Tuesday, February 9, 2021

Las huellas de Francisco López Segrera en Santiago de Cuba (por Rafael Duharte Jiménez)



A fines de la década del sesenta, del siglo pasado, ingresé en la Escuela de Historia de la Universidad de Oriente, en esa época las vacas sagradas del claustro eran Francisco Prat y Felipe Martínez Arango y las estrellas en ascenso: María N. Trincado, Olga Portuondo, Sonia Moro, Hebert Pérez, Julián Mateo y Francisco López Segrera.

Recuerdo que cuando comenzaron las clases, el profesor de sociología no apareció y nos dijeron que había ganado un premio y estaba de viaje por Alemania; cuando finalmente llegó, se convirtió inmediatamente en nuestro ídolo, pues nos parecía brillante e irreverente, combinación muy rara en aquellos tiempos grises.

En particular para Joel James y para mi, Paquito como le decían sus colegas y amigos, llegó a ser un Maestro en el sentido en que usaron este término los griegos antiguos. Una vez nos dio clases mientras subíamos a pie a la Gran Piedra; al llegar arriba, después de varias horas de esfuerzo físico y sabios comentarios, Paquito encendió un tabaco e hizo una serie de profundas reflexiones; ahí terminó la clase, porque la bajada de regreso fue particularmente agotadora y creo que fuimos en silencio hasta Santiago.

Pienso que la influencia de Paquito fue cardinal para desarrollar cierta imaginación sociológica que nos distanció, al menos a Joel y a mí, de una visión de una historia reseca y descriptiva, que predominaba, con escasas excepciones, en la carrera; él nos enseñó también la importancia del ensayo como vehículo idóneo para expresar ideas. Estoy seguro de que todo lo que publicamos Joel y yo en el campo del ensayo histórico, tiene las huellas de nuestro Maestro Francisco López Segrera.

Ahora me viene a la mente una pequeña anécdota de aquéllos años duros. Nos daba una conferencia un historiador soviético, que fue presentado como una figura importante de la Academia de la Historia de la URSS, al terminar el individuo amablemente solicitó al público preguntas y comentarios; creo que hubo varias. Yo que por aquellos días estaba fascinado con la obra del sociólogo norteamericano Charles Write Mills (La Imaginación Sociológica y La Elite del Poder), le pregunté su opinión sobre la obra de Mills. El ruso hizo un silencio de piedra y puso una cara como si tuviera un cólico, luego habló en ruso con su traductor un par de minutos, hasta que éste con un gesto violento, dio un puñetazo en la mesa y así de forma muy deslucida, terminó la conferencia.

Nosotros estábamos asombrados y especulábamos en el sentido de que el traductor quizás era un agente de la KGB y por eso había humillado en público al académico; luego Paquito muerto de risa nos dijo que los soviéticos desde hacia varios años habían dejado de estudiar la sociología por considerarla una ciencia burguesa y que obviamente el académico no había oído hablar de Mills…

Un día Paco se fue para La Habana y luego para la UNESCO y lo perdimos de vista. Algunos años más tarde desde la UNESCO en Caracas nos envió una plata para apoyar el coloquio del Festival del Caribe que nosotros organizábamos y que por ese entonces era un espacio teórico importante en la región del Caribe. Recuerdo que el dinero nos permitió invitar a dos figuras notables de los estudios, caribeños, uno de ellos Teotonio Dos Santos.

Durante los últimos años, ya retirado de la UNESCO, cada vez que viene a La Habana me llama por teléfono desde su choza de la Quinta Avenida, recuerdo que una vez que le hablé de venir a Santiago, me dijo que en la Habana se sentía como dentro de una botella de creolina, entonces no le insistí más; ese es el gran Paco, un tipo genial, cosmopolita y con un gran sentido del humor.

Ayer escuché a algunos viejos colegas hablando de nuestros tiempos de estudiantes en la Escuela de Historia y me percaté de que algunos no recordaban a Paquito, por eso cuando llegué a mi casa, sin quitarme el polvo del camino, escribí esta nota que meteré en una botella y voy a tirar mañana al mar en la boca del Morro.


Rafael Duharte Jiménez, 7 de febrero de 2021

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