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Monday, February 12, 2024

En un día, en un solo día (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.


Del poemario Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991)   



En un día, en un solo día


Salí a la calle sobre las 7:30 am como siempre
y como siempre nadie, ninguno de los transeúntes,
se fijó particularmente en mí, se asombró con mi
   presencia.
Tomé un ómnibus y no se creó ningún escándalo, nadie
me pidió un autógrafo ni quiso
asesinarme nadie, siguió
ruta normal, no hubo
que detenerlo, paralizar el tránsito.
Llegué adonde llego cada mañana a ganarme
—o al menos intentar ganarme—
este injusto pan de cada día
y los que estaban en el vestíbulo apenas me
   miraron,
siguieron viendo la TV, esperando las 8 para ir
   adentro.
Por la tarde tomé la calle más concurrida
—“la arteria principal de la ciudad”, como dicen
los periodistas aburridos—
y en el camino saludé a 6 ó 7 conocidos
pero ninguno me exigió una frase de consuelo
ni quiso fotografiarse conmigo para luego
orgulloso
mostrar la foto a su familia.
Entré en la librería y no reventó ninguna
   conmoción,
la gente siguió comprando, mirando los libros
(mientras las libreras, abúlicas, miraban a la nada)
sin que mi vida peligrara, ni siquiera
alguien me empujó.
De ahí al parque y tampoco mi presencia
produjo algo extraordinario
excepto que uno de esos pájaros del atardecer
me cagó directamente en la cabeza,
pero con toda normalidad, como se la cagan a
   cualquiera.
Llegué a la casa y no me hallé con una cuadrilla
   de periodistas, fotógrafos, camarógrafos
que calculando que a esa hora debía llegar
me esperasen para asaltarme con preguntas,
solicitudes de consejos,
saludos multitudinarios,
suspiros, besos, vítores,
tampoco me disparó un francotirador oculto en la
   azotea de enfrente.
Así que entré.
Me bañe.
Estuve leyendo.
Por la noche, anónimo, más bien escondido
—en un rincón vedado en las afueras—
me encontré con Noemí. Aquí
sí hubo conmociones, alabanzas,
vítores, suspiros, firmas, etc., pero todo
   personal.
Nos despedimos.
De regreso no me dispararon ni un solo bazukazo
y eso que venía solitario por las calles solitarias:
formidable cuadro para un atentado o una
   violación
por parte de una extremista envenenada
—o un extremista envenenado—
por los video-clips más temerarios.
De modo que, tranquilamente, sin nadie
encañonándome de súbito
para robarme una palabra,
saqué la llave, abrí
y me acosté a leer.

Ahí tienen, amigos míos, el itinerario
de un día.
No me negarán las ventajas que en un día,
en un solo día,
tenemos los desconocidos, esos hombres
   que no necesitamos guardaespaldas.

Octubre 1984



In un giorno, in un solo giorno


Uscii per strada verso le 7:30 am come sempre
e come sempre nessuno, nessun passante,
fece caso in modo particolare a me, si meravigliò della mia
   presenza.
Presi un autobus e la cosa non fece scalpore, nessuno
mi chiese un autografo non volle
assassinarmi nessuno, proseguì
il percorso normale, non dovettero
fermarlo, paralizzare il traffico.
Mi recai dove vado ogni mattina a guadagnarmi
- o almeno a tentare di guadagnarmi -
questo ingiusto pane di ogni giorno
e coloro che stavano all’ingresso appena mi
   notarono,
continuarono a guardare la TV, aspettando le 8 per andare
   dentro.
Verso sera presi la strada più frequentata
- “l’arteria principale della città”, come dicono
   i giornalisti noiosi -
e durante il percorso salutai 6 o 7 conoscenti
ma nessuno pretese da me una frase di conforto
né volle fotografarsi con me per poi
orgoglioso
mostrare la foto alla sua famiglia.
Entrai nella libreria e non esplose nessuna
   commozione,
la gente continuò a comprare, a guardare i libri
(mentre le libraie, abuliche, guardavano il niente)
senza che la mia vita fosse in pericolo, non ci fu
nessuno che mi spinse.
Neanche da lì al parco la mia presenza
produsse effetti straordinari
a parte il fatto che un uccello verso il tramonto
mi cacò proprio sulla testa,
ma in tutta normalità, come cacano sopra
   chiunque.
Arrivai alla mia casa e non mi trovai davanti una banda
   di giornalisti, fotografi, operatori
che calcolando l’ora del mio arrivo
mi attendevano per assalirmi con domande,
richieste di consigli,
saluti di gruppo,
sospiri, baci, ovazioni,
non mi sparò neppure un franco tiratore nascosto nella
   terrazza di fronte.
Così entrai.
Mi lavai.
Mi misi a leggere.
Di notte, anonimo, o meglio nascosto
- in un angolo vietato nella periferia -
mi incontrai con Noemí. Qui
sì che ci furono turbamenti, elogi,
ovazioni, sospiri, firme, etc., ma tutto
   personale.
Ci salutammo.
Di ritorno non mi spararono un solo colpo di bazooka
nonostante camminassi solitario lungo strade solitarie:
formidabile quadro per un attentato o uno
   stupro
da parte di un’estremista avvelenata
- o un estremista avvelenato -
dai videoclip più temerari.
Di modo che, tranquillamente, senza nessuno
che mi prendesse da parte all’improvviso
per rubarmi una parola,
estrassi la chiave, aprii la porta
e mi misi sul letto a leggere.

Qui avete, amici miei, l’itinerario
di un giorno.
Non mi negherete i vantaggi che in un giorno,
in un solo giorno,
abbiamo noi sconosciuti, noi uomini
   che non abbiamo necessità di guardie del corpo.


Ottobre 1984

  



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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Friday, February 9, 2024

Érika. Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor" (Novela inédita de Félix Luis Viera)




Érika


Le explicó al Jefe que ya había acordado con su pareja que la acompañara a visitar el mar por primera vez. “Sinceramente —le dijo—, es lo justo y bonito. Que visite el mar por primera vez con él”.

El Jefe detuvo el andar. Ella volvió la cara hacia él. Él enseñaba una expresión de desconsuelo que tal pareció se le quedaría fija.

Retomaron la marcha y él le preguntó cómo se llamaba su pareja. Ella le dijo nombre, quehacer, nacionalidad.

Él dijo, agravando la voz más de lo que ya la tenía por naturaleza, que le perdonara se entremetiera en su vida, pero que fuera escritor estaba chido, nada más que hasta así debía cuidarse de esas personas cubanas, se creían los dioses y las diosas del Olimpo, y, otra vez, que le perdonara, pero se sabía que muchos y muchas eran gente gacha que había venido a México a sobrevivir como se pudiera, aun haciendo transas.

Ahora fue ella quien se detuvo. Él la miró y vería la expresión de reproche. Y a continuación, mordiendo las sílabas: “Gracias”.

Él bajó la cabeza y, con un ademán del cuerpo, la convocó a continuar la marcha.

Pero unos diez pasos después dejó de andar y le pidió a ella que lo mirara. Ella lo miró. Vio que los ojos verde oliva se entornaban, acentuaban su rasgado, como un arco con los extremos ligeramente hacia arriba. Ella sonrió con parsimonia. Él le dijo: “Ni el atardecer puede con el azul de tus ojos” y añadió mientras la miraba de arriba abajo: “Yo no pierdo las esperanzas”. Ella le pidió que la mirara a la cara. Él lo hizo y ella le expresó suavemente, con una sonrisa como de conmiseración: “Pues piérdelas”.

[Su mail: “Granadillo: Al pendiente de comentarte hace tiempo: creo que entre otras razones te amo porque posees en buena cantidad la subjetividad del artista y la lógica del matemático, sin que te falte la dosis necesaria de hijeputez humana. ¿Verdad que sí?... Pero óyeme mi rey… calculo que en una quinta parte de las ocasiones por no decir en más te portas fuera de la medida, orgulloso, puro vitriolo, narcisista, ególatra... vaya… ¡que demasiado mamón, manito!... Si es que pareces un pinche verbo reflexivo conjugado nada más en ´yo´, vato…”] .

En Urgencias, una muchacha tras un mostrador de madera gris brillante —era madera gris brillante— me contestó que “la doctora” debía permanecer en preingreso hasta quizá la medianoche. Su cara era morena brillante, lisa la piel como sin poros que me llevó al recuerdo de aquella María Fernanda que tanto sufrimiento me destinara cuando me hizo entrar en el túnel ruidoso que dictaminaría cómo andaba mi columna cervical. Le contesté mi nombre y apellidos y ella pareció confirmar dedicándole una mirada a la hoja de papel que tenía delante “ah, el esposo” —dijo “el esposo”— y risueña, risueña con todo el cuerpo digamos, luego de mirarme con fijeza por un instante, “ah, pues ándele, adelante, puede entrevistarse con los doctores que la han atendido”. Habría tomado café o menta o ambos: su aliento me lo hizo llegar. Sentí miedo. Le dije que esperaría unos minutos para entrar. [¿Sabría ella si Cinthya tenía la bolsa en su poder?, pensé preguntarle, pero desistí]. [¿Estaría intacto el interior de la bolsa?].






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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Wednesday, February 7, 2024

Érika. Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor" (Novela inédita de Félix Luis Viera)



Érika


Llevaba un pulóver azul cielo de tela más bien gruesa y mangas cortas que en ocasiones usaba para dormir y le llamó la atención cómo algunos dependientes y dependientas dejaban la vista fija por instantes en sus manos y antebrazos cuando los tenían al alcance de la mirada, debería ser por su blancor, o su tipo de blancor, pensó, y, como antes ciertos transeúntes, ahora estos dependientes y dependientas se detenían, más que a mirar, observar sus ojos por unos momentos, como si el nivel de la impresión les anulara la prudencia. Vio allí en el centro de la ciudad, por primera vez en su vida, en haces, cuánto abundaban las mujeres de culo alzado. [Su mail: “… como las cubanas, roble, pero dime si de a deveras el mío no será tan alzado, pero también tiene lo suyo en ese aspecto, y de pilón, es de líneas perfectas o casi. ¿O a poco no?”].

[En el penúltimo probador sintió de nuevo el mareo. Según su cuenta, debía ser el último si consideraba cuánto tiempo había transcurrido desde que tomara la píldora que, según me había prevenido, enfática, sería la última —“Voy a entrarle a esa novedad de los parches, cachorrito, por mucho que no te gusten, voy a entrarle, es lo menos invasivo si te pones a ver. Voy a entrarle aunque sigas con el rollo de que es el adorno más horroroso que pueda mostrar un cuerpo de mujer. Y en cuanto tenga el tiempo y la lana, voy a que me hagan la cirugía… Y ten huevos y exígeselo a la aborigen, que todavía estará soñando con tener escuincles contigo… Y ahí va de nueva cuenta, cachorrito: tu falta de vista larga: hace siglos debiste pasarte por el bisturí ya que andas de gitano metiéndola aquí y allá y buscándole broncas a una…].

[Luego de aquella tarde en que se sintió “ardorosa” conmigo, elevó el ritmo hasta lo imprevisible. Noches completas o trozos de anocheceres o de madrugadas o de amaneceres en el Hotel Revolución —conforme mis obligaciones en el periódico— desayunos, comidas, meriendas en este y otros sitios para abreviar los tiempos —doble o quizá triple gasto; aun tambaleándose sus ahorros; desechados (“por el momento”, me aclaraba), sus propósitos de apoyarme con lana para que yo me desentendiera de “la aborigen” y terminase de escribir “en su seno” Un mariachi viejo. “Y que te quede claro, papacito: si yo te ayudo para que escribas la novela, es porque amo el arte; la otra te ayuda por puta que es” ].

[Su mail: “Cachorrito, siento que las vísceras se me corren de un lado a otro, como si se estuviesen intercambiando los puestos. Híjole, ¿será el calor de esta tierra? Te lo puedo jurar... Mi panochita se me está derritiendo, manito”].

[Su mail: “Qué trabajo cuesta ser leal con la carne, cachorrito, ahora lo entiendo].

[Su mail: “O sea güey que esta noche si no tienes que ir al periódico ni jalar con la escritura de tu gran novela, Mariachi viejo, y cuando la indita esté dormida vamos a darnos otra cogida telefónica… Se me están incendiando las hormonas…, tengo aquellito con la luz roja fija”].






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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Monday, February 5, 2024

No es justo (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.


Del poemario Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991)


No es justo

Cursi vs. Cursi


Has hablado mal de mí, muchacha,
has dicho: “él no supo tocarme el
   corazón”.
Y eso no es justo, muchacha,
yo no podía
tocarte
lo que no tenías.


Diciembre 1988


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Non è giusto

Volgare vs. Volgare


Hai parlato male di me, ragazza,
Hai detto: “lui non ha saputo toccarmi il
   cuore”.
E questo non è giusto, ragazza,
io non potevo
toccarti
quel che non avevi.


Dicembre 1988




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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Friday, February 2, 2024

Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor". (Novela inédita de Félix Luis Viera)


“En varias ocasiones he andado por esta cuadra y siempre la he visto desolada, sea día o noche. Ahora también. Silencio total. Retumba el eco de nuestros pasos. Sobre todo, el taconear de ella”.


Pero, en fin, los padres no comprobarán donde vivimos: jamás nos visitarían. Ellos me odiaron a partir de la segunda y última vez que estuve en su casa. Él, en la sala, comiéndose un partido de fútbol televisor mediante; ella una telenovela en el cuarto. Diserté acerca de lo dañino que resultaba para la sociedad a corto, mediano y largo plazo la adicción a la televisión tanto para mirar deportes como telenovelas o series de suspense o todo; cualquier cosa. O no cualquier cosa, rectifiqué: habría programas provechosos; solo que a estos no les prestaba atención la mayoría. La desgracia para la sociedad a corto, mediano y largo plazo tenía su surtidor en esas personas que se extasiaban durante horas frente al televisor mirando lo de tercera o cuarta o aun menos importancia.

La madre, al llamado de Cinthya, había venido hasta la sala y estaba prometiéndome un café cuando comencé el alegato, sin mirar al padre, en el sofá, ni a la madre, en el vano de la puerta ni a Cinthya junto a ella. Mi vista hacia el piso.

El padre se puso en pie con la mejor postura de desafío que podría conseguir —sacaba el pecho mientras empinaba la cabeza, esa expresión de “qué te pasa”, “qué traes” . Puse la vista en otra parte. Miré a la madre. Tenía la boca muy abierta, con la mirada en la hija.

Callados, recorremos la cuadra y pico desde el frente de Lotería Nacional hasta el cruce con la calle del fondo.

En varias ocasiones he andado por esta cuadra y siempre la he visto desolada, sea día o noche. Ahora también. Silencio total. Retumba el eco de nuestros pasos. Sobre todo, el taconear de ella.

Se siente aún más frío que hace un rato. Lo comento con ella a punto de cruzar la calle. Ella no dice nada.

Ya en la acera opuesta me pide que nos detengamos; lo hago, se sitúa de frente a mí y sin decir palabra, sube a todo dar la cremallera y el cuello de mi chamarra.

Pasamos la puerta y cruzamos la explanada —con ínfulas de estacionamiento, mas ni siquiera tiene marcadas las casillas; solo unas franjas blancas confusas en el pavimento—; hay varios automóviles que guardan un orden caótico.

Ya junto a la puerta, le pido detenernos. Hago que quedemos cara a cara. El negror de sus ojos fulgura con un halo de luz que entra en diagonal. (Esto suele ocurrir en las novelas; pero también en la vida real). Se frota las manos entre sí y me dedica una sonrisa neutral; como aquella de cuando nos conocimos o estábamos a punto de conocernos, allá en las oficinas del Seguro Social. La atraigo y deja su cabeza contra mi pecho, durante quizá treinta o cuarenta segundos, cuando la aparto suavemente y la sitúo de nuevo frente a mí. “Sí, hace más frío ahora”, murmura, y se me encima y, rápido, me besa en la mejilla. He percibido su voz quizá más húmeda que otras veces. “¿Mejor lo dejamos para otro día?”, le pregunto tomándola, leve, por los hombros. Me mira fijamente, luego hacia el cielo de la noche, después hacia el pavimento oscuro de la noche. “No, vamos ahora. Adelante”, y de nuevo aquella sonrisa neutra.

El vestíbulo es estrecho y corto. Varias butacas. Solo dos ocupadas. Una mujer morena, delgada, ocupa una; la otra, junto a ella, un hombre blanco, grueso; se advierte que han arrimado los asientos.

Tomando a la derecha, un breve pasillo; a la izquierda, a solo par de pasos, la ventanilla; el cristal, oscuro, no me deja ver al cobrador de la mitad del abdomen hacia arriba; pero sé que él puede verme totalmente; sus manos son pequeñas y parecen muy blancas. Son cien pesos por un rato.




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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Wednesday, January 31, 2024

Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor" (Novela inédita de Félix Luis Viera)


“Dios y yo lo sabemos: Crucé cerca de la Gloria”.


El vestido granate de tela tenuemente gruesa. El abrigo café claro a medio muslo. Tacones que parecen erguirla todavía más. Medias igual granate, enmalladas. Los tonos de sus afeites desde este mismo color al lila suave en los pómulos. La bufanda estrecha, fina, café algo más intenso que el abrigo.

Me abraza y la aspiro lenta, intensamente. Me besa rápido en los labios; el sabor del rouge. Un perfume tenue, como de durazno, que no le conocía.

Aun en la penumbra, el azul de sus ojos reverbera.

El par de farolas a la entrada del hotel me la entregaron de cuerpo entero en la media luz: al bajar del taxi; con un paso; con dos; con tres; con cuatro quizás; hasta mí.

Dios y yo lo sabemos: Crucé cerca de la Gloria.

[“No, álamo, olvídalo: ni la primera ni la siguiente ni la última vez. Algo tan grandioso en mi vida, como lo es esto —me apunta con el índice y luego lo vuelve hacia ella— no se debe ir vertiendo en un cuarto de azotea. ¡¿Sí me explico?!”].

Erguida en toda su esbeltez —parecería redundancia— en la habitación 321 del Hotel Revolución. La cabellera corta, negra, sutilmente rizada esa noche. Erguidas igual las tetas algo más allá de la talla mediana. Los pezones sobresalientes, castaño claro; como exigiendo la libación. Estuchada en ese blancor intenso, pero enérgico. Se volvió hacia su derecha, hacia mí, y desplegó la sonrisa candorosa, la expresión de mansedumbre que acaso pareciera imposible en quien debería atesorar rencor en abundancia por el cobro que le habían destinado los conservadores durante esa etapa en que equivocara sus instintos; en quien, angustia mediante, ahora se asomaba a eso que ellos llamarían el “camino original”; con tantas cicatrices de las batallas que debió librar frente a familiares, vecinos, colegas, policías, políticos por la sola razón de no haber ejercido la razón primigenia; echada a un lado por individuos, individuas que tantas veces nos han llevado a renegar de la raza humana. A riesgo de resultar cursi, califico aquella sonrisa de angelical; y proclamo que, mientras sonreía, abrió en extremo sus ojos y, aun en medio de la semipenumbra, desbordó de azul la habitación. Sé que es cursi, pero así fue.

 







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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Monday, January 29, 2024

Última canción del caminante (por Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.


Del poemario Y me han dolido los cuchillos




Última canción del caminante


Haría falta llegar hasta ti
y me siguieras.
He visto los pececillos de luz ardiendo en tu
vientre
cuando la noche apenas alcanza para el fragor
   de mi mano.
Dulce es tu boca, dulce
como un solo compás que llena por completo
   el pentagrama.
En el camino perdí el sombrero,
se me cuarteó la piel, también me creció la
   ponzoña y también
la perdí; qué recia brega.
En tus ojos vi que quedaba una curva en el
   camino,
haría falta llegar hasta ti
y consumirla.
Alguna vez tuve suerte y se me fue en una
   baraja marcada,
me quedé sin suerte y sin metal y con una
   pizquita de alma
y una amargura tan parecida al resquemor, que
   augura espanto.
Tu cuerpo es hermoso y perfecto porque tiene
   el justo alcance de mi lengua,
tu cuerpo es como la bujía solitaria en una
   pared solitaria
de cierto pueblito solitario,
tu cuerpo es también solitariamente una bujía
y se parece al agua que corre por las tejas.
Cuando pregunto por mí todo desaparece, no
   hay mí
ni nadie que responda,
he perdido la Rosa de los Vientos, el sentido de
   la quilla,
las aves de la costa.
Haría falta que las aves volaran y piaran
   anunciando un costa que es la tuya.
Desde un balcón te miro pasar desnuda en una
   carroza de girasoles
en la que vas sola y mis manos son el único
   aplauso
y el mundo está solo y sigue solo.
Hay un silencio como de pájaro que está
   naciendo
cuando abrevo en tu piel,
cuando en ella me lavo los ojos y las rajaduras
   del cansancio
y sé que debajo hay una campana que es mía
   y que no es,
que se va y se empequeñece tocando a rebato
   en una breve
nube que está naciendo allá en lo alto
   y que se va.
El jugo de tu entraña tiene un sabor agridulce,
   un sabor
a despedida que llega, a bienvenida que parte.
He de lamerte y te lamo como a un sueño cierto
   del que me alejo,
me alejan.
Tus senos son la alcancía donde ya no hay nada
   que depositar,
o quizás algo: la moneda que se diluye entre los
   dedos,
tus senos son la sincronía que el pincel no puede
   componer
y también la dinamita que sólo mi boca rectifica.
El vaivén de tu figura es la hoja que el viento
   mueve después
de hacerse humano y sabio y lascivo
y por eso las perforaciones que me quedan
   luego del Encuentro.
Cuando te penetro sé que hay un cometa que
   se va,
y un cometa que nace y que yo nunca veré.
La levadura que me depositas es de un pan que
   se cocerá a destiempo.
Mas ya sin suerte, sin sombrero,
sin metal, sin costa ni quilla ni Rosa de los Vientos
haría falta llegar hasta ti
y me siguieras,
haría falta hacer del ahora todo el tiempo,
el minuto eterno que ni el tiempo podría detener.


Mayo 1990





Ultima canzone del viandante



Avrei bisogno di arrivare da te
e che tu mi seguissi.
Ho visto i pesciolini bruciare di luce nel tuo
ventre
quando la notte basta appena per il fragore
   della mia mano.
Dolce è la tua bocca, dolce
come un solo ritmo che riempie totalmente
   il pentagramma.
Lungo il cammino persi il cappello,
mi si screpolò la pelle, produssi persino del
   veleno ma poi
lo persi; che dura fatica.
Nei tuoi occhi vidi che restava una curva nel
   cammino,
avrei bisogno di arrivare da te
e consumarla.
Qualche volta ebbi fortuna e la persi in un
   mazzo di carte segnato,
restai senza fortuna, senza denaro, con un
   pizzico d’anima
e un’amarezza così vicina all’angoscia, da
   provocare spavento.
Il tuo corpo è bello e perfetto perché
è proprio alla portata della mia lingua,
il tuo corpo è come la candela solitaria in una
   parete solitaria
di un certo paesino solitario,
il tuo corpo è anche solitariamente una candela
e ricorda l’acqua che scorre sulle tegole.
Quando chiedo di me tutto scompare, non
   ci sono io
né altri che risponda,
ho perso la Rosa dei Venti, il senso
   della chiglia,
gli uccelli della costa.
Avrei bisogno che gli uccelli volassero e cantassero
   per annunciare una costa che è la tua.
Da un balcone ti guardo passare nuda in una
   carrozza di girasoli
nella quale vai da sola e le mie mani sono l’unico
   applauso
e il mondo sta solo e prosegue solo.
C’è un silenzio come se un uccello stesse
   per nascere
quando mi abbevero nella tua pelle,
quando in lei mi lavo gli occhi e le screpolature
   della fatica
e so che sotto c’è una campana che è mia
    e che non è,
che fugge via e rimpiccolisce dando l’allarme
   in una piccola
nube che sta nascendo là in alto
   e che fugge via.
Il succo delle tue viscere ha un sapore agrodolce,
   un sapore
di congedo che arriva, di benvenuto che parte.
Devo baciarti e ti bacio come un sogno certo
   dal quale mi allontano,
mi allontanano.
I tuoi seni sono il salvadanaio dove non c’è più niente
   da depositare,
o forse qualcosa: la moneta che si scioglie tra le
   dita,
i tuoi seni sono la sincronia che il pennello non può
   comporre
e anche la dinamite che soltanto la mia bocca disinnesca.
L’andatura della tua figura è la foglia che il vento
   muove dopo
essersi fatto umano, saggio e lascivo
ed è questo il motivo delle perforazioni che mi restano
   dopo l’Incontro.
Quando ti penetro so che una cometa
   fugge via,
e una cometa nasce ma io non la vedrò mai.
Il lievito che mi affidi è di un pane che
   si cuocerà fuori del tempo.
Ma ormai senza fortuna, senza cappello,
senza denaro, senza costa né chiglia né Rosa dei Venti
avrei bisogno di arrivare da te
e che tu mi seguissi,
avrei bisogno di trasformare questo istante in tutto il tempo,
il minuto eterno che neppure il tempo potrebbe trattenere.


Maggio 1990

 



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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Friday, January 26, 2024

"Cinthya". Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor". (Novela inédita de Félix Luis Viera)



Cinthya


La paramédica le reiteró a Cinthya las bondades del hospital correspondiente —como si Cinthya no debiera saberlo— y a seguidas tranquila, doctora, todo saldrá chido —la capucha le circunvalaba suavemente la cara: armoniosa, recta la nariz, labios carnosos, ojos devastadoramente negros, la mirada como de asombro; morena, pequeña, liviana: sentí que ahora, cuando retomara la calle, la violencia de la lluvia la apachurraría.

La bruma de la lluvia más el anochecer que ya se bajaba, apenas dejaban ver el titilar de la torreta de la ambulancia y de dos o tres carros patrullas que parecían escoltarla —en medio de la calle, detenidos.

Los relámpagos, como concatenados, se soltaban por series de tres o cuatro. Igual los truenos.

El microbusero —bajito, moreno, de movimientos rápidos, la voz atiplada, gorra de beisbolista con la visera hacia atrás— me propuso llevarme hasta una base de taxis cercana y con amparo. “Si no es así, te vas empapar como nunca en tu vida, carnalito”.

La lluvia y la noche traerían ese frío intenso que cuando me atacaba con la guardia baja —ligero de ropas de torso— me troceaba mediante alfileres de carámbano, me hacía retemblar la voz, el cuerpo todo.

Como Cinthya, yo andaba solo con un suéter.

La fila para tomar el taxi sería como de doce personas cuando me sumé.

Varias lámparas empotradas en uno y otro sitio iluminaban en exceso el portal —de una estructura propia de un establecimiento, aunque estaría en desuso: las paredes de cristal cubiertas desde adentro con papel de estraza.

En el puesto delante de mí, una pareja de jóvenes —hombre y mujer— se amelcochaban uno en el otro constantemente. Sin pena porque yo los escuchara se habían intercambiado “te amo” como en diez ocasiones mientras avanzábamos dos o tres puestos en la fila. Sentí tristeza. Cómo decirles que la fórmula no falla: idealización, convivencia, tedio.

El aguacero había cesado. Persistía una llovizna suavecita y la noche cerraba.

Aunque me propuse hablar lo menos posible, no lo logré: el taxista resultó en suma conversador.

De cualquier modo procuré expresarme con uno de los acentos de la ciudad.

Pero en algún momento dije “dale” y él exclamó con tono de celebración “¡ah, manito, pero si eres cubano!”. Le repliqué, seguramente con expresión de ira: “No me celebres, que los cubanos tal vez con la excepción de un diez por ciento somos una sarta de zorros, mamones, oportunistas, ególatras que como tales lo más sensacional que hemos realizado ha sido plegarnos a un régimen o abandonar nuestra tierra”.




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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Wednesday, January 24, 2024

"Cinthya". Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor". (Novela inédita de Félix Luis Viera)



Cinthya


Cuando subíamos las escaleras hacia la calle, me llegó el olor a lluvia en camino. El cielo parecía humo denso y muy negro.

[Pensé reclamarle cómo habría sido posible que anduviésemos sin paraguas si ya estábamos en la época de lluvia; pero no era buen momento para el regaño].

Podríamos esperar el próximo para no viajar de pie. Pero no había resguardo de la lluvia en la base y de cualquier manera el pesero nos dejaría prácticamente a la puerta del ex, sugirió ella.

Unos seis o siete minutos de viaje y reventó el aguacero. Truenos seguidos.

Crucé miradas con una mujer quizás cincuentona que ocupaba el asiento lateral frente a nosotros, apenas mis piernas contra sus rodillas. Lentes de cristales redondos, grandes, gruesos. El cabello tintado de castaño oscuro. La vestimenta solo dejaba verle la cara: igual castaño oscuro. De esas personas que tienen los huesos muy pegados a la piel, por eso fina. Nunca había visto tal cantidad de rouge en unos labios. Rouge punzó.

Cinthya me dijo algo que no logré entender porque coincidió con un trueno. Me pidió que me inclinara y murmuró entre sollozos junto a mi oreja: “Dios mío, sangre”.

La sangre marcaba acaso dos pulgadas por debajo del borde de su falda.

La sangre tomó el piso y la señora de labios abarrotados de rouge la miró y metió un grito de espanto, como si fuese ella quien sangrara. Ni el chofer ni aun los viajeros más cercanos al grito lo habrían escuchado: además del ruido de la lluvia, en ese momento él, el chofer, levantaba a todo volumen —como es habitual en estos transportes— la cumbia con que estaba conectado: “Los caminos de la vida /no son como yo pensaba /como los imaginaba / no son como yo creía. / Los caminos de la vida / son muy difícil de andarlos, /difícil de caminarlos / y no encuentro la salida”.

Fui adonde el chofer y mímica mediante le pedí por favor que bajara el audio. Apenas terminó de accionar el botón me dijo, mientras parecía regodearse con el chicle que mascaba: “¿Que traes, güey?”.

Me acerqué más. Le conté. Gritó “¡híjole!, ¡¿cómo le hacemos?!”. Y maniobró para estacionarse junto a la acera.

De reojo, había visto que Cinthya dialogaba con la señora del rouge. La señora se movió hasta la puerta delantera y pidió bajarse y el chofer pulsó el mando.

Cinthya ocupaba el asiento que dejara la zambullida en rouge; el torso arqueado, las rodillas levantadas, la frente contra el respaldo de adelante. Sin cambiar la postura, con un gesto de mano me pidió que me acercara. Puse mi oído muy cerca de su boca. Con pronunciación intermitente por favor que no demorara en llamar a los paramédicos, “toma mi bolsa y el celular por si no tienes crédito”. Me respondió que no sentía dolor.

El chofer, levantando su celular, me gritó que había llamado a los paramédicos.





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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

Monday, January 22, 2024

Historia (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.



Del poemario Prefiero los que cantan (Ediciones Unión, 1988, Cuba)




Historia

Estuvieron un hombre y una mujer que apenas
pudieron estar.
Si acaso alguna vez —lo que se dice a plenitud—
lograron acoplar en ese nido
que a medianoche fabricaban casi
      desesperadamente.

Ni siquiera las paradas de autobuses ni el horario de sus
      problemas
convergían.

Qué tiempo les faltó para decir que sí, que estaba
      bien, dentro de media hora.

La mujer rugía entre pinceles
escarbando la magia que habita en el lado
más oculto, más sencillo de las cosas.

El hombre sangrando a gota lenta
huyendo tras las palabras que se abonan
donde no hay ojos ni tacto que puedan agarrarlas
si no es después de haberles minado todos los
      caminos.

El tiempo continuó abriéndose entre ellos como
     una herida
que trataban en vano de cerrar, al menos detener.
Una de esas veces —la última— que lograron
         unirse
hallaron un rosal.
El rosal vivía entre las piedras.
Entre las piedras el tallo se clavaba, se perdía
buscando su sangre nadie calcula en qué tierra,
a qué distancia.
Y tenía rosas que parecían disparos a punto de
        salir.

La mujer de los problemas y el hombre de los
        problemas entonces se miraron
y cada cual tomó su rumbo, convencidos
de que el amor no se detiene en pequeñeces.

Junio 1979



Storia

Furono un uomo e una donna come appena
riuscirono a essere.
Per caso qualche volta - come si dice al culmine -
riuscirono ad accoppiarsi in quel nido
che a mezzanotte fabbricavano quasi
        disperatamente.

Neppure le fermate degli autobus né l’orario dei loro
        problemi
convergevano.

Quanto tempo mancò per dire sì, che andava
          bene, entro mezz’ora.

La donna ruggiva tra i pennelli
indagando la magia che risiede nel lato
più occulto, più semplice delle cose.

L’uomo sanguinava a gocce lente
fuggendo tra le parole che si accreditano
dove non ci sono occhi né tatto che possano afferrarle
se non dopo aver minato tutti i
       percorsi.

Il tempo continuò ad aprirsi tra loro come
          una ferita
che cercavano invano di chiudere, almeno di fermare.
Una di quelle volte – l’ultima – che riuscirono
         a unirsi
scprirono un roseto.
Il roseto viveva trra le pietre.
Tra le pietre il fusto si ergeva, si perdeva
cercando il suo sangue nessuno calcola in quale terra,
a quale distanza.
E aveva rose che sembravano spari sul punto di
         uscire.

La donna dei problemi e l’uomo dei
          problemi allora si guardarono
e ognuno prese la sua rotta, convinti
che l’amore non indugia sulle piccolezze.

Giugno 1979




 
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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

Friday, January 19, 2024

"Cinthya". Fragmento de "Un mariachi viejo. Una historia de amor". (Novela inédita de Félix Luis Viera)


Cinthya


El negro ocupaba la otra mesita —como yo, en solitario— y desde la primera ojeada supe que era cubano. Por la manera en que miraba a las personas que transitaban por el breve tramo visible de la otra mitad de la acera. Por la forma en que tosió, suspiró, movió la cabeza. Había pedido un café exprés, el más fuerte que se podría hallar en el sitio.

Desde hacía mucho yo no me encontraba con un negro. Lo extrañaba. Hubiese querido toparme mejor con una negra. Pero era un negro. Un negro distraído, según se notaba. Un negro pensativo. Cabizbajo por instantes.

La tarde se hacía más fría y sentí pena por él: llevaba un suéter delgado —negro—.El efecto del frío puede darles un toque ceniciento a los negros, y a las negras.

De pronto escuché que me preguntaba: “¿Eres cubano?”. Me volví hacia él afirmando y sonrió con unos dientes fenomenalmente blancos, relucientes.

Supo que yo era cubano por una maldición que había dicho en soliloquio, a media voz —me respondió.

Hacía unos nueve meses que él vivía en México. [“Aunque esto no es vida”, me repitió]. Era de Luyanó, La Habana. Había salido de la Isla gracias a una mexicana que allá conoció y se enamoraron. [Dijo “nos enamoramos”] .

Vivía con la mujer —dieciocho años mayor que él— en un apartamento de la Unidad Habitacional Plateros, en el medio sur de la ciudad.

Era mecánico de automóviles, graduado de escuela, pero no había encontrado en su giro un trabajo al menos aceptable. “Ya sabes, hermano, si aquí hasta hay mecánicos que tienen su taller en la calle, que lo tienen junto la acera, ¿no?”. [Todo el tiempo me llamaría “hermano”, aunque ya le hubiese dicho mi nombre]. —Quise decirle que si bien en total eran más de cuatro millones y medio de automóviles en la ciudad, aparte de cientos de miles que desde la periferia entraban, salían, permanecían…, pues sobraban mecánicos, o por lo menos les sobraba tiempo libre a no pocos mecánicos, según el último parte —, pero no se lo dije, quizá esto lo desanimaría más.

Me llamó la atención que con solo nueve meses de vivir en la ciudad, ya pronunciara las equis tanto intermedias como al final de las palabras y que cerrara con la dicción justa las terminadas en consonantes. Entonaba con un dejo de cierto sector local.

La mujer tenía par de hijos que de una u otra manera y con tenacidad hacían bulto entre ella y el negro. Ambos estudiaban en la Universidad y “son malos conmigo, muy malos, no sé si porque les molesta que la madre tenga otro marido que no sea el padre de ellos…, no sé…, no dicen por qué, solo son malos conmigo…” —esto el negro lo pronunció como si estuviese a punto de llorar.

La mujer rentó para los hijos un apartamento lejos y les pasaba manutención.

Ella manejaba buena lana: regenteaba cuatro puestos en sendos tianguis.

No lo apremiaba para que trabajara. Pero él de un mes en otro había sido barman auxiliar en un cabaré “cubano”, el Rumba y Salsa, en una cantina llamada La Calibre 45 y dependiente en par de los tianguis de ella. Sin éxito.

Sentía que nada le acomodaba. Todo le quedaba grande o chico.

“De repente” —esta expresión, tan utilizada en la Ciudad de México, la repetiría constantemente—, entendió: nunca tendría paz en este sitio ni en otro; nunca podría vivir, sin morirse lentamente, fuera de Luyanó.

La saudade pasa. Hay quien lejos de su tierra no pisa firme, al menos para continuar resistiendo, hasta pasado un año y hasta un poco más. Él solo llevaba nueve meses. La nostalgia siempre estará agazapada, pero la buenaventura de realizar tantas cosas que no podría en Cuba, como cantar lo que quisiera, opinar lo que sintiera, gritar lo que deseara, criticar lo que decidiera, maldecir lo que no le conviniese, comer y beber lo que le gustara, aplaudir o no, sumada la libertad de elegir, valían la pena. Le dije.





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Félix Luis Viera (El Condado, Santa Clara, Cuba, 19 de agosto de 1945), poeta, cuentista y novelista, es autor de una copiosa obra en los tres géneros.

En su país natal le fue otorgado el Premio David de Poesía, en 1976, por Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia; el Premio de Novela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, distinción que, en 1983, le fuera concedida a su libro de cuentos En el nombre del hijo.

En 2019 le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, auspiciado por varias instituciones culturales cubanas en el exilio.

Su libro de cuentos Las llamas en el cielo retoma la narrativa fantástica en su país; sus novelas Con tu vestido blanco y El corazón del rey abordan la marginalidad; la primera en la época prerrevolucionaria, la segunda en los inicios de la instauración del comunismo en Cuba.

Su novela Un ciervo herido —con varias ediciones— tiene como tema central la vida en un campamento de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros.

En 2010 publicó el poemario La patria es una naranja, escrito durante su exilio en México —donde vivió durante 20 años, de 1995 a 2015— y que, como otros de sus libros, ha sido objeto de varias reediciones y de una crítica favorable.

Una antología de su poesía apareció en 2019 con el título Sin ton ni son.

Es ciudadano mexicano por naturalización. En la actualidad reside en Miami.
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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