Friday, April 6, 2018

Strindberg, ese fuego que quema (por Aleisa Ribalta)

Cada viernes, Aleisa Ribalta nos presenta un escritor sueco


Strindberg es una ínsula desierta, sola y sin descubrir en medio del gran océano literario. Aún cuando haya miles de islas alrededor suyo y todas tan hermosas como ésta, aunque muchos hayan estado allí y tratado de descubrirla y contarnos lo que allí vieron, sigue siendo Strindberg la más bella y sin descubrir de todas. Es siempre así con algunas islas literarias, crecen solas en su soledad, tientan pero intimidan, se necesita mucho valor para acercarse a lo grande.

Me pregunto no solo si Suecia, sino cualquier otro país, incluido el nuestro, ha tenido un escritor de la talla de Strindberg, tan versátil y de tan enorme curiosidad y talento. Nosotros tenemos a José Martí, tal vez nuestro pequeño Strindberg. Un genio de la talla de Whitman, Byron, da Vinci, Victor Hugo o de hasta el mismísimo Mozart es August Strindberg. ¿Y serán los suecos conscientes de esto? No quiero convencerles, sobre todo porque no soy la persona más indicada para hacerlo. Pero el tal August es mucho Strindberg. Estoy totalmente de acuerdo con quienes aseguran que a veces resulta tan inquietante su tono que llega a asustar. En la literatura, como en otros tantos aspectos de la vida, todo es una mera cuestión de gustos y sacudidas. Yo soy de los que no dejamos de sorprendernos ante el Strindberg-escritor y de los que les gustaría saber más sobre el Strindberg-hombre.

El escritor descomunal del que hablo, no solo tiene una vasta producción. No hay como hablar en uno o dos folios de Strindberg, es imposible de resumir y mucho menos de comprender. Strindberg, fue un hombre fuera de su tiempo: escritor, dramaturgo, pintor, alquimista y lo que no sabemos aún que fue. Nació un 22 de enero de 1849, en Estocolmo. A su muerte el 14 de mayo del 1912, con 63 años (la misma edad de mi padre al morir), ya era uno de los escritores más importantes de Suecia y un personaje dominante en la escena literaria del país. Aún aquellos que le odian se ven obligados a reconocer su talento. Ha sido, por demás, polémico como ninguno. Cuando este hombre escribe, parece como si golpeara, y duro. Lo ataca todo y a todos. No tuvo miramientos con el poder, la religión, la política, la economía, las mujeres; y esto lo llevó a estar envuelto en más de un conflicto. Por su "lengua larga", así como suena, fue procesado, desterrado. Fue precisamente en el exilio suizo donde escribió una de las mejores novelas suecas de todos los tiempos, La Gente de Hemsö (Hemsöborna, 1887).

Strindberg fue increíblemente productivo pero también tuvo sus largos períodos de crisis existenciales y sequías creativas, después de los cuales vinieron obras que son casi alquímicas por su belleza literaria. Es este el caso de Infierno (Inferno, 1897) y El juego de los sueños (Ett dromspel, 1902). August Strindberg fue una auténtica "máquina de escribir", se paseó genialmente por casi todos los géneros. De su pluma salieron poemas, novelas, cuentos, ensayos y los dramas más ambiciosos de la literatura sueca. Se dice que hablaba fluidamente varios idiomas, entre ellos el francés y hasta el chino. Y que la música tampoco le fue del todo ajena, tocaba unos cuantos instrumentos y se dice que con la guitarra llegó a ser un verdadero virtuoso. Hasta llegó a componer varias piezas musicales para éste y otros instrumentos.

Fuera de las fronteras suecas se le conoce más por su dramaturgia. La señorita Julia (Fröken Julie, 1888) se ha traducido a varios idiomas y se ha representado en escenarios de todo el mundo. Algunos aseguran que esta es su mejor pieza teatral, e incluso van más allá, y la consideran lo mejor que ha escrito. La obra narra el archiconocido y viejo conflicto entre clases, el del amor entre los que no pertenecen ni se pertenecen. Pero si alguien pretende nombrar la obra del Strindberg-dramaturgo, no puede olvidar El maestro Olof (Mäster Olof, 1872) una verdadera joya literaria e histórica.

Como periodista fue también un ser brillante, a la vez, exquisitamente venenoso. No tenía el hombre paz con nada ni con nadie, como decía mi abuela, de los que siempre eligen estar en bronca con el mundo, sólo porque les gusta. La verdad, es que aunque no lo parezca en tiempos del chat, los periodistas están para eso, la sociedad de cualquier época necesita de quienes le critiquen duro y pongan el dedo en más de una llaga. En este aspecto, como en otros, fue Strindberg siempre el mejor, no temió a nada.

Su novela La habitación roja (Röda rummet) fue su debut y un éxito literario total, no sólo por su forma de descubrir y desenmascarar la verdad social, o lo que él llamó: "la mentira pública", sino por una frescura inaudita en el idioma sueco, que conllevó a una radical renovación gramatical. Strindberg arrasó con todo lo viejo y revitalizó un idioma que lo necesitaba a las puertas del nuevo (ya viejo) siglo veinte. Es el primer modernista sueco, se le incluye entre los de la generación del noventa, los novocentistas y estos nacieron en la última década del siglo anterior.

Hablando en serio, no sólo estuvo fuera de su generación, sino de su país y su tiempo. No hubo, por eso, quien le entendiera y le entienda hoy. El escándalo siempre le persiguió, en parte debido a su forma de "golpear con las palabras", siempre lo dijo: "antes de poeta, quiero que me digan boxeador", en parte porque no tuvo dinero, ni posición política, ni título nobiliario que defender o perder. Strindberg solo tuvo el mejor de los recursos para ejercer poder contra el Poder, la Palabra. "No vengo a escribir, vengo a golpear, que mi arma es la palabra", dijo alguna vez.

Lo concreto es que nació en una sociedad que no estaba lista para entender un genio de su altura, el hombre era terco, no tenía nada que perder, no se doblegaba ante nada ni ante nadie.

Cuando El juego de los sueños (Ett drömspel) vio la luz en el otoño de 1901, acababa Strindberg de recibir una carta de Harriet Bosse, su última esposa. Ella era mucho más joven que él y después de muchos problemas en la relación se decide a dejarlo para siempre. Era su tercer matrimonio que se iba otra vez al traste. Al fin y al cabo se presiente en él, ya cansado, un ansia de felicidad conyugal ya inalcanzable, se casó tres veces y los tres divorcios fueron estrepitosos, en cada uno de ellos se hacía añicos el sueño de amar sin dolor, de convivir con una pareja en una familia feliz, que nunca le llegó. Como sueño de alquimista que tampoco consigue fabricar oro, eso fue para Strindberg el amor. Pero claro, ¿quién podía vivir con él?, y ¿por qué escogía siempre el mismo tipo de mujeres? Herido de amor escribe El juego de los sueños, por eso, bella como ninguna, para mí la mejor obra de Strindberg. Si alguien me hubiera dado a leer esto, traducido a mi propio idioma y sin mencionar el nombre del autor, habría dicho que está escrito por un escritor de hoy. El mismo lo llama: "el más querido de mis hijos, el más doloroso y amado de mis dramas". Aquí nos cuenta de la siempre constante insatisfacción del hombre, de cómo una vez obtenido lo que deseamos, todo nos parecerá poco y efímero porque desearemos siempre más. Porque la realidad no corresponde nunca a los sueños y todo reflejo de ella es insuficiente. Brillante e incomprensible es la obra, es decir, toda una obra de arte, en su propia concepción de lo imposible.

En el juego de los sueños hay esta, mi cita favorita:
El poeta:
– ¿Qué es poesía?
La hija:
- Nada real, y sin embargo más que la realidad...no es sueño, pero sí sueño de hombre despierto ...
Oh, la labor del poeta: su maravillosa capacidad para soñar despierto. Es solo a través de estos humildes seres y sus despiertos sueños, que nos soñamos en otros, nosotros, los que amamos la poesía. Y lo mejor de todo es que nada de ello es real. Al menos no viene de esa realidad que hay ahí fuera, sino de la de cada uno, la propia, la que refleja de manera única lo que mal llamamos "realidad", sin que lo sea. Sólo a través de la poesía, se nos permite ser únicos. ¿No es afortunado que exista en el mundo el poeta? Totalmente convencida, me rindo ante la magia del misterioso Strindberg. Lo cierto es que se necesitan muchos años y una lectura activa de sus textos para alcanzar un mediano conocimiento de su obra y tal vez nada ni nadie nos pueda hacer comprender un genio de semejante talla, nos quedará siempre muy grande, golpetazo tras otro, entenderemos cada vez menos.

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"...durante el tiempo que vivimos en Viena siempre se le saltaban las lágrimas al mencionar a Strindberg, y solo en Zúrich llegó a acostumbrarse tanto a él y a sus libros que podía pronunciar su nombre sin excesiva agitación."

Ellias Canetti sobre August en La lengua salvada.
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"...hasta que los hube terminado todos no me di cuenta de lo que había sucedido. Me había encontrado a mí mismo, y pude hacer una síntesis de todas las antítesis hasta ahora no resueltas de mi vida. Y al ver a la gente a través de sus binóculos había aprendido también a contemplar la vida con los dos ojos, mientras que anteriormente lo había hecho sólo con uno, como a través de un monóculo."

Strindberg en su libro Solo  sobre la lectura completa y exhaustiva que hizo de La Comedia Humana de Balzac.
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"Muchos maestros tuve: Schiller y Goethe, Victor Hugo y Dickens, Zola y Peladan, pero quiero firmar esta entrevista con este pie de firma.

August Strindberg,
Alumno de H. C. Andersen."



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Poesía de Johan August Strindberg
(Traducción de Aleisa Ribalta)

Cuco

Cuando los prados al fin todos florecen,
y en la arboleda brota de hojas el abedul
canta en el bosque un fantasma, el cuco
honesto, simultáneo en su bella rareza.

Cuando el hacha maldita llega al prado
y alguien recoge las flores de la muerte,
calla el fantasma del cuco en el bosque
mudo hasta la llegada de la primavera.

Los campesinos le darán por muerto,
y los niños ya convertido en halcón
pero la bruja lo ha escuchado reír;
será que el cuco está endemoniado.



Atardecer marino

Tumbado en el camarote
fumando un ”Fem blå bröder"
y pensando en nada.

El mar es verde,
de oscuro verde absenta;
Amargo como el cloruro de magnesio
y más brillante que el cloruro de sodio;
Casto como el yoduro de potasio;
¡Oh, el olvido, el olvido
de grandes pecados y de grandes penas
solo da al mar,
y a la absenta!

¡Oh, tú verde absenta!,
¡Oh, tú siempre tranquila absenta de mi olvido
enmudece mis sentidos
y déjame dormir
como antes he dormido
sobre un artículo en
Revue des deux Mondes!

Suecia es humo lejano,
como el humo de un maduro habano,
y el sol está allí
como un puro medio apagado,
en el horizonte
soportando sus crímenes granas
como los fuegos de Bengala
en su miseria resplandecida.



  
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Aleisa Ribalta (La Habana, 1971). Reside en Suecia desde 1998. Es ingeniera de profesión y actualmente se desempeña como docente de asignaturas no directamente relacionadas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación de Aplicaciones. Escribe desde muy joven, mayormente poesía. Alega que los lenguajes de programación son también un modo de entender la comunicación y hasta de saborearla. Para la autora, en esos símbolos para algunos incomprensibles está también la literatura como forma vital de expresión. Recientemente publicó Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018), su primer poemario.

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