Friday, February 5, 2021

Academia Camagüeyana de Judo et Jiu-jitsu. II. (por Víctor Mozo)

Masayuki Takahama
------------------


Mucho se podría contar de lo que fue la Academia Camagüeyana de Judo et Jiu-jitsu, como rezaba la placa dorada fijada en la pared de la citada academia, sita entre San Isidro y la calle Cristo como bien lo menciona el ilustre amigo Carlos A. Peón Casas en su crónica publicada en las páginas del blog "Gaspar, El Lugareño" de Joaquín Estrada Montalván. Sirva pues de adenda lo que mi memoria aporta. 

Efectivamente, la academia de Judo está ligada a los hermanos Sabatés, pero no fueron ellos los únicos que pasaron por allí y dieron lustre a tan antigua disciplina en la cuna del Bayardo.

Por allá por el año 1960 o 1961 cuando se entraba en la academia había una hilera de balances para que se sentaran a ver las prácticas o competencias los familiares de los judokas o público en general. Detrás de los balances, en la pared, estaban las fotos de los judokas de Camagüey, miembros de la Federación cubana de Judo y Jiu-jitsu que habían obtenido la cinta negra entre los grados de 1ro a 3er dan. Allí estaban las fotos del Sr. Alfredo Recio, uno de los mencionados en el artículo del Sr. Peón, y también las de Ricardo Sabatés Belizón, Porrito, de Florida, Acuña, Alfredito, hijo de Alfredo el dueño de la tienda para caballeros La Piragua en la calle Independencia casi al lado de la billetería de mi abuelo El Cambio, Enrique Pérez Ablanedo, uno de los hijos del dueño de la tienda de víveres La Campana, el Dr. Justo de Varona, que vivía en el callejón del Cuerno. Había otros más, y en un lugar prominente la foto del maestro japonés Masayuki Takahama, 6to dan con su cinta con franjas rojas y blancas, cinta que muy pocos judokas llegan a alcanzar.

En esa época, todos los niños que practicábamos allí veníamos, sobre todo de colegios privados, tanto religiosos como laicos. Entrenábamos en un colchón de lona relleno de aserrín, el tatami como tal no existía en ese momento. Al llegar al colchón había que descalzarse como lo requiere la tradición y saludar con un gesto de la cabeza, ídem cuando se salía del colchón terminada la práctica. Todos, o casi todos los colegios privados tenían sus equipos de Judo y así participar en competiciones intercolegiales.

Intervenidos estos colegios y por ende eliminada la educación privada, la academia fue rescatada por Ricardo Sabatés Belizón, cinta negra 2do dan y propietario de la farmacia de su mismo nombre en la calle República. El profesor Ricardo, hombre al que nunca le faltó el entusiasmo, hizo que no muriera la academia y en poco tiempo organizaría dos grupos de alumnos los mayores y los menores. Las clases eran de 5 a 6 o a 7 pm para los menores y de 7 a 8 o a 9 pm para los mayores. En menos de nada fue tan grande el grupo que Ricardo Sabatés decidió que se derribara la pared para agrandar el colchón.

Allí practicaba también uno de los hermanos Sabatés, Mario, quien trabajaba en la joyería Sabatés. Me entero por José Sabatés, para los conocidos Pepitín, que también su tío Roberto, el optometrista, incursó en ese deporte en la antigua sociedad La Popular. Recuerdo que Mario tenía la cinta amarilla. No recuerda mi amigo Pepitín Sabatés, sin embargo, si su otro tío César practicaba judo, pero me dice que es posible. 

Dato interesante en ese momento era que la más de la mitad de los que practicábamos judo allí éramos asiduos a la Catedral, todos los monaguillos y la mayor parte del grupo de jóvenes. Los Betancourt, hijos de Ulises y Loreto, Recaredo Pérez y otros más cuyos nombres no recuerdo.

Con Ricardo Sabatés se organizaron competencias, sobre todo con judokas de Florida cuyo profesor era Porrito, cinta negra 2do dan. Florida tenía muy buenos judokas. En varias ocasiones nos visitaban cintas negras de conocida reputación como Heriberto García, cinta negra 3er dan.

Gracias al entusiasmo de Ricardo Sabatés la academia se sostuvo a flote por la módica suma de $5.00 al mes, pero el pago no era obligatorio. Se agrandó el colchón, se modificaron las duchas e incluso se instaló una pizarra eléctrica para seguir las competencias. Ricardo Sabatés abría las puertas de la academia a todo el mundo.

Esto me dice mi memoria que también me recuerda que este escribidor nunca fue ni remotamente bueno en ese deporte pero sí guarda un recuerdo inolvidable de aquellos años de sana camaradería en torno a un deporte venido de tan lejanas tierras.

Luego, el INDER se haría cargo de lo que un día había sido la academia, ya eso será otra historia.



-------------------------
Ver en el blog

No comments:

Click here to visit www.CubaCollectibles.com - The place to shop for Cuban memorabilia! Cuba: Art, Books, Collectibles, Comedy, Currency, Memorabilia, Municipalities, Music, Postcards, Publications, School Items, Stamps, Videos and More!

Gaspar, El Lugareño Headline Animator

Click here to visit www.CubaCollectibles.com - The place to shop for Cuban memorabilia! Cuba: Art, Books, Collectibles, Comedy, Currency, Memorabilia, Municipalities, Music, Postcards, Publications, School Items, Stamps, Videos and More!