Saturday, March 27, 2021

Una tarde de teatro al sol en un hermoso jardín de Miami (por Wilfredo A. Ramos)


Como ya habíamos anunciado con anterioridad, el pasado domingo 21 de Marzo, tuvo lugar el estreno de la obra “Una tarde de sol”, en un escenario singular: Casa María, producción de Margi Happenings, con dirección de Marilyn Romero y las actuaciones de Marta Velasco y Gerardo Riverón, trabajo el cual resultó en una versión libre de “Mañana de sol”, obra de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, ambos poetas y autores muy conocidos en el ámbito teatral español de finales del siglo XIX y principios del XX, por sus más de doscientas obras, entre comedias, dramas, zarzuelas y exitosas revistas musicales.

Esta obra de los andaluces Álvarez Quintero, escrita en 1905, forma parte de sus numerosas y bien recibidas comedias de tono ligero en un solo acto, donde reflejan el habla coloquial, el color local y el humor de su Andalucía natal.

El primer gran éxito de estos autores llegó con apenas 24 y 26 años respectivamente, mediante su obra “El ojito derecho”, sucediéndose inmediatamente muchos otros, tanto que desde 1897 y durante cuarenta años en todas las temporadas madrileñas siempre había en cartelera al menos una obra de dichos autores. Sus obras llegaron al continente americano siendo representadas en el escenario del Teatro Colón de Buenos Aires y traducidas a varios idiomas. Ambos hermanos sufrieron prisión al comienzo de la Guerra Civil en El Escorial por parte de las tropas republicanas, falleciendo posteriormente Serafín en 1933 y Joaquín en 1944, reposando sus cuerpos en el cementerio de San Justo de Madrid.

Sus obras en su gran mayoría son de naturaleza costumbrista, describiendo el modo de ser de sus nativas tierras andaluzas en las cuales se reflejan solo la luz y la alegría de su pueblo, llegando a considerándoseles como autores con una ideología tradicionalista. Según Francisco Ruiz Ramón en su Historia del Teatro Español Siglo XX (Cátedra, 1995): “...los supuestos básicos de este teatro son los de un realismo naturalista ingenuo.” El lenguaje usado es un castellano depurado y elegante, pasado por el tamiz fónico del ‘dialecto andaluz’, con chistes de buen gusto, sin llegar nunca a la chabacanería, pero con gran vis cómica y con un excelente trabajo de diálogos. En sus obras no se encontrará crítica social de ningún tipo ni temas que alejen al espectador de la alegría de la vida, pudiéndose considerar sus obras de cierto ‘ternurismo y melodramatismo’ que las convierten en comedias puramente burguesas, con una visión idealizada de Andalucía. Es dicha alegría de vivir lo que salvó la obra de estos autores de las implacables plumas de Ramón Pérez de Ayala, Azorín o Luis Cernuda.

Regresando a la versión miamense de la original andaluza, tenemos que decir a su favor que la directora ha escogido a dos muy conocidos y experimentados actores cubanos para encarnar a los septuagenarios personajes reunidos en este ‘paso de comedia’, como bien se le ha dado en llamar a este brevísimo tipo de obra, nos referimos a Marta Velasco y Gerardo Riverón, ambos con una consolidada trayectoria en televisión, cine y teatro, la primera aquí en los Estados Unidos, mientras que el segundo lo mismo en Cuba que este país.


Como era de esperar el trabajo de estos dos actores estuvo a la altura de las expectativas, teniendo en cuenta que sus personajes no requerían de un complejo y profundo trabajo de interiorización, ya que con la sola caracterización física como ancianos de avanzada edad, más cierta modulación de voz y gestualización apropiada, salvan las exigencias de tan elementales personajes. La pericia y el oficio de los dos actores les hacen crear a estos dos tipos escénicos sin mayor riesgo y cumpliendo con los requerimientos del texto dramático y del género en cuestión.

Tanto Marta como Gerardo se pasean con sus personajes por ese supuesto parque público, en que se ha convertido este muy hermoso y acogedor jardín privado, el cual su amable dueña, María, ha puesto a disposición de esta y futuras puestas en escena para el disfrute del público ansioso por regresar a los teatros, interactuando con los asistentes allí presentes e incriminándolos por tener todos los “bancos del parque ocupados”, provocando simpáticas situaciones.

La directora ha incluido dos personajes más en su puesta tratando de crear contrastes generacionales, así como buscar imágenes evocadoras del pasado de los personajes protagónicos cuando en su temprana juventud vivieron un cálido romance, interrumpido por situaciones familiares que los llevaron a alejarse y a no saber nunca más uno del otro, cosa que el encuentro de estos dos ancianos irá descubriendo poco a poco mediante relatos que ambos irán contándose a medida que van entrando en confianza, dejando atrás los resabios y desencuentros de ese primer contacto en la búsqueda y disputa por un banco de parque donde disfrutar de su día, aunque teniendo a bien dejar en suspenso la aceptación por parte de cada uno de sus propias historias, lo que hace que el texto dramático tenga un final abierto y dado a múltiples lecturas.

Respecto a la utilización de esos dos jóvenes personajes incorporados a la trama, que mencionamos anteriormente, debemos señalar que en el caso del chico su caracterización como guardaparque, se integra de manera coherente con la trama de la obra, incluso en sus momentos de interacción con la anciana en donde le recrimina el que le arroje comida a los peces -de la verdadera hermosa fuente estilo japonés que engalana el patio de la casa escenario de dicha representación. Estos breves diálogos le ofrecen frescura y realidad al desarrollo dramático de la acción. En cuanto a la utilización de la chica, su aparición se hace algo forzada como transeúnte del parque primeramente y mucho mayor después cuando se convierte en una angelical escultura de dicho parque, moviéndose e interactuando con el anciano. La relación que establecen estos jóvenes personajes casi al final de la obra con los ancianos llevándonos al recuerdo de su juventud y ocupando el lugar de ellos, no queda del todo conseguida de modo satisfactoria.

La directora lleva a cabo un buen proceso de adaptación del ambiente y lenguaje del texto, al trasladar la acción de una posible ciudad andaluza hacia otra ciudad que pudiera ser la nuestra, eso sí, sin localismos rancios ni dejando que el llamado ‘sainete costumbrista cubano’ aparezca por lado alguno. Un acierto total el no localizar demasiado la acción, lo que no siempre son capaces de evitar algunas adaptaciones.

Algo que no quisiéramos dejar de mencionar, porque nos preocupaba antes de comenzar la función, era la excelente calidad del sonido utilizado, debido a ser esta una puesta al aire libre y haberles sido colocados micrófonos inalámbricos a los actores, los cuales no presentaron los penosos problemas que en ocasiones hemos tenido que sufrir en otras puestas de este tipo, aunque por el contrario no nos pudimos librar del acostumbrado ruido al pasar los aviones a través de este tan transitado cielo de Miami.

El que podamos disfrutar de Teatro, aunque no sea en las condiciones apropiadas, habla del amor hacia el mismo que profesan sus hacedores, lo que hace que esta manifestación, tan en peligro siempre, más en estos turbios tiempos, sea venerada como bendita, tanto por los que la profesan como por aquellos que la disfrutan como espectadores.

Y es debido a ese amor y a esa tozudez en hacer Teatro, que Margi Happenings a través de su directora, Marilyn Romero, como de su productora, Gigí González, nos anuncian que a petición del público que no pudo asistir al estreno debido a lo reducido del aforo por problemas de seguridad sanitaria, se realizará otra función el próximo domingo 4 de Abril a las 5:00 pm, para todos aquellos que han reclamado poder disfrutar de otra tarde de sol en ese tan hermoso jardín miamense.

La dirección de Casa María es 1187 SW 22 Terrace, Miami 33129 y la web para obtener las entradas es http://tardesol.bpt.me







Wilfredo A. Ramos
Marzo 26, 2021

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