Saturday, July 6, 2019

Una imagen a medio camino... (por Wilfredo A. Ramos Vázquez)

Fotos/Website de FUNDarte
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La ciudad de Miami no es muy pródiga en presentar en sus escenarios espectáculos danzarios en cualquiera de sus diversas expresiones, a pesar de existir en la ciudad una notable presencia de artistas de dicha manifestación, algunos estudios de agrupaciones y gran cantidad de academias de ballet y de bailes españoles, tampoco son muy frecuentes los espectáculos provenientes del extranjero que suban a nuestros escenarios, ni que decir de los del resto del país. Es por eso que cuando se anuncia la presentación de alguna agrupación, proyecto o compañia danzaria se cree cierta espectativa entre el poco numeroso público interesado en este arte tan ausente de la vida cultural de la ciudad.

El anuncio del estreno con carácter mundial del espectáculo “Objects in Mirror are Closer than They Appear” (Los objetos en el espejo están más cerca de lo que parecen), con coreografía de los cubanos Abel Berenguer y Sandra Ramy, abrió inmediatamente el apetito por degustar esta nueva oferta danzaria patrocinada por la productora FUNdarte, quien con su constante búsqueda de trabajos artísticos de diversos orígenes, criterios estéticos y manifestaciones variadas, trae a las tablas miamenses un oasis de gran diversidad cultural.

Como ya mencionamos, este es un trabajo coreografiado a cuatro manos, entre Berenguer, bailarín y coreógrafo cubano radicado desde el 2015 en este país, graduado del Instituto Superior de Arte de la Habana en el 2006, quien se ha presentado en festivales y eventos en diversos países de América Latina y Europa, y la Ramy, cubana residente en la isla, egresada también del Instituto Superior de Arte de la Habana en 1994, quien ha trabajado con agrupaciones en Cuba y Alemania, siendo profesora de danza moderna, trabajando también en distintos proyectos hasta crear el actual, Persona Ensemble. Ha sido merecedora además de algunos premios por su creación coreográfica.


Para esta obra se llamó a las bailarinas Britney Tokumoto, originaria de Honolulu, Hawaii y Ivonne Batanero, nacida en Lima, Perú, pero acentada en este país desde su temprana niñez, ambas con una corta pero ya intensa trayectoria tanto desde la interpretación como de la enseñanza. El diseño escenográfico, de luces y de vestuario corresponden al también cubano residente en la isla, Guido Gali, mientras que la fotografía y video corrieron a cargo de Randy Valdes.

Si nos remontamos a los orígenes de la humanidad, el hombre ha utilizado la danza como elemento acompañante de su vida cotidiana. En sus primeros momentos sirvió para expresar agradecimientos o rogaciones a las fuerzas que controlan la naturaleza. También fue utilizada con sentido religioso en las diferentes culturas para mostrar las alabanzas hacia ellos y su sumisión a sus designios. Se danzó para divertirse y confraternizar, fue popular y llegó a los salones de la alta sociedad. Fue prohibida y bendecida. Más tarde llegaría un Rey y la elaboraría hasta el máximo subiéndola a los escenarios, creando pasos y coreografías, entonces se creó una técnica: el ballet, el cual dió origen a escuelas y estilos diferentes. Con el tiempo surge una Duncan deseosa de regresar a los orígenes naturales de la danza y es a partir de esos momentos en que comienza a fluir otra manera de danzar, alejada del rígido baile de las academias: la danza moderna.

Este género danzario, desde su surgimiento, ha invadido al mundo con una muy variada posibilidad de propuestas, cada una con orígenes y conceptos propios, tomados de la filosofía, la naturaleza, el folklore y las más intrincadas búsquedas; unas exitosas e interesantes, otras no tanto. La danza moderna se ha ocupado de crear técnicas propias, aunque con la imposibilidad de negar totalmente los elementos de la técnica académica, como base imprescindible para la formación de todo bailarín sin importar el estilo al que se dedique. Grandes coreógrafos y maestros han hecho escuela en el mundo de la danza moderna. El francés Francois Delsarte es considerado como uno de sus precursores teóricos debido a sus ideas de que todo movimiento humano está relacionado con un estado mental o una emoción, lo que impulsa uno de los componentes ideológicos principales de este género: “las emociones y su intensidad son la causa del movimiento y su calidad”, es decir que, que la fuente de la danza se encuentra en el interior del bailarín y no fuera de el, ni en gestos codificados como enseñaba la danza académica.

Figuras como el bailarín e investigador húngaro Rudolph Laban, la alemana Mary Wigman, la francesa Isadora Duncan, los norteamericanos Loie Fuller, Doris Humphrey, Martha Graham, Alvin Ailey, Merce Cunnningham, José Limón, entre otros, son sin duda alguna de las más destacadas e importantes figuras que forjaron y desarrollaron este género, el cual ha llegado hasta nuestros días de la mano de otros también importantes artistas. Si los orígenes de la danza moderna se sitúan entre Europa y Estados Unidos, no podemos ignorar la que se crea en América Latina, con gran cantidad de artistas interesados en ésta, principalmente bajo las miradas del mejicano Guillermo Arriaga y del cubano Ramiro Guerra, ambos creando estilos y escuelas muy propias en sus respectivos países.


Después de este breve recorrido histórico por el mundo de la danza moderna y el análisis de sus planteamientos teóricos, hemos llegado al momento de valorar la obra que nos trajo hacia este trabajo: “Objects in Mirror...”. Lo primero que tenemos que decir de esta obra, es que su largo título ya crea algo de desconfianza en el posible público, debido a que el mismo ya nos está proponiendo un trabajo de intelectualización y abstracción fuerte. Así, nuestro sentido no nos engañó y tal fue la realidad escénica que nos encontramos.

Esta obra se anuncia como un reencuentro en el plano danzario entre la “dos orillas” cubanas, por estar concebido y coreografiado por sendos artistas de la isla caribeña, uno viviendo en este país y la otra en la ínsula, vendiéndose bajo el eslogan político de que “los artistas cubanos estamos unidos y trabajamos unidos desde ambas orillas”, todo demasiado políticamente correcto para aquellos promotores del olvido y el perdón a las atrocidades provocadas a la nación y el pueblo cubano por una larga dictadura. Pero bien, dejemos el tema político a un lado.


Al entrar el público al escenario del On Stage Black Box del Miami Dade County Auditorium, ya los tres intérpretes se encuentran en el escenario y en movimiento. Con ligeros balanceos de sus cuerpos y girando lentamente en 360 grados en el lugar, los bailarines mantienen dicho monótono y pausado movimiento durante el tiempo de entrada de los asistentes e incluso después de apagada las luces, a través de toda la duración del primer número musical de la excelente banda sonora que recoge variados temas de los legendarios Irving Mills, Count Basie, Eddie Durham, Harry Ruby, Ted Snyder, Bert Kalmar, Jimmy Rushing, Connie Francis y Pérez Prado. El espacio en el que se mueven los bailarines ha sido cuadriculado con un diseño geométrico irregular de líneas blancas formando cuadrados y rectángulos, que alcanzan la pared del fondo, en los cuales los danzantes se moverán de manera muy respetuosa de cada espacio. Es esta la escena que recibe al espectador.


Según las notas al programa, este trabajo coreográfico pretende “explorar la resistencia propia del cuerpo humano en cada momento y en cada acción, en la búsqueda de una imagen carente de significado, en un micro universo en donde cada uno habitamos, el cual puede ser una ciudad o un país Es la realidad que nos ofrece un reflejo de nuestra propia imagen, es la necesidad de tomar distancia para mirar las palabra que definen a una ciudad, un artista inmigrante que explora una nueva vida en Miami”. Como se podrá apreciar el concepto teórico que se toma como base fundacional de esta obra se encuentra situado en un plano mayormente conceptual-existencial que en el técnico-artístico. Sobre estas coordenadas los coreógrafos se lanzan a ofrecer una continua cadena de movimientos carentes de significados objetivos, que tienen como único fin el movimiento por el movimiento, el trabajo continuo del cuerpo en el espacio, sin alardes tecnicistas, pero que crean un ambiente de ambiguedad, cansancio, repetición, aburrimiento, claustrofobia.


Los tres bailarines en escena se mueven entre la abulia y el desespero, entre la agonía y la euforia, sus cuerpos son casi marionetas, no humanos. Hay una casi total ausencia de expresión facial, la frialdad predomina en la mayor parte de la obra, así como existe una ilógica concatenación de esos continuos movimientos. Un momento a destacar es el solo que realiza la Batanero, en donde a través de gestos y movimientos cortantes y descompuestos, acompañados de también cortantes inflexiones de voz, va llevando su trabajo hacia un posible climax en donde su fuerza interna va brotando, pero que es detenida de pronto, para regresar a una acción de cuasi flirteo con el publico, que desinfla todo lo anterior. El trabajo de la Tokumoto esta mucho más en función de su relación con Berenguer y muestra cierta expresión en sus acciones que no se ven en el resto del elenco. En cuanto a Abel en su condición de bailarín, ofrece un trabajo demasiado frió, impersonal, en donde no hay momento alguno de destaque individual.


En general, esta obra resulta demasiado cerrada, inexpresiva, si no fuera por el sencillo pero efectivo trabajo escenográfico y de luces, sería casi imposible de soportar sin un bostezo o una mirada reiterada al reloj, algo que ningún trabajo debe provocar en el espectador. No acabo de comprender por que los artistas de la danza moderna se embarcan en estos tipos de trabajo tan herméticos, tan conceptuales que solamente sus creadores pueden asimilar sus postulados. Los hacedores de esta manifestación siempre hablan de que su trabajo es una necesidad ante el elitismo que representa el ballet clásico, pero alguien quiere algo mas “elitista” que un trabajo danzario en donde además de no haber argumento alguno, algo no siempre necesario, no hay tampoco imágenes, no hay expresión, no hay virtuosismo de ningún tipo, tampoco extrictamente necesario, ni nada que entretenga en el más “superficial” de los comentarios y a eso sumémosle toda una teoría conceptual solo concebible en la imaginación de sus creadores. Y a todo esto me hago también la pregunta de que tiene que ver el tema del artista emigrado con lo que vimos en escena o retomando el asunto del que ya habíamos hablado, “los artistas cubanos de ambas orillas y su comunicación”.

En realidad fui a ver una función, esperando ver algo que me hiciera sentar al borde de la silla, que hiciera pensar, no que me dejara con la impresión de ser un ignorante, pero no fue lo que encontré y que conste que no soy de los que da prioridad a un tipo de danza sobre otro, por el contrario, le doy tanto valor a un ballet, a la danza moderna, a un baile folclórico, todos tienen algo que ofrecerme y de todos tomo, pero lo que no me permito es aplaudir lo que considero se ha quedado por el camino y necesita reelaborarse. El artista tiene que ponerse también en el lugar del espectador iniciado o no, porque su obra va dirigida a un público y este es su consumidor. Los experimentos no siempre pueden subir a un escenario, el experimento no es un producto terminado. A veces los artistas se preguntan por qué cierto tipo de danza moderna no tiene o no llega al público, la respuesta se encuentra en ustedes mismos. Los grandes coreógrafos de la danza moderna han experimentado y mucho han ido dejando a lo largo del camino hasta lograr encontrar el camino y así y todo siempre han continuado tropezando.

No obstante estas notas, con las cuales podrán o no estar de acuerdo algunos, considero importante que suban a los escenarios propuestas como esta más a menudo, ya que es importante para alimentar el ámbito cultural de la ciudad, para enfrentar opiniones, para conocer nuevos obras y nuevos creadores e interpretes, para valorar su propuestas y para que los propios artistas se vean y tengan puntos de referencias para enfrentar sus propios trabajos y sobre todo, para educar un poco más a un público que lo necesita... y como siempre hay que darle las gracias a FUNDarte por posibilitar estas ofertas artísticas tan necesarias.


Wilfredo A. Ramos
Crítico de Teatro y Danza.

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