Tuesday, December 7, 2021

Influencias de la Ilustración en el porvenir de la mujer (por Dalia Martínez de Cisneros. Año 1905)



Señoras y Señores:


Como me considero camagüeyana, creo innecesario dirigir mis frases á las señoras y caballeros de este pueblo, porque vendrían á recaer en mí misma, así, me concretaré á ofrecer el saludo fraternal y cariñoso á las personas de las otras provincias que con su presencia han venido á honrar y enaltecer á nuestro viejo Camagüey, y especialmente a las distinguidas señoras María Luisa Dolz y Belén Quesada de Barnet, quienes con su cooperación brillantísima han contribuído á realzar y hacer más hermosa é importante la Cuarta Conferencia de Beneficencia y Corrección.

La mujer, la cara mitad del género humano, ha debido ocupar en todo tiempo, ya que no un puesto más elevado, al menos, uno que hiciera equilibrio lógico con el de la otra mitad, el hombre. Por el primer dato que tenemos en la historia, vemos que Dios creó al hombre, á su semejanza, y lo colocó en el Paraíso; pero considerando que su obra no estaba perfecta, la perfeccionó dándole una compañera llamada Eva.

Si Dios creyendo que su obra estaba imperfecta creó á Eva para que ésta fuera su complemento, ergo, la mujer es el perfeccionamiento del género humano.

Si encontrándose solo Adán en el Paraíso, Eva fué la que le indujo y obligó á pecar, por curiosidad ó afán de sabiduría, se trasluce que tenía su inteligencia más clara y era más perspicaz, supuesto que incitó al hombre á concebir y realizar con ella la obra más grande y útil de la Naturaleza.

En la unión del hombre y la mujer, ó séase en el matrimonio, es indiscutible el lugar preferente que ella tiene, toda vez que de ella sale la prole, la lleva en su seno, la cuida, la dirige y enseña desde los primeros pasos hasta la edad viril. Una mujer casada puede hacer uso de toda libertad; pero una madre ya no se pertenece. El cariño y abnegación que siente por sus hijos, la hace superior al hombre y á todo. existe el adagio de: “Una madre para cien hijos."

En los tiempos primitivos. la historia no registra hecho alguno de la supremacía del hombre sobre la mujer; pero transcurriendo el tiempo, como la mujer, fué siempre naturalmente débil de constitución, por lo que no era hábil para el ejercicio indispensable de la caza, y como ésta era uno de los medios indispensables para el mantenimiento del hombre, resultaba que la mujer se veía obligada á entregarse a un hombre para conseguir su manutención: de aquí dimanó el predominio del hombre.

Más tarde, la codicia y ambición que las guerras y conquistas despertaron en los hombres, hicieronlos arbitrarios, déspotas y tiranos; acostumbrándose á tener y emplear ese tono altivo de superioridad que observaban con sus soldados, lo que vino á recaer en perjuicio de la vida íntima que llevaban con sus mujeres.

Y por último, como nadie más que el hombre fué el iniciador de las leyes, desde luego, las confeccionó todas tan beneficiosas y favorables para él, como absurdas y perjudiciales para la mujer, por las cuales se vió ésta desmeritada y postergada.

Sin embargo, á pesar de tantas obstrucciones, hubo mujeres en distintas épocas y naciones, que se señalaron notablemente por su inteligencia en todos los ramos del saber humano, como también en las carreras del buen gobierno, según reza la historia sagrada y antigua.

Naturalmente, el hombre, con sus amañadas leyes, continuó imponiéndose á la mujer en todo, incluso en su educación, consiguiendo su objeto de que viniera á ser una parte secundaria, privándola de intervención en los asuntos públicos y cohibiéndola de que cultivase su inteligencia, á tal grado, que una educación simplemente primaria les parecía más que suficiente, pues escasamente se las enseñaba á leer y escribir, y que sus cuentas las sacasen por medio de sus dedos, ó con granos de maíz. ¡Cuánta ignominia en suponer que esa era la única educación que necesitaba y merecía! ¡Cuánta injusticia en tenerla sumida a la más abyecta ignorancia, relegándola á la más ínfima escala, y separándola por completo de toda civilización y progreso; pero ¡ah! la Historia nos presenta, aunque parezca inconcebible, tres ejemplos sublimes en tres mujeres que supieron colocarse en la ciencia del buen gobierno á la altura del varón más sobresaliente, en Isabel la Católica, Catalina de Rusia é Isabel de Inglaterra.

Si la mujer aceptó esta imposición, si se dejó avasallar hasta el último extremo, no se la debe culpar. ¡Culpad al hombre que por egoísmo la postergó para realzarse más, sin comprender que con este hecho se empequeñecía!

No; la ineptitud é inexperiencia de la mujer, han originado la idea falsa que existe de que está creada sólo para el amor; sino la misma idea del triste concepto en que la ha colocado el hombre, limitando todas sus aspiraciones. Más, a pesar de la escasa educación que se la daba y de los escollos con que tropezaba para su desenvolvimiento, tenemos en la vida de Juana de Arco una prueba patente, para convencernos hasta donde llega la abnegación, la audacia, la intrepidez é iniciativa de la mujer, quién valerosamente, al frente de los hombres de su pueblo, salva la Patria y corona á Carlos VII, ofrendando generosamente su vida en una hoguera.

Tenemos á Mad. Montpensier, que inspirada en los mismos móviles dos siglos después, púsose al frente de un regimiento, para defender la ciudad de Orleans.

Tenemos á Rosa Colominas Martínez, osada y valerosa, que capitaneando un considerable regimiento de mujeres, combatió tenaz y heroicamente para independizar á Gerona. En la Alberca se conserva aún, como reliquia sagrada, el pendón de las mujeres que formaron el regimiento que combatió para emancipar á Estepa.

Notábase ya, con la civilización, el mal irreparable que se le infería, no ya al sexo femenino, sino al género humano, no utilizando la inteligencia de la mujer y sí obstruyéndola y limitándola; pero esto no fué óbice para que infinidad de mujeres se hicieran célebres, llamando la atención por distintos conceptos y en todos los ramos.

El Dr. Dodel Porta, asegura que "se verían milagros en la mujer si durante cierto número de generaciones recibiera la misma instrucción que el hombre.” La experiencia ha venido á demostrar el camino errado que se llevaba en la educación de la mujer, y se ve que va variando en escala ascendente. La mujer antigua da paso á la dama culta de nuestra época.

Como prueba de lo que la mujer puede y de lo que la mujer es, citaremos algunos ejemplos, tomados al azar de la historia:

Mad. Spouza, Mad. Campán, Mad. Monteville, Mad. Spinay, y Mad. Royer, forman una gloriosa pléyade de damas francesas que hacen honor a Minerva. Descuellan Mad. Guyon, eminente en Filosofía; Margarita Laumy, como autora de interesantes Memorias; Mad. Lavasier, como química; Sofía Germani, como creadora de la Física matemática; y Hortensia Lepante, como Astrónoma notable.

A Mad. Legros, una débil obrera, se le ocurrió derribar la histórica prisión de la Bastilla.

En México, las mujeres abrazan todos los estudios. Matilde Santoya ha brillado en Ginecología; Francisca Gonzaga en Matemáticas y María Sandoval en Leyes. Y, en cuanto á entereza de ánimo y patriotismo, ahí está el recuerdo de la señora Catalán, que contemplando el cadáver de su esposo, ante el gran Morelos, que trató de consolarla, exclamó: No vengo á llorar; no vengo á lamentar la muerte de mi esposo; sino á traer cuatro hijos: tres pueden servir como soldados, y el más chico, como tambor."

Por Mad. Estael, conocieron los franceses á la Italia y la Alemania. Mad. Condorcet, al criticarla Napoleón porque se mezclaba en la política, replicó con arrogancia: “En un país donde se corta la cabeza a las mujeres, es natural que éstas deseen saber por qué se les corta."

María Isabel Guzmán y de la Cerda, fué una de las mujeres que más servicios prestó á su sexo, y sostuvo en un brillante discurso la tesis de que la mujer virtuosa y docta podía enseñar en Cátedra las ciencias sagradas y profanas, y pidió ilustración para la mujer, enarbolando la bandera del progreso.

¿A qué continuar? Hoy elogiamos el desenvolvimiento de la mujer y la vemos colocada en una esfera más amplia, tomando parte en todas las cosas, confundiéndose con los jóvenes alumnos en las aulas universitarias y recibiendo grados académicos al igual que los hombres.

Si fuéramos á enumerar todos los hechos, que la historia en nacaradas hojas nos facilita, de mujeres célebres que han brillado en el Universo y que sirven de ejemplo para probar el desacierto y error en que han estado los hombres excluyendo a la mujer de la participación que debía corresponderle en el adelanto y la civilización, no serían suficientes considerables volúmenes.

Así, me concretaré á mencionar algunas cubanas que han inmortalizado su nombre por su talento y su cultura, como también las que se han señalado por su abnegación, valor y heroismo en las guerras épicas de Cuba.

Aquí, debajo de nuestro cielo tropical, al arrullo de las diamantinas ondas del Caribe y á la sombra de las típicas y arrogantes palmeras, han mecido sus cunas mujeres preeminentes, de talento sutil, como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Luisa Pérez de Zambrana, Salomé Nuñez, Juana Poo, María Josefa Barall, Ursula Céspedes, Roca Craujer, Aurelia Castillo, Rosalía Arango, Mercedes Matamoros, Martina Pierra de Poo, Sofía Estevez, Nieves Xenes, Domitila García, Dulce María Borrero, y otras tantas que han sido estrellas de la literatura y del arte.

Como caritativas, benéficas y bienhechoras de sus semejantes, tenemos un ejemplo vivo en las señoras Lola Roldán de Domínguez y Marta Abreu de Estévez, y con la camagüeyana Josefa Betancourt de Recio, quien legó todos sus bienes á la caridad pública, instituyendo un Hospital con la denominación de “San Juan Nepomuceno,” en el que se sostienen un sinnúmero de huérfanos.

También existen los Hospitales de San Lázaro y el Carmen, que fueron levantados por la limosna benéfica y caritativa de las familias de este pueblo, la que supo aprovechar con su virtud el benemérito Padre Valencia, quien no satisfecho con las limosnas, indujo a todos, y en particular á las señoras y señoritas, á que sirviesen de peones de albañil en dichas fábricas.

El Hospital de "San Juan de Dios” y la Ermita "de la Caridad,” deben su erección a la familia Betancourt.

La guerra de independencia, nos ha dado eminentes patricias que han sabido colocar sus nombres al igual de las espartanas; á tal grado, que antes, para esforzar á las cubanas, se les decía: “Son unas espartanas". Hoy basta decirles “son cubanas."

Rafaela Picabia y Angela Estrada, escribieron á sus hijos cartas ejemplares, haciéndoles comprender que antes que deshonrarse debían morir en el campo, para que su sangre fertilizara la tierra. 

La madre de J. Caridad Vargas, llegando al campamento en los momentos en que se fusilaba á éste, cuando todos creyeron que iba a pedir el perdón ó á sublevar los soldados, con una presencia de ánimo y su carácter varonil exclamó: “No vengo á salvar á mi hijo, sino á recibir su último adiós, pues si ha delinquido y es traidor, justo es que se le castigue.” 

La madre del gran Maceo lamentó no tener otros siete hijos para dárselos a la patria.

Cuando se fusiló á Esteban de Varona, al participársele la noticia á su hermana Beatriz, conocida por Calandria, quien prestaba importantísimos servicios á la Revolución, exclamó: “Si mi hermano es inocente y lo han matado, el árbol de la libertad debe regarse con la sangre de patriotas inocentes," y continuó prestando sus servicios con más denuedo que antes. Mercedes Tamarí, prefirió morir antes que entregarse á un Comandante español. Mercedes de Varona y Brígida Saldívar, se inmolaron antes que deshonrarse, al igual que otras muchas patriotas.

Todos estos hechos demuestran que la educación de la mujer ha variado, y que ya no es posible que se conforme con ser solamente la compañera del hombre, á ser la madre de familia; sino que va ocupando el puesto principal para que ha sido creada, compartiendo con el hombre todas las faenas de la vida y demostrando que tiene aptitudes para todo. La mujer ha probado que no ha venido al mundo sólo para reproducir y aumentar la humanidad. Su misión es más grande aún: ¡la de educarse y elevarse! 

Si actualmente no se registran más consecutivas proezas femeninas, no culpeis á la mujer; culpad al hombre que ha influído para que su educación sea incompleta, á la ignorancia en que se la ha tenido durante tanto tiempo, á las absurdas leyes que se las ha impuesto.

La mujer tiene necesidad y derecho de saber y llegar hasta donde el hombre. Es altiva, poderosa, capaz de la más refinada cultura; y si hasta hace poco su inteligencia yacía sumida en pro fundo letargo, hoy despierta vigorosa y decidida á emprender la labor de la ilustración, que es la más laudable y la que más podrá engrandecerla y elevarla á eminentes puestos, para que la historia, en brillantes páginas y con letras de oro, las coloque en el lugar que tiene merecido.

¿Queréis convenceros de que el hombre puede ser más útil á la ciencia, á las artes, á la familia, á la patria y á la humanidad? ¡Pues educad á la mujer ! ... ¡No os opongais á que triunfe! ... El triunfo de la mujer, indudablemente, será el del hombre. 

Tanto merece y es digna de admiración la madre amorosa que al lado de la cuna vela el sueño de su hijo, como la dama culta que ocupa una cátedra, como la guerrera intrépida y valerosa que esgrime sus armas en pro de la patria, como la grave doctora que delante de una mesa de operaciones abre un cadáver y practica una autopsia. Decidme ¿en cuál de estos actos podría admirarse más á la mujer? 

Así, no desmayemos en tan justas aspiraciones; laboremos, perseveremos hasta llegar al perfeccionamiento absoluto de la educación de la mujer; de modo que la influencia de su ilustración, la eleve al grado supremo que le corresponde, alcanzando todos sus derechos hasta conseguir el del sufragio universal. 

Entonces y sólo entonces, brillará resplandeciente y hermoso el aun incierto porvenir de la mujer! 

Entonces, las alas de la civilización se extenderán por los ámbitos de la Isla; las ardientes y vivificantes brisas del progreso saturarán el ambiente de fragancias infinitas; el Sol brillará ex plendoroso y la naturaleza se bordará con sus más vivos matices y ostentará allá en su lejano horizonte, con caracteres de fuego, esta inscripción: 
¡La civilización ha llegado á su apogeo! ¡La mujer, con su ilustración, disfrutará ya de todos sus derechos! 
Y terminaré, repitiendo las profundas y elocuentes frases con que concluyó una conferencia el americano Monseñor Ireland:
 ¡No hay que desesperar de la regeneración social, si las mujeres obtienen el derecho del Sufragio!



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Texto tomado de la Memoria Oficial de la Cuarta Conferencia de Beneficencia y Corrección de la Isla de Cuba.

Celebrada en Camagüey, del 22 al 24 de abril de 1905.



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