Wednesday, May 4, 2022

“Puerto del Príncipe pertinaz e indómito”… El Contrabando y otras hierbas en la región del Tínima y el Hatibonico. (por Carlos A. Peón-Casas)



La frase con que abrimos página fue expresada con referentes a nuestro ancestral terruño por Juan F. Güelmes Horcasitas, Gobernador de Cuba en los tiempos que aludimos en esta rememoración, y retrata la particular circunstancia que se daba en la otrora villa, allá por 1728 en los tiempos que regía los destinos de Cuba su anterior antecesor el Gobernador Martínez de la Vega.

Preguntado el último citado por su mismísima majestad el Rey, como se las ingeniaban los ingleses posesionados ya de Jamaica, para sostener su tan intenso comercio con Puerto Príncipe, se le ordenó por vía reservada, explicase tan peliagudo asunto.

La respuesta la encontramos en la voz historiográfica del muy autorizado, y nunca bien ponderado, inter nos, el historiador cubano Leví Marrero:
se halla tan arraigado el comercio de ingleses y los naturales tan viciados con él, que unos y otros concurren por el interés que se les sigue… los primeros con las armas y sus ropas, y los segundos con sus frutos y las armas a favor de aquellos, siempre que se pone algún reparo para embarazarlos por los ministros de S. M., por lo regular son inferiores en fuerzas… Los mismos alcaldes son los principales directores del comercio, pues aunque no dejan de promulgar bando a fin de que ninguno baje a la playa a contratar con las embarcaciones que llegan, subsiste este cuidado ínterin que llega la regalía que les acostumbran hacer, y bajan ellos a celebrar el primer trato… Sin embargo de ser muy conocidas las familias que hacen el mayor trato como son los Baraonas (Varonas), Agüeros, Estradas y otras muchas, no puede contenerlas, así porque la villa pertenece a la jurisdicción de Cuba (Santiago)… Uno de los principales motivos para vivir con tanto desorden es hallarse sin persona que les mande, a que se ponen a todo poder…(1)
Aquel Puerto Príncipe, villorrio de muy floreciente situación económica, que ya reclamaba a voces se le concediera el status de ciudad, que le llegaría con un siglo de retraso, era a no dudarlo un sitio de prominentes realizaciones. Oigamos la descripción que de aquella comarca nos comparte Leví Marrero:
se componía de familias muy ilustradas que habían concurrido a cuanto se ofreció del Real servicio y utilidad de la república… Su vecindario pasaba de 15.000 personas; los ingenios de 60 y los hatos, corrales, estancias, vegas y haciendas de labor de 800, con abundantes frutos de azúcar, mulas, sebo, tabaco corambres y añil, que por falta de registro de España y mucha distancia que había a Cuba (Santiago) y La Habana, mo tenía dispendio de ellos ni forma de surtirse de esclavos y ropas(2)
Muchas de aquellas prácticas quedaron recogidas en distintos testimonios, referente sustancioso para entender aquellas mañas comerciales, non sanctas, de nuestros ancestros

Tal era el caso de la que alude a dos respetables damas principeñas:
Doña Eugenia de Acacio, cuyo esclavo el criollo Lázaro Marín, tenía una sastrería. Acusados ama y esclava, al registrar la tienda se encontraron telas valiosas, charreteras y botones de plata, sombreros y ropas de origen extranjero. También fue acusada doña Manuela Agüero y Zayas, en cuyo ingenio cercano a la costa meridional, fueron encontrados ´en la hora intempestiva de la media para la una… de la madrugada, telas y 4 negros bozales, en tanto huyeron otros dos´.(3)
Otros sucesos marcarían el carácter de la insumisión como regla permanente como cuando en 1723 “negaron crédito al Rey al no fiar abastecimientos a la Goleta que recorría las costas combatiendo el contrabando. Como no traían plata, el alcalde Antonio de la Torre los dejó sin víveres”; o “cuando para 1727 los Varona, con motivo de una máscara que hicieron resistieron a la justicia”; y ya en 1728 los vecinos llegaron al atrevimiento de “prender a don Roque de Quirós, oficial de la goleta guardacostas por el descamino que les hizo de unos barriles de harina… y clamaron todos porque le quitasen la vida”(4).

Las cosas llegarían a mayores el 25 de agosto de 1729, con la famosa rebelión que de parte de los principeños, y con gritos de “viva el Rey y muera el mal gobierno”(5), acabaría prendiendo al mismísimo gobernador de Santiago de Cuba, el muy discutido, Hoyo Solorzano, y embarcando en una piragua y con dos pares de grillos a La Habana, cuando quiso poner orden en aquel caos, y primordialmente cuando intentó cobrarles a los principeños “un indulto por los esclavos introducidos allí de contrabando”(6).

Del hecho dejamos cumplida mención en este minuto, con esta interesante referencia que se cita en un interesante documento principeño de fecha posterior, un texto donde se hace un pormenorizado resumen de las entonces “clases vivas” de la villa del Príncipe:
entre el tumulto… de gente, los que personaron para alentar muchos vecinos fueron el capitán don Joseph Antonio de Arango y el capitán don Manuel Borrero… andaban personándose con escopetas, prendiendo a los que habían venido de la ciudad de Cuba… alentando para tumulto al vecindario, fueron don Fernando de Baraona, don Agustín de Baraona, don Adrián Usatorres como procurador general y don Francisco de Arrieta, quien maltrató de palabras a… don Juan del Hoyo y le puso en prisión… Don Carlos de Bringas, don Santiago de Agüero y don Luis Guerra Socarrás andaban como cabezas con el tumulto de la gente Don Bernardo de Moya, alcalde ordinario… andaba por las puertas llamando y convocando gente, diciéndoles era servicio del Rey.
Y aunque aquella asonada se zanjó por parte del Rey respecto a los de la villa, con el consejo de que “con la prudencia y reflexión más conveniente y sigilosa, os informéis e inquiráis los principales motores de la sublevación..y que con otros pretextos, procuréis sacarlos de ella y dirigirlos a estos Reinos… orden que se cumplió en su minuto.. con el envió de seis reos(7) de la conspiración a España, primero a Ceuta, pero luego se les permitió vivir en Madrid “donde tenían por cárcel la Corte y sus arrabales”. En 1738 se procedía a indultar según sus caudales a todos los acusados y se les autorizaba regresar a la Isla.

Pero la insumisión principeña siguió campeando por sus respetos a pesar de que la villa en 1733 fue adscrita jurisdiccionalmente La Habana, nombrándose un teniente gobernador y capitán a guerra para poner fin al “vicio” del contrabando; su misión resulto imposible y no pudo:
precaver el desordenado ilícito comercio en esta Isla y contener a sus vecinos…en sus continuados excesos(8).
Para 1742 el gobernador de Cuba, Caxigal de la Vega pidió y consiguió la devolución de la villa su jurisdicción. Pero los principeños no cejaron nunca de reclamar sus derechos tradicionales. Uno de los implicados en la asonada de 1729 Agustín de Varona, nuevamente instalado en la villa llegó a fungir como regidor y alcalde de La Hermandad, y logró del Rey ciertas prebendas como que el teniente gobernador no ocupase las casas del Cabildo, y que no interviniese en las elecciones de alcaldes y capitulares(9).

El teniente de gobernador, revelando su mala voluntad a a los principeños, llegaría a declarar en su contra que:
A lo menos me contentaré que sujete un lugar que a la indomitez de sus moradores he sabido pisarle la cerviz, a pesar de las coronas de esa ciudad(10)
Una anécdota final, nos muestra lo que el castizo refrán no deja de aludir como verdad ancestral, aquello de: “perro huevero, aunque le quemen el hocico…”
En 1744 visitaba Puerto Príncipe, en nombre del obispo, el chantre Toribio de la Vandera, a quien por su genio había hecho salir de Santiago de Cuba el gobernador Caxigal de la Vega. Durante su estancia en Puerto Príncipe fue acusado el religioso de comercio ilícito y se le señaló como cómplice de Varona en la introducción de dos esclavos desde Jamaica. Como los dos siervos aparecieron en un hato propiedad de Varona, el teniente gobernador, capitán Rosales, ordenó detenerlo, pero don Agustín, con el patrocinio del chantre, se acogió a sagrado en la iglesia de la Soledad.
El suceso falló finalmente a favor de la autoridad, y Varona y el chantre fueron finalmente conducidos, el primero a Santiago, y el segundo en calidad de detenido a La Habana.

Muy al final según nos sigue acotando Leví Marrero en sus sustanciosas relaciones se temía:
muy próximo algún movimiento de sedición por la inquietud que notaba en los frailes y clérigos de la villa, por estar todos mezclados en el desorden y protección del comercio ilícito y de los que lo hacían”, y se pedía “tropa suficiente para sojuzgar ese pueblo, a los fomentadores de inquietudes y acudir a la costa donde se necesite para celarla y estorbar la licenciosa libertad de esos vecinos que sin temor de Dios ni del Rey, tan descubiertamente proceden en la relajación de este exceso(11).




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  1. Cuba: economía y sociedad. Leví Marrero. Playor, Madrid, 1978. (Volumen 7, p. 178)
  2. Ibíd. p.179
  3. Ibíd. p. 181
  4. Ibíd. Testimonios. p.178.
  5. Ibíd. p. 180
  6. Ibíd. p. 179
  7. Entre aquellos de muy prominentes familias: Bringas, Agüero, Varona y Moya. Los primeros habían costeado el Santuario de Ntra. Señora de la Caridad y parte del convento de San Francisco. Ibíd. p.182.
  8. Ibíd. p.183
  9. Ibíd.
  10. Ibíd. p.184
  11. Ibíd.

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