Wednesday, September 16, 2015

Esperando al Papa Francisco (por Carlos A. Peón-Casas)


Tampoco veré in personna a este Vicario de Cristo, como me sucedió antes con el hoy emérito Benedicto XVI, aunque tengo el inolvidable consuelo de haber estado muy cerca, del hoy San Juan Pablo II, en la Catedral de La Habana, entre aquellos escogidos laicos, sacerdotes y religiosas, la mayoría hoy fuera de Cuba, y que en aquel minuto tuvimos la enorme suerte de compartir con él, cuando inició estos periplos a esta nuestra tierra en enero de 1998.

La visita de Su Santidad Francisco viene pues precedida por las de sus antecesores en el papado, quien ahora en este minuto, tiene la deferencia de llegarse a esta ínsula cubensis, a su paso a tierras norteñas. Porque, es indudable que el viaje primario es el de Estados Unidos, pactado de antemano, con todo el tiempo del mundo que le requiere al Sumo Pontífice, una movida de magnitud trasatlántica. Pero de cualquier modo Cuba, tiene el indiscutible privilegio, que detentan otros pocos países, de haber recibido, a tres Papas en línea sucesiva.

Lo de llegarse primero acá, ya sabemos fue una idea posterior, marcada por esos sinos ciertamente inescrutables donde, a no dudarlo, está la mano de un Dios, Señor de la Historia, que mueve en su inefable Sabiduría, los hilos de esta mundana experiencia nuestra en los temas eclesiales, pero también en los políticos, conocida la delicada participación mediadora de Su Santidad, en las reciente restauración de relaciones diplomáticas, entre Cuba y Estados Unidos.

Pero volviendo a mi tema inicial, no tendré ciertamente la suerte que sí tendrán otros católicos y no, de acompañar a este Papa, en lo que serán a no dudarlo los actos públicos bien lucidos de su permanencia entre nosotros: la Misa en la Plaza José Martí, en la capital habanera, y la que habrá de oficiar en la Calixto García de la hermana diócesis holguinera; pues aunque también habrá de celebrar la Santa Misa en la Basílica del Cobre, para esta particular ocasión la participación, de los misioneros allí convocados, es sólo por invitación; lo mismo que para el minuto antes de partir desde Santiago, cuando se encuentre con representantes de las familias católicas cubanas, seleccionadas igualmente con muchísima antelación, en todas las diócesis cubanas.

Mi ausencia a la primera cita, tiene que ver y mucho con la fatalidad geográfica de los que habitamos la otrora villa principeña, y nuestra inevitable condición mediterránea que nos mantiene alejados más de quinientos kilómetros de la capital,. Si alguien, con mucha disposición y afán, quisiera, disponerse empero a tan largooo viaje, se las vería con las dificultades de siempre: la falta de medios de transporte expeditos, o los muchos emolumentos que tendría que erogar el peregrino para una estancia mínima en la capital, que le incluyan alojamiento y manutención por ese breve lapso.

Para la no concurrencia a la segunda convocatoria tengo una clara justificación, a aquella sólo concurrirá un grupo ya elegido de antemano, previa entrega del número del carnet de identidad, de laicos camagüeyanos, que juntos a los de las restantes diócesis, desde Ciego y hasta Guantánamo, serán movilizados, por la propia Iglesia, en ómnibus alquilados por el gobierno, y también, en el caso de los habitantes de Ciego y Camagüey, en un tren habilitado ad usum. Los cálculos más conservadores hablan de una participación de hasta 80.000 personas en esa plaza, entre peregrinos y católicos holguineros.

Las del Cobre y la Catedral santiaguera, ni pensarlo…de cualquier modo, como muchísimos católicos y no, la opción que nos queda es seguir los actos precitados por las transmisiones televisivas, y consolarnos con una participación remota en esos momentos tan cargados de expectativas y emociones, y sumar nuestra humilde plegaria, a la del Obispo de Roma, a este campechano Papa argentino que se nos hace cercano, incluso antes de visitar a sus propios conciudadanos en las antípodas del Cono Sur.

A Francisco, ciertamente lo verán esta vez otros… y si acaso repitiera hipotéticamente la visita, o si quizá otro Pontífice volviera a estas playas, ciertamente quienes concurrirían a esa nueva cita serían, otros muy distintos, teniendo en cuenta la tendencia imparable a la emigración que anima a los cubanos sean católicos, masones o yorubas. 

Yo ciertamente no lo veré esta vez…aunque créame, me hubiera gustado muchísimo, haber tenido ese casi inusitado privilegio, de estrecharle la mano, quizá con suerte de besar su anillo, y acaso en el summun de los imposibles, pedirle su bendición de Pastor bueno y humilde, para este sufrido pueblo que sigue peregrinando con tantos afanes en este valle de lágrimas, y que lo ve llegar, como antes a sus predecesores, con tantas crecidas e insolubles esperanzas….

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