ser humano. Este texto que nos habla de monstruos de igual forma nos pone ante la incertidumbre de que proyecta la realidad o no de los mismos, si se encuentran fuera o forman parte de nosotros mismos.

A través del viaje de este nuevo Odiseo -el cual pudiera ser cualquiera de nosotros mismos- el dramaturgo nos sumerge en un polisémico hábitat de seres, integrantes de leyendas que han rodeado nuestra cultura occidental, por lo que aparecen junto al del legendario protagonista los de Ariadna y el Minotauro, Prometeo el protector de los hombres, el de Polifemo hijo de Neptuno, dios de los mares; pero de igual manera el autor nos embarca en un viaje a través de la literatura universal haciendo referencias a Shakespeare, al Quijote del inmenso Cervantes e incluso en ese supuesto recorrido nos arrastra hacia los cambiantes desiertos venezolanos de la longeva ciudad de Coro, las míticas tierras asiáticas hogar materno del dulcísimo fruto del mango o nos lleva a recordar a aquella isla grande del Caribe.


Por medio de dicho mosaico cultural y geográfico, la obra procura llevarnos de viaje por medio de nuestra propia imaginación, convocándonos a comprender el mundo en que vivimos, a descubrir y saber vencer los obstáculos en nuestro camino, valorar las diferencias y similitudes, reconocer la amistad, el valor de la palabra del otro en su diferencia, en fin aceptar la convivencia la cual no siempre está exenta de tropiezos y sobre todas las cosas enfocarnos en tratar aceptarnos y entendernos como parte del inmenso conglomerado humano al que pertenecemos. Que tal presupuesto ofrecido por parte del autor resulte una quimera, es posible, pero no deja de ser deseable.

Respecto a la materialidad del texto sobre la escena, ella fluye con la intención de ser una propuesta dirigida con intención de llegar a un público adolescente -ausente por lo general de los teatros- también adulto e incluso infantil, aunque solo sea por la belleza y plasticidad de sus imágenes pensadas sin duda para lograr alcanzar las mentes de los más pequeños, por lo que tal propuesta podría ser portadora de una polisémica lectura según el público que la observe.

En cuanto al desempeño actoral, todos viven sus personajes con la requerida verdad que permite la fantasía, incorporándolos mediante una entrega la cual se muestra sin esfuerzo, como si fuera parte de un juego y no un proyectado trabajo escénico. El actor Luis Bárcenas, aprovecha su juventud para impregnar a su Odiseo de esa cierta ingenuidad y humildad que tal soñador personaje requiere. Su labor transcurre con agilidad y limpieza a pesar de su constante interacción con diversos personajes y elementos escenográficos, lo cual logra sin perder una buena dicción y proyección de la voz.

Mientras que por su parte Betsy Rodríguez, Rei Prado, Lina Echeverri y Hanny Cunill, asumen sus personajes humanos o no, reales o imaginarios con naturalidad, desenvolvimiento, otorgándoles la magia que el texto exuda, aunque en el caso de Cunill aconsejaríamos que tuviera que se tomara un mayor cuidado con respecto a su dicción, la cual en algunos instantes hace difícil entender con claridad algunos de sus parlamentos, dejando caer los finales de estos.


Sin duda alguna, nuevamente el escenario de la pequeña sala de Artefactus Teatro de la mano de Díaz Souza, deja complacido a un público deseoso por disfrutar de ese arte teatral el cual solamente brota sobre las tablas cuando en dicho proceso convergen talento, inspiración, rigor, el minucioso trabajo creativo, la mirada para nada complaciente, pero sobre todas estas cosas la exigencia estética y verdad artística, la cuales constituyen las herramientas que nos ofrecen la oportunidad de asegurar la permanencia de una de las manifestaciones del arte que se encuentra intrínsecamente ligada al proceso de evolución social del ser humano como ha sido el Teatro.


Wilfredo A. Ramos.
Miami, agosto 27, 2026.

Fotos/ Arturo Arocha.

Thursday, August 27, 2026

Cuarenta años del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


De nuevo regresa la esperada cita que todos los años hace que en la ciudad de Miami se den cita destacadas agrupaciones teatrales del ámbito hispanoamericano, con un diverso abanico de propuestas escénicas que permiten a nuestro publico disfrutar de un diverso universo del quehacer artístico contemporáneo. Si en sus inicios en 1986 este evento se concibió como una muestra de carácter nacional, prontamente a partir de su cuarta edición en 1989, el mismo pasa a ser internacional con participación de teatristas de Costa Rica, España, Colombia y Puerto Rico. A partir de dicho momento el festival, que ha contado con la presencia de casi totalidad de los países hispanoparlantes del continente, excepto Cuba por razones obvias- comenzó a despertar gran interés entre directores, actores, críticos y especialistas a nivel internacional, provocando incluso la presencia en algunas ediciones de teatristas de países no hispanohablantes tales como Eslovenia, Francia, Japón, Brasil, Portugal, Dinamarca, Suiza y Ucrania.

Este gigantesco reto que reunió en un principio para su realización a un grupo de teatristas e intelectuales de Miami interesados en desarrollar la cultura y en especial el teatro hablado en la lengua de Cervantes, tuvo desde el primer momento en Mario Ernesto Sánchez su primordial impulsor, siendo él quien asumiera la responsabilidad de asumir las riendas del festival al tomar el mismo carácter internacional, labor a la que se dedicara con todos sus fuerzas y a pesar de contratiempos diversos, hasta su fallecimiento acaecido el pasado año 2025, justo pocos meses antes de dar inicio la respectiva muestra teatral.

Es por ello, que esta cuarenta edición del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami ha sido concebida a honrar la memoria de Mario Ernesto Sánchez, quien será merecedor a título póstumo, del premio ‘Una vida de dedicación a las artes escénicas”, acontecimiento que tendrá lugar el día 3 de septiembre en la inauguración del evento. Mario Ernesto, quien en vida siempre decía con su usual sentido del humor, que tenía como propósito poder llegar a organizar esta edición número cuarenta, lo que lamentablemente no llegara a acontecer, estará presente de igual manera en ella al ser invocada su presencia en un acto, que las actuales organizadoras del festival, Jackie Briceño, Melisa Messulam y Verónica L. Sánchez,-esta última hija del propio Mario Ernesto- han concebido como merecido homenaje de recordación a su vida y obra entregadas al teatro.


En esta nueva oportunidad estarán participando en el festival nueve producciones teatrales de seis países, inaugurándose con la obra “Carrusell” de Abel González Melo, bajo la dirección de Jackie Biceño, en una producción de Teatro Avante -compañía anfitriona- los días 3, 4, 5 a las 8:30pm y el 6 a las 5:00pm en el Westchester Cultural Arts Center.

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Para los días 10, 11 y 12, a las 8:30pm de Uruguay se presentará “Zombi Manifiesto”, escrita por Santiago Sanguinetti, en una coproducción entre la Compañía Abuela Katiuska (Montevideo) y Pazo de Cultura de Narón (Galicia), en el Westchester Cultural Arts Center; mientras que el 11, 12 a las 8;30pm y el 13 a las 5:00pm, la propuesta de Chile, “Historia de un jabalí… o algo de Ricardo III”, escrita y dirigida por Gabriel Calderón, se estará presentando en el Carnival Studio Theater del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts.


El 11, 12 a las 8:30pm y el 13 a las 5:00pm en el Koubek Center, subirá a escena de España, “A fuego”, un unipersonal escrito, dirigido e interpretado por Pablo Macho Otero en codirección con Enma Arquillé y una producción de la compañía La Bella Otero.

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Los días 17, 18 y 19 a las 8:30pm desde New York llega la agrupación Pitchblack Immersive Experiences con la puesta de “Odd Man Out”, escrita por Martin Bondone y dirigida a tres manos por Carlos Armesto, Facundo Bogarín y el propio Bondone, la cual se presentará en el Westchester Cultural Arts Center. Iguales días 17, 18 y 19 a las 8:30pm pero esta vez en el Koubek Center regresa desde Argentina Compañía Criolla con “Sueño”, escrita y dirigida por Emiliano Dionisi, obra que acumula diversos premios en su país.


De Argentina también llega el unipersonal “Pundonor”, escrito e interpretado por Andrea Garrote bajo la codirección de Rafael Spregelburd y la propia Garrote, que subirá a escena los días 18 y 19 a las 8:30pm y el 20 a las 5:00pm en el Carnival Studio Theater del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts.


Como es habitual en el Dia Internacional del Niño podrá verse “Las asombrosas aventuras de Robinson Crusoe”, una producción de Teatro Salvaje, agrupación residente en Miami, escrita por Víctor Hugo Cortés y dirección de Luciano Cortés, en el Key Biscayne Community Center, el día 19 a las 5:00pm, mientras que el 20 a partir de las 2:00pm, pero en el Koubek Center, los niños podrán disfrutar de diversas actividades recreativas antes de comenzar la presentación de la obra.


Finalmente, los días 24, 25 y 26 a las 8:30pm desde Perú llega al escenario del Carnival Studio Theater del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, “Hamlet”, en versión libre y dirección de Chela de Ferrari, en una producción del Grupo La Plaza, la cual está constituida por jóvenes actores con Síndrome de Down, propuesta que se encuentra de gira en estos momentos por distintos países.

Como es habitual después de finalizada la primera presentación de cada obra se efectuará un conversatorio con los artistas, el cual será conducido por la Dra. Beatriz Rizk, profesora, crítica e investigadora del teatro hispano

En esta ocasión el afiche que promueve el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami ha sido realizado por el artista plástico de la ciudad Alexander Mijares

Una vez más Miami se convierte en foco de atención dentro del mapa internacional del amplio y diverso circuito de festivales teatrales hispanos, lo que sin duda alguna contribuye a que la ciudad adquiera una posición que solo la cultura y el arte es capaz de ofrecer, esperando que aquellos amantes del teatro puedan disfrutar y motivarse igualmente en apoyar con su presencia las numerosas ofertas del teatro local que durante todo el año se apropian de nuestros escenarios.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, agosto 25, 2026.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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