Tuesday, July 2, 2019

Ana Margarita Mireles: intensidad y delirio (por Manuel Vázquez Portal)


La poesía de Ana Margarita Mireles es como las visitaciones de una luciérnaga: fúlgida y fugaz. Titileos entre las ramas frágiles del jardín. Poemas con aderezo de sangre barbullando, de carne en carne viva. Cuando menos lo esperas: un relámpago de ternura, y, otro fusilazo de incertidumbre. Más figuraciones que coordenadas. Parecieran erráticos aleteos. Todo entre la intensidad y el delirio. Intensidad de la voz del sujeto poético; delirio en los objetos poéticos que parecen siempre deslizarse hacia otra dimensión, donde se es, y no se es a un tiempo, donde todo fluye y se empoza a la vez. Un alma dada a husmear en las hendijas del acertijo, un espíritu con respuestas pero sin imponer las que cree encontrar. Todo como la vida: azaroso y sin apelaciones.

Hay que haberla hurgado para saber quién es: flor hibernada en los volcanes de lo inexorable, vuelo que siempre parte pero deja un rastro indelebles, no importa si el sol le derrite o no las alas. Hecha de pasiones desaforadas y entrega sin linderos. Ana Margarita Mireles es una poetisa del caos y la armonía al unísono. Su universo interior se amalgama y forcejea con todos los universos y se torna ese revoltijo fulgurante o sombrío donde todo sucede y nada ocurre, donde todo acontece o puede acaecer. En sus versos parece cantar el desasosiego de la sempiterna búsqueda, de la infinita, eterna indagación. Más espíritu que cuerpo se eleva hasta donde, quizás, le esté negada la visión al ser humano, pero ella arriesga la piel y las palabras, porque, de algún modo, sabe que su reino se afinca en esas serventías que no existen y que uno cree inventar al andar.

Ella no fabrica versos; le brotan. O la penetran, o la surcan, o se le escapan, o la invaden, o la abandonan; y más que versos, son vibraciones o resonancias, que de astros le viene la música que escucha y devuelve. Su poesía es rapsodia del universo enroscándose, sibilinamente, en los tobillos y las neuronas de una maga desbridada que cuando juega sus naipes hace eclosionar la primavera y obliga a un timonazo de estrellas para alcanzar la transparencia. Transparencia una vez tramontada te deja sin retorno o sin conciencia de que has regresado porque: hoy nada puede andar en el pasado.

Nunca se sabe si escribe desde la alta tarima de un sueño, o trashuma la dicha o la pena en un bar de putas, sin más culpas que la de brindarnos el tierno pezón de una flor que se deshoja en perdones.

Anciana transcurrida y niña intrépida al mismo tiempo, su péndulo va de la inocencia a la sabiduría sin que apenas se perciba la oscilación, y siempre, sin faltar a la medida que separa a un extremo del otro. Ella se encarama en los latidos del susto sin lindes y se arranca arpegios a si misma porque en sí misma encuentra el todo universal.

Ana Margarita Mireles no escribe, ella combate contra un asedio incoloro, un mundo resbaladizo, una atalaya amorfa. Nunca sabe si triunfa o se desgasta, si ha terminado o comienza de nuevo. Va adelante, si es que existe un adelante. Prosigues, si es que no es un retroceder. Pero sí entiende, nítidamente que el otero es más alto, y aún no sabe si la mirada alcanzará.

Inocente y sabia, repito, se agazapa y, espera que surja un héroe quizás desde el tejado, un tejado que el mundo desconoce y ella se esmera en habitarlo, no intuye si hoy o nunca, pero la espolea la esperanza de que existe otro tejado y otra luz, otra colina y otra fosforescencia.

Otro pudiera, tal vez, adentrarse en la poesía de Ana Margarita Mireles y verla con ojos de preceptivita y fundamentar sobre el buen uso de sinestesias exquisitas, metáforas atrevidas, paradojas insospechadas. Pudiera dar lecciones de la excelente aplicación de la métrica y la rima, de como Ana Margarita juega con hemistiquios y encabalgamientos, como puede transitar del Soneto a la Espinela, del Romance al Madrigal, y sería verdad, pero eso, a mí al menos, me diría muy poco porque me estaría hablando de cascarones o de vestuarios, y la poesía, según la asumo yo, sin imponérselo a nadie, claro está, no nace de bisuterías fulgorosas labradas con manos de orfebre consagrado ni casacones suntuosos pespuntados por sastres de la alta etiqueta, sino de yemas y rizomas, convulsiones telúricas y estremecimientos cósmicos, elevaciones al infinito y estrellones contra el piso.

También otro pudiera argüir que se trata de versos conseguidos con significantes de alto valor semántico y un lenguaje de hallazgo inusitados, y también seria verdad, pero a mí al menos, volvería a decirme muy poco, porque la poesía no habita en el léxico sino en las conmociones que provoca. Para mí la poesía es un sonido del universo que se transmite por medio de personas muy especiales y escogidas. Y eso es Ana Margarita Mireles: un ser excepcional y elegido por lo cósmico para enseñarnos lo que a simple vista no logramos advertir.

Por si me equivoco, no culparla a ella, sino a mí que no supe elegir bien los tres poemas de ella que aquí les dejo.



Expectativa del héroe

Los primeros libros dicen que
en otro tiempo un héroe
tuvo su dosis de error
y acierto de forma singular
y fíjate que digo
otro tiempo

El héroe lleva en sí
un regalo del pasado como
bandera
En pié aún en píe
como la idea del tiempo
uno espera que surja un
Héroe quizás desde el tejado.


Trascendencia

Aloyahè, confianza es orden oculto en un salto inmortal de paradoja. Y como todo oscila, miedo al miedo se deshace con afán de comienzos.
Así puedo ver la aguja en el mar y la verdad en tus ojos. Ante la duda un puente. Ante los decorados paisajes y mapas, un solo espectador haciendo el universo.


Octava isla

La realidad se miró al espejo. Era hermosa
Y sin saber que miraba una ilusión perfecta
cambió y entre sus cejas
temblaron las montañas
Realidades eran sal y ceniza.

Entonces realidad quiso saber quién
se estaba mirando
quién realmente era

Y cuando la ilusión mostró
luces cortas de cambio... Cambio.
Los paisajes son y desaparecen
Eso que mira es cambio.



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Ana Margarita Mireles Tamayo, La Habana 1965. Es Licenciada en Artes Escénicas y Dramaturgia. También es especialista en Desarrollo de Negocios y Contenidos Multimedia. Vive en España.

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