Friday, May 8, 2026

"Variaciones para un tema insignificante", una obra sobre el bochornoso e imperdonable "holocastro" de la Embajada del Perú y del éxodo de El Mariel. (por Baltasar Santiago Martín)


Voy a comenzar mi reseña sobre la obra de teatro Variaciones para un tema insignificante, con la pregunta que le hice a Carlos Celdrán –su autor– en el vestíbulo del teatro del Westchester Cultural Arts Center, al finalizar la función a la que asistí, el viernes 1ro de abril de 2026: “¿Por qué usaste ‘insignificante’ para escribir sobre un tema tan significativo, como fueron los hechos de la Embajada del Perú y del éxodo de El Mariel en 1980?”, y Celdrán me respondió que lo hizo de forma irónica, porque su propia familia los sufrió en carne propia, ya que su padre llegó a Miami, vía Mariel, todo golpeado por la violencia que se desató durante esos tristes e imperdonables acontecimientos.

Antes de pasar a hablar de la obra en si y de las actuaciones, debo decir que me hizo revivir un tema altamente sensible para mí, pues fui testigo presencial de los terribles actos de repudio que el gobierno alentó y permitió desde principios de abril de 1980 hasta el 13 de mayo de ese año; a mi juicio, la mancha más negra, entre tantas, que tiene el pueblo cubano en su conciencia. después de 1959.

El 1 de abril de 1980, seis cubanos estrellaron un autobús urbano Girón XII / Pegaso de la ruta 79 contra la entrada de la embajada de Perú en La Habana, para pedir asilo politico. El incidente costó la vida a un soldado cubano que resultó mortalmente herido por una bala que rebotó, mientras que dos pasajeros del autobús sufrieron heridas leves.

Después de este hecho, Fidel Castro declaró públicamente a través del periódico estatal Granma que se retirarían los custodios militares a cargo de la protección de la embajada, lo que provocó que, a partir del 4 de abril de 1980, ingresaran a la misma más de 10 000 personas, en un área de apenas 2000 metros cuadrados, lo que constituyó el mayor caso de asilo y refugio bajo protección diplomática de la historia,

Mi primo hermano Roberto Viera fue uno de los que entró en la embajada, donde, alrededor del 15 de abril, el gobierno peruano negoció con Fidel la entrega de salvoconductos para que los más de 10 000 refugiados esperaran en su casa la salida del país por el habilitado puerto de El Mariel, no sin antes recibir un acto de repudio por parte de sus vecinos, orquestado, alentado y apoyado sin la menor duda por el gobierno, pero que sin la “entusiasta” participación de la mayoría de los vecinos y compañeros de trabajo de cada uno de ellos, no hubiera encontrado eco entre la población, porque, como tan bien dice mi amiga Anabel Pérez: “Un solo hombre no puede haber destruido tanto un país”.

Así comenzó el éxodo del Mariel, por el que más de 125 000 cubanos abandonaron el país desde abril a octubre de 1980, entre los cuales Fidel Castro incluyó asesinos y personas con problemas mentales, a los que liberó de sus respectivos encierros y presionó para que aceptaran marcharse del país, en una alevosa maniobra para decir al mundo que los 125 000 eran “escorias” y no personas sin antecedentes penales.

Al igual que en Variaciones para un tema insignificante, mi primo tenía esposa y una hija de solo 4 años, además de a sus padres, y tomó la difícil decisión de irse para Miami sin ellos, tal y como sucede en la obra, pero sin que en la misma se profundice más allá de la separación de una pareja debido a dicho desgarrador éxodo.

Laura Ramos
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Y justamente creo que el monólogo / “conversación consigo misma” que Celdrán puso en boca de la excelente actriz Laura Ramos, como la esposa que se negó a marcharse para no abandonar a su madre, logró apresar con convincente veracidad la desgarradora disyuntiva de esa cubana arquetípica de abril de 1980, que, sin ser tan cruel como “la decisión de Sophie” del filme homónimo sobre el Holocausto judío, tuvo que escoger entre el amor de pareja y el amor de madre en el Holocastro nuestro, como le llama muy apropiadamente mi amiga Ileana P. Monserrat al desangramiento /desgarramiemto/ desgajamiento de la nación cubana a partir del “accidente” de 1959.

Daniel Romero
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Como contrapartida al personaje de Laura, correspondió al actor Daniel Romero interpretar a tres personajes diferentes: el esposo emigrante, el vecino chismoso que acude a indagar sobre al ausencia de este y el compañero seguroso que la visita para expresarle con ello el velado reconocimiento de la revolución por no haberse marchado, lo que motivó un muy justificado climax histriónico en Laura, pero sin excesos melodramáticos y sin la innecesaria diatriba política, ya que el hecho representado habla por sí solo.

Otro detalle que sabiamente –y con total mesura– Celdrán tocó en su obra, fue que el esposo, antes de partir para El Mariel, se presentó ante la esposa vestido de forma muy diferente a lo que acostumbraba, y ello me remitió a que otro primo mío, llamado Ernesto Reyes, cuando se enteró de que si se declaraba homosexual en la oficina habilitada para procesar a los se querían marchar, lo enviarían enseguida para El Mariel, así lo hizo, como muchos otros más, que sin serlo, se vistieron de forma femenina y hasta fueron con el supuesto marido, para lograr que los enviaran en una embarcación hacia los Estados Unidos.

Carlos Celdrán
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Alexa Kuve
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Para concluir, felicito al autor y director Carlos Celdrán por esta obra tan “justa y necesaria”, que revive y pone el dedo en la llaga del éxodo de El Mariel; a Alexa Kuve, su productora, así como al resto del equipo que hizo posible su sobria y eficaz puesta en escena.


Postdata: Muchos de los que vejaron, gritaron y arrojaron huevos a sus vecinos y compañeros de trabajo en Cuba, en 1980, están viviendo aquí en Miami entre nosotros. Ojalá, que al menos, si ven esta obra o leen mi reseña, sientan vergüenza y arrepentimiento de lo que hicieron.

(Yo me negué a participar en dichos actos de repudio, cuando me lo pidieron, en la Universidad de Matanzas, justo en mi primer día de trabajo como profesor, el lunes 9 de mayo de 1980, y me dijeron que, si no lo hacía, me botarían, pero no cambié mi decisión. Si lo hubiera hecho, les aseguro que no hubiera podido escribir esta reseña)

Hialeah, 8 de mayo de 2026.

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