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Thursday, May 14, 2026

Gala de Primavera 2026 de Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF). (por Baltasar Santiago Martín)


Arts Ballet Theatre of Florida (ABTF), dirigido por el talentoso coreógrafo y maître Vladimir Issaev, presentó su Gala de Primavera de 2026, los días 2 y 3 de mayo de 2026, fecha esta última a la que pude asistir, en el Aventura Arts & Cultural Center.

Tarde en la siesta, del reconocido coreógrafo cubano Alberto Méndez, estrenado en La Habana por el Ballet Nacional de Cuba en 1973, dio inicio a esta hermosa función, con los temas Crisantemo, Vals en Si Mayor (Rococó), En tres por cuatro, Bellflowers, Preludio en la noche y Vals azul como banda sonora – por estricta solicitud del coreógrafo, tocados al piano por su propio autor, el maestro Ernesto Lecuona, en una grabación hecha en 1955– para esta especie de Grand Pas de Quatre isleño, donde, a diferencia de aquel, en que cuatro grandes primas ballerinas rivalizaban entre sí, cuatro amorosas hermanas se acompañan y se prodigan afecto y comprensión, en una tarde habanera recreada de modo magistral por el coreógrafo, cada una de ellas con una realidad y una sicología muy diferentes.

Tanto Yayoi Sasaki como “Consuelo”, Qian Hui Tan como “Soledad”, Mayu Kanazawa como “Dulce” y Kanon Tanaka como “Esperanza”, pusieron su impecable técnica en función del drama personal de cada personaje; todas de un modo realmente conmovedor, en un ballet de una cultura muy diferente a la suya propia, guiadas por la Maitre Mary Carmen Catoya con sumo cuidado y respeto por la coreografía original, bajo licencia exclusiva para los EE. UU otorgada a ABTF por Alberto Mendez desde octubre de 2015, gracias a la genial visión multicultural del maestro Vladimir Issaev, que la estrenó en los Estados Unidos ese mismo año.

Yayoi Sasaki como “Consuelo”, 
Qian Hui Tan como “Soledad”,
 Mayu Kanazawa como “Dulce”
 y Kanon Tanaka como “Esperanza”.
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A continuación, la exultante troupé –que es el mejor calificativo que se me ocurre para estos chicos divinos de Issaev– hizo vibrar el escenario con el dinámico Danzón, con música de Arturo Márquez y coreografía de Yanis Pikieris, con un hermoso y sensual vestuario, responsabilidad del propio Pikieris y del mago Issaev, que tuvo su estreno mundial con el Ballet de Monterrey, en México, en 2007; ahora aquí con una formidable puesta en escena por la reconocida Maitre Mary Carmen Catoya.

ABTF en Danzón
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Tres magníficos pas de deux, a cargo de los virtuosos Sophia Ohm & Yoichi Habaguchi; Kanon Tanaka & José Luis Pechené y Mayu Kanazawa & Ataru Matsuya, respectivamente, hicieron posible “ver la música y oír la danza”, porque “el baile es la música hecha visible”. como expresara el genial coreógrafo George Balanchine –y he citado yo en otras felices ocasiones como esta–; sin obviar, por supuesto, el acoplado, sincronizado y efervescente cuerpo de baile, integrado por Leonardo Bares, Sebastián Cazares, Rachel Collins, Andreas Cross, Emily Estrada, Ainayah Gobel, Yoichi Habaguchi, Yumi Haseyama, Tomie Ishimatsu, Mayu Kanazawa, Koharu Kawano, Ataru Matsuya, Indira Mayrani, Layla Monier, Kansuke Nakamura, Sophia Ohm, Sakura Ono, Samuel Portilla, Yayoi Sasaki, Nora Yun Schaefer, Zoàrd Szabò, Qian Hui Tan, Remina Tanaka y Tainà Pelosi Schmitt, además de cinco estudiantes de la Escuela de Ballet Clásico Vladimir Issaev: Penélope Aguilera Luján, Ella Garcia, Emily Gallego, Clara Strassnig y Sashka Saintil.

Kanon Tanaka & José Luis Pechené
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Tras un adecuado intermedio, la feraz compañía regresó a escena con Shostakovich Suites / Suites de Shostakóvich, música de Dimitri Shostakóvich y coreografía del Maestro Vladimir Issaev, quien seleccionó una mezcla de suites de ballet del compositor, para desarrollar su elaborado trabajo coreográfico para las innegables habilidades de sus bailarines, quienes, desde el iniciático “Vals” con todo el elenco, irrumpieron de forma arrolladora en escena, para luego irse desgranando para ofrecer un pas de quatre en la “Gavota”; como solistas y cuerpo de baile en “Danza”; un pas de deux en un segundo “Vals”; una “Polka” con trece féminas; un “Adagio”; un pas de quatre ahora masculino; un tercer pas de deux; otra “Polka” con otro pas de quatre; un cuarto pas de deux y una exuberante “Coda”, con Kanon Tanaka y todo el elenco de nuevo en el escenario, a la altura de cualquier otra compañía de ballet encumbrada del mundo.

ABTF en 
Shostakovich Suites / Suites de Shostakovich
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Pareja solista de ABTF en 
Shostakovich Suites / Suites de Shostakovich
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Pas de quatre masculino de ABTF en
Shostakovich Suites / Suites de Shostakovich
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ABTF en
Shostakovich Suites / Suites de Shostakovich
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Después de Suites de Shostakóvich, Indira Mayrani y Yoichi Habaguchi salieron a interpretar el pas de deux La traviata, con coreografía del Maestro Vladimir Issaev, estrenado el 26 de abril de 2025, para el que Issaev utilizó el bellísimo preludio de la ópera homónima de Giuseppe Verdi para que una pareja, sin ser precisamente Alfredo Germont y Violeta Valery –sus protagonistas–, mostraran mediante el lenguaje de la danza el cortejo y el drama inherente del amor, no solo en el ”populoso desierto llamado París” verdiano, sino en “el universo entero”, o sea, nuestra ya tan expuesta aldea global, que las redes sociales desnudan a diario.

Yoichi Habaguchi e Indira Mayrani 
en el pas de deux La traviata.
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Y si pensábamos que después de la nostálgica Tarde en la siesta, el dinámico Danzón, la exuberante Suites de Shostakóvich y el premonitorio pas de deux La traviata, ya Vladimir no iba a poder sorprendernos más, pues, ¡craso error!: el opíparo banquete dancístico tuvo como colofón un suculento “postre”, o más bien, otro exquisito plato fuerte: Las danzas polovtsianas de la ópera El príncipe Ígor, de Alexander Borodín, con coreografía del propio Vladimir, cuyo estreno tuvo lugar el 10 de enero de 2013 en Nagoya, Japón, por el Ballet Michiko Matsumoto.

“Las danzas polovtsianas” son un célebre fragmento de la ópera rusa El príncipe Ígor, de Alexander Borodín, que en esta feliz versión del Maestro Issaev contó con un fastuoso y exquisito vestuario de inspiración eslava, firmado por Wendy Guo y Gladys Sanabria, así como con un adecuado diseño de luces a cargo de Quanikqua Bryant, para recrear y revivir la atmósfera llena de energía, color y carácter exótico de dichas danzas.

ABTF en Las danzas polovtsianas
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Y de veras que tanto los solistas Ataru Matsuya, José Luis Pechené y Kansuke Nakamura, como Ainayah Gobel, Koharu Kawano, Kanon Tanaka y Qian Hui Tan en el Pas de Quatre –con Indira Mayrani, Andreas Cross y Nora Yun Schaefer en los solos–, bordaron la refulgente coreografía de Issaev para hacernos sentir “en el paraíso”, pero no como extraños, sino como invitados de honor, apropiada alusión mía a la famosa canción “Stranger in Paradise”, del musical Kismet, inspirada en la partitura original de Borodín, con un apoteósico final con el elenco completo y estudiantes de la Escuela de Ballet Clásico Vladimir Issaev.

Solista de ABTF en Las danzas polovtsianas
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Solista de ABTF en Las danzas polovtsianas
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Solistas de ABTF en Las danzas polovtsianas
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ABTF en Las danzas polovtsianas
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Muchas felicidades, Maestro Vladimir Issaev y su troupé, por esta gran fiesta del buen gusto, el profesionalismo y el rigor, que merece ser disfrutada por públicos más amplios, tanto a nivel nacional como internacional, en giras por los Estados Unidos, Latinoamérica, Asia y Europa.


Hialeah, 10 de mayo de 2026.

Fotos: Patricia Laine (cortesía de Arts Ballet Theatre of Florida)

Wednesday, April 29, 2026

Mensaje del Día Internacional de la Danza 2026 (por Crystal Pite, Canadá)

Crystal Pite
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Los seres humanos se mueven —nuestros brazos se extienden, nuestras rodillas se flexionan, nuestras cabezas asienten, el pecho se repliega, la espalda se arquea; saltamos, encogemos los hombros, apretamos los puños, nos levantamos unos a otros y también nos apartamos. Todo esto es lenguaje, tanto como acción. Es lo que el cuerpo tiene que decir sobre la necesidad, la derrota, el coraje, la desesperación, el deseo, la alegría, la ambivalencia, la frustración, el amor. Estas imágenes irrumpen en la mente cargadas de sentido porque las hemos sentido con una pureza radical en el cuerpo —hemos sido conmovidos.

Somos bailarines, todos nosotros. La vida nos mueve; la vida nos danza. Tan efímera como el aliento, tan concreta como el hueso, la danza está hecha de nosotros. Esculpimos el espacio. Escribimos con el cuerpo en un lenguaje sin palabras que, sin embargo, comprendemos profundamente. Al danzar, habitamos con gracia el espacio interior y el que nos rodea.

Como la vida, la danza se crea y se destruye a cada instante. Como el amor, está más allá de la razón.

Me gusta pensar el cuerpo como un lugar; un territorio donde el ser se sostiene y toma forma. Cuando bailamos, estamos profundamente implicados en ese estar.

Escribo esto a comienzos de 2026, en un tiempo en el que la opresión, la convulsión y el sufrimiento parecen no tener fin en nuestro mundo. Cada día, al contemplar el horror de lo que los seres humanos somos capaces de hacernos unos a otros, y la maquinaria de poder que financia y alimenta una violencia indecible contra las personas y el planeta, la danza puede parecer una respuesta fácil, incluso inútil. Cuesta imaginar qué puede hacer un artista de la danza en un mundo que necesita con urgencia una transformación radical y sanación.

Y, sin embargo —el arte, como la esperanza, es una forma de amor. Generativo incluso en la desolación, el arte disuelve la mente que se endurece y actúa como un bálsamo que la repara. Es un espacio donde sostenernos mientras nos enfrentamos a las preguntas —juntos— de un modo distinto al de las noticias, distinto al del documental o la educación, distinto al de la opinión y las redes sociales, distinto al del activismo y la protesta, aunque no incompatible con ellos.

A través de la creatividad, vamos acumulando resistencia y esperanza mediante pequeños actos de valentía, curiosidad, cuidado y colaboración. En la danza, y en el acto de crearla, encontramos la prueba de que la humanidad es algo más que su último fracaso colectivo.

Pero la danza no necesita justificación ni explicación. Está hecha de nosotros y, sin embargo, no nos debe nada. Solo necesita un cuerpo dispuesto a habitarla. Desde ese lugar, puede traducir lo inefable, actuando como mediadora entre nosotros y lo desconocido.

Nos conmueven esas huellas fugaces de belleza en el instante presente. Y al encarnar tanto la danza como su desaparición, recordamos nuestra propia impermanencia. Al mismo tiempo, si estamos atentos, la danza puede ofrecernos, de vez en cuando, un destello del alma.


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Saturday, January 10, 2026

Don Quijote en La Habana, con los primeros bailarines Marianela Núñez y Patricio Revé. (por Raúl de la Rosa)

Nota: Agradezco a Baltasar Santiago Martín, que comparta con los lectores del blog, este texto escrito para la revista Caritate, de la que es su director y editor
.

Nuestro Ballet Nacional, como homenaje a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, en el 105 aniversario de su nacimiento, presentó su producción de Don Quijote, en versión coreográfica de María Elena Llorente, Marta García y Karemia Moreno, supervisada por la propia Alicia, refrescada y renovada con nuevos bríos.

Este Don Quijote tuvo la primicia de mostrar a dos bailarines estrellas invitados, que vinieron a alternar con los artistas de nuestra querida compañía y a recibir y constatar el fervor y cariño de nuestro público, que aplaude lo que verdaderamente merece la gran ovación.

Invitados para la ocasión por la primera bailarina Viengsay Valdés, directora general del BNC, pudimos disfrutar de las actuaciones de Marianela Núñez, primera bailarina del Royal Ballet de Londres, y de Patricio Revé, primer bailarín del Ballet Australiano de Queensland, los días 28 y 30 de diciembre de 2025, en el Teatro Nacional. Estas estrellas de la danza, con elegancia, naturalidad y gran fluidez de matices, sobrepasaron las expectativas.

Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el primer acto, con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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Marianela Núñez, la gran bailarina argentina que encarnó el rol de Kitri en esta temporada del BNC, muestra el dominio de una técnica sólida, en perfecto equilibrio con la interpretación del personaje y su baile, o sea, no exhibe su virtuosismo solo por mostrarlo, sino que lo utiliza como un medio para llegar a su público, comportamiento de reflexión interior que nos indica que está en plena madurez artística.

Marianela Núñez como Kitri, en el primer acto,
 con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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Marianela Núñez y Patricio Revé, 
como Kitri y Basilio, en el primer acto, 
con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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Patricio Revé, en su personaje de Basilio, fue el partenaire ideal para esta bailarina, que en todo momento se le vio agradecida hacia su bailarín acompañante y a ese público que la ovacionó enardecidamente en tan esperada presentación.

Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el primer acto, con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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Hay que destacar que desde la platea uno se da cuenta de la sencillez y las características humanas de esta artista, que en todo momento se le vió feliz de bailar para los cubanos. Sentí como si fuera mío el gran abrazo al director musical, el maestro Yhovani Duarte y los aplausos que ella les dió a los músicos de la orquesta, por haber sonado de maravilla.

Ambos, Marianela y Patricio, son artistas que transmiten idóneamente los sentimientos que exige la dramaturgia de la obra. La relación de pareja en el baile de ellos es ideal, fina y siempre sugerente y con motivaciones lógicas y correctas.

Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el tercer acto, con Roque Salvador detrás como Sancho Panza.
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Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el tercer acto, con Roque Salvador como Sancho Panza detrás.
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Patricio Revé, como cubano, indudablemente sabe lo que nos gusta, y sobre eso trabaja, pero poniendo esas condiciones técnicas al servicio de la interpretación y su relación de pareja, no afectando nunca su propósito de acompañar. Es un joven bailarín de agradable presencia y su baile convence. Los dos han sido entrenados para estas presentaciones por una de nuestras joyas, la inmensa Loipa Araújo y ha sido increíble la complicidad y correspondencia que han logrado estos artistas con el público.

Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el tercer acto, con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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En la función del dia 28, a la que asistí, además de los protagonistas y del cuerpo de baile, hay que hablar necesariamente y con justicia, de la bailarina solista Ana Pessino, que hizo la Mercedes, de excelentes condiciones y su desempeño técnico muestra la idoneidad para el personaje, al igual que Laura Kamila, bailarina que interpretó a Graciosa, quien, sin proponérselo, en la cuerda de lo que exige coreográficamente la obra, provocó también un gran aplauso. Palmas aparte merece Alejandro Alderete, en su personaje de Espada, de impresionante figura y condiciones para lograr cualquier cosa en lo que a danza se refiere.

Resultaron muy simpáticos y de coherente desempeño la actuación del primer bailarín Dani Hernández y de Roque Salvador en los personajes de Don Quijote y Sancho Panza respectivamente.

Patricio Revé, como Basilio, en el tercer acto, con Roque Salvador como Sancho Panza y Dani Hernández como Don Quijote, detrás.
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Marianela Núñez y Patricio Revé, como Kitri y Basilio, en el tercer acto, con el cuerpo de baile del BNC al fondo.
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He visto una convincente integración racial muy justa, dando la oportunidad al que posee las características plenas técnico-interpretativas para asumir el rol asignado, derribando, para bien, criterios limitantes anteriores que existieron y todavía existen.

Fue una función muy linda, que no defraudó a ese público que gusta del ballet, y que sobrepasó las expectativas.

Ahí está el Ballet Nacional de Cuba, pleno, vivo y con muchos deseos de hacer.



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Nota del autor: El BNC, como otros centros de trabajo, no escapa al masivo éxodo que ha habido en la población cubana, por tanto, como tropa diezmada, ha tenido que recurrir a otras variantes para poder sobrevivir. Y lo ha logrado muy bien.

Elenco de la función del 28 de diciembre 2025

Kitri: Marianela Núñez
Basilio: Patricio Revé
Mercedes: Ana Pessino
Espada: Alejandro Alderete
Graciosa: Laura Kamila
Reina de las Dríadas: Nadila Estrada
Don Quijote: Dani Hernández
Sancho Panza: Roque Salvador



Fotos: Frank D. Domínguez.

Sunday, September 7, 2025

Gala de Clausura del XXX Festival Internacional de Ballet de Miami. (por Baltasar Santiago Martín)


El domingo 17 de agosto de 2025, el Fillmore Jackie Gleason Theater de la ciudad de Miami Beach descorrió sus cortinas para dar paso a la Gala de Clausura del XXX Festival Internacional de Ballet de Miami, la cual se inició con la entrega del premio “Crítica y cultura del ballet”, de manos del Maestro Eriberto Jiménez, director del Festival, al señor Robert Johnson, reconocido crítico y periodista estadounidense radicado en Nueva York, quien en extensa alocución agradeció el importante premio recibido.

Robert Johnson y Eriberto Jiménez. 
Foto: Simon Soong 
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Robert Johnson, 
premio “Crítica y cultura del ballet”.
 Foto: BSM.
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El desfile dancístico comenzó con el pas de deux Sen Chopina, coreografía de Marina Sánchez y música de Frederick Chopin, bailado con elegante y sobrio desempeño por Melissa de Oliveira e Igor Monteiro, del Ballet Nacional Sodre de Uruguay, con Maria Riccetto como su directora artística; pero considero que el oscuro y recatado vestuario no fue el mas apropiado, máxime cuando existe el ballet “blanco” Las sílfides, con la misma música y coreografía del genial Mijaíl Fokín; entonces, ¿para qué inventar una nueva coreografía –y con tan oscuro vestuario– cuando ya se tiene un clásico inmejorable, si no es para superarlo o actualizarlo, que no fue el caso?

Igor Monteiro y Melissa de Oliveira
 en Sen Chopina. Foto: BSM.
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Igor Monteiro y Melissa de Oliveira 
en Sen Chopina
Foto: Simon Soong.
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En resumen, esto a mi juicio conspiró contra una mayor apreciación de su ya comprobado virtuosismo, mostrado con creces en el adagio del segundo acto del ballet El lago de los cisnes que bailaron la noche anterior.

Después de esto, comenzó el desfile de los solos: ¡seis!, demasiados en mi opinión para la función de clausura de este festival, pues me pareció una solución facilista y de menor rigor por parte de las compañías que optaron por ellos, en vez de presentar pas de deux.

El primero: 4:48, con coreografía de Jacqueline López y música de Krzyssztof Penderecki & John Cage, bailado por Valeria García, de la Compañía Nacional de Danza de México, cuyo director artístico es Erick Rodríguez; un solo que me pareció un buen ejercicio plástico para Valeria, pero sin justificación para tal título.

Valeria García en 4:48. Foto Simon Soong
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Por fortuna, hubo una pausa en la cadena “solitaria”, con Vow, coreografía de Ariel Rose y 1953, de Olafur Arnaulds, como banda sonora; defendido de nuevo de forma brillante por Mayrel Martínez y Maikel Hernández, “una de las parejas emblemáticas de Dimensions Dance Theatre of Miami, la excelente troupé dirigida artísticamente por Jennifer Kronemberg y Carlos Guerra”, como expresé sobre su actuación en la Gran Gala Clásica del sábado 16 de agosto.

Maikel Hernández y Mayrel Martínez
 en Vow. Foto: Simon Soong.
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“Mayrel fue tal cual ella es en la vida real: dulce, delicada, sin la menor dureza, pero con unas puntas y unos arabesques (extensiones) a 180 grados, de una belleza, limpieza y facilidad admirables (…); y Maikel le brindó en todo momento el soporte perfecto para que ella desplegara sus alas, con un trabajo muy hermoso también per se”.

De regreso a la cascada de solos, Mariana Restrepo, de la Compañía Colombiana de Ballet, con José Manuel Ghiso como director artístico, interpretó –que es mucho más que bailar– La Boheme, con coreografía de Eduardo Yedro y como banda sonora, la canción homónima de Charles Aznavour; con un vestuario “muy parisino”, evocador para mí del genial mimo francés Marcel Marceau, en muy digno homenaje al mismo

Mariana Restrepo en La boheme. Foto: BSM
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Mariana Restrepo en La boheme
Foto: Simon Soong.
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Parece que en esta reseña de la Gala de Clausura del XXX Festival de Ballet de Miami tengo que volver a tocar el punto que abordé cuando Sen Chopina, pues Mark Godden, del Ballet de Milwaukee, dirigido artísticamente por Mikael Pink, se “atrevió” a crear su propia coreografía para el ballet Carmen, cuando ya existe la paradigmática de Alberto Alonso para Maya Plisétskaia y para Alicia Alonso, pero sin superarla.

Lamento que los excelentes Marizé Fumero y Eric Figueredo, siendo cubanos, y por ende, dignos representantes de la Escuela Cubana de Ballet, hayan tenido que bailar esta versión goddeniana, a la que sin embargo, sí le brindaron su apasionada entrega como los grandes profesionales que son.

Marizé Fumero y Eric Figueredo
 en Carmen. Foto: Simon Soong.
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Y aquí sí ya considero pertinente hacer un aparte sobre la tendencia de algunos coréografos de poner su mano sobre trabajos ya clásicos, sea por ego o para que su compañía no pague los derechos de autor, sin que su nueva creación supere la original, como sucedió con Sen Chopina y con Carmen.

Una cosa es renovar y actualizar los grandes ballets clásicos, como hizo Alicia Alonso con Giselle, El lago de los cisnes, Coppélia, La bella durmiente y La fille mal gardée, al punto de que sus versiones fueron aceptadas y representadas en los grandes teatros donde se estrenaron –como Giselle en la Ópera de París–, al hecho de regresar a la versión original ya rebasada y actualizada, como hizo Alexéi Ratmanski con El lago de los cisnes para el Miami City Ballet, o “estropearlos” o quedarse por debajo. Ejemplos sobran, y lo mismo sucede en la ópera.

Seguimos con los mentados solos, ahora otro con Rachele Buriassi, de Les Grands Ballets Canadiens (dirigido artísticamente por Ivan Cavallari): Dedicato, coreografía de Kristian Cellini y música de Stefano Simmaco; un trabajo en que Rachele ratificó y superó la versatilidad mostrada en Bolero.

Rachele Buriassi en Dedicato
Foto: Simon Soong.
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Después de Dedicato, René Julián, de la Compañia Nacional de Danza de México, dirigida artísticamente por Erick Rodríguez, salió a escena con una larga falda negra, para interpretar Dango, con coreografía de Michele Cutri y música de Johann Sebastian Bach, la cual defendió con gran soltura y dominio escénico, a pesar de la falda, recurso este que ya se vuelve un poco manido, sobre todo sin que quede clara su intención, en aras de qué y por qué, como no sea mostrar una imagen andrógina del bailarín per se, para estar a tono con esa tendencia “seriática” y musical, a lo Bad Bunny.

René Julián en Dango. Foto: Simon Soong.
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Tocó entonces al Cuban Classical Ballet of Miami / Ballet Clásico Cubano de Miami, dirigido artísticamente por Eriberto Jimenez, repetir Minkus Divertimento, como la noche anterior, y tanto Natalie Álvarez, Eleni Gialas, Ihosvany Rodríguez como Kelvin Rabines, sus representantes e intérpretes, lo volvieron a hacer muy bien, “sin altibajos, con gran acople, tanto en sus solos como cuando Natalie y Eleni bailaron sincronizadas, y luego Ihosvani y Kelvin, así como en parejas mixtas, y al final, ya los cuatro juntos”, como expresé en mi correspondiente reseña del sábado 16 de agosto.

Eleni Gialas, Kelvin Rabines, Natalie Álvarez e Ihosvani Rodríguez en Minkus Divertimento. Foto: Simon Soong.
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Después de un adecuado y necesario intermedio, durante el cual hubo una reunión aparte, en un salón del teatro, del Maestro Eriberto Jiménez con otro grupo de personas acreedoras de un reconocimiento por el 30 aniversario del Festival, subieron todos al escenario para ser presentados al público y agradecer tan honrosa distinción, y luego dio ya comienzo la segunda parte de esta Gala de Clausura.

Marizé Fumero y Arionel Vargas, del Ballet de Milwaukee, al igual que la noche anterior, “fueron los responsables de llevarnos al París de La boheme, de Giacomo Puccini, con ‘El vals de Musetta’ de esa hermosa ópera, coreografiado por el propio Arionel y tocado al piano por el maestro Isaac Rodríguez –con una grabación orquestal añadida– como banda sonora del intenso adagio que protagonizaron de forma magistral; ambos dos inmensos artistas que honraron con su presencia ya habitual este Festival en su muy feliz 30 aniversario”; en fin, nada más que añadir a mi elogioso comentario de mi reseña del sábado 16 de agosto de 2025.

Isaac Rodríguez, Marizé Fumero y Arionel Vargas en El vals de Musetta. Foto: Simon Soong.
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Del París de Musetta, Edith Piaff, Charles Aznavour y Marcel Marceau, ahora el colombiano Andrés Felipe Vargas, de la Compañía Colombiana de Ballet, con José Manuel Ghiso como director artístico, nos llevó hasta “las callecitas de Buenos Aires”, con su emotiva y conmovedora interpretación de Balada para un loco, de Astor Piazzola & Roberto Goyeneche –y letra del poeta uruguayo Horacio Ferrer–, coreografiada por Jaime Pinto; un solo que Andrés Felipe venció con un histrionismo admirable, muy digno del magistral tango vals de Piazzolla, del que nuestra inmensa e inolvidable Rosa Fornés hacía la interpretación suprema, que por cierto, en esta ocasión, en el programa de mano no dice quién la cantó.

Una sola obsevación sobre el vestuario: me pareció muy formal, para tratarse de la “balada para un loco”. Sugiero que el bailarín comience así de formal, y a partir de: “Se saca el melón, me saluda / Me regala un banderita y me dice: Yo sé que estoy piantao, piantao, paintao”, el bailarín se desabotone la camisa, se descalce, saque una banderita del bolsillo, y siga con la coreografía como tal.

Andrés Felipe Vargas 
en Balada para un loco
Foto: Simon Soong.
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Andrés Felipe Vargas
 en Balada para un loco. Foto: BSM.
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Emily Bromberg y Ariel Morilla, de Dimensions Dance Theatre of Miami, con Jennifer Kronenberg y Carlos Guerra como sus directores artísticos, volvieron a “revivir” a Dafne y a Apolo en el ballet homónimo; coreografía de Ben Needham-Wood y música de Arvo Pärt, por lo que aquí repito y edito mi comentario sobre su actuación el sábado 16 de agosto: “con una iluminación muy intimista firmada por Joshua Gumbinner y vestidos por Susan Roemer de S-Curve Appare; Emily completa como la recatada náyade, pero Ariel solo a medias, con su hermoso pecho apolíneo al descubierto. Mi única objeción es que este no es un adagio de amor propiamente dicho, tal y como lo pareció para el que no conoce la historia, por lo que sugiero a Ben que enfatice que Dafne no corresponde al amoroso asedio de Apolo, y que Dafne finalice el adagio estática con sus brazos en alto como ramas de un laurel (como efectivamente hizo en esta ocasión). Por lo demás, Emily y Ariel bailaron como dioses, como si lo fueran en realidad, que ya es mucho decir”.

Emily Bromberg y Ariel Morilla
 en Dafne y Apolo. Foto: BSM.
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Emily Bromberg y Ariel Morilla
 en Dafne y Apolo. Foto: 
Simon Soong.
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Steven Loch, en representación del Miami City Ballet (que menos mal que envió aunque fuera solo a este bailarín al festival, cosa que durante años no hizo, ni con Edward Villela ni con Lourdes López al frente, salvo en muy contadas ocasiones), brilló justamente en un solo, titulado Atlas, con coreografía de su propia inspiración (como se decía antaño) y música de Coldplay; que evidenció su cuidado entrenamiento corporal y técnico, así como su talento como coreógrafo

Steven Loch en Atlas. Foto: BSM.
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¡Seis solos en esta gala!, demasiado, como ya dije, para una Gala de Clausura.

A continuación, Vlada Shevchenco y Gennaro Sorbino, del National Ballet Theatre of Kosice, Slovakia, con Gennaro Sorbino como director artístico, ofrecieron Marriage d’Amour, con coreografía de Sabrina Bosco y música de Frederic Chopin, que la pareja bailó con absoluto lirismo y apasionada entrega, en una simbiosis exquisita de técnica e interpretación.

Vlada Shevchenco y Gennaro Sorbino 
en Marriage d’Amour
Foto: Simon Soong.
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En la misma cuerda del amor como sentimiento supremo del hombre, Amanda Pérez y Alejandro Olivera, del Ballet de Cincinnati, con Cervilio Amador como director artístico, aparecieron en escena como Giselle y Albretch, para bailar un fragmento del Grand pas de deux del segundo acto de Giselle, que sorprendentemente no incluyó la variación de Albretch, sino solo la primera de Giselle, muy bien afrontada por Amanda, “con todas la de la ley”: primero el preciso arabesque en planta girando, y luego, ya estática, con la pierna hacia arriba,  mientras Alejandro esperaba, cabizbajo, como el Pensador de Rodin, sin mirarla, desde el lugar de la supuesta tumba –algo inusual que no puedo entender y que se lo critico–, para luego partnearla por un momento y sacarla abruptamente de la escena; ¡muy, muy decepcionante!

Alejandro Olivera y Amanda Pérez
 en Giselle. Foto: BSM.
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Amanda Pérez y Alejandro Olivera
 en Giselle. Fotos: Simon Soong.
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Amanda Pérez y Alejandro Olivera 
en Giselle. Fotos: BSM.
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Y para cerrar esta variada y significativa gala, Ana Leticia Ferreira y Axel Jaramillo, del Ballet de Monterrey, con Yosvani Ramos como su director artístico, retomaron el pas de deux del ballet El talismán, coreografiado por Marius Petipa y música de Riccardo Drigo, que la noche anterior habían bailado tan brillantemente Amanda Pérez y Alejandro Olivera, lo cual me parece un craso error de programación de ambas compañías, porque las comparaciones siempre son inevitables.

Ana Leticia Ferreira y Axel Jaramillo 
en El talismán. Fotos: Simon Soong.
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Axel Jaramillo y Ana Leticia Ferreira 
en El talismán. Fotos: BSM.
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Sinceramente, Amanda Pérez y Alejandro Olivera debieron repetir El talismán y no bailar ese Grand pas de deux de Giselle incompleto, y Ana Leticia Ferreira y Axel Jaramillo, haber escogido otro pas de deux diferente, lo cual no quiere decir que en El talismán bailaron mal; sino todo lo contrario, ya que tanto en el adagio como en sus variaciones evidenciaron su dominio de la exigente coreografía y una fresca y cuidada interpretación, amén de un buen acople como pareja, con una coda muy efectista.



Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO
Hialeah, 28 de agosto de 2025.

Fotos: Simon Soong y Baltasar Santiago Martín (BSM).
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