Wednesday, November 23, 2016

Hemingway y el Premio Nobel (por Carlos A. Peón-Casas)


Hay un Hemingway muy interesante, asociado a aquel suceso trascendente del Premio Nobel de Literatura, y del que acaso solo tienen nociones los iniciados con la lectura de la famosa biografía de Carlos Baker. El personaje es fotografiado en Cuba con todos sus matices del que en consecuencia pocos hablan De ese particular “retrato” del escritor maduro, que es gratificado con el Premio Nobel de Literatura, en octubre de 1954, durante su estancia habanera, luego de sufrir dos sucesivos accidentes aéreos en su última excursión africana, echamos algo de luz.

Baker lo recoge a dos voces: la de Hemingway, desde la Finca Vigía; y la de su entrañable amigo Buck Lanham, convaleciente de una operación en un hospital de Norfolk, Virginia, durante una llamada interoceánica del escritor al general:
-Buck, Te llamo para decirte que tengo esa cosa
-Esa cosa, ¿cuál cosa?
-La cosa Sueca. Tú sabes
-¿Quieres decir el Premio Nobel?
-Si, dijo Ernest. Eres al primero que se lo digo.
-Genial, Dijo Lanham, Felicidades
-Yo debía haberlo tenido hace ya mucho rato. Dijo Ernest. Estoy pensando en decirles que se lo metan
-No seas imbécil. Tú no puedes hacer eso
-Sí, quizás no, dijo Ernest. Son treinta y cinco mil dólares. Tú y yo la pasaríamos genial con treinta y cinco mil. Lo más importante por lo que te llamé. Buck, es porque quiero que vengas y me apoyes. Todos van a venir a agolparse en la puerta de la Finca. Buck, ¿qué te parece?
El general le aclaró lo de su operación de hernia del día anterior.
-Oye, Buck eso no es serio. Ven para aca. ¿Ya no te resolvieron los doctores ese asunto?
-Si claro, dijo Lanham. Lo hicieron tan bien que he caminado todo ese maldito pasillo con mis tripas en la mano para responder a tu llamada
-Bueno, Buck, dijo Ernest, Te lo digo de verdad. No iré allá. Les escribiré algo para que lo lean. ¿Qué dirías tú si te dieran el Premio Nobel?
El día del anuncio oficial, el 28 de Octubre, no le dieron efectivamente tregua. Baker sigue relatando el entramado de aquel día. El reconocido periodista norteamericano, Harvey Breit, lo llamó en medio del jolgorio para tener las primicias del suceso:
Le molestaría mencionar a algunos autores que vivieron antes (del establecimiento) del Premio Nobel en 1901, que usted, como juez, le hubiera concedido el premio?
“Bueno” dijo Ernest, Como ganador del Nobel no puedo menos que lamentar que nunca se lo dieron a Mark Twain, ni a Henry James, hablando sólo de dos de mis compatriotas. Otros escritores más grandes que ellos tampoco lo recibieron. Hubiera estado muy feliz-más feliz-hoy, si se lo hubieran dado a la bella escritora Isak Denisen, o a Bernard Berenson, quien ha dedicado la vida entera a la mejor y más lúcida escritura sobre pintura, que jamás se haya hecho. Y aún hubiera estado mucho más feliz de saber, que el premio le hubiera sido dado a Carl Sandburg…Pero como respeto y honro la decisión de la Academia Sueca no haré ninguna observación como esa. Pero cualquiera al que se le conceda un honor….debo aceptarlo en humildad.
Respecto al tema de la Medalla que acompañaba al Premio Nobel, y que como es bien sabido, Hemingway acabaría donándola al Santuario de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, dos años después, hay en principio una cierta reticencia a quien pudiera haber sido el destinatario idóneo de aquella magnífica condecoración. 

Se habla incluso que entre el minuto en que arribara a la Finca, y en el que fuera finalmente entregada, por manos de Fernando Campoamor, el preciado botín estuvo perdido por un tiempo, aunque Baker calla tales incidentes y da sólo los pormenores más generales de un hecho que de no haberse salvado convenientemente hubiera tenido muy desagradables consecuencias:
Respecto a la elegante medalla de oro, estaba indeciso de qué hacer con ella. Yeats se había referido a ella como el Bounty de Suecia, y Ernest quería ser generoso. Considero dársela a Ezra Pound, pero luego lo pensó mejor. Por un tiempo la escondió en el gavetero secreto de las joyas de la Finca. Al final se la ofreció a la Virgen del Cobre, la Patrona de Cuba, para ser custodiada en la Capilla de Nuestra Señora en Santiago de Cuba.
De las anécdotas subsiguientes sobre el tan afamado galardón, Baker nos sigue relatando detalles sustanciosos, como cuando otro afamado periodista Robert Manning, viniera entrevistarlo para el Time, Hemingway tuvo a bien responderle que estaba naturalmente muy orgulloso de recibirlo, pero que cuando llegó estaba igualmente escribiendo muy inspirado, pero que no quería ganar un premio si eso implicaba perder un libro. Igualmente en carta a de respuesta a la felicitación del general Dorman-O’Gowan; Hemingway lacónicamente les petaba que estaba completamente nada impresionado por ese “Asunto sueco".

Para escapar de la constante persecución de quienes lo procuraban para prodigarle una felicitación que el no precisaba, salió con Mary en el Pilar, y no regresó hasta cercanas las Navidades de aquel año. Pero aun así a su regreso, sigue diciendo Baker, el “gong sueco” seguía sonando.

La anécdota mas sabrosa sobre es la que dejamos para el cierre, y la transcribimos para el curioso lector, en la voz siempre autorizada de Baker:
El día 22 (de Diciembre) estaba (Hemingway) muy entretenido cortando grandes pedazos de tortuga y algún pez para guardarlos en su congelador cuando fue avisado de la visita de los cónsules generales de China y Portugal. “Yo tuve el gusto, dice Hemingway de estrecharles la mano impregnada con el aroma de la tortuga, y desearles mis mejores deseos.


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Photo/Swedish Ambassador to Cuba, Per Gunnar Vilhelm Aurell, presenting the 1954 Nobel Prize for Literature to Ernest Hemingway at his home, Finca Vigia, San Francisco de Paula, Cuba.

Credit Line: Ernest Hemingway Collection. John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston.Copyright: Status Unknown

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