Thursday, March 3, 2022

Inician la filmación de la serie audiovisual "Leyendas Camagüeyanas".

Fotos tomadas del Facebook 
de Liany Hernández
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Inician en Camagüey la filmación de la serie "Leyendas de Camagüey". Lizneydi Martí Cordero, quien concibió originalmente este proyecto, tiene a su cargo la dirección general. Además, entre otros, el equipo de realización lo integran: Liany Hernández, Asistente de Dirección. Belkys Gil Sánchez, Guión. Oscar Alejandro Viñas Pendones, Director de Rodaje, Fotografía y Edición. Karel Amores, Asistente de Fotografía. José Denis Reyes Suárez y Keiter Castillo, Dirección de Arte. Verónica Elvira Fernández Díaz, Diseño de la Banda Sonora. Ricardo Miguel Arruti, Sonido. Dashiell de la Guardia, Script. Pedro Ferrá Barranco, Maquillaje. Isaul Ortega y Henry De Armas, de  Makbrasproducciones.films. 

Al igual que los integrantes del equipo de realización, los actores y actrices son camagüeyanos. 

Han contado con el apoyo, entre otros, del Centro Provincial del Libro de Camagüey y  de la CPA Jesús Suárez Gayol.

La primera leyenda en la que están trabajando es la relacionada con la construcción de la Ermita original (hoy magnífico templo) dedicada a la Virgen de la Soledad.  (Información tomada del Facebook de Oscar Alejandro Viñas Pendones).

Iglesia de la Soledad.
Foto inicios del siglo XX
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De esta leyenda Roberto Méndez narra:
Camagüey, fundado originalmente bajo el nombre de Santa María del Puerto del Príncipe, venera desde el siglo XVII a nuestra Señora de la Soledad. Es algo muy específico de esta región legendaria, pues no tenemos noticias de que el culto se haya extendido a otras partes del país.

El templo consagrado a ella es un imponente edificio de ladrillos que no deja de impresionar a lugareños y turistas, sobre todo por el contraste entre la severidad exterior y la sobria elegancia de sus tres naves. Ubicado en el mismo corazón de la ciudad, ha contribuido no poco con su imagen a otorgar ese perfil añejo que posee el centro histórico de Camagüey.

Hacia 1697 comenzaba el presbítero don Pablo Antonio de Velasco la edificación en ese lugar de una ermita dedicada a Nuestra Señora de la Soledad. No saben a ciencia cierta los historiadores a expensas de quién se hacía ni por qué se escogió precisamente ese sitio. Una sencilla leyenda, si bien calla lo primero, ofrece alguna ingenua respuesta para lo segundo.

Avanzado el siglo XVII, era la calle Reina -hoy República-, como el resto de las de esta población, simple terraplén, a pesar de ser la arteria que cruzaba la villa y enlazaba las dos entradas a la misma: la de los viajeros que procedían de La Habana y la de los que venían de Santiago de Cuba. No era extraño si se tiene en cuenta que Puerto Príncipe no era más que un conjunto de bohíos y que la Casa del Cabildo y aún las iglesias eran edificaciones más que modestas. No había alumbrado público, ni alcantarillado, y los vecinos vertían muchas veces las basuras directamente en las calles, a las que la lluvia y el abandono hacían intransitables, aún a caballo.

No es de extrañar, pues, que en aquel día legendario, una atestada carreta de bueyes, cuyo soñoliento conductor no lograba conjurar los efectos de la mala noche ni la persistente llovizna, se quedara varada en uno de los abundantes lodazales del llamado barrio de Cascajal. Llovieron sobre los sufridos animales los pinchazos con el aguijón, los golpes y las maldiciones de aquel hombre cada vez más impaciente: yunta y carreta parecían clavadas al suelo. Fueron congregándose los curiosos, porque en aquel pueblo las diversiones escaseaban y cualquier incidente callejero se volvía noticia. Al rato, aquel hecho que ocurría en cada primavera, iba tomando visos de excepcionalidad: una fuerza misteriosa parecía retener allí a los animales más allá de toda violencia. Entonces decidieron concluir por donde debían haber comenzado: aligerar la carga para facilitar los movimientos de la yunta.

Poco después de empezar a trasegar los pesados bultos, uno de ellos vino al suelo. Lo abren y en su interior hay una hermosa imagen de la Virgen de la Soledad. Se dice que entonces algunos cayeron de rodillas ante ella y aseguraron que estaban presenciando un signo divino: la Señora quería que en ese sitio se le edificara una ermita. Ignoramos la reacción final del obstinado boyero, y también la de los posibles destinatarios de la imagen. La leyenda los ha dejado al margen. (Roberto Méndez: Leyendas y tradiciones del Camagüey. Editorial Acana 2003. Fragmento del texto abreviado pot el autor y publicado en la Revista Palabra Nueva y en el blog Palmas Amigas.)

Fue motivo de regocijo el conocer, a través de facebook, del inicio del rodaje de este ambicioso proyecto de producción audiovisual. Le deseo a todos los implicados, el mayor de los éxitos. (JEM)


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Ver algunas de las leyendas camagüeyanas publicadas en el blog



 


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