Wednesday, January 8, 2020

Hemingway y la noche (por Carlos A. Peón-Casas)



Es innegable que en el Hemingway narrador hay una cierta fascinación con el signo de la noche de cariz no muy positivo, diría más bien una fobia mal curada por lo que entendemos fueron desencuentros primarios: su oscuridad y su misterio.

Una mirada muy sucinta a su obra narrativa, en particular a algunas de sus narraciones cortas, aunque igual a su obra de más peso de signo novelístico, nos descubre ese inevitable affaire, donde lo que en buena psicología se define como “terror nocturno”, emerge una y otra vez en los afanes creativos del escritor.

Tan temprano como en su narración Campamento Indio que data del año 1924, uno de los textos alusivos al personaje de Nick Adams, su clarísimo alter ego, Hemingway vuelve a recrear la anécdota que pudo ser de su niñez cuando acompañara a su padre médico en excursiones nocturnas de caza y pesca, y de paso aquel, atendía a llamadas de urgencias en medio de la noche.

El relato de marras, ilustra una de aquellas emergencias en un cercano campamento al lago Walloon, donde el doctor Adams (ahora el personaje ficcionalizado del Dr. Hemingway), debía practicar una cesárea a una joven madre india, y que termina con el subrepticio suicidio del marido de aquella, y futuro padre, que no soporta los gritos de ella durante la intervención.

Pero la historia, según nos lo relata Baker, tenía otro comienzo, un pasaje preliminar, que Hemingway decidió sesgar del que conocemos, donde un Nick todavía niño, temeroso de la oscuridad, dispara su rifle para atraer la atención de sus mayores, afanados en la pesca en el cercano lago. Al regreso de los adultos el muchacho inventa un relato fantástico de un extraño animal, una mezcla de lobo y zorro que lo acosaba desde el exterior de su tienda.
El motivo para la omisión del pasaje sigue siendo un enigma. Las explicaciones que se manejan hablan a favor del acortamiento del cuento para publicarlo en transatlantic, la revista de Ford. O podría tratarse de su nueva teoría de que algo que se omite, puede aun seguir influyendo sobre el lector como si estuviese. Podría haber decidido que los aspectos cómicos del relato del pequeño niño, suavizaba los embates de violencia en el climax doble de la historia sobre el nacimiento y la muerte. Finalmente, su decisión para la omisión se debería a que claramente era indicativo de un sentimiento de cobardía en Nick Adams, a quien planeaba desarrollar como un héroe de pelo en pecho(1)
Otro relato con unas coordenadas muy similares es “Now I Lay Me”, perteneciente a su colección Men Without Women, también con Nick Adams como protagonista, y rememorando las propias experiencias del autor en sus días en el frente italiano, y con flash backs a su infancia y sus padres en Oak Park.

El relato es la recreación de un Nick Adams insomne, la clara consecuencia de lo que hoy llamaríamos un síndrome de stress post traumático, luego de ser alcanzado, como Hemingway por el fuego de los morteros, en una trinchera italiana, en Fossalta. El hecho nunca fue olvidado por Hemingway:
Me sentí muerto entonces. Sentí mi alma o algo semejante como si saliera de mi cuerpo, como si sacara un pañuelo de seda de un bolsillo, tomándolo por una de las puntas. Se movía a mi alrededor y luego regresaba penetrando nuevamente en mí, y ya no estaba muerto…(2)
El personaje de Nick, igual que Hemingway no puede dormir de noche. Teme que al hacerlo el alma escape de su cuerpo.
Aquella noche yacía en el suelo de la habitación y oía a los gusanos de seda mientras comían…Yo no quería dormir pues había vivido con el temor de que, si cerraba mis ojos en la oscuridad y me dejaba ir, mi alma se saldría de mi cuerpo. Había sentido aquello desde que fui herido en la noche, y sentí algo salía de mí y luego regresaba(…)(3)
Para evitarlo, el insomne Nick, pasa sus noches en vela, recreando en su imaginación, interminables sesiones de pesca en los más variopintos torrentes de truchas que hubo de frecuentar desde su niñez.
Algunas veces puedo pescar en cuatro o cinco sitios diferentes durante toda la noche; comenzando tan cerca como pueda de su fuente original, y siguiendo su corriente. Cuando lo he hecho muy rápido, y no pasa el tiempo, vuelvo a comenzar desde el principio, justo donde desagua en el lago y subiendo contracorriente(4)
Otras veces, cuando “la pesca no le es posible”, reza:
una y otra vez y trato de rezar por todas las personas que he conocido en mi vida. Eso me toma un gran espacio de tiempo, pues si uno trata de recordar a toda la gente conocida (…) puedes recordar a una gran cantidad de gente. Y si rezas por todos ellos, dedicándoles un Ave María y un Padrenuestro a cada uno, esto te ocupa mucho tiempo, y finalmente puede que ya amanezca, y entonces te puedes dormir, si estuvieras en un sitio donde pudieras dormir de día(5)
Una derivación poco aireada de este relato, A Way You’ll Never Be, terminada en La Habana, en 1932, tiene otra vez a Nick por personaje. Para Baker resulta como:
una secuela-pesadilla del mismo. Hemingway luego explicó que el enigmático título aludía al calor de la Habana, que le recordaba aquel verano de Piave en 1918(6)
El joven soldado busca curarse en salud, regresando al sitio donde fuera herido, Hemingway ya lo habría hecho en 1922. En ese minuto el escenario guerrero estaba completamente difuminado. Hemingway concluiría afirmando que:
No había más que decir (…) Perseguir el ayer, es inútil, y si tienes que probarlo, regresa a tu antiguo frente(7)
La historia hurga otra vez en las derivaciones oníricas de Nick, esta vez en un claustrofóbico refugio en las mismas proximidades del sitio donde fuera herido:
(…) Algunas veces su novia estaba allí, y otras estaba con otro, y no lo podía entender., pero esas fueron las noches en que el río corría con mucha más calma y volumen del que debiera, y afuera de Fossalta había una casa baja de color amarillo (…) Esa casa significaba más que todo, y cada noche estaba allí, rodeada de sauces y un establo bajo, y había un canal, había estado allí mil veces, pero no lo había visto. Pero allí estaba tan plano como la colina, sólo esto lo atemorizaba (…) Ahora había regresado al río, había atravesado el mismo pueblo, y no estaba la casa. Tampoco estaba el río de ese modo. Entonces a dónde iba cada noche, y cuál era el peligro, y por qué despertaba empapado en sudor, y más atemorizado que cuando estuvo en un bombardeo, ¿debido a una casa, a un establo y a un canal? (…)(8)
El saldo de aquella experiencia, inevitablemente va a gravitar en otros minutos creativos hemingwayanos. Tal es el caso de su narración “Un Lugar Limpio y Bien Iluminado” que ve la luz en Scribner’s Magazine en 1933.

Pero esta vez, el hálito autobiográfico, al decir de Baker, subyace en esas alusiones “al lado no visible del mundo espiritual de Hemingway, esa pesadilla de la nada que lo acosa ocasionalmente.(9)

Esa misma nada que atenaza el alma, y que preside el discurso del personaje mas singular del relato, un camarero viejo, que busca retrasar la hora de cierre, marcado otra vez, como el ya aludido Nick Adams, por esa necesidad inevitable de “más luz” en un lugar ya suficientemente iluminado.

Hemingway pone en su boca un soliloquio altamente revelador de esa circunstancia que preside su realidad existencial, dice el viejo:
¿Es la luz, por supuesto, pero es necesario que el lugar sea limpio y agradable (…) Qué temía? No era miedo ni temor. Era una nada que el conocía muy bien. Era todo una nada y el hombre era nada también. Era sólo eso y la luz era todo lo que necesitaba y una cierta limpieza y orden.
Y esa claridad es, a no dudarlo, un leit motiv cuya recurrencia resuelve el dilema de la oscuridad, como marca del vacío y el no ser que agota y desnaturaliza, que extingue las esencias y las certezas de la existencia en sí y para sí.

Esa luz que se vuelve reparo esperanzador, y que hace la diferencia para el personaje a la hora de volver sobre sí mismo, a la soledad permanente de su cubil de insomne impenitencia, a esperar que amanezca:
Yacería en su cama, y finalmente, con las primeras luces del día, se dormiría. Después de todo, se dijo a sí mismo, es probable que sea solo insomnio. Muchos lo deben padecer(11).




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  1. Ernest Hemingway. A Life Story. Carlos Baker. Charles Scribner’s Sons. NY, 1969. p.127
  2. En Hemingway: Mi Casa de Cuba. Emma Pérez. Bohemia. 10 de abril de 1960.p.35
  3. Now I Lay Me. The Complete Short Stories of Ernest Hemingway. Scribner Paperback Edition. NY, 1998 p.277
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.
  6. Ernest Hemingway. A Life Story, Op.cit, p.228
  7. Ernest Hemingway. A Life Story, Op.cit, p.94
  8. Now I Lay Me. The Complete Short Stories of Ernest Hemingway Op Cit. pp.310-11
  9. Ernest Hemingway. A Life Story, Op.cit, p.238
  10. A Clean, Well-Lighted Place. The Complete Short Stories of Ernest Hemingway. Op. Cit. p.291
  11. Ibíd.

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