Friday, August 6, 2021

Pedro Simón Martínez, “los ojos cultos y devotos de Alicia Alonso”, amén de prestigioso intelectual sin par. (Entrevista por Baltasar Santiago Martín)


El primer recuerdo que me viene a la mente de mi relación con el investigador literario, profesor, crítico y escritor cubano Pedro Simón Martínez, tiene que ver con el homenaje, a nombre de la Unión de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), que preparé para Alicia Alonso en 1993, con motivo del 50 aniversario de su debut en Giselle, el 2 de noviembre de 1943.

Tras un primer intento fallido con Farah, la secretaria de Alicia, para celebrar dicho homenaje en nuestra sede de Humbolt e Infanta, acepté su propuesta de que se realizara en el Café Cantante del Teatro Nacional, de conjunto con este coliseo y con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), que también solicitó unirse a nuestro homenaje (confieso que mi hermosa y agradecida amistad con Nisia Agüero, entonces directora del Teatro Nacional, fue lo que me hizo aceptar realizar el homenaje allí, con la UNEAC incluida).

Tras la intervención de Miguel Barnet a nombre de la UNEAC, me correspondió a mí leer un poema de mi autoría dedicado a Alicia, titulado: “Para Alicia Alonso, wili, cisne, gitana y compañera”, para luego pasar a la entrega de varios obsequios que teníamos preparados para Alicia: un retrato suyo al óleo, hecho por Ramiro Zuaznábar; un diploma diseñado por Danilo Arditti, más unas zapatillas de cobre repujado sobre una base de madera preciosa y el consabido ramo de flores.

De regreso a mi asiento, Pedro Simón se acercó a nuestra mesa y me dijo: “Alicia quiere agradecerle personalmente el homenaje”, por lo que fui con él hasta donde Alicia se encontraba sentada. La diva extendió sus dos manos hacia mí, tomó mi mano derecha entre las suyas, y me expresó: “Ingeniero, muchas gracias por este homenaje tan bonito y por ese poema que usted me ha dedicado. Es la primera vez que el Colegio de Arquitectos me hace un homenaje, y lo agradezco mucho”, a lo que yo respondí: “Alicia, usted se merece todos los homenajes del mundo”.

Varios días después, visité a mi gran amigo José Ramón Rodríguez Neyra, en su oficina del Departamento de Divulgación del Ballet Nacional de Cuba (BNC), para ir a almorzar juntos al comedor del ballet, y volví a ver a Pedro Simón. Lo saludé y le pregunté si los regalos habían sido de su agrado. Me respondió, haciendo gala de una sinceridad admirable –que me sorprendió y me gustó mucho a la vez–: “El diploma sí, mucho; pero el retrato no, ni las zapatillas”. Le confesé que a mí tampoco me habían gustado las zapatillas de cobre repujado, pero que no quise hacerle un desaire al artesano que con tanto amor las había hecho para Alicia.

El 4 de septiembre de 1994 me fui a vivir a México, y en 2000 llegué a Miami. En 2009 comencé a escribir una novela biográfica sobre Alicia, titulada inicialmente: “Alicia Alonso. Bailar al borde”, y en agosto de ese mismo año viajé a Cuba para celebrarle el cumpleaños 87 a mi madre, Elsa Garrote, y el 89 a mi tía Lola, ambas grandes admiradoras de Alicia desde muy jóvenes, y decidí ir a la sede del BNC para ver a Alicia y hablarle de mi novela sobre ella.

Farah, su ya mencionada secretaria, me dijo que Alicia no estaba allí, y cuando ya me marchaba, la persona que atendía Divulgación en esa época me reconoció y me dijo que me invitaba a la Conferencia de Prensa que Alicia iba a dar en el Hotel Cohiba.

Una vez allí, mientras Alicia y Pedro entraban al salón de la conferencia, los saludé y le pude hablar a Pedro de mi novela en preparación. Al finalizar el evento, Marlene Pérez, la secretaria de Pedro, se me acercó para decirme que Pedro me iba a recibir a las 5 de la tarde, en su oficina del Museo Nacional de la Danza.

De más está decir que acudí puntualmente y que encontré en Pedro a un entusiasta colaborador de mi novela, con anécdotas y referencias bibliográficas invaluables, colaboración que se ha mantenido ininterrumpidamente hasta el día de hoy, gracias a Dios, a San Lázaro y a todos nuestros santos protectores, pues ya de regreso a mi casa en Hialeah comencé un fructífero intercambio –vía email– con Pedro sobre mi novela en proceso, y puedo decir que su valiosa ayuda y apoyo han sido imprescindibles para mi novela –cuya primera parte, desde 1920 hasta 1959, ya está lista y revisada para su publicación– y me han hecho tomarle un gran afecto, aparte de la admiración y el respeto que desde que yo vivía en Cuba siempre sentí hacia su obra y su absoluta devoción por nuestra prima ballerina assoluta, de ahí que haya decidido, sin ninguna duda, que la entrevista que hacía tiempo le quería hacer se titule: “Pedro Simón, ‘los ojos cultos y devotos de Alicia Alonso’, amén de prestigioso intelectual sin par”, porque creo que limitarlo solo a su relación con Alicia es muy reduccionista e injusto.

El investigador literario, profesor, crítico y escritor cubano, especializado en temas teóricos e históricos de la danza, Pedro Simón Martínez, nació el 6 de enero de 1938 en Agabama, un pueblo del municipio de Fomento, en la antigua provincia de Las Villas, hoy en la provincia de Sancti Spíritus, donde cursó sus primeros estudios y luego los continuó en Fomento

En 1951 ingresó en el Centro Politécnico Superior de Ceiba del Agua, en el que se graduó en 1956 –año en el que ya se radicó en La Habana– como Técnico en Laboratorio de Química Industrial, especialidad que nunca ejerció.

A partir de 1957, estudió varios años en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana; cursó la Carrera Administrativa en la Universidad de La Habana, y obtuvo en ese centro las Licenciaturas en Derecho Diplomático y Consular (1963), y en Derecho Administrativo (1964).

En 1963 fue seleccionado entre los graduados universitarios para incorporarse a la Escuela Nacional (ENIR) Raúl Cepero Bonilla, en la cual tomó un curso intensivo para la formación de profesores de Filosofía. En 1964 recibió, en la Facultad de Humanidades de esa Universidad, el título de Doctor en Ciencias Sociales y Derecho Público.

A partir de 1964 impartió clases en la Escuela de Comercio Exterior y en la Escuela de Cuadros del Ministerio de Trabajo, y luego ejerció como profesor de Filosofía en la Universidad de La Habana hasta 1967, año en que integró un equipo especial de estudios internacionales en la Comisión de Relaciones Exteriores del Comité Central del PCC, y formó parte del Comité Cubano de la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).

En 1968 ingresó en la Casa de las Américas, como miembro del equipo fundador, encabezado por Mario Benedetti, del Centro de Investigaciones Literarias de esa institución, al cual perteneció durante tres décadas. Tuvo una particular responsabilidad en la creación y conservación del Archivo de la Palabra de la Casa de las Américas. Entre sus trabajos de investigación literaria se destacan los realizados sobre José Lezama Lima y Dulce María Loynaz, de cuyas obras fue estudioso y promotor durante varios años.

A partir de 1969 se desempeñó, paralelamente, como crítico y periodista consagrado a temas relacionados con el arte de la danza, mediante colaboraciones aparecidas en varias publicaciones, entre ellas Granma, Juventud Rebelde, Verde Olivo, Romances y Cuba en el Ballet.

Sobre la danza y otras cuestiones culturales ha colaborado además en el Boletín de Música (de la Casa de las Américas), Bohemia, Cuba Internacional, Conjunto y la revista venezolana Imagen. También, en 1969, fundó el programa radial Ballet, por CMBF, Radio Musical Nacional, emisión que dirigió y en la que participó como comentarista durante más de diez años. Participó como alumno en el seminario “Apreciación y crítica de Ballet”, ofrecido en la Habana por el célebre especialista inglés Arnold L. Haskell.

En 1970 integró el consejo de dirección fundador de la revista Cuba en el Ballet, y a partir de 1974 asumió individualmente la dirección de la publicación, responsabilidad que ha mantenido durante más de cuatro décadas. A partir de 1970, en varias ocasiones, fue enviado especial de la agencia noticiosa Prensa Latina, a los Concursos Internacionales de Ballet de Varna y Moscú.

El 5 de agosto de 1975 se casó con la prima ballerina assoluta Alicia Alonso.

Foto de Pedro Simón junto a Alicia Alonso disponible en la colección del Museo Nacional de la Danza.
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Como funcionario del Ballet Nacional de Cuba, ha viajado extensamente por América Latina, Europa, Asia, África, Australia, Canadá y los Estados Unidos, en tareas periodísticas y de relaciones públicas.

Ha dictado conferencias, en Cuba y otros países, sobre temas de literatura y danza. Sus estudios acerca de la Escuela Cubana de Ballet y otros aspectos del arte de la danza teatral, han contribuido a conformar el perfil teórico del ballet cubano. Durante cuatro décadas recogió imágenes, como fotógrafo testimonial, de importantes momentos de la trayectoria personal y artística de Alicia Alonso. Esos trabajos han sido exhibidos en varias exposiciones.

En España, preside el Patronato de la Fundación de la Danza “Alicia Alonso”, e integra el Consejo Rector del Instituto Universitario de la Danza “Alicia Alonso”, de la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid.

En 1998 fundó, y dirige hasta hoy, el Museo Nacional de la Danza de Cuba, institución adscripta a la Dirección Nacional de Patrimonio.

Es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Reconocimientos

Ha recibido varios reconocimientos por su trabajo, por lo que le han sido otorgados:

  • Orden de la Amistad de la República Democrática de Vietnam (1978).
  • Orden Raúl Gómez García (1991).
  • En 1992 la Academia de Ciencias de Cuba seleccionó su Valoración Múltiple [sobre] Dulce María Loynaz como el mejor trabajo científico del año, en su género.
  • Distinción por la Cultura Nacional (1993).
  • Medalla Alejo Carpentier (2003).
  • En los años 2002 y 2013, respectivamente, fue condecorado con la distinción de Hijo Ilustre de los municipios de Fomento y Madruga.
  • En 2016, el Instituto Cubano del Libro le otorgó la Moneda Conmemorativa del Centenario de José Lezama Lima.

Bibliografía

  • Recopilación de textos sobre Gabriel García Márquez. Selección y notas de Pedro Simón, La Habana, Serie Valoración Múltiple, Ed. Casa de las Américas, 1969, 264 pp.
  • Recopilación de textos sobre José Lezama Lima. Selección y notas de Pedro Simón, La Habana, Serie Valoración Múltiple, Ed, Casa de las Américas, 1970, 384 pp.
  • Sobre García Márquez. Selección y notas por Pedro Simón, Montevideo, Ed. Biblioteca de Marcha (ed. actualizada y aumentada de la Recopilación de textos sobre Gabriel García Márquez, publicada anteriormente por la Casa de las Américas) 1971, 255 pp.
  • Giselle. Selección y notas; Pedro Simón, Miguel Cabrera, Ricardo Reymena, La Habana, Ed. Ministerio de Cultura, 1978, 103 pp.
  • Recopilación de textos sobre Juan Marinello. Selección de Trinidad Pérez y Pedro Simón. La Habana.Serie Valoración Múltiple, Ed. Casa de las Américas, 1979, 792 pp.
  • Giselle-Alicia Alonso-Vladimir Vasiliev. La Habana, Ed. Arte y Literatura, 1981, 256 pp., 2da, ed. 1985, idem. 3ra. edición: Barcelona, Ed. Niocia, 2013, 243 pp.
Cubierta del libro Alicia Alonso-Vladimir Vasiliev: Giselle. Historia y leyenda, de Pedro Simón.
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  • Homenaje a Dulce María Loynaz con motivo de su aniversario 85. (folleto de la exposición bibliográfica). Selección de textos y cronología por Pedro Simón, prólogo de Cintio Vitier, La Habana, Dpto. de Ediciones y Conservación de la Biblioteca Nacional José Martí, Ministerio de Cultura, 1987, 27 pp.
  • Recopilación de textos sobre Dulce María Loynaz. Selección y notas por Pedro Simón, La Habana, Ediciones Casa de las Américas y Editorial Letras Cubanas.1991, 847 pp.
Cubierta del libro Valoración múltiple: Dulce María Loynaz, de Pedro Simón.
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  • La danza en la órbita de Orígenes. Selección de Pedro Simón. Prólogo de Ivette Fuentes, La Habana, Ed. Cuba en el Ballet, 1994, 80 pp.
  • El bailarín: naturaleza y ámbito expresivo. La Habana, Ed. Gran Teatro, 1994, 12 pp.
  • La danza en Lecuona. La Habana, Ed. Cuba en el Ballet, 1995.
  • Alicia Alonso: órbita de una leyenda. [Coautor: Francisco Rey Alfonso] Madrid, Ed. Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), 1996, 201 pp.
  • Sonetos por la danza. Antología de Pedro Simón. Tres ediciones: 1ª: La Habana, Ed. Cuba en el Ballet, 1996. 2ª: La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2008. 3ª: Madrid, Ediciones Cumbres, 2013, 113 pp.
Cubierta del libro Sonetos por la danza, de Pedro Simón.
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  • En 2014, se antologó una amplia selección de sus ensayos y artículos, dados a conocer durante más de cuatro décadas, y se publicaron en Madrid, por Ediciones Cumbres, bajo el título El Ballet, una devoción (enfoques y precisiones), 609 pp.
Cubierta del libro El ballet: una devoción, de Pedro Simón
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  • Alicia Alonso en palabras de poetas. [Selección de Pedro Simón] [Prólogo de Marifé Santiago Bolaños] Madrid, Ediciones Cumbres, 2015, 201 pp.
  • Yo estaba allí / I was there. Imágenes tomadas por Pedro Simón / Images captured by Pedro Simón. Edición bilingüe. La Imprenta CG, Valencia, [2017], 168 pp.
Otros

  • Cuentos de Julio Ramón Ribeyro, Selección de Pedro Simón, La Habana. Colección, La Honda, Ed. Casa de las Américas, 1975, 310 pp.
  • Memorias de un maestro de ballet, de Mijael Fokín. Prólogo por Pedro Simón (p.7-15), La Habana, Ed. Arte y Literatura, 1981
  • Cercanía de Lezama Lima, por Carlos Espinosa. lncluye: "Horas privilegiadas con el poeta", por Pedro Simón. La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1986, pp. 273-281.
  • Homenaje a Enrique Loynaz (antología de poemas, selección de cartas, críticas, cronología mínima y notas por Pedro Simón). La Habana, Ed. Gran Teatro de la Habana. 1987, 42 pp.
  • Flor Loynaz (Antología poética) selección y notas por Pedro Simón, La Habana, 1989, Edición Homenaje, Colección "La barca de papel", Ed, Ministerio de Cultura, 20 pp.
  • Poemas de Carlos Manuel Loynaz (antología poética). Selección y notas por Pedro Simón, La Habana, Ediciones Gran Teatro, 1989, 15 pp.
  • Bestiarium, de Dulce María Loynaz. Presentación de Pedro Simón, edición fascimilar, La Habana, Ed. Ministerio de Cultura-Uneac, 1991. Ed. fascimilar en braille al cuidado de Pedro Simón, La Habana, Ed. José Martí, 1993.
  • Poemas náufragos de Dulce María Loynaz. "Al Lector", prólogo por Pedro Simón, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1991, 52 pp.
  • Ensayos por Dulce María Loynaz. "AI lector" (presentación), por Pedro Simón. La Habana, Ediciones Homenaje, Ed. Instituto del Libro, 1992, 52 pp.
  • Alonso, más allá de la técnica, de María del Carmen Hechavarría. Prólogo por Pedro Simón, Valencia, España, Ed. Universidad Politécnica de Valencia, 1998. 2ª edición: Las Palmas, Gran Canaria, Imprenta Felipe Cabrera García, 2004. 3ª edición: La Habana, Ed. Letras Cubanas, 2008.
  • Ernesto Lecuona. Cartas, selección y notas de Ramón Fajardo. Incluye "Una fuente inestimable para futuras investigaciones", palabras de Pedro Simón en la presentación pública de la primera edición del libro, La Habana, el 22 de julio de 2013. Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 2014, pp. 5-8.
Después de haber podido constatar todo ese espléndido universo creativo de este hombre tan “culto y devoto a Alicia, amén de prestigioso intelectual sin par”, solo me queda someterlo a mi amistoso interrogatorio:

Pedro, quiero que por un momento vuelva a ser el niño que comenzó la escuela primaria en Agabama. Cierre los ojos y dígame qué es lo primero que le viene a la mente; hábleme de sus abuelos, de sus padres y hermanos, y de esa casa y localidad donde vivió su infancia.

Me va a ser imposible abarcar en una respuesta todo lo que usted menciona, porque prácticamente se trata de mi autobiografía en todos esos años. Puedo decirle que fui un niño huérfano de padre desde que tenía 2 o 3 años, y con una madre muy valerosa que luchó para mantenernos y educarnos, a mi hermana y a mí, lo mejor que pudo. Mi padre había sido un comerciante asturiano, y mi madre procedía de una familia campesina, pero de un desarrollo intelectual por encima de la media de ese contexto. Mi madre, que fue obrera tabacalera —el tabaco junto al azúcar eran los dos medios de vida de la región en que nací—, pero, además, como tenía cierto nivel de escolaridad y vocación para hacerlo como medio de vida, puso una escuela en mi propia casa, donde enseñaba durante el día a los niños, y en las primeras horas de la noche a adultos analfabetos, que gracias a ella se alfabetizaron. Todos eran trabajadores de pocos recursos que le pagaban según podían, algunos con muy modestas cantidades de dinero, y otros en especie, es decir, traían artículos de consumo y alimentos. Así podían pagar la mensualidad de las clases, con viandas, pollos u otros artículos de que podían disponer. Cuando progresé en la escuela primaria de mi pueblo, al igual que mi hermana, ayudábamos un poco a mi madre enseñando a los alumnos. Vivíamos en el poblado de Agabama, un lugar inolvidable para mí, de gente luchadora, muy humana y solidaria.

Después de estudiar cinco años (de 1951 a 1956) y graduarse como Técnico en Laboratorio de Química Industrial, en el Centro Politécnico Superior de Ceiba del Agua, usted nunca ejerció esa especialidad; no obstante, ¿cuál considera que fue la ganancia de esos cinco años aparentemente perdidos, y cómo logró sobrevivir en la capital un joven “del campo”, con apenas 18 años?

Estar en ese centro fue un hecho muy importante en mi vida. Entré en él por una beca que me gané en una especie de concurso-oposición, y con un gran sacrificio de mi madre para poder trasladarme a La Habana, adonde viajé primeramente solo, aunque allí recibí cierta ayuda de unos parientes de mi madre. Esa escuela fue para mí una experiencia trascendental, donde estudié muchas materias de carácter general, aprendí a vivir lejos de mi familia, y sometido a una disciplina de estilo militar. No todo fue un paraíso, pero visto a distancia creo que el balance final fue beneficioso en mi formación, además de que allí me mantuve y maduré en una edad muy compleja en la formación de los jóvenes. Además, no solo me quedé luego a vivir en La Habana, adonde mi madre se había trasladado, sino que pude conseguir un modesto empleo como oficinista en una institución de asistencia social para niños.

Cuando Alicia bailó en Sancti Spíritus en 1956, estando usted ya viviendo en la capital, ¿lo supo en ese momento, o se enteró mucho después?

En ese momento, ni me enteré. Todavía Alicia Alonso ni el ballet habían entrado en mi vida, como ocurrió después.

A partir de 1957 usted estudió varios años en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana: guitarra y canto, según leí en su vasto currículo, ¿adónde quedaron esas habilidades musicales adquiridas –y luego no ejercidas?

Pues quedaron como algo muy importante en mi cultura y mi personalidad. Estudié canto nada menos que con Zoila Gálvez, la eminente soprano y profesora, y tomé algunas clases de guitarra con Isaac Nicola. Pero el canto tuvo más fuerza, y ha durado más alrededor de mi persona, aunque no lo ejercí profesionalmente.

En 1964, ¡a los 26 años!, usted recibió, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de La Habana, el título de Doctor en Ciencias Sociales y Derecho Público, algo que generalmente se logra con mucha más edad; ¿qué fue lo más difícil, y lo más placentero?

Lo más difícil fue que yo trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, porque mantenía a mi madre y a mí mismo. Además, en algunas etapas, todavía dedicaba algún tiempo a la música. Lo más placentero fue todo lo que aprendí, y lo bien que me vino para el futuro.

Usted ha dicho que se considera un “aliciómano absoluto” y “que a Alicia no se le toca ni con el pétalo de una rosa”, ¿recuerda usted la primera vez que la vio bailar, y su primer encuentro personal con ella?

No recuerdo haber hablado en esos términos, aunque hay mucho de verdad en ello. No había visto bailar personalmente a Alicia Alonso y sentía una gran curiosidad por su arte y por el ballet en general. Aunque vivía un poco alejado del Teatro Amadeo Roldán (Auditórium), logré conseguir una entrada para una función en que ella bailaba. Recuerdo algo curioso: yo en ese momento era un gran admirador de la música de Mozart, que me provocaba unas sensaciones muy especiales al escucharla. Recuerdo que el día que fui a esa función de ballet, Alicia bailaba Coppélia. Cuando desde mi asiento vi de pronto a aquella mujer salir a escena, ocurrió en mí una emoción muy especial, y sentí una sensación muy parecida a la que en ese momento solo sentía oyendo a Mozart. Mi primer encuentro personal ocurrió años después. Durante un trabajo voluntario en el campo, al que asistían trabajadores del sector de la cultura —yo trabajaba ya en la Casa de las Américas como investigador literario—, mientras trabajábamos se formó una discusión alrededor del arte del ballet, en que unos lo atacaban y otros lo defendían. Yo tomé su defensa, y realmente creo que hablé durante horas. Al final de la jornada, se me acercó un compañero que yo no conocía y me preguntó: “¿Por qué tú no escribes sobre el ballet?”. Le contesté que nunca se me había ocurrido, porque mis especialidades habían sido la filosofía y la literatura. La persona que me hablaba me expresó que estaba muy impresionado con la forma en que yo había sabido defender el ballet; que él dirigía en ese momento la página cultural del periódico Juventud Rebelde, y que me invitaba formalmente a que colaborara con artículos críticos o divulgativos sobre el ballet. El compañero era el poeta, ya fallecido, Eduardo López Morales. Publiqué mi primer artículo, que fue precisamente sobre la interpretación del ballet Carmen por Alicia Alonso, y dos días después recibí una llamada del periódico, en que me decían que de la dirección del Ballet Nacional de Cuba me citaban a una reunión porque querían conocerme. Primeramente me asusté, pensando: “¿qué barbaridad habré escrito que pueda haberlos molestado?”. Fui recibido por varios miembros de la dirección, y para mi sorpresa, solo fueron elogios para mi artículo y me ofrecieron la colaboración del Ballet para que continuara escribiendo. En ese momento entró Alicia Alonso, que terminaba de tomar una clase, y Fernando Alonso le dijo: “Este es el joven que publicó el trabajo sobre Carmen que tanto nos gustó”. Alicia me extendió la mano y me dijo: “Oiga, usted sabe mirar, pero además escribe muy bien sobre lo que ve”. No tengo que explicarle cuántas emociones tuve ese día. Pero debo decirle que ese fue mi primer encuentro personal, además del inicio de una larga relación con el Ballet Nacional de Cuba.

¿Qué nómina de autores (que usted debía haber leído ya) le hizo Mario Benedetti en 1968, para ser aceptado en el Centro de Investigaciones Literarias, dirigido por él, que se iba a crear en La Casa de las Américas ese año?; ¿los consiguió y leyó todos?

No es que Mario Benedetti me sometiera a una lista de autores que debía haber leído para integrar el Centro de Investigaciones Literarias que iba a fundarse en la Casa de las Américas. Yo había sido recomendado a él para acompañarlo en ese proyecto, y después de una larga conversación conmigo sobre literatura, él sabía perfectamente por dónde andaban las cosas, pero yo comencé a excusarme de que no era graduado de Literatura, que mis especialidades eran otras, y que los temas literarios eran una afición personal de la que me había ocupado por mi cuenta; y en un momento dado, él, para darme confianza, me dijo: “Mire, con que usted se haya leído a autores como…” —y a continuación relacionó una lista, sobre todo de los grandes narradores del momento en la literatura latinoamericana— es suficiente”. Yo lo que he referido en alguna ocasión es que de allí salí corriendo a buscar a algún autor que él mencionó y no recordaba haber leído.

¿Cómo logró que Dulce María Loynaz, “una señora muy desconfiada”, según usted mismo ha comentado, le abriera sus puertas, sus archivos, y le permitiera ver su correspondencia?; ¿considera usted que su aporte más valioso en la investigación literaria ha sido ese acercamiento a la obra de Dulce María?

Yo era miembro del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas, y propuse preparar un tomo de la serie Valoración múltiple (antología de valoraciones críticas) dedicado a Dulce María Loynaz, una autora que en esos momentos estaba muy apartada de las actividades literarias, y que yo admiraba por haber leído su poesía y su novela Jardín. Mi proposición fue aceptada, advirtiéndome que debía lograr la confianza de la escritora, para que colaborara conmigo en el trabajo. No fue un proceso fácil. Luego de varias conversaciones telefónicas, al fin accedió a recibirme, y fui ganando su confianza poco a poco, hasta que ocurrió algo que fue decisivo. Cuando le dije que yo era el esposo de Alicia Alonso, se manifestó muy emocionada hablando sobre ella, sobre la que expresó una grande y antigua admiración. A partir de ese momento, fue cada vez más receptiva hacia el trabajo que yo pretendía realizar. Cuando Alicia se enteró de mi trabajo con Dulce María, me sugirió invitarla a que nos visitara en nuestra casa, lo cual, para mi sorpresa, fue tomado con mucho entusiasmo por la escritora. Después ocurrió toda una secuencia de logros, como las grabaciones de sus poemas que accedió a hacer, muchas de ellas realizadas en la sala de nuestra casa, en reuniones con amigos. La opinión acerca de mi trabajo en las investigaciones literarias relacionadas con Dulce María Loynaz la dejo a otros. Pero mi Valoración múltiple sobre ella fue designada por la Academia de Ciencias de Cuba como el Mejor Trabajo en su género en 1992.

¿Tiene usted alguna creencia o fe religiosa?

No tengo creencias religiosas. Fui educado desde niño con un concepto científico de la realidad. Pero respeto profundamente las creencias de otras personas, y paradójicamente, desde niño sentí una fascinación especial por la música sacra. Además, he tenido y tengo amigos creyentes, sin que eso haya significado nunca un obstáculo en nuestra relación.

Hábleme de esa otra hija suya que es la revista Cuba en el Ballet.

La dirigí durante más de 40 años. Creo que fue una gran realización en mi vida. Algo que hice con mucho amor y rigor.

El 5 de agosto de 1975 se casó con la prima ballerina assoluta Alicia Alonso; ¿dónde fue la boda, quiénes fueron los testigos y adónde fueron a pasar la Luna de Miel?

Nuestra boda fue algo muy sencillo. Ocurrió en una notaría de La Habana Vieja. Y los testigos no fueron nada especiales, sino compañeros que estaban cercanos y disponibles para desempeñar ese papel, y que se enteraron media hora antes. Tampoco tuvimos una luna de miel formal. Poco tiempo después, aceptamos una invitación a pasar unos días en un hotel en Varadero, pero la curiosidad del público hacia la personalidad de Alicia nos estropeó la estancia. Un día intentamos un paseo por la playa y las personas que allí veraneaban empezaron a caminar detrás de nosotros, a observarnos, y de pronto miramos hacia atrás y vimos que había una larga fila, acerca de la cual bromeábamos entre nosotros diciéndonos que nos parecíamos al Flautista de Hamelín. Dimos media vuelta y regresamos al hotel. También en esos días tuvimos una breve estancia en (el hotel) Los Caneyes, de Santa Clara.

Cuando usted se casa con Alicia, hacía poco que ella se había operado de nuevo de la vista en Barcelona, y recuerdo que ya en 1976 bailó nada menos que el segundo acto de Giselle completo. De ferviente admirador a devoto esposo, ¿cómo tomó usted esa férrea voluntad de Alicia de seguir bailando, pese a su debilidad visual –y luego total ceguera?

Con devoción, respeto y, desde luego, amor. Le aclaro que mientras bailó, a pesar de mayor o menor dificultad visual, nunca fue una ceguera total.

Yo siempre afirmo que hay una Alicia antes de casarse con usted, y otra después de ya convivir ustedes como pareja; mucho más segura, si se quiere; y más volcada hacia otras manifestaciones del arte, aparte del ballet, y prueba de ello es que el 3 de abril de 1986, Alicia consigue materializar sus sueños de reunir y apoyar en una sola empresa la danza, la ópera, la zarzuela, el teatro, un grupo coral, así como varios centros de promoción artística, y nace así el Gran Teatro de La Habana, con tres salas de teatro: la histórica García Lorca, la Alejo Carpentier, de 600 localidades, y la Antonín Artaud, dedicada al teatro experimental. Sobre ello tengo dos preguntas para usted:

Voy a parafrasear ahora esa conocida frase de que “Detrás de todo gran hombre se encuentra una mujer”, como “Al lado de la gran Alicia Alonso se encuentra el gran Pedro Simón”:

Primera pregunta: ¿En qué grado tuvo usted que ver con la materialización de ese sueño de Alicia?

En primer lugar, le agradezco sus apreciaciones, aunque de ningún modo me atrevería a suscribirlas de una manera textual. Claro que a partir de mi matrimonio con Alicia la apoyé en todo lo que pude para la realización de sus proyectos, pero Alicia es incomparable y en gran medida su fuerza y talento existían por sí mismos.

Segunda: En esa feliz simbiosis matrimonial y artística, ¿cuál ha sido el mayor aporte de ella a usted, y de usted a ella?

El amor.

Pedro, yo llevo viendo ballet –y específicamente al Ballet Nacional de Cuba– desde 1963, y me consta que sin la impronta, la voluntad y la visión de Alicia no hubieran surgido tantas primeras figuras femeninas como las Cuatro Joyas (Josefina Méndez, Aurora Bosch, Loipa Araújo y Mirta Plá); las Tres Gracias (Ofelia González, Amparo Brito y Rosario Suárez); Marta García y María Elena Llorente; y tantas otras excelentes primeras bailarinas, todas ellas bailando los grandes ballets como protagonistas, excepto Carmen; pero existe la opinión de que tanto Alicia como usted y su entorno “no han dejado sobresalir a otras individualidades del ballet, como a Rosario Suárez”: ¿qué responde usted a eso, y a que “Alicia es racista” y que ha existido racismo en el BNC, específicamente contra Caridad Martínez y Carlos Acosta?

Se trata de calumnias, que la propia vida se ha encargado de desmentir. Todas tuvieron las posibilidades que merecían y el tiempo transcurrido lo demuestra así. La acusación de racismo se trata de una difamación de marca mayor, la crítica internacional ha elogiado la diversidad racial que exhibe el Ballet Nacional en toda su historia. Siempre puede haber malentendidos, porque hay personas con complejos raciales, que pueden confundir las limitaciones objetivas con temas raciales. Creo que en el Ballet Nacional de Cuba ha habido lugar para todos, según el talento de cada cual.

¿Qué significan la danza y el ballet para Pedro Simón?

Obviamente, ha sido algo muy importante en mi vida, y lo sigue siendo. Primero fui espectador, lleno de curiosidad, y luego fui conquistado por la magia de la danza, y me convertí en un ferviente admirador, que sentía la necesidad de aprender todo lo posible sobre esta expresión, y de servirla en todo lo que me fuera posible. En el caso específico del ballet, he dedicado décadas a promover y defender este arte de todos los malentendidos que, a veces, sobre todo por ignorancia, se tejen alrededor de su estética y de su historia. Desde luego, la personalidad de Alicia Alonso, como artista y como ser humano, ha tenido mucho que ver en esto.

¿Cuál considera que ha sido su principal realización: el Museo Nacional de la Danza, el periodismo o sus acercamientos a la literatura?

No sabría decirle. Dejo esta apreciación a los que han conocido mi trabajo durante tantos años.

En el 2002 lo declararon “Hijo Ilustre de Fomento”, ¿qué significó para usted ese reconocimiento de su querido terruño?

Ha sido uno de los momentos más emocionantes para mí. Específicamente, nací en Agabama, un poblado que pertenece al municipio de Fomento, pero en la ciudad cabecera cursé parte de mis estudios. Reencontrarme con mis antiguos compañeros de la niñez y adolescencia, acercarme a los lugares en que viví tantos años y tuve entrañables experiencias, fue para mí algo inenarrable.

Usted y yo compartimos el gusto y la admiración por Ernesto Lecuona, María Callas, Carilda Oliver Labra y Esther Borja, por mencionar solo estas cuatro personalidades; ¿cuánto tuvo que ver Pedro Simón en que Alicia haya incorporado el ballet La Diva, de Alberto Méndez, a su repertorio, y en el continuo homenaje a Lecuona?

Creo que sí, que compartí con ella la admiración por esas y otras figuras, y la acompañé gestando algunos proyectos artísticos relacionados con ellas. En el caso de La Diva, fue un ballet concebido y creado para ella, al que se sumaron los entusiasmos de varias personas, pero en primer lugar la iniciativa de la propia Alicia.

Sé que en 2016, el Instituto Cubano del Libro le otorgó muy merecidamente la Moneda Conmemorativa del Centenario de José Lezama Lima; ¿cómo recuerda usted al autor de Paradiso?; ¿fueron grandes amigos?

En mi libro El Ballet: una devoción, antologo un trabajo mío donde se recoge lo más importante que podría expresar sobre este tema. Se titula “Horas privilegiadas con el poeta”, y lo autorizo a que tome de allí todo lo que considere útil para su trabajo.

Ahora pasaré a hacerle algunas preguntas más generales, para “conocerle mejor” (jajajá), si algún día lo invito a cenar o almorzar, por ejemplo:

¿Cuál es su comida cubana e internacional predilecta?

El tamal en cazuela, preferencia que compartía con Alicia; los buñuelos de yuca en almíbar, con los que rememoro a mi madre. Además de la buena comida china.

¿Sus héroes de la vida real?

En la larga historia de mi país me gustaría destacar las figuras de José Martí y Perucho Figueredo. Las grandes personalidades que admiro en la etapa contemporánea son varias, pero si tuviera que escoger una persona para expresar mi máxima devoción, sin dudas, tendría que decir: Alicia Alonso.

¿Qué tipo de música prefiere?

Es muy amplio el panorama que tendría que hacerle. Disfruto mucho de la música llamada clásica, y también tengo una predilección por la música tradicional cubana.

¿A quién más admira en el mundo del arte escénico?

En la ópera, debo señalar a Jussi Björling, el famoso tenor sueco; en el cine, la actriz Greta Garbo, y los filmes de Ingmar Bergman.

¿Quién es su novelista favorito, y por qué?

No tengo uno específico, pero admiro a las grandes figuras latinoamericanas en este género, como Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez, entre otros.

¿Su poeta preferido?

José Martí.

¿A quién más admira en el mundo de la literatura?

A Dulce María Loynaz, Fina García Marruz y Eliseo Diego, entre otros.

¿Qué pregunta se me ha quedado sin teclear en mi ordenador que le hubiera gustado que le hiciera?

Ninguna, creo que usted ha tocado suficientes temas que atañen a mi vida.

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