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Wednesday, October 21, 2026

Premios de la Asociación de Cronistas de Espectáculos Internacional 2026 (ACE)


El próximo 22 de octubre en el Teatro Tower se entregarán los premios de la Asociación de Cronistas de Espectáculos Internacional 2026 (ACE). 

Productor general Antonio Moniz Da Silva. Dirección artística Paulina Aly Baltasar Santiago y José Veci.

Homenaje a Ariel Nan en la actuación especial de sus amigos Frank Di Marzo y Hernán Fortuna.

Artistas invitados: Gabriel Mores, Ricky Maravilla, Vivian Jourdan, Marinel Cruz, Maria Elena Lazo, Lourdes Libertad, Sonia Corp, Premier Solis y Luciano Brindisi.

Teatro Tower
1508 SW 8th St, Miami, FL 33135

$20 la entrada. Cupo limitado.



Gracias por incluirme 
en los Reconocimientos. 
 

Tuesday, October 13, 2026

Notas acerca del XL Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



“Cuando el teatro es necesario, no hay nada más necesario”. Peter Brook.



Ha bajado nuevamente el telón del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami (FITHM) en esta su cuadragésima edición, cerrando así otra esperada jornada de encuentro con diferentes propuestas teatrales llamadas a enriquecer nuestra mirada e igualmente se revelan aspectos que han dejado huella en él.

Este año quedó marcado porque de manera excepcional se rindió homenaje ‘in memorian’ a Mario Ernesto Sánchez, fundador y director del festival hasta su fallecimiento ocurrido en abril del 2024, al concederle el Premio a una Vida de Dedicación a las Artes Escénicas, galardón otorgado cada año desde 1989 a destacadas figuras del ámbito teatral hispanoamericano, reconocimiento que fuera recibido por su hija Verónica L. Sánchez, en la actualidad integrante del equipo de dirección del evento.



En la presente edición participaron las agrupaciones teatrales Compañía Abuela Katiuska de Uruguay, con la obra “Zombi manifiesto”; Fundación Teatroamil de Chile, con “Historia de un jabalí o algo de Ricardo III”; La Bella Otero de España, con el unipersonal “A fuego”; Teatro La Plaza, de Perú, con “Hamlet”; Compañía Criolla con “Sueños” y El Patrón Vázquez con el también unipersonal “Pundonor”, ambas obras provenientes de Argentina, así como Pitchblack Immersive Experience con “Odd Man Out” de New York; Compañía Salvaje con el espectáculo para niños “Las asombrosas aventuras de Robinson Crusoe” y Teatro Avante con “Carrusel”, estas dos últimas de la ciudad sede. Hay que destacar en esta ocasión la participación de más de dos propuestas del país sede, lo que no ocurría desde hace ya bastante tiempo y que esperemos sea tenido en cuenta en próximas ediciones del evento.

De igual forma quedó de manifiesto que a través de todos los años de realización del festival ha sido Argentina el país de mayor participación, seguido de España, naciones desde donde han llegado numerosas agrupaciones con excelentes y variadas propuestas que han mostrado el alto nivel que dicha manifestación artística disfruta en ambos países.

La presente edición del festival fue testigo también de tres sucesos que llamaron la atención.




En tres de las obras presentadas, “A fuego”, “Sueños” e “Historia de un jabalí o algo de Ricardo III”, fue utilizado de manera preponderante el verso como lenguaje teatral por parte de los actores, permitiendo observar como en la actualidad los autores dramáticos no temen acercarse a dicha forma de escritura y expresión que marcara una importante era del teatro universal, regresando a ella desde la modernidad, pero conscientes del valor histórico y cultural de la misma.



Por otra parte, también en tres puestas en escena: “Sueños”, “Historia de un jabalí o algo de Ricardo III” y “Hamlet”, nos encontramos que sus autores -Emiliano Dionisi, Gabriel Calderón, Chela de Ferrari- partieron de las obras “Sueño de una noche de verano”, “Ricardo III” y “Hamlet” todas de William Shakespeare, para construir sus propias propuestas e introducir sus personales preocupaciones, mostrando una vez más la importancia y universalidad de la dramaturgia del autor inglés que hace a sus argumentos trascender en el tiempo y espacios geográficos.


Un tercer y último aspecto coincidentemente observado en tres de las propuestas -“Carrusel”, “Zombi manifiesto” y “Odd Man Out”- tiene que ver con un tema tratado dentro del argumento de cada una de ellas y que no deja de ser recurrente actualmente en numerosas propuestas, pero que lamentablemente es abordado siempre desde una muy específica visión, ignorando otras con idéntico valor y necesarias de ser denunciadas también. Nos referimos al siempre delicado tema de las ‘dictaduras militares’, el cual en dichas tres propuestas es expuesto desde diferentes perspectivas y provocando diferentes efectos, pero dirigiendo la mirada únicamente sobre las dictaduras de derecha. En la primera haciendo referencia al franquismo español, mientras en la segunda y tercera a las juntas militares que gobernaron a uruguayos y argentinos durante la década de los setenta del siglo pasado. Si bien en la primera y tercera de las mencionadas puestas la introducción de esta temática dentro de la acción resulta forzada, desdibujando el hilo central de sus historias, en el caso de la segunda propuesta, la posición tomada por el autor de la obra para denunciar lo que sin duda fue una terrible situación sufrida por dicha nación, a partir de la defensa de los postulados de la ideología marxista-leninista, se convirtió en un agravio para miles de ciudadanos que residen en esta ciudad de Miami, los que producto también de otras criminales dictaduras militares -pero en esta ocasión organizadas sobre la nefasta ideología comunista- se han visto forzados a abandonar sus países de origen.

Por supuesto que el teatro tiene que ser una puerta abierta hacia todos todos los temas que influyen en la vida del ser humano, pero de igual manera se debe ser cuidadoso respecto a cuáles temas tocar y para qué públicos se hace, porque la misma sensibilidad que para unas víctimas pudieran provocar ciertos argumentos, también otros temas lo son para otro grupo distinto de personas. Seguro que todo el mundo estará alerta sobre ciertas temáticas que pudieran herir la sensibilidad o causar el rechazo de las comunidades negra, aborigen, judía o inmigrante, por solo citar algunos ejemplos, pues igualmente sucede con aquellas personas víctimas del comunismo, que por cierto constituyen millones a nivel mundial. Para que no se repita una situación como la anterior, los organizadores tienen que ser muy cuidadosos con la selección de las obras que van a participar al festival, algo que no le es ajeno a cualquier evento.

Esta nueva etapa que se abre ante la continuidad del festival bajo un nuevo equipo de organización y dirección, ahora en manos de tres capacitadas mujeres -Verónica Sánchez, Melisa Messulam y Jacqueline Briceño- donde cada una de ellas puede aportar sus propias experiencias, visiones y concepciones en aras de enriquecer el desenvolvimiento de este tan importante evento, sin duda alguna se convierte en un importante reto a vencer.

Uno de estos objetivos tendría que tener en cuenta la posibilidad para que los teatristas de la ciudad puedan poder optar -previa selección- por poder participar en el evento, creando algún mecanismo que no sea el tan absurdo e imposible de cumplir establecido desde hace tanto tiempo y que no permite de manera alguna la presencia de obras locales en el mismo, situación esta que a través de los años ha provocado de manera algo absurda pero también comprensible cierto rechazo por parte de una amplia parte de la comunidad teatral de la ciudad a pisar las salas donde se presentan los espectáculos que intervienen en el festival.

Igualmente, consideramos que deben ser retomados los eventos de carácter teórico como los que existieron en los primeros tiempos de vida del festival, en los cuales se presentaban académicos, investigadores, críticos y destacadas personalidades del medio teatral tanto internacional como local con ponencias, trabajos de investigación, de historia del teatro, conversatorios, así como programar con dramaturgos y editoriales presentaciones de libros y encuentros con sus autores. Como es habitual en eventos de este tipo, podrían planificarse clase magistrales demostrativas de relevantes directores, actores y hasta de aquellos vinculados con la parte técnico-artística tales como escenógrafos, diseñadores de vestuario y de luces, maquillistas, productores teatrales, jefes de escena, que pueden además de mostrar sus conocimientos y diferentes técnicas de trabajo, provocar el interés en jóvenes para iniciarse en dichas profesiones.

El FITHM también podría abogar por la creación de un evento paralelo de carácter local, donde los teatristas de la ciudad pudieran presentar sus propuestas a las que los invitados extranjeros pudieran tener acceso para así poder mostrar nuestra producción teatral, la cual merece tener la posibilidad de ser valorada por los colegas de otras partes del mundo. Dicha acción contribuiría a promocionar no solo al mismo evento internacional sino a Miami como una ciudad donde también se puede disfrutar de su teatro, al tiempo que serviría de mecanismo de presión tanto a autoridades institucionales como empresariales a centrar su atención en los posibles beneficios a obtener al ofrecer su apoyo al desarrollo de esta actividad cultural, camino sobre el que mucho aún hay que trabajar y crear conciencia.

A cuarenta años de haber comenzado su recorrido el Festival Internacional de Teatro de Miami, el mismo ha abierto no sin dificultad y mucho esfuerzo un escenario más donde hacer coincidir y mostrar la rica y variada oferta del teatro realizado en la lengua de Cervantes de alrededor del mundo, razón de más para que pueda ser también una muestra de la creación teatral de la ciudad y del país, pudiéndose proyectar con intensidad dentro del algo decaído circuito internacional de festivales de teatro hispano y despertar con ello mayor interés en participar en él.

Una vez finalizada esta nueva edición del festival, solo nos resta agradecer el esfuerzo llevado a cabo por su nueva junta directiva, así como por todos los demás colaboradores para continuar dándole vida a este importante proyecto artístico y cultural con el que se convierte por todo un mes a la ciudad de Miami en el centro de atención del teatro hispanohablante a nivel internacional ¡Enhorabuena!



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre, 28, 2026.

Monday, September 28, 2026

"Helene Denizon está en la Habana. (Año 1922)


"Helene Denizon está en la Habana. Cuando este número de CARTELES vea la luz, la gentilísima danzarina habrá actuado en el Teatro Nacional, y los amantes del alado ritmo de las danzas aéreas habrán satisfecho su pasión de arte viendo las maravillosas labores coreográficas de Helene.

Joven pues sólo cuenta 16 años, la Denizon es discípula de Fokine y de Volinini, habiendo actuado con éxito resonante en distintos teatros de Europa y de los Estados Unidos.

La Pavlowa dijo de ella: "Es la única lady que a esa edad se me ha igualado". Esto quiere decir, pensamos nosotros, que cuando tenga la edad y la experiencia de la gran polaca, la habrá superado artistícamente. Las dos fotografías que ilustran esta plana representan a Helene Denizon en dos poses de sus más atractivas danzas.

Una oriental y otra inconfundiblemente parisina." (Revista Carteles. Noviembre 1922)

Sunday, September 27, 2026

Un "Hamlet" diferente cierra el XL Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


“To be or not to be, that is the question…”.
  Hamlet, acto III, escena I.


Precisamente esta última semana del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami subió a escena una obra que desde que tuviera la oportunidad de verla en alguno de los encuentros teatrales internacionales a los que con frecuencia asistiera el recientemente fallecido Mario Ernesto Sánchez, este se propuso que pudiera ser disfrutada por el público de nuestra ciudad. Nos referimos a “Hamlet”, propuesta peruana dirigida y adaptada libremente por Chela de Ferrari -Graciela Elvira Raquel Giraldez Castro- reconocida dramaturga y directora de escena en su país, quien en el año 2003 fundara la sala Teatro La Plaza -productora de esta propuesta- la cual dirige y donde ha llevado a escena textos de la dramaturgia peruana, así como obras del repertorio clásico internacional bajo una mirada contemporánea.

Ante el anuncio de esta obra, uno de los destacados títulos de la dramaturgia de William Shakespeare, sin duda alguna tendremos la certeza de que presenciaremos en escena la gran tragedia que nos enfrenta al desolador ambiente de profunda oscuridad, ambición y muerte que rodea la figura de aquel desgraciado príncipe de Dinamarca; pero contrariamente este otro Hamlet, partiendo de la diatriba filosófica del ‘ser o no ser’ ofrece otra mirada de manera vital, humana, con humor pero con profundidad, proponiendo un nuevo texto dramático cruzado entre el original shakesperiano y el creado a partir de las experiencias de vida de sus intérpretes, quienes en realidad son ocho jóvenes actores con Síndrome de Down.

Para adentrarnos en esta puesta en escena es necesario primero hablar de la labor que en Perú lleva a cabo Jonathan Oliveros, periodista, actor, director y profesor de teatro, fundador de LiberArte, institución que, a través de las experiencias con el teatro musical trabaja en potenciar las capacidades creativas de personas con padecimientos neuro divergentes, buscando su integración plena a su entorno social. Este importante proyecto tiene su sede en el teatro Auditorio de Miraflores, en Lima, lugar donde imparte conferencias, talleres y los cursos que preparan a dichos jóvenes para subir a las tablas y con ello cambiar tanto sus vidas como las de las personas que los rodean. Dentro de sus montajes se encuentran musicales tales como La Cenicienta, La otra historia de Pinocho, El mundo de Oz, Anita, la huerfanita, La sirenita, Shrek el musical, La Bella y la Bestia, Mamma Mia, Grease, Hairspray, Aladino, entre otros. Hay que destacar que, a pesar de tan importante, necesaria y humana labor, este proyecto no ha contado con el apoyo suficiente por parte de las autoridades gubernamentales, aunque sí han tenido el apoyo de diversas instituciones de carácter privado y sobre todo de financiación salida del propio bolsillo de Oliveros.


La historia de este montaje de “Hamlet” tiene un camino nada convencional, pues el mismo parte del encuentro de Jaime Cruz, joven con Síndrome de Down, que trabajaba como acomodador y repartidor de programas en el Teatro La Plaza y cuyo deseo era convertirse en actor, con Chela de Ferrari -la cual deseaba llevar a escena este clásico de Shakespeare- encuentro que hizo ver a la directora que dicho joven poseía la capacidad actoral y ambición para asumir el personaje protagónico de la obra. Con esta visión la Ferrari a sabiendas de la responsabilidad sobre el nuevo camino al que dirigía su trabajo, contactó inmediatamente con Jonathan Oliveros y su proyecto, para así iniciar un trabajo mancomunado, dirigido a lograr un elenco que estuviera integrado en su totalidad por actores neuro divergentes. El proceso de preparación que se extendió por un año, entre el 2018 y 2019, logró encontrar los intérpretes adecuados para enfrentar tal reto, el cual desde su inicio ha estado formado por Jaime Cruz, Octavio Bernaza, Lucas Domarchi, Manuel García, Diana Gutiérrez, Cristina León Barabdiarán, Ximena Rodríguez y Álvaro Toledo, quienes han subido a escenarios de todos los continentes, convirtiéndose en embajadores de las personas neuro divergentes a nivel mundial.

Al enfrentarnos a esta propuesta, debemos tener en cuenta que los actores que tienen sobre sus hombros tal responsabilidad no presentan enfermedad alguna, sino que forman parte de un grupo de personas que poseen una variante más de la diversidad neurológica humana, lo que implica tener una serie de habilidades únicas, las cuales van de la mano de ciertas dificultades para la interacción con el ambiente que los rodea. Dentro de este conjunto de personas, las encontraremos agrupadas bajo diferentes referencias -TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Autismo, Dislexia, Dispraxia- de acuerdo con características de sus respectivos comportamientos.

De lo anterior se desprende que lo que veremos sobre las tablas se encuentra concebido partiendo de las posibilidades y capacidades tanto físicas como expresivas de cada uno de estos jóvenes y que por tanto nos debe dar una idea del minucioso trabajo que desde la dirección realizaron tanto Chela de Ferrari como Jonathan Oliveros, como director asistente y especialista. Precisamente es aquí donde reside el gran éxito de este trabajo, al aceptar el reto de reconstruir el complejo mundo existencial de Hamlet sobre la base de los también difíciles problemas existenciales de los propios intérpretes. El argumento original va descubriéndose a través de la interacción directa entre los temores, anhelos y problemas con los que tienen que convivir a diario cada una de las personas ahora sobre las tablas.

Aunque Jaime Cruz -motivador de este proyecto- es el encargado principal de incorporar la personalidad del atribulado príncipe danés, la dirección de la obra de manera acertada rota la responsabilidad de asumir dicho personaje a todos en escena, ofreciendo así la oportunidad a que cada uno de ellos puedan expresar sus propios conflictos mediante la interacción con los de Hamlet. La tragedia de Shakespeare se entrecruza con humor, bailes y canciones, rompiendo constantemente la llamada cuarta pared, si temor por parte de los actores a mezclarse entre el público de la platea e incluso incorporando a espectadores para formar parte de la acción -escena en la que el Rey, padre de Hamlet, es asesinado por su propio hermano Claudio, quien le vierte veneno en el oído mientras este duerme- donde los intérpretes de manera ocurrente y simpática los ‘instruyen’ de cómo actuar, traslocando una escena dramática en una de comedia.

La puesta en escena -con traducción simultánea al inglés- se vale de numerosas y bien logradas proyecciones que sobre una gran pantalla proponen multiplicidad de escenarios desde donde los actores continúan con el desarrollo de la trama fuera de la vista del espectador, brindándole al espectáculo una plural propuesta visual. Interesantes momentos ocurren llegado el instante del famoso soliloquio de Hamlet, cuando sobre el escenario uno de los intérpretes por un lado asume la pose y dobla al actor británico Laurence Oliver, en la escena del filme de 1948 o cuando inmediatamente después, otro de los jóvenes incorporando también el propio personaje lo hace delante de la pantalla donde se proyectan numerosas imágenes de actores realizando dicho monólogo en diferentes idiomas.


El espectáculo ha sido construido dentro de un vertiginoso ritmo que no decae en ningún momento, con constantes entradas y salidas de los actores en escena, encargados ellos mismos de mover elementos de escenografía y utilería utilizados. A esta dinámica se suma el aporte hecho por los certeros materiales fílmicos proyectados que contribuyen a la movilidad y plasticidad de la acción.

De esta forma, el espectáculo durante su hora y treinta y cinco minutos de duración conduce al espectador por un camino donde ambas historias, la concebida por Shakespeare y la de cada uno de los integrantes del elenco se funden en un mismo propósito, en el cual la valoración de la existencia humana y sus conflictos, las inesperadas maneras de hacerse estos presentes, así como sus condicionamientos, la capacidad de enfrentarlos y las consecuencias derivadas de ello, definen la adaptación y el rumbo a tomar por el individuo.


Antes de terminar estas líneas se hace imprescindible reconocer el trabajo de todo el equipo de realización técnico-artístico que hace posible este milagro en escena, conformado por Alessandra Rodríguez como entrenadora vocal, Mirella Carbone coreógrafa, Lucho Soldevilla en los materiales visuales, Jesús Reyes diseñador de luces, Andre Nunton director de iluminación, Kevin Yupanqui técnico de video, Jhosimar Sullon en el sonido junto a la dirección asociada y la dramaturgia de Jonathan Oliveros, Claudia Tangoa y Luis Alberto León

Un señalamiento que es preciso hacer y ciertamente resulta imposible de ocultar es que, para el amante devoto de la obra del dramaturgo inglés esta no es la propuesta indicada, debido a que este nuevo “Hamlet”, tan distinto, atrevido, disruptivo y a la vez comprometido con la dignidad humana de aquellos a los que la sociedad ve como ‘diferentes’, lo que se propone es utilizar como pretexto la trágica historia del príncipe de Dinamarca para convertirse en un llamado global de concientización. El presente proyecto nos enfrenta a un trabajo de deconstrucción dramatúrgica de la tragedia original en aras de construir una celebración colectiva de vida, de donde no quedan excluidas posibles connotaciones políticas y sociales.

Que por fin la presentación en nuestros escenarios de este otro “Hamlet” haya sido posible, se convierte sin duda alguna en otro homenaje de recordación hacia Mario Ernesto Sánchez.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 25, 2026.







Wednesday, September 23, 2026

Un recorrido por la tercera semana del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


La tercera semana del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami (FITHM) nos trajo también tres propuestas, esta vez “Odd Man Out”, llegada desde New York, así como “Pundonor” y “Sueños” ambas argentinas, cada una de las cuales fue portadoras de propósitos estéticos muy diferenciados entre sí, dejando una jornada marcada por resultados ambivalentes.


Contar con la participación de agrupaciones teatrales provenientes de otras partes del país, era un acontecimiento prácticamente desaparecido dentro de la programación del FITHM, por lo que el anuncio de la presencia en el evento de una compañía proveniente de la ciudad de New York abría la posibilidad de recuperar la necesaria asistencia de dichos colectivos a una muestra que por su envergadura y objetivos debe constituir una plataforma donde el teatro realizado por creadores hispanohablantes dentro de los Estados Unidos tenga una firme y continua presencia.

La neoyorquina compañía Pitchblack Immersive Experience, surge a partir de la comunión del trabajo entre Theatre C -proyecto con base en esa misma ciudad, dirigido a la inclusión de todo tipo de manifestación artística y diferentes géneros- bajo la dirección de Carlos Armesto, junto a Teatro Ciego con sede en Argentina, agrupación bajo la dirección de Martín Bondone, concebida para desarrollar una propuesta de trabajo multisensorial teniendo como primordial característica hacerlo dentro ambientes envueltos en total oscuridad, característica significante del proyecto, que ha definido su camino desde su creación hasta nuestros días, con el cual han tratado de acercar al público hacia la percepción del entorno por parte de las personas carentes de visión.

Haciendo un poco de necesaria historia, tenemos que remontarnos a 1990 cuando de la mano de Ricardo Sued surge la idea de crear un ‘teatro a ciegas’ el cual se inspira en las técnicas de meditación en la oscuridad practicadas en tibetanos templos Zen, creando así su primera obra titulada “Caramelo de limón”, la cual sube a escena en la ciudad de Córdoba, presentándose también en Buenos Aires. Para el año 2001 un ex miembro de aquel colectivo, Gerardo Bentatti junto a José Menchaca van a crear un nuevo colectivo compuesto por personas con deficiencias visuales con quienes estrenan la pieza “La isla desierta” de Roberto Arlt. Más tarde el propio Bentatti junto con Martín Bondone –músico y actor invidente- deciden fundar en julio del 2008 Teatro Ciego, primera institución de su tipo a nivel mundial – actualmente existe también en México, Colombia y Estados Unidos- con la cual han producido los espectáculos “Mi amiga la oscuridad”, dirigida a los niños, “A ciegas Gourmet”, en el cual durante una verdadera cena totalmente a oscuras, se disfruta de una espectáculo de comedia y música, así como “Odd Man Out” -no confundir con el filme de igual nombre de 1947- propuesta con la que se han presentado en diversos escenarios y ha sido reconocida como la Mejor Experiencia Teatral Única por la Off-Broadway Alliance de la ciudad de New York.


Esta última obra que se presentara los días 17, 18 y 19 del presente mes de septiembre, en el escenario del Westchester Cultural Arts Center, es la segunda propuesta que con tales características ha participado dentro del festival ya que, en el 2016 durante su treinta y una edición, se presentó “La isla desierta” obra a cargo de la agrupación argentina Teatro Ciego, por lo que la presente puesta constituyó un reencuentro con tal tipo de experiencia artística.

Con “Odd Man Out”, los creadores y directores del espectáculo -Carlos Armesto, Facundo Bogarín y Martín Bondone- invitan al espectador a abordar un supuesto avión -con pase a bordo incluido- cuyo itinerario será New York-Buenos Aires, el cual se convertirá de igual manera en un viaje a través del tiempo de uno de los pasajeros -un músico ciego- quien irá contando a sus compañeros de vuelo los avatares de su vida, que traerá aparejado recuerdos de los aciagos momentos de la pasada historia argentina vividos durante la dictadura militar. La pieza además no pierde oportunidad para realizar una mordaz crítica hacia lo que considera una crónica postura antiinmigrante existente dentro de la sociedad norteamericana. La introducción de estos temas como parte del argumento hacen que los mismos se sientan forzados a dirigir la pieza hacia recurrentes discursos de carácter político dentro de la escena del continente.

Denominar ‘teatro’ a un tipo de espectáculo realizado dentro de un ambiente de oscuridad total, en el cual lo que se ofrece son experiencias sensoriales basadas únicamente en los sentidos del tacto, el olfato, la audición y en situaciones extremas del gusto, dejando por fuera a la visión, no resulta una consideración exacta. El teatro requiere la observación directa por parte del espectador, quien podrá valorar el trabajo de los intérpretes a través de la visibilidad de sus acciones, proyecciones, movimientos y no solo mediante el sonido de sus voces dentro de determinado espacio de representación, lo que nos pone frente a una manifestación artística donde la experiencia visual es requerimiento indispensable para su disfrute. Si acudiéramos a la definición que hiciera Peter Brook en su libro “El espacio vacío” acerca de lo que él concibe como teatro, tendríamos la siguiente: “Un hombre cruza el escenario mientras que otro lo ‘mira’ y eso es teatro”.

La puesta de “Odd Man Out” es promovida como un espectáculo que aunque a oscuras, esta concebido dentro de una atmósfera inmersiva, donde diferentes efectos sonoros y sensoriales deben lograr llenar el ambiente, permitiendo así construir mentalmente las imágenes que el argumento de la obra propone, situación que en realidad podría haber sido explotada con mayor atrevimiento mediante la utilización de efectos más precisos y diversos, que lograran realmente sumergir al público en ese otro mundo de sensaciones diversas, efectos que en esta ocasión se ven limitados a unos muy exiguos olores, sonidos y a la experiencia de palpar un pequeño papel con una frase escrita en sistema ‘Braille’ la cual dice “El amor es azul”, título de una conocida canción francesa de igual nombre a la cual se hace referencia, siendo también interpretada por una de las actrices como cierre del espectáculo. Realmente la experiencia, aunque interesante, no cubre por entero las expectativas.


Otra de las propuestas que subió a la escena del festival en esta tercera semana fue el unipersonal argentino “Pundonor”, trabajo escrito e interpretado por Andrea Garrote, estando la dirección en manos de Rafael Spregelburd y la propia actriz, en una producción de la compañía El Patrón Vázquez, fundada por ambos en 1994. Tanto la obra como la actriz han obtenido diversos reconocimientos por este trabajo en su país, entre ellos el importante Premio Konex 2021, al unipersonal más destacado de la década 2011-2021, habiendo contado con presentaciones en escenarios de España, Brasil, Ecuador, Italia, Uruguay, Chile y Venezuela.

Esta aclamada obra parte desde su apertura del rompimiento con la ‘cuarta pared’ convirtiendo a los espectadores en los supuestos alumnos ante los que la profesora de sociología Claudia Pérez se presenta para impartir una clase sobre las teorías del filósofo francés Michel Foucault, acerca de los mecanismos de control social y conceptos tales como la ‘anormalidad’. A través del discurso de dicha profesora, quien va mezclando conceptos sociológicos con experiencias personales, el texto se hace eco de una agria crítica con respecto a la fragilidad de la reputación dentro de la actual era digital y la subjetiva crueldad de las opiniones que ello provoca, así como la cancelación, la pérdida de la intimidad, y la crisis de las instituciones, lo que en ocasiones puede conducir a imprevisibles situaciones en la vida de los seres humanos. Todos estos elementos de carácter sociológicos y filosóficos, el texto los va mezclando con sucesos que muestran las contradicciones y vulnerabilidad del personaje que gradualmente lo llevarán hacia una algo exagerada y un poco absurda pérdida total de la cordura.

Andrea Garrote incorpora a esta profesora desde una perspectiva cómplice con el público convertido en su supuesto alumnado desde un inicio, entablando un diálogo directo, mordaz, crítico e incisivo, transitando desde un humor del tipo ‘stand-up’ al melodrama, para dejar finalmente un amargo sabor de lúcida impotencia. Su actuación se apropia de un texto que se mueve por álgidos senderos intelectuales logrando a pesar de ello una relación de asequibilidad con el espectador. Derrocha la actriz sobre la escena fuerza interpretativa, perfecta dicción, a la vez que incorpora unos brillantes silencios donde las intenciones hablan con igual fuerza que las propias palabras. Sin el potente trabajo de dicha actriz, este texto algo absurdo, un poco denso y con un discurso ciertamente pretencioso, no podría llegar a obtener los calurosos aplausos que recibe. Indiscutiblemente el brillante desempeño de un actor puede sacar a un texto de su posible penumbra.


La tercera propuesta de esta otra semana de festival arribó a nuestra ciudad procedente también desde Argentina con la obra “Sueño” a cargo de Compañía Criolla, participantes por tercera ocasión en el evento -se presentaron en el 2017 con “Los monstruos” y el pasado 2025 con el unipersonal “El brote”- por lo que el trabajo de este colectivo artístico es ya bien conocido por el público miamense.

Como resulta bastante habitual dentro del repertorio de dicha agrupación, “Sueño” es un trabajo que partiendo de la conocida comedia de William Shakespeare “Sueño de una noche de verano”, su autor Emiliano Dionisi revisita una vez más, tomando estos textos clásicos de la literatura universal para ponerlos a dialogar con públicos de hoy en día, valiéndose para ello de la utilización de diversos lenguajes escénicos, donde la música siempre encontrará presencia oportuna.

Dionisi, quien además de ser el autor de todas las obras que componen el repertorio de Compañía Criolla, es su fundador y director desde el año 2009, cuando subieron a escena su primera propuesta que con el título de “Papanatas” versionaba la obra “El atolondrado”, del dramaturgo francés Moliere. A partir de ese momento tanto el autor como la agrupación no han dejado de presentar sus trabajos, los que han tenido como escenarios no solo salas de teatrales -no poseen espacio propio- sino también otros para nada convencionales tales como plazas, escuelas, barrios, cárceles, hogares de ancianos y canchas deportivas. De igual manera han recorrido buena parte del territorio argentino, viajando también a diversos países de Hispanoamérica y Europa, presentándose en importantes eventos como el español Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y el escocés Edinburgh Fringe Festival.

Con la presente puesta de “Sueño", el autor-director hace que cuatro actores -Lucía Baya Casal, Tomas Castiglione, Marina Caracciolo y el propio Dionisi- suban al escenario asumiendo la diversidad de personajes que la obra propone, dando vida no solamente a algunos de los personajes del original shakesperiano sino además a los creados por su pluma, encargados de mostrar dentro de un eficaz juego de ‘teatro dentro del teatro’ las excelentes habilidades interpretativas de cada uno de los actores. A través de un buen manejo del lenguaje rimado, el texto fluye con humor y de forma ligera junto a los movimientos que guían la acción, para convertirnos en espectadores de una excelente pieza de teatro juglaresco, aspecto este reforzado por la singular concepción escenográfica de Gonzalo Córdoba Estévez, la cual es adaptable a cualquier tipo de espacio donde sea representado el espectáculo.

Respecto a la labor de los cuatro miembros del elenco, no existe duda alguna que todos dominan las claves de este tipo de teatro, proyectando en escena la rigurosidad de un trabajo que requiere de un profundo entrenamiento y dominio de los instrumentos que le ofrecen sus cuerpos y voces. La comedia del arte, el juglar, el clown, el mimo, son técnicas que recorren el quehacer de esos actores, en especial de Emiliano Dionisi, ‘petiso’ en estatura, pero enorme en proyección escénica. Un aspecto de interés dentro de esta agrupación consiste en que todos los actores que la integran son capaces de interpretar cualquiera de los personajes de las obras del repertorio que permanece activo en su totalidad, lo que permite que estas puedan moverse al mismo tiempo por diferentes escenarios y que los intérpretes puedan ser sustituidos sin problema alguno.

La presencia nuevamente de esta agrupación en Miami nos lleva a preguntarnos cuando tendremos el placer de poder disfrutar en nuestros escenarios de su esperada propuesta del clásico shakesperiano “Romeo y Julieta”, obra que cuenta ya con más de mil seiscientas presentaciones desde su estreno en el año 2013. Esperemos que nuestros deseos se cumplan pronto.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 22, 2026.

Wednesday, September 16, 2026

Una mirada a la segunda semana del XL Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)



La segunda semana de esta cuadragésima edición del Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami (FITHM) trajo a nuestros escenarios tres interesantes propuestas provenientes de Uruguay, España y Chile, permitiendo como siempre disfrutar la diversidad teatral que este encuentro ofrece, el cual no es aprovechado plenamente ni por parte del público ni de los propios miembros del amplio colectivo de teatristas que viven en nuestra ciudad -los cuales debieran abarrotar las salas de presentación- perdiéndose así esta magnífica oportunidad.


La propuesta llegada del Uruguay, “Zombi manifiesto”, es una obra escrita y dirigida por Santiago Sanguineti e interpretada por Paula Lieberman, Rogelio García, Carmen Laguzzi y el propio Sanguinetti. Dicha producción fue el resultado de la colaboración entre la compañía Abuela Katiuska y la Sala Verdi de Montevideo, ambas uruguayas, así como de Pozo da Cultura de Narón, de Galicia, España. Por este texto dramático su autor ha sido premiado en diversas oportunidades por instituciones culturales uruguayas. Dicha pieza tuvo sus presentaciones los días 10, 11 y 12 en el Westchester Cultural Arts Center.

La obra fue concebida dentro del contexto por el aniversario cincuenta del golpe de estado ocurrido en 1973 en Uruguay. La pieza que es una denuncia a tales hechos utiliza un lenguaje teatral el cual se mueve entre el absurdo y lo esperpéntico, aprovechando de manera metafórica ideas y conceptos directamente extraídos de ideólogos comunistas como Karl Marx y neo existencialistas como Mark Fisher. Lo arbitrario del argumento, permeado de un constante humor negro, es utilizado como material discursivo para criticar a un sistema capitalista que presuntamente provoca ‘muertos vivientes’ según el propósito conceptual del texto.

Esta comedia estructurada en once escenas, las cuales se muestran separadas unas de otras con toda intencionalidad mediante la colocación o retirada de elementos escenográficos, utiliza la sátira para abordar temas tales como la traición, la venganza, la ausencia de valores y la llamada conciencia de clase, mostrando por medio de una reiterada y desacertada introducción de largos textos del Manifiesto Comunista, una estética casi al borde del panfleto ideológico. Que suba a escena en este evento una obra que trate acerca de los trágicos sucesos ocurridos durante la sucesión de dictaduras militares en América del Sur, no debe ser causa de preocupación alguna y constituye un serio tema a tener presente; pero que se presente en Miami, a donde tantas víctimas de regímenes opresores comunistas han arribado, una obra donde se pretende exaltar por contraposición los valores de la ideología marxista -aunque procurando mostrarlo mediante un tratamiento humorístico, que finalmente se los traga a ellos mismos- resulta irresponsable, falta de tacto y de respeto por parte de la organización del festival hacia todos los miles de personas que viven en esta ciudad, que sufrieron y aún sufren las consecuencias de esas también cruentas dictaduras. Muchas posibles e inaceptables comparaciones nos vienen a la mente acerca de temáticas que constituirían un enorme agravio si fueran presentadas sobre un escenario ante comunidades afroamericanas, judías e indígenas.

No obstante, el tan evidente propósito ideológico de la obra, el trabajo de los actores acierta en el manejo de las intenciones del lenguaje sobre el que se construye la misma. Un buen manejo tanto de los diálogos como de sus movimientos en escena hace que los actores mantengan en todo momento un acertado desempeño que contribuye al persistente y logrado ambiente de comedia negra, que impregna toda la obra. Sin embargo, no podemos dejar de destacar la labor del actor Rogelio García, que realiza una estupenda incorporación del militar zombi resucitado, la cual es asumida con gran destreza y concientización de las características de tal esperpéntico personaje, atrapando con verdadera eficacia la esencia del mismo mediante un magnífico trabajo tanto de voz como corporal, lo que evidencia la diversidad de reconocimientos recibidos por parte de este intérprete en la incorporación de dicho rol.


Otra de las obras presentadas en esta segunda semana de festival llegó proveniente de Chile, “Historia de un jabalí o algo de Ricardo III”, texto de Gabriel Calderón, dirigida por Cristian Plana, con las actuaciones de Marcelo Alonso y Francisco Reyes, en una producción de Fundación Teatroamil, la cual efectuó sus funciones en el escenario el Carnival Studio Theater at The Adrienne Arsh Center for the Performing Arts, durante los días 11, 12 y 13.

Esta puesta estructurada en la siempre interesante concepción del ‘teatro dentro del teatro’, toma como pretexto el supuesto trabajo de una agrupación teatral que prepara el montaje de la tragedia de William Shakespeare “Ricardo III” -posiblemente la más trágica de dicho autor- como escenario para hablarnos acerca de la ambición, el poder, los bajos sentimientos y la crueldad, desde el mismo ambiente artístico. De muy inteligente manera el autor de la pieza expone descarnadamente los conflictos que le son inherentes al teatro como hecho aglutinador de ideas, personalidades, egos, conceptos, estrategias. A través de un texto que se mueve constantemente entre la prosa y el verso, entre las palabras del autor de la puesta y las del original texto shakesperiano, se pone en evidencia la contradictoria mirada sobre la validez de un teatro que respete línea por línea a su autor o de aquel otro que recoja sus ideas, se embriague de ellas y las devuelva cargadas de nuevos significantes invocadas por la entrega del intérprete. El discurso dramático enfrenta texto con actor, mostrando a este último como responsable absoluto por la trascendencia de aquel y a la vez como víctima y verdugo de su propio ego.

La concepción escénica dispuesta como si estuviéramos en presencia de un colectivo de actores dispuestos a comenzar la lectura de la obra, nos sustituye a estos por sus sillas vacías, pero con algún supuesto libreto u otro objeto personal o de vestuario sobre ellas, que colocadas en un gran círculo, nos van anunciando estar en presencia de un mundo controlado, cerrado, que al igual lo estará en aquel sangriento reinado, lo estará ahora por la autoridad impositiva del director teatral.

El trabajo llevado a cabo por Francisco Reyes en el rol de Pancho -el atormentado actor- y Marcelo Alonso, responsable de interpretar al supuesto director, así como a otros personajes -la madre del actor, la reina Margarita y la joven Lady Anne, estos dos últimos de la obra de Shakespeare- muestra sobre escena a dos profesionales de larga trayectoria no solamente sobre las tablas, sino además en cine y televisión, los cuales conocen los secretos del muy complejo mundo de la interpretación, los incorporan en descarada convivencia y los muestran en un juego de total complicidad. Ambos actores realizan un excelente manejo del lenguaje poético isabelino traducido al español, con una muy acertada proyección de sentimientos y emociones llevados en ocasiones hasta límites extremos de la entrega interpretativa.

Aunque comúnmente expresamos nuestras quejas ante la utilización de micrófonos corporales sobre los actores, en esta oportunidad los mismos son acertadamente utilizados con la intención de crear excelentes efectos sonoros donde en oportunos momentos, cuando la garra dramática de los textos lo requieren, generar un ambiente dentro del cual las voces de los actores se expanden en un profundo eco, exaltando de esta forma el significado de los parlamentos.

Sin duda alguna estamos en presencia de una inteligente puesta en escena, construida sobre exigentes parámetros artísticos, intelectuales y teatrales, convirtiendo su disfrute en todo un privilegio.


La tercera propuesta teatral en subir a los escenarios del festival durante esta segunda semana fue el unipersonal “A fuego”, escrito e interpretado por Pablo Macho Otero, con la dirección compartida entre éste y Emma Arquillué, en una producción de la compañía catalana La Bella Otero, llegada en representación española y la cual se presentó los días 11, 12 y 13 en el Koubek Center Theatre.

Este trabajo en solitario, el cual concebido totalmente en verso, con intención -como bien apuntó su intérprete- de ‘llamar la atención’ en tiempos donde todos pretendemos hacerlo a cualquier precio, convierte al actor sobre las tablas en una especie de contemporáneo juglar enfrentado a un provocador diálogo con el espectador , quebrando la llamada cuarta pared a la vez que construye un juego metateatral con el cual nos lleva a imaginar que desnuda parte de su propia identidad y pensamiento, en lo que podrían verse rasgos de la tan manoseada ‘autoficcion’, término al que algunos consideran un género, debe ser considerada en realidad como una herramienta dramatúrgica más.

A través de la pieza el autor-intérprete se toma libertades tales que rozan el tan conocido concepto del ‘stand-up comedy’ manejado a la perfección, efecto que se sobredimensiona al hablar todo el tiempo dentro de un estricto canon de una composición poética correspondiente al soneto clásico -el cual en su estructura se encuentra compuesto por catorce versos endecasílabos, agrupados en dos estrofas de cuatro, llamadas cuartetas junto a otras dos de tres versos, denominadas tercetos, presentando rima consonante- labor desarrollada dentro de un perfecto juego con el lenguaje contemporáneo, llegando incluso a crear una atrevida sonoridad léxica que desborda el trabalenguas, provocando con ello el aumento de la musicalidad expresiva que va a acompañar toda el trabajo del actor. No es de extrañar que el dramaturgo haya concebido la idea de escribir una obra de estructura y argumento tan contemporáneo en verso, si partimos de su propia afirmación al considerase ante todo poeta.

El argumento de este interesante unipersonal toma la figura de Eróstrato, un pobre pastor que decidió quemar el monumental templo dedicado a la diosa Artemisa en la antigua ciudad griega de Éfeso -en la Turquía actual- con el único propósito de tomar notoriedad y ser recordado, hecho que sin duda ha trascendido hasta nuestros días a pesar de que después de haber sido ejecutado se prohibiera mencionar su nombre bajo pena de muerte, lo que a pesar de dicha férrea censura obviamente no sucedió. Partiendo de tan lejana historia es que Macho Otero se apropia de ella para introducirnos en un diálogo acerca de la fascinación provocada por tal histórico personaje, provocando que la misma megalomanía y narcisismo que recorre a la sociedad actual salga a flote proponiéndonos una introspectiva mirada sobre nosotros mediante una constante provocación inteligentemente manejada, por medio de la que se nos conduce hacia el inevitable y lógico final. Las preocupaciones por perdurar más allá de la muerte física y a su vez el miedo a ella, marca definitivamente este brillante ejercicio interpretativo de Pablo Macho Otero con el cual nos obsequiara una noche de excelente teatro.


Hasta aquí nuestra andadura por esta segunda semana teatral que el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami nos ha proporcionado, expectantes de lo que sobre los escenarios nos deparará la próxima.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 14, 2026.

Monday, September 14, 2026

“La oveja blanca”, la tragedia cubana sube oportunamente a las tablas de Miami. (por Wilfredo A. Ramos)


Hablar acerca del teatro cubano lamentablemente impone hacerlo desde dos miradas antagónicas, separadas ambas no solo por distancias geográficas, sino también por la visión política e ideológica que cada una de ellas proyecta. Para algunos de nosotros el teatro cubano será siempre uno solamente, sin importar el rincón del mundo desde donde haya sido concebido, ni el idioma en que se encuentre escrito, porque siempre será portador del sentido de la vida, la esencia y la visión que conforma la naturaleza del nacido en aquella isla; pero lamentablemente decisivas y profundas divergencias de carácter político que han implicado devastadores acontecimientos sociales, han hecho que dicho teatro haya sufrido también divisiones ideológicas las cuales han provocado lacerantes heridas costosas de ignorar.

Desde los tempranos años de la década del sesenta del pasado siglo, con la llegada al poder en Cuba de la supuesta revolución hecha para los obreros, los pobres y desposeídos, envuelta en un supuesto manto ‘verde como las palmas’, que prontamente se tiñera ‘rojo de sangre’, el ciudadano de la isla se vio obligado a buscar maneras de escapar hacia un exilio, que aunque en los primeros momentos se tomara como temporal, ha continuado su travesía a través del tiempo, acumulando ya c siete décadas de existencia. Dicha diáspora ha alcanzado las regiones más insospechadas del mundo, pero desde un inicio tuvo su punto principal de concentración en la ciudad de Miami, a solo 90 millas de la tierra dejada atrás, por lo que pronto este enclave -no sin dolores, tristezas, carencias y mucho esfuerzo- se fue convirtiendo en el nuevo hogar de cientos, de miles de cubanos que han buscado la seguridad y libertad que les fuera cercenada en su patria.

Entre la multitud de cubanos que arribaron a estas costas, médicos, ingenieros, amas de casa, empleados, maestros, enfermeros, dueños de negocios grandes y pequeños, hombres, mujeres, niños, jóvenes, ancianos, llegaron también artistas y como no podía ser de otra forma gente de teatro: directores, actores, dramaturgos, escenógrafos, diseñadores, técnicos, quienes a pesar de tener que comenzar desde cero buscándose los medios para comenzar una nueva vida, no dudaron en regresar a los escenarios con la doble intención de entretener al cada vez más abundante número de compatriotas que arribaban, mientras que fijaban su mirada en continuar su personal desarrollo artístico.

Numerosos espacios de representación teatral -no siempre los más idóneos- comenzaron a marcar el mapa de una ciudad que poco a poco iría creciendo y desarrollando una incipiente vida cultural en la lengua de Cervantes, permitiendo que subieran a escena obras del repertorio internacional y cubano, así como nuevas propuestas escritas por autores que desde el exilio deseaban dejar constancia de sus experiencias y deseos de recuperar un país por el que nunca se ha dejado de luchar.

Dramaturgos cubanos que fueron asentándose en estas tierras desde los primeros momentos, tales como Pedro Román, Matías Monte Huidobro, Julio Matas, Luis Baral, Pedro Monje Rafuls, Maricel Mayor Marsán, Luis Santeiro, José Abreu Felipe, Iván Acosta, Héctor Santiago, Raúl de Cárdenas, José Cid, José Corrales, Leopoldo M. Hernández, Marcos Miranda, Julie de Grandy, Nilo Cruz, entre muchos otros, y aquellos que han continuado arribando a través de los años, como Carmen Duarte, Eddy Díaz Souza, Ernesto García, Nitsy Grau, Antonio Orlando Rodríguez, Yoshvani Medina, Adyel Quintero, Cristina Rebull, Grethel Delgado, Yusniel Suárez, han continuado haciendo un teatro que aunque extra insular no ha dejado de ser cubano también, el cual se mira a sí mismo desde una visión no solamente de libertad conceptual, sino juzgando y colocando sobre las tablas la trayectoria errática que ha violentado a la nación cubana de las últimas casi siete décadas.

Hay quienes critican con cierto desdén la dramaturgia cubana del exilio por volver una y otra vez sobre la problemática política y social, sobre las consecuencias obvias que han afectado a su población y de los que incluso han logrado escapar físicamente, pero que aún continúan atrapados en ella de manera sentimental y psicológica. Muchos de esos que señalan y juzgan, olvidan que el teatro siempre ha sido utilizado también como instrumento de denuncia, como forma de llamar la atención sobre determinados acontecimientos que marcan el rumbo de la sociedad, pero huyendo del puro panfleto político, buscando hacerlo a través del nivel artístico requerido.

Desde tal perspectiva, sin duda alguna la dramaturgia cubana tanto la realizada dentro de la isla como la del exilio ha quedado marcada por ideas políticas, mientras una se ha convertido en denuncia, la otra se ha hecho partícipe y cómplice, ahí la gran diferencia entre ambas.

Para aquellos que nos reprochan nuestro teatro exiliado por sus bien definidas características ideológicas y políticas, al parecer olvidan que de igual manera existe una muy abundante dramaturgia acerca de las dictaduras argentinas, uruguayas, chilenas por solo citar algunas o que trata habitualmente sobre problemáticas dentro de las comunidades chicanas y afroamericanas en los Estados Unidos o aquella otra que no deja de denunciar en todo momento los horrores del holocausto y los terrores del nazismo, por lo que no existe razón alguna para que los cubanos no tengamos igual derecho a denunciar con toda vitalidad el genocidio sufrido por nuestra nación, también en manos de una despótica y sangrienta dictadura, que por cierto ha resultado ser la más longeva del continente.

Debido a lo explicado anteriormente, una obra como “La oveja blanca” - escrita por Rolando Tarajano- producción la cual acaba de ser estrenada y presentada en tan solo dos funciones -como lamentablemente resulta habitual- en el Sandrell Rivers Theater, los días 22 y 23 del pasado mes de agosto, debiera constituir un momento de reflexión dentro del actual teatro cubano en general. La obra que contó con dirección del propio autor, quien además la protagoniza junto a un elenco formado por Danielys Brito, Elizabet San Miguel, Daniel Panebianco y Roly Guardado, bajo la producción general de Niurka Noya, llega en momentos donde la desgarradora situación entorno a la realidad que se vive dentro de la isla de Cuba alcanza niveles que desbordan las más pesimistas proyecciones, convirtiéndose en un contundente grito de denuncia.

Con esta pieza, su autor ha abordado temas sensibles de ingente actualidad, colocando ante el espectador una reconocible realidad, no temiendo hacer para ello uso de variados recursos, desde el humor, el sarcasmo, hasta el desgarramiento del drama. Sobre el escenario, el argumento nos presenta a un matrimonio acompañado de una hija adolescente quienes hace dos años llegaron a este país después de un peligroso periplo a través de fronteras, selvas y enfrentamientos con la delincuencia que los mueve y acompaña, de la que también han tenido que protegerse. Estos personajes que ante nuestros ojos se nos muestran deseosos de encauzar sus vidas con nuevos proyectos, no obstante, pronto dejan ver una herida abierta que no les permite entregarse por completo a sus propósitos, ya que atrás, en la isla dentro de una cárcel como prisionero político, ha quedado el hijo varón, situación que para la madre constituye un sufrimiento imposible de contener. Dicha situación -que condicionará el desarrollo argumental de la obra- pone en riesgo el matrimonio, produciendo aparentes rupturas que provocan reproches por haber tomado la decisión de abandonar el país, dejando al hijo atrás a pesar de haber contado con su aprobación en tal proyecto.

Dicha trayectoria dramática va a construirse dejando correr la acción entre situaciones cotidianas de adaptación a la nueva vida, abriendo ciertas ventanas hacia el pasado, chocando con los avatares de la cotidianeidad, todo ello a medida que se va elevando paso a paso el tono dramático que conducirá al impactante desenlace hacia el que el autor expone al público con una frontal declaración de principios, la cual convierte el final de la obra en un llamado de atención hacia todos los cubanos que han tomado el camino del exilio, a repensarnos si con nuestra decisión no cargamos también con parte de la responsabilidad por la continuidad de la septuagenaria tiranía que ha asolado a nuestra nación. Sin duda alguna, el desenlace de la obra se siente como un violento bofetón sobre nuestras conciencias y un llamado a la reflexión.

Entre los varios temas tratados en este texto dramático hay dos que llaman la atención debido a que hacen referencia a como personas sin escrúpulos fuera de Cuba se aprovechan para explotar la necesidad material del cubano, tanto de aquel que permanece dentro de la isla como del recién llegado, con el objetivo de obtener ganancias económicas. Uno de esos temas tiene que ver con el interés por comprar las pinturas realizadas por el joven en la isla, que su familia con mucha dificultad ha podido traer consigo -situación que resulta un poco forzada teniendo en cuenta la manera en que realizaron la travesía hacia este país- por parte de un cierto marchante de arte también de origen cubano, que a la larga resulta ser una estafa.

El otro aspecto que no deja de vincularse al anterior es la propuesta de dicho interesado en las obras pictóricas -ante su supuesta inviabilidad económica- de convertir a la familia en socios dentro del lucrativo negocio de las agencia de viajes y envíos de paquetes hacia Cuba -para si poder pagarles las obras de arte- oferta que aunque para el padre representa una manera de poder prosperar, por parte de la madre es vista como una ofensa hacia el hijo preso en la isla. El momento de discusión que entre ambos padres con posiciones antagónicas produce dicha situación, resulta sin duda alguna el de mayor intensidad dramática de la puesta, en el que ambos actores -Tarajano y Brito- ofrecen una excelente muestra de sus facultades interpretativas. Tan solo por dicha escena, esta obra tendría que ser considerada como un parteaguas dentro de la dramaturgia cubana actual.

Aunque hayamos hecho referencia al desempeño de Rolando Tarajano y Dianelys Brito respecto a una escena en específico, debemos agregar que en general ambos asumen sus roles con una razonada lógica emanada de posibles experiencias conocidas -Stanislavsky estaría de pláceme- con lo que la credibilidad de los mismos queda fuera de toda duda. Tanto uno como otro actor aborda sus respectivos personajes mediante una diversidad de matices que enriquecen sus desenvolvimientos dramáticos, con la naturalidad y el sentido de verdad requeridos, convirtiendo su labor escénica en referencia de magnífico quehacer artístico.

En cuanto a Elizabet San Miguel como la hija, su labor se desenvuelve con naturalidad, frescura y buena proyección, apropiándose inteligentemente del rol de intermediaria dentro de la tragedia familiar, aportando con su presencia el discurso de racionalidad necesario. Respecto a Daniel Panebianco como el joven recién llegado desde la isla, su desempeño no logra salirse de cierta frialdad, mientras que Roly Guardado en el rol del hijo dejado atrás, a pesar de sus muy breves apariciones en escena, muestra una acertada interiorización de la esencia de tan importante personaje para el desarrollo de la historia.

Tres aspectos podríamos señalar a la puesta en escena. Primero, la innecesaria y excesiva utilización de palabras soeces caracterizando el comportamiento cotidiano del cubano. Si bien es cierto que actualmente dentro de la isla, producto de todos estos años de manipulación y desvalorización de la sociedad, tanto la moral, el lenguaje, como el comportamiento del ciudadano se ha degradado, vulgarizado, colindando con lo delincuencial, consideramos que sobre el escenario tal realidad debe ser manejada de otra manera, con respeto hacia un público que no tiene porque estar expuesto a tales groseras expresiones, sobre todo si pensamos en un espectador no cubano. Debemos saber distinguir entre lo ‘popular’ de lo que resulta ser grosero, mirando hacia atrás, hacia nuestro desaparecido teatro vernáculo. Al hacer uso de dicho vocabulario en escena, ayudamos a reafirmar una nada favorable opinión muy difundida a nivel mundial respecto a los cubanos, a la cual los artistas no podemos contribuir.

Otro punto a tener en cuenta se refiere a la misma concepción de la puesta, la cual va desarrollando cada escena de la obra a través de cuadros separados unos de otros, efecto logrado mediante la salida de los actores de escena y el bajar la intensidad de la luz, acción que se irá repitiendo constantemente a lo largo de todo el espectáculo, ejerciendo cierta monotonía al ritmo de la obra, así como la sensación de estar ante una propuesta con características más propias de un trabajo fílmico que teatral. Por último, señalar una vez más como venimos haciendo constantemente cada vez que se presenta dicha situación, en la innecesaria utilización de micrófonos corporales que provocan imprevistos y no deseados efectos sonoros, que acomodan a los intérpretes a no tener que esforzarse por trabajar su proyección de voz, quedándose atrapados detrás de un micrófono, con lo que se corre el peligro de acentuar el carácter televisivo de las actuaciones.

No obstante, estos apuntes que no empañan para nada el valor de esta propuesta teatral, consideramos que la misma debería tener un largo recorrido por diversos escenarios no solo de esta ciudad o país, sino que también debiera convertirse en embajadora sobre escenarios internacionales de la denuncia de un pueblo que sufre la ausencia de libertad para su país. Enhorabuena a Rolando Tarajano por adentrarse con su escritura en un tema de tanta vigencia, tratado con enorme sinceridad e igualmente a todo el equipo que creyó en él.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, agosto 28, 2026.

Monday, September 7, 2026

El Ingenio Teatro en un encuentro con William Shakespeare. (por Wilfredo A. Ramos)


Los días 5 y 6 de septiembre la compañía Ingenio Teatro regresó a los escenarios de Miami con la obra “Desnudos en el bosque” -estrenada el pasado mes de abril como parte del festival internacional de teatro Casandra- texto basado en la conocida tragedia de William Shakespeare “Macbeth”, la cual contó con dramaturgia de Raquel Carrió y Adyel Quintero, bajo la dirección de Lilliam Vega, estando integrado el elenco de la puesta por los actores Hosni García, Rachel Cruz, Betsy Rodríguez, Jorge Luis Álvarez, Ivanesa Cabrera, Simone Balmaseda, Rocío Álvarez, Kirenia Vega y Fanny Tachín, quienes llevaron a las tablas un interesante trabajo concebido dentro de una mágica estructura dramática, la cual es provocadora de un resultado final cargado de intensidad, plasticidad y acertados valores estéticos.


Dicha propuesta aprovecha el siempre oportuno texto shakesperiano para abarcar temas que partiendo de los trabajados por el autor inglés en su obra, permiten ampliarlos y hacerlos abarcar otros discursos que han rodeado y persisten en el infinito andar del ser humano. Así que al hablar de aspectos presentes en el argumento de dicha obra como son el dominio, la ambición, las miserias humanas y el poder, junto con las consecuencias que tales acciones traen aparejadas tales como la miseria, la represión, la destrucción de un pueblo, de una nación, es imposible no percatarse del mensaje identificador con la situación de calamidad que atraviesa la isla de Cuba, sumergida también en las miserias humanas que un dominio totalitario opresivo le ha provocado y que los implicados en el trabajo de adaptación del texto supieron inferir. Esta propuesta teatral es una clara muestra de como una denuncia contemporánea puede dejarse sentir mediante su paso a través de un texto dramático isabelino.


Como parte de estas presentaciones, tuvo lugar además el habitual encuentro teórico que todos los años dicha agrupación teatral organiza, bajo el título de “Autores Inolvidables” el cual, como no podía ser de otra manera, fue dedicado a la figura de William Shakespeare. Esta convocatoria intelectual tuvo como pretexto observar la dramaturgia de dicho autor a través de la mirada de algunos directores teatrales de nuestra ciudad, por lo que para ello se contó con la presencia de Erom Jimmy, José Manuel Domínguez y Miguel Sahid, teniendo de moderador al teatrólogo y dramaturgo Adyel Quintero, quien tuvo a su cargo una introducción sobre aspectos esenciales del quehacer dramatúrgico del autor y las motivaciones que su obra han provocado desde sus surgimientos.


Cada uno de estos directores expresaron sus respectivas ideas en cuanto a la validez e impronta que la obra de Shakespeare puede ejercer sobre los artistas de hoy en día. Mientras que Erom Jimmy primeramente agradeció la presencia en la sala de críticos y especialistas quienes con sus observaciones ayudan a la siempre difícil creación de una identidad teatral miamense, a continuación compartió sus conceptos sobre lo inacabado que resulta un texto dramático aún después de haber este subido a escena, así como sobre la pluralidad de ideas que del mismo se desprenden, las cuales pueden ser relaboradas por el director de escena sin pretender traicionar la partitura de conceptos original de su autor. José Manuel Domínguez por ejemplo habló acerca de que, a pesar de no haber sentido nunca interés por enfrentarse a la dirección de alguno de los textos considerados clásicos, sin embargo reconoció que como espectador si disfrutaba enormemente de los mismos, dejando saber que casualmente había pensado trabajar por primera vez un texto de Shakespeare –“Romeo y Julieta”- con los alumnos del taller de actuación con el que se encuentra involucrado en estos momentos. Por su parte Miguel Sahid, se refirió a la significación que posee la obra de dicho dramaturgo para el trabajo de todo director y como el mismo puede ser recreado desde las experiencias de vida presentes.


Respecto a la realización de este interesante evento de carácter teórico, del cual hemos sido partícipe desde su primera edición a través de los años, nos parece que los mismos deberían de gozar de algo más tiempo de duración -sabemos de los problemas financieros y logísticos que representa la renta de espacios para realizar cualquier tipo de actividad- ya que en tan solo una hora de duración, ningún tipo de evento de carácter teórico, en el cual además de las exposiciones de los participantes, deben producirse interacciones con el público interesados en hacer preguntas, argumentar o discrepar sobre los temas tratados, puede redondear sus objetivos. De este tipo de actividades está muy necesitado -como bien expuso también en su intervención el director Erom Jimmy- el medio teatral de Miami, ya que por medio de ellos se puede lograr un necesario intercambio de experiencias, conocimientos y opiniones, para así enriquecer el nivel artístico e intelectual de sus integrantes, a la vez de acercar mucho más al público hacia el disfrute de esta manifestación.


Finalmente, no dejamos de mencionar que para ambos días la directiva de Ingenio Teatro, en su interés por contribuir también al desarrollo de todas las artes en la ciudad, mostró en el vestíbulo del Sandrell Rivers Theater -lugar de realización de todo el evento- una exposición del artista Hiram Vega con el nombre de “Egonizando” con una muestra de algunas de sus obras pictóricas y de carácter digital. De igual manera, ambos días después de terminada la presentación teatral, se realizaron pequeños conciertos de los intérpretes Polito Ibañez, el sábado, así como Paola y Orlando Guanche, el domingo, para de esta forma finalizar otra jornada artística por la que el Ingenio Teatro no deja de apostar.



Wilfredo A. Ramos.
Miami, septiembre 6, 2026.

Fotos/ Manuel Valladares. 
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