Foto/Adonis Acosta
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Ayer ¡Misericordíosísimo Dios! se regocijaba vuestra Iglesia con la felicidad de sus hijos triunfante, y os rendia gracias por todas las que en ellos os plugo derramar con magnífica mano. Hoy llega a vuestras plantas con plegarias y lágrimas, para imploraros humildemente ¡oh Juez Soberano! en favor de sus hijos difuntos que aun expian las culpas de su vida lejos de vuestra presencia adorable.
Yo me uno en general y en particular, de corazón y de palabra, a todos los fieles que elevan al trono de vuestra Majestad el grito de sus ansias fraternales. Me uno á todos y a cada cual, para rogaros por cuantos necesitan el auxilio de nuestras oraciones y sufragios; y os suplico, Señor, las acepteis benigno -sin mírar la indignidad que reconocemos en nosotros- por seros ofrecidas en la fé del poderoso nombre de Jesucristo, a cuya cruz nos acojemos todos.
Con la confianza que ese signo sagrado nos inspira os pido, Dios Todopoderoso, asociando mi humilde voz a la de mis hermanos, perdón, gracia, absolución para todos los miembros de la cristiana grey que no habitan ya en la tierra. Mirad las llagas de vuestro divino Hijo, que son otras tantas bocas por las que el amor pide clemencia, y aplacada la justicia con el holocausto de la víctima eterna que se inmoló por nosotros, abrid ¡Padre celestial! abrid ya las puertas de la patria a tantas almas que anhelan contemplar entre los resplandores de la gloria que tiene a vuestra diestra, al que reconocieron y adoraron Dios en el establo de Belén y en el suplício del Gólgota.
Ignorando, Señor, cuántos de los que me dísteis por parientes y amigos, se hallarán en el número de esas almas todavía desterradas, os dirijo especialísimos ruegos por los muertos de mi familia: por todos los que me fueron allegados por vínculos de sangre o de cariño.
¡Dios bueno! volved las miradas de vuestra misericordia hacia vuestros siervos y siervas N... y N... y N... según lo espero de vues- tra piedad infinita; y cuando salgamos -los que aun vivimos sobre la tierra- de este valle de lágrimas, donde es tan precaria nuestra pobre existencia, concedednos, -Vos que permaneceis eternamente- el perdon que os pedimos hoy para los que nos han precedido, y en nombre de los cuales y en el mio os rindo humildes acciones de gracias, por cuantos beneficios les dispensásteis. Gracias también, Señor liberalísimo, por este día que nos permitís dedicar al sufragio de sus almas, y por todas las buenas obras que durante el os digneis inspirarnos; las cuales os presentamos reverentemente por mano de la bienaventurada Vírgen María, a quien invocamos como abogada, y a quien reconocemos con toda la Iglesia Consoladora de los afligidos y refugio de los pecadores. Amén.
Tres Padre Nuestro y tres Aves María, en honor de la Santísima Trinidad y sufragio de los difuntos, diciendo al final de cada gloria las palabras siguientes:
Que por la misericordia de Dios, los méritos de nuestro Sr. Jesucristo, y la intercesión de su bendita Madre, las almas de los fieles difuntos descansen en paz. Amén.
Cada uno podrá rezar, además, por los difuntos, todo lo que le plazca, y después se recitará el Díes iræ.




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