Monday, October 26, 2009

Yohandry Sánchez es el nuevo Mister Camagüey

Yohandry Sánchez, fue el camagüeyano mejor ubicado en la tercera edición de la Copa Regional de Fisiculturismo, recientemente celebrada en la ciudad de los tinajones, por lo que de hecho podría ser considerado como Mister Camagüey. (detalles de la competición en el Adelante)

Inauguration of the Miami Passport Agency

Washington, DC
October 26, 2009

U.S. Department of State
officials joined a member of the U.S. House of Representatives and local mayors in a ribbon-cutting October 26 to mark the inauguration of the Miami Passport Agency at its new location at the Omni Center in downtown Miami.

Dignitaries attending the event included Congresswoman Ileana Ros-Lehtinen, Miami-Dade County Mayor Carlos Alvarez and Miami Garden Mayor Shirley Gibson, Under Secretary of State for Management Patrick F. Kennedy, Assistant Secretary of State for Consular Affairs Janice L. Jacobs and Managing Director for Passport Services Florence G. Fultz.

On May 26, 2009, the Miami Passport Agency began operations at its new, more accessible facility, which includes more than twice as many windows at its public counter than the previous facility. The new facility greatly enhances the Department’s ability to meet the travel needs of citizens residing in Florida, Puerto Rico, and the U.S. Virgin Islands.

Omni Center
1501 Biscayne Boulevard, Suite 210
Miami, Florida 33132

For passport information, to schedule an appointment or to check the status of a passport application, please contact the National Passport Information Center at 1-877-487-2778 (toll-free). You also may visit our website at Travel.State.Gov.

El Secreto de Juanita ...

ver el video del programa donde Juanita revela su "secreto" en Univisión

Fragmento de la primera novela que está escribiendo Elena Tamargo

Foto/Blog Gaspar, El Lugareño
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(Fragmento de la primera novela que está escribiendo Elena Tamargo, leídos por primera vez, esta noche, en Agartha Galería. La escritora agradece al amigo Joaquín Estrada -Montalván esta primicia en su blog Gaspar, El Lugareño.)
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Cada vez que me siento en un sillón dejo una mancha de sangre. Se que he perdido tantas cosas que no podría contarlas, sólo el que ha muerto es nuestro de verdad, sólo lo que he perdido es mío, no hay otro paraíso. También es nuestra suerte saber convalecer.

Mis mayores me hablaron de la sangre, del apellido y los abuelos, pero nunca de ésta que pierdo y pierdo en los trenes, las camillas y los cines.

Nunca encontré tristeza en la carne. El cielo que iría a buscar lejos lo tengo sobre la cabeza. Se me queman los labios por decirlo.

Mi figura es un mar que asoma desde el pequeño muro encalado de una iglesia de pueblo y sólo lo ve la otra muchacha a quien el viento le levanta el vestido, y yo lucho con el consuelo que dan unas palabras griegas. He ahí la pequeñísima esterilla en la que puede bordarse el ideograma de mi vida. Por lo demás, no es la claridad sino el peligro de la claridad que conforme avanzamos hacia el norte y conforme nos acercamos a nuestra época aumenta sin cesar, ese secreto que en nuestra tradición contuvo la mano del poeta para que nunca insultara. Una vez consumada la ruptura con todo mito divino el poeta ha sido llamado a actuar el papel principal.

Tengo miedo. Camino por una costa y nadie siente a nadie. Vuelvo a mi manuscrito y mientras llega el rocío que nada ocurra, que nada se mueva, por si acaso de pronto sale el sol y me deslumbra. No quería llegar sin temblar hasta ahí donde la carne acumula la sangre y hunde en el corazón un apresurado reloj. Cuando el amor y el rencor están ausentes todo se vuelve claro. Sigo caminando aunque no haya lugar a donde llegar.

Qué les ocurrió a los hombres que les dio por combinar las palabras de tal modo que no dijeran lo que decimos cotidianamente. En las canciones con que me criaron jamás me vino algo semejante a la cabeza. Pero ahí, en la edición facsimilar alemana que tenía en las manos, había otra cosa que no entendía porque, claro, no entendía el griego clásico, y eso seguramente explicaría el modo especial de la escritura. Intento expresar con palabras actuales la sensación que tenía en aquella época y que volví a encontrar en una sola cosa; en los conjuros que con sobrecogimiento y admiración sin reserva le veía hacer al mismo hombre al que quise besar en los labios.

Al mundo se entra admirándolo, me decía a mí misma. Imaginé mi obra destruida y encontrada por fragmentos. Veinticinco años de mis dones me dejan perdida de mi muerte. Pero mirando al hombre de los conjuros en los labios había aprendido esa misma mañana, que si uno tiene la belleza delante y no la ve comienza a empobrecer, entonces el tiempo sin acaecimientos me empezó a resultar más franco; así sin arabescos, me parecía el misterioso refugio que andaba buscándole a mi miedo.

Porque la palabra vacío me asustaba todavía, no era capaz de darle fe a esa sugestión de vastedad que tenía el vacío, donde antes había arrojado la voluntad.

“La vieja verdad --decía Goethe—aférrate a ella”; y yo la buscaba en los sueños, porque en el día no la hallaba. Sabía que habían existido y existirían siempre hombres excelentes a quienes dirigirles una buena palabra, decirla y dejarla escrita sobre el papel. Esa era la comunión con los santos que entonces profesaba.

Era importante la escritura; con los labios no es suficiente la palabra, siempre hay alguien que oye algo completamente distinto a lo que dices, aunque tal vez eso también sirva. Ambas cosas las pensaba antes. Después supe que las grandes verdades que uno busca se escriben en el cielo, con letras de oro, que es como se escribe en el cielo. Ese misterio lo había aprendido y era mi tesoro.

Elige un norte para tu afán, me había dicho una vez el hombre en manto blanco. A los muertos les decía amigos ocultos a sus amigos por las nuevas colinas, y los llamaba por su nombre y los levantaba de abajo de aquellos sellos ya borrados donde yacían tendidos. Todo eso se me confundía con Goethe y con Fichte y con Schleiermacher. Pero buscaba seres que se parecieran a mí en ese sentido. La profesión más deseada, mi única ambición era anticiparme, era encontrar el ideal de la comunidad con las personas animadas de los mismos sentimientos. Buscaba espíritus en los que la oscuridad era vencida por la luz y la claridad serena se había impuesto sobre la confusión. La divinidad que ansiaba alcanzar es la que actúa en lo vivo no en lo muerto, en lo que transforma y deviene, no en lo que ya ha sido y ahora es una piedra.

Porque al mundo lo encontraba viejo, y marcada por mi tiempo como estaba, la tradición y lo antiguo no los consideraba clásico por viejo sino por su vigor. La fe tenía que ser una revelación eterna.

Ahora, febrero sepulta mi paisaje, pero todo respira nuevamente, el mantel volverá a ser blanco. La constancia es más fuerte que el destino. Me dio seguridad aquel tablero, y un signo resumió lo que seguía: la tierra se pudrió pero no se murió, dijo con voz nerviosa el adivino.

En una sala de hospital empezó la historia. Puede ser cáncer, y yo dije, es cáncer, porque las palabras eternas, duras, únicas, cuando se pronuncian ya van siendo, también lo había aprendido con Goethe, quien al contemplar unas caracolas en una playa de Sicilia exclamó: “so wahr, so seiend”, “tan verdadero, tan siendo”. Así son las palabras como cáncer, si la dices ya es. El médico mexicano, en ese pueblo del volcán a donde había ido a vivir con el poeta, para escribir libros por encargo, me dió la noticia. Me viró boca abajo en una camilla, “baje las manos y levante los gluteos”, y al poeta, le dijo, “usted me tendrá que ayudar”, y mirando aquellas nalgas, que en alguno de sus poemas, ya clásicos, él había calificado, como cola de pez, y unas manos que eran alas y unas piernas y un cuello como cisne lento en el estanque y la cintura de mujer pero más fina y pronunciada y unos dientes de conchas y los labios abriéndose en un rictus amargo, como el que prueba sal, los ojos, grandes de pez y pájaro, se abrían como el mundo en su día inicial, pero ya aquellos versos no podían seguir resonando, porque aquello que pasó en la camilla, no era una lluvia lenta, cayendo dulcemente desde el cielo del alma, como una melodía, aquello era el acto de dolor más grande que habríamos de experimentar los dos juntos, un corte con tijera del tumor, y “abra el frasco”, que el poeta aguantaba temblando entre sus manos. “Lleven al laboratorio esa muestra para una biopsia”. El pomo con el pedazo mío estuvo algunos meses por ahí guardado y un día lo boté, de todos modos la palabra ya estaba pronunciada.

Las palabras son mis amuletos, creía en el pensamiento, en la cabeza, en los ritos que las religiones le hacían a la cabeza. El bautizo, agua en la cabeza sobre la pira, y ya está la criatura bendecida. Y los yorubas, sangre caliente de animal en la cabeza, sin pira, sobre el santo, que es una piedra, no es cualquier piedra, sino la que se convirtió ya en santo, y el animal sin cabeza ahí presente, sufriendo, pataleando sin cabeza un buen rato, eso se llama rogarse la cabeza.

Yo entonces explicaba el asunto africano como mímesis, y decía que la única y verdadera rogación de la cabeza era la que le hacía la madre al hijo al nacer, porque cuando iba a salir le dejaba caer unas goticas de sangre de su sexo, ahí, en la cabecita, y por eso los niños nacen con la cabecita embarrada, es decir, rogada; lo demás es una repetición muy cruel, porque hay que ver el dolor que siente un animal sin cabeza, para aquellos que creen que el dolor es solamente racional.

Entonces me volqué a buscar sanaciones, diversas, todas, de donde vinieran, pero si eran con palabras mejor, si eran con la cabeza mejor, y en ese pueblo del volcán junto al poeta, empecé a recordar las palabras más viejas de mi vida: rosario, lechón, fermin, cabañas, pide perdón, se dice gracias, gaseosa, dios, plátano macho, vaca, historia, novio, nube, piedad, buñuelo, prohibido, tristeza, hija mía, negro y blanco, francisco, abedul, ceniza, libélula, camino real, purita izquierdo, la primera maestra, escoba, espada, menta, leyenda, cuchillo, lengua, carne, golondrina, desierto, desnudez, abanico, columpio, piano, tamargo, leche, leche, leche, y algunas se quedaban goteando; busqué palabras en la tierra, en la mesa, en la escuela, en la cama, en la noche, en el mar, en el potrero, en el amor, en la poesía, y estas últimas eran las más viejas. Sabía que podía sanarme con palabras, y por eso no estaba triste con el pomito que guardaba la sentencia. Era valiente, porque todavía era feliz.

Regresa el blog Fernandina de Jagua

El fraterno Denis Fortun ha reanimado su blog Fernandina de Jagua, entre sus propuestas mas interesantes se encuentran las entrevistas a Armando Añel y a Heriberto Hernandez.


Sunday, October 25, 2009

re-llenando la fosforera a la cubana

Fotos/Reuters

Sean Penn a Cuba (update)

Sean Peen viaja a Cuba como corresponsal de Vanity Fair, para escribir un reportaje sobre como ha influido en la Isla el estilo de gobierno de Obama. (en TMZ)
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de paso por la Isla del Tesoro, en Cubadebate

Museums of Havana



time: 56.43 min

El Presidente ...

President Fulgencio Batista, president of the Cuban republic
is shown during the first meeting of his new cabinet,
Oct. 10, 1940, in Havana. (AP Photo)

Cuba regresa a la normalidad ...

detalles aquí

La Primera Secretaria

Entrevista a Liudmila Álamo Dueñas, recién electa Primera Secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba, en Juventud Rebelde

Anuncian los nominados a Premios Lucas 2009

detalles en Juventud Rebelde

La Jiribilla es una cosa de chamaco

la semana pasada me refería con asombro a una reseña que apareció publicada en La Jiribilla, en clave positiva de un hecho cultural cubano en Miami, pero este sábado me doy cuenta que son cosas de chamaco.

al parecer (nuevamente) los mambises se quedan fuera del pastel

Foto/AP
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Obama y Zapatero le imploran a Raul ... (opositores, disidentes, "pueblo en general",
quedan afuera del proceso ... ). En El País, estampa costumbrista Decidle a Raúl ...

Saturday, October 24, 2009

Cuba: Waiting for a Revolution



time: 22. 18 min

Los Dioses Rotos por el Oscar ...

ver la película Los Dioses Rotos en el Blog Cine Cuba

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(Cubacine) Junto a filmes de otros sesenta y cinco países, la cinta cubana Los Dioses Rotos se encuentra en la preselección para las nominaciones a los premios Oscar a la mejor película extranjera que otorga la Academia de Cine de Hollywood.

Los Dioses Rotos escrita y dirigida por Ernesto Daranas recontextualiza la historia de Yarini, famoso proxeneta que vivió a principios del siglo XX en el barrio San Isidro de La Habana y sobre el cual una profesora universitaria realiza una investigación acerca de la vigencia del personaje.

La opera prima de Ernesto Daranas, estrenado en el 30. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana fue seleccionada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica como la mejor película cubana de 2008 y ha sido galardonada en varios festivales.

Hace apenas unos días recibió en Estados Unidos sendos premios a la dirección de arte (Erick Grass) y a su banda sonora (Magda Rosa Galván y Juan Antonio Leyva) en el Providence Latin American Film Festival (PLAFF 2009). La cinta está protagonizada por los actores Silvia Águila, Annia Bú, Carlos Ever Fonseca, Héctor Noas e Isabel Santos.

Entre las otras películas nominadas en la región se encuentran por Perú La teta asustada, dirigida por Claudia Llosa, y que ya obtuvo varios premios, entre ellos el Oso de Oro a la mejor película del Festival Internacional de Cine de Berlín. El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil, es la propuesta argentina. Desde Chile compite Dawson, Isla 10, del cineasta Miguel Littin, que narra la historia de colaboradores del presidente chileno Salvador Allende confinados en la isla Dawson. Por México está nominada Backyard/El traspatio, de Carlos Carrera, que relata una historia de amor en el difícil contexto de las maquiladoras de Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos. Otras películas latinoamericanas son: Zona Sur (Juan Carlos Valdivia, Bolivia); Salve General, (Sérgio Rezende, Brasil); Los Viajes del Viento (Ciro Guerra, Colombia); Mal día para pescar, (Alvaro Brechner, Uruguay) y Libertador Morales, El Justiciero (Efterpi Charalambidis, Venezuela).

devuelven dos iglesias a la Iglesia en Cuba


En días pasados, el cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana , fue notificado por las autoridades cubanas que el templo dedicado a Santo Tomás de Villanueva, ubicado en 5ta. Avenida y 17, en el reparto Siboney, sería restituido a esta arquidiócesis. La iglesia de Santo Tomás de Villanueva formaba parte de la universidad del mismo nombre, nacionalizada en 1961.

También ha sido devuelta a la Iglesia arquidiocesana el templo de Santa Fe, ubicado en el poblado del mismo nombre en la Isla de la Juventud.

Es esta sin dudas, una buena noticia para nuestra Iglesia diocesana, en particular para los fieles que habitan en aquellas zonas. (Tomado de Palabra Nueva)

"estaba muy segura de que era católica, no miembro de la Juventud"

¿Alguna vez el hecho de ser católica te impidió estar en el equipo nacional?

“Estar en el equipo nacional no, pero una vez dentro sí, porque sentía la presión para que formara parte de la Unión de Jóvenes Comunistas, y yo tenía muy claro que yo ante todo soy católica. En algunos momentos se decía que si no era de la juventud no podía viajar. Eso a mí no me importó, pues nunca renunciaría a mi fe. Yo estaba muy segura de que era católica no miembro de la ‘Juventud', y sí algunas veces fue un impedimento, pero yo seguí adelante.”

Diana compitió hasta los 22 años. A esa edad muchas gimnastas pasan al retiro debido al exceso de trabajo en los entrenamientos, que deja un marcado desgaste físico y hay cualidades que poco a poco se van perdiendo. En el caso que nos ocupa esa no fue la razón principal.

Me retiro luego de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, donde obtuve dos medallas de plata y una de bronce. Supe que en el calendario seguía el Campeonato Mundial y luego las Olimpiadas de Atenas, pero nosotros no íbamos a participar porque no existía el suficiente dinero para eso; quiere decir que venía un período solamente de entrenamientos y casi ninguna competencia. A eso se unieron otros factores: ya me sentía cansada, no tenía donde vivir porque mi casa se había derrumbado y tenía que estar viviendo en casas alquiladas o con amistades, y todos los días subirme a las cinco de la mañana al M-2 para ir a entrenar. Eso pesó mucho y era consciente que ya tenía que darle otro rumbo a mi vida.”

Esos méritos y otros muchos que abarcarían más cuartillas, le hicieron a Diana ostentar la condición de GLORIA DEL DEPORTE CUBANO.

“Yo realmente no me siento reconocida como tal. En ese sentido, me siento muy frustrada y desalentada, incluso en este momento no tengo ni trabajo y para nada me siento como GLORIA DEL DEPORTE. Si ahora mismo pudiera tirar el carné que me identifica como tal lo haría. Hoy, lo que me alienta no es lo que pude hacer como deportista, sino mi familia, mi comunidad de María Auxiliadora, mi trabajo en la iglesia, mis amigos.” (ver entrevista completa a Diana Regla Díaz Rodríguez en Palabra Nueva)

el piano en Cuba

ver Cuba dentro de un piano, por Roberto Méndez en Palabra Nueva

Oikos

Sección Oikos, con fotos de Juan Carlos Agüero. Dedicada a mostrar la wildlife del Sur de la Florida, es el espacio green (cada sábado) del blog Gaspar, El Lugareño. Las fotos de Juan Carlos en el website Anhinga Wildlife)

Reinaldo García Ramos en Martí Noticias

ver entrevista Reinaldo García Ramos: duro oficio del poeta

Friday, October 23, 2009

Falleció el padre del concepto "cultura popular"


(AP). TOLEDO, Ohio — Ray Browne, an Ohio university professor who was credited with coining the phrase "popular culture" and pioneering the study of things such as bumper stickers and cartoons, has died. He was 87.

Browne died at his home Thursday, according to his family and officials at Bowling Green State University.

He developed the first academic department devoted to studying what he called the "people's culture" at Bowling Green in 1973. (read full text)

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Definition of popular culture by Ray Browne
Popular culture is the way of life in which and by which most people in any society live. In a democracy like the United States, it is the voice of the people — their likes and dislikes — that form the lifeblood of daily existence, of a way of life. Popular culture is the voice of democracy, democracy speaking and acting, the seedbed in which democracy grows. Popular culture democratizes society and makes democracy truly democratic. It is the everyday world around us: the mass media, entertainments, and diversions. It is our heroes, icons, rituals, everyday actions, psychology, and religion — our total life picture. It is the way of living we inherit, practice and modify as we please, and how we do it. It is the dreams we dream while asleep. (read more)

me viene a la mente aquello de ...

"Cree el aldeano vanidoso que su aldea es el mundo" (José Martí)

a esto le llamo creatividad ... "El rito del café mambí"

El rito del café mambí a las 6:00 p.m. será el mayor atractivo de la casa Café Ciudad por consistir en una preparación pública, con el método a la usanza de las zonas rurales. Los granos traídos desde la región oriental del país, se trituran en el pilón, son mezclados con agua hervida y miel, filtrados por la coladera, queda la infusión lista para tomar en jarro de aluminio esmaltado y degustar con trocitos de queso. (otros detalles en el Adelante)

Ley en el blog ...

click en la imagen

Leyser Martinez en el Blog, Gaspar El Lugareño
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website: Ilustration Works
blog: Cero Circunloquios

(Miami) Flager y la 42 Av/ Le Jeune Rd/ Rafael L. Díaz-Balart Rd

click en las imágenes

Fotos/Blog Gaspar, El Lugareño

Havana azul ...

Foto/Reuters

Nota vaticana sobre los anglicanos que entran en la Iglesia católica

CIUDAD DEL VATICANO, martes 20 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos la nota informativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre los ordinariatos personales para anglicanos que entran en la Iglesia católica.(ver texto completo)

Thursday, October 22, 2009

La Estatua de la Libertad (by Ninon Lavallee)

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Ninon Lavallee en el blog:
La Torre Eiffel
Universidad de La Habana
Techos de Camagüey
París
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Agradezco a Ninon Lavallee que comparta sus
fotos con los lectores del blog Gaspar, El Lugareño.
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Sus galerías de imágenes, se pueden apreciar online aquí

Poemas inéditos de Elena Tamargo

Foto/Blog Gaspar. El Lugareño
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Nota mía: Agradezco a Elena Tamargo que comparta, en el blog Gaspar, El Lugareño, estos tres poemas inéditos de su libro El año del alma, que saldrá pronto en Betania, Madrid.


El tiempo de los besos se acabó


No tengo brazos ni caballos ni musgos en las sienes

busco farmacias, ay de mí

yo tenía un hijo, ay de mí

lo vi empinar un papalote y tenía un poeta, dios mío,

y bebíamos vino y hacíamos silencio

y alguna vez dijimos “hay que huir”.

Partimos nueces en Moscú y vimos irse en las cáscaras la dicha.

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Yo era poeta

La boca llena de perlas
Sylvia Plath


Yo era poeta, como él

pero quería vivir demasiado

el dormía pero ya no soñaba

me envolvían los chales y su humo.

Su nombre se le había perdido

mas a mí me llamaba

no acabé de vaciar la arena de sus botas

la arena del errante

el pelo me ha crecido en estos meses

su papel en el sueño sigue siendo invisible

yo lo sigo esperando, me pongo el delantal cada mañana,

le tengo los fósforos a mano, y su vino y su beso.

Había dejado atrás hacía tiempo las fronteras

y el sabor de mi boca era su urgencia

ahora

me las arreglo sola

sonrío me aniquilo me como las conchas y me como mis perlas

retorno teatral a plena luz

al mismo lugar que me liquida

para escucharme el corazón.

Hasta las hierbas lloran mi desgracia si las piso

y mis pies me recuerdan que aquí he vuelto

otros, mientras, me atizan.

--inundación de sangre es inundación de amor--

Mis palabras ahora ya no tienen jinete

igual que del poeta

sólo me queda un poco de ceniza en las manos.

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La muerta

Teníamos en común algunas cosas: comíamos la sobra de los pájaros;
compartimos el vino y las almohadas;
escogimos el nombre de Nazim y el aire para poner las tumbas;
él no creía en dios porque ya lo había visto;
teníamos amuletos: las palabras;
ahora yo soy la muerta y él escribe estos versos.




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Jorge Ferrer sobre periodismo y Cuba

Ver en su blog El Tono de la Voz: La información secuestrada de Juventud Rebelde, again

el mundo contra Honduras ...

"Para la comunidad internacional lo que ocurrió el 28 de junio fue un hecho ilegal, impropio, incluso no legítimo, para otros dentro de Honduras puede haber sido válido." (INFORME DE JOSÉ MIGUEL INSULZA, AL CONSEJO PERMANENTE DE LA OEA SOBRE LA SITUACIÓN EN HONDURAS)

Wednesday, October 21, 2009

Aguacero camagüeyano

Foto enviada para el blog Gaspar El Lugareño by Olga

El hombre de lejos (by Luis de la Paz)

Nota mía: Agradezco a Luis de la Paz que comparta (con los lectores del blog Gaspar, El Lugareño) el cuento "El hombre de lejos", texto que forma parte de su más reciente libro Tiempo Vencido.

Luis de la Paz estará junto a los escritores Daniel Fernández y Juan Cueto-Roig, los tres autores publicados por la Editorial Silueta, en la Feria del Libro de Miami el sábado 14 de noviembre, a las 11:45 am.

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El hombre de lejos
(del libro Tiempo Vencido)


por Luis de la Paz

Seguramente aquel día también llevaba el pantalón de caqui color crema, gastado, medio desteñido, roto a la altura de las rodillas, más del lado derecho que del izquierdo, quizás por aquello de apoyarme siempre con esa pierna al intentar treparme, una y otra vez, en el álamo, frondoso árbol intensamente verde que hay al doblar la esquina de mi casa. Una línea horizontal era la rajadura que mi madre zurcía con el mejor hilo que encontraba sin importar el color, pero que yo volvía a romper, cuando de nuevo apoyaba la rodilla con fuerza, casi raspando el tronco, para alcanzar la rama con la que me impulsaba al interior del árbol donde permanecía largas horas, la mayor parte de las veces en solitario, silencioso, hasta el mismo atardecer, esperando la llegada de los pájaros, que viniendo de no se sabe dónde, batallaban entre sí por un sitio donde dormir.

Pero aquella tarde soleadísima y calurosa yo no andaba por Santos Suárez, mi vecindario, sino por La Habana, cerca del Capitolio, a unas cuadras del Zalaya, el solar donde nació y vivió mi madre. Un sitio tenebroso, sórdido, construido en 1902, donde el chisme, el chancleteo, las broncas y el chanchullo nunca han cesado. Lugar donde murieron los padres de mi madre, también su hermana Concha, de tuberculosis en los años 40 y donde aún, con toda seguridad por nostalgia, por querer también morir allí, mi octogenario tío, flaco, pellejudo, fumando perennemente un largo tabaco, permanece en el lugar esperando, afrontando su destino final. Subiendo a diario las escaleras sin pasamanos, sorteando los huecos, brincando peldaños que han desaparecido, esquivando los cables eléctricos sueltos, que ya han electrocutado a varios inquilinos.

Yo caminaba por La Habana cerca del Parque de la Fraternidad. Caminaba rápido, desordenado, medio a lo loco, es decir niño, sin ataduras, sin compromiso mayor que el de la propia infancia, con el pelo revuelto, y una camisa de guinga de cuadritos negros y blancos. Siempre me ha gustado hacer las cosas con prisa, aunque no la tenga. De repente siento unos deseos tremendos de acabar, de llegar, de virar, de realizar algo nuevo con la misma inútil e innecesaria prontitud. No recuerdo adónde me dirigía en la abigarrada tarde habanera, pero sí sé que por esa época tendría que tener unos 11 o 12 años, pues ya me permitían alejarme bastante de mi casa y hasta tomar la guagua. Tal vez era sábado o domingo, porque generalmente por las tardes estaba en la escuela.

Caminaba distraído, muy cerca de la ceiba y me aproximaba a la Fuente de la India con alguna piedra en la mano, un pedazo de palo, una vaina de flamboyán que encontré tirada, una almendra que recogí del suelo... (porque ésa es otra cosa, siempre he necesitado tener algo en las manos, estar tocando algo), cuando escucho una voz extraña llamándome. Yo no miro, yo sigo. No intento buscar la voz femenina que decía con un tono extraño:

”Niño”.

Si hubiera sido un poco mayor, mínimamente culto, un poquito imaginativo, hubiera pensado que la voz con acento extranjero bien podría provenir de la propia ceiba que fue plantada con tierra traída de todos los países del continente. Pero como era un cretino incapaz de inventar nada, porque ya a esa edad había aprendido o me habían metido en la cabeza sin que me diera cuenta, que no se piensa, sino sólo se hace lo que los otros mandan sin cuestionarse nada, seguí caminando:

”Niño”, volvieron a decir.

La voz se me antojó dulce, suplicante, tierna. Aunque en aquella época estaba condicionado a no pensar, había algo que no me habían podido arrancar, y era el sentir. Sí sentía. Sí me emocionaba. Sí vibraba, me exaltaba, y el cuerpo se agitaba gozoso cuando caminaba por el borde del muro del Malecón, cuando iba a Casablanca con mi madrina Zoila, cruzando la bahía desde el Muelle de Luz, en la lancha atestada, lenta, sucia, y subía la larga escalinata hasta el Cristo de La Habana, y desde la base lo veía elevarse con un brazo extendido, marcando un punto infinito, tal vez señalando al culpable de algo, aunque muy probablemente lo que hacía era esparcir bendiciones sobre la ciudad como le corresponde a un Cristo. Pero me hubiera gustado verlo abarcando La Habana, echándole el brazo sobre el hombro a las gentes, abrazando a los habaneros, tal vez diciendo: Yo te amo ciudad.

Desde el límite final de la loma, justo en el borde que se proyecta hacia el abismo, sentía de golpe la brisa rica, abundante, con olor a mar, batir contra mi rostro, alborotándome el pelo, entrando por las mangas, por entre los botones, abombando la camisa hasta hacerla un globo que se inflaba en la espalda. Desde allí, desde lo alto contemplaba la capital, de la misma manera que me la imaginaba que debía verla si algún día llegaba en un avión. Tan elevado, como desde el mismo cielo, admiraba el mar, el litoral infinito, la fortaleza de La Cabaña, donde tampoco sabía que diariamente fusilaban, sin entender el alcance y lo que era realmente fusilar, hasta que un domingo, otro domingo de paseo con Zoila por Casablanca intenté subir una vez más al Cristo de La Habana y de repente encontré una alambrada, con un soldado armado del otro lado y un cartel que decía: PROHIBIDO EL PASO. ZONA MILITAR:

“Niño”, volvió a decir la voz.

Ya no pude evitar girar, examinar el rostro blanco de la señora, a la que debía llamar compañera, pero me salió señora. Me sentí terriblemente extraño al decirle señora, creo que hice un gesto asustado por llamarle señora. Cuando estuve cerca de su blusa azul, como de seda, que sin tocarla pude percibir suave, delicada, distinta a mi pantalón de caqui zurcido que más bien parecía un guayo, y ver a su esposo, también con una tez muy blanca, tal vez más que la de la compañera-señora, con un pelo canoso, brillante, impecablemente peinado, fumando un cigarro largo, con filtro amarillento, cuyo olor alborotaba la ciudad, incensaba la ciudad, de pronto me sentí turbado, poseído por aquellos seres jamás imaginados que me llamaban, que se habían percatado de que yo existía, en medio de una multitud que frenética se desplazaba de un lado a otro como hormigas ocupando todo su tiempo en buscar algo que comer para ese día, para saciar el hambre de ese día, y de ser posible para encontrar algo para el siguiente. La mujer-señora-compañera, con rostro angelical, es decir, con semblante de otro país, y sin duda alguna sin necesidad de hacer largas colas en su vida, me contempló esbozando una sonrisa no tan blanquísima como debía ser, como yo presumía que debía ser el color de los dientes de aquellos que vienen de tierras distantes, donde llueve a veces un polvo ligero como briznas, otras más grueso e intenso, que llaman nieve, pues sus dientes estaban algo amarillentos, y con voz reposada me preguntó el nombre de la fuente que tenía delante de ella.

La Fuente de la India o como también se le conoce, de La Noble Habana, esculpida en 1837 por el artista italiano Giusseppe Gaggini a pedido del Conde de Villanueva se levantaba a unos metros de mí, su último sitio, pues fue trasladada de lugar en tres ocasiones. Por primera vez la contemplé en sus detalles. Ella, una mujer hermosa con unos senos jóvenes, perfectamente redondos, de pezones cargados, sentada como una reina sobre un trono, protegida de un lado por un escudo, y del otro por un extraño cuerno, rodeada de cuatro monstruos raros que supuestamente debían echar agua por sus bocas, pero que nunca he visto bañándola. No lloréis más, delfines de la fuente, sobre la taza gris de piedra vieja, había escrito Emilio Ballagas, pero yo no sabía quién era Emilio Ballagas, no tenía idea de que esas cosas abultadas y rechonchas eran delfines, no me pasaba por la mente que esa mujer era una india, y mucho menos que la fuente se llamara la Fuente de la India. Creo que sonreí estúpidamente, y lo único que atiné a decirle fue que era una fuente de La Habana; pero ¿qué otra cosa iba a ser si estábamos en La Habana?, claro que era una fuente de La Habana.

Yo la miraba, necesitaba encontrarle un nombre a la fuente, intentaba localizarlo cincelado en algún sitio, pero todo resultaba inútil. Mientras procuraba recuperarme de mi vergüenza, tal vez mi verdadera primera vergüenza –la recuerdo como ninguna otra en mi vida, aún resuena en mí una y otra vez cada vez que evoco el hecho, y una y otra vez me abochorno–, los turistas comenzaron a tirarme fotos. Nunca había sentido pena por mi pantalón zurcido hasta ese preciso instante en que escuché el rápido sonido del disparador, cuando vi al hombre que sin quitarse de la boca el cigarro que adormecía la ciudad hacía girar una rueda en el extremo de su cámara para preparar otra foto que volvía a lanzar sobre mí.

La Fuente de la India no me ayudaba a encontrar su nombre, y yo pensaba que debía darle una respuesta precisa a la señora-compañera-visitante y a su marido sobre lo que querían saber. Tras ellos, un hombre me hacía extraños gestos, me extendía el brazo, abría la palma de la mano y la sacudía como diciéndome “aguántate”. Luego la cerraba, me apuntaba con el índice, de la misma manera que el Cristo de La Habana apuntaba a la ciudad, pero con diferentes intenciones. A veces sacudía la mano abierta, como si tuviera algo que le quemara, pero en realidad era enviándome el mensaje de “prepárate”. En ocasiones abría los brazos diciéndome “qué esperas”, pero yo no sabía de qué tenía que aguantarme, para qué debía prepararme, qué cosa había que esperar. El hombre seguía algo distante con su mímica, el turista tirando fotos, la mujer observándome, consultando mapas, tomando notas en una libreta, pero cada vez que se cruzaban la mirada el hombre de lejos con la mujer, el hombre de lejos con el hombre del cigarro, o el hombre de lejos con la mujer y el hombre del cigarro, el hombre de lejos cesaba en su pantomima, se volteaba en dirección opuesta y hacía como que se iba, pero luego regresaba y se ponía a gesticular de nuevo cuando era yo solo su espectador, tonto, ensimismado, perturbado con aquella maraña de señales confusas.

Fuente del Parque de la Fraternidad, solté de pronto como un último recurso, ése es el nombre, La Fuente del Parque de la Fraternidad. Ellos sonrieron satisfechos, el hombre que acababa de escuchar en su idioma lo que yo le había dicho en el mío a su esposa, lanzó varias nuevas fotos sobre la fuente. La señora-compañera, a la que en apenas unos minutos ya me había acostumbrado a decirle sólo señora, sin que me causara un sobresalto, marcó algo en uno de los mapas e hizo anotaciones largo rato en su libreta.

Liberado de aquel momento intenté irme:

“Niño”, dijo otra vez.

La señora quería tomarse una foto conmigo. Pegó su cara suave de la que emanaba un perfume con un olor sólo comparable al de la hierba húmeda, al olor del amanecer en el patio de mi casa. Juntó su cara a la mía y los dos rostros quedaron apretados. Ella sonreía, yo tenso, nervioso, extrañado por aquel olor. Su esposo preparó con lentitud la cámara para tomar la foto, y la mujer estuvo todo el tiempo abrazada a mí. En ese momento sentí la rica textura de la blusa azul, de la que también brotaba a borbotones un aroma que no tenía nada que ver con perfumes o cigarros, simplemente todo en ellos olía distinto. Y ese era justamente el punto. Ellos eran distintos, todo eso lo comprendí de golpe años después, y por esa razón el hombre de lejos como un payaso intentaba impedir que yo estuviera próximo a lo distinto, y procuraba evitar a toda costa que yo lo descifrara.

La india de la fuente, que por hermosa tal vez ya tuviera algo de mulata, me miraba encolerizada por cambiarle el nombre, pero también había un poco de pose en esa actitud, pues a veces me sonreía satisfecha, me movía sus hombros y me hinchaba sus pechos.

Finalmente los turistas se despidieron y comenzaron a alejarse después de darme un peso de regalo. Quedé detenido, viéndolos caminar despacio, mirando con curiosidad, cierta sorpresa y azoramiento lo que iban encontrando en su camino. El hombre con otro cigarro dejando una nueva estela de olor, llevaba en la mano la cámara con mi rostro grabado dentro. La mujer bamboleando su cuerpo algo pasado de peso, en una saya ancha, larga, que casi le llegaba a los tobillos. Se alejaban y yo los miraba a ellos y a la india, que también me acompañaba dentro del rollo de fotografía.

Una mano poderosa, sólida, descomunalmente furiosa me agarró del brazo, tiró de mí y con un tono que sólo invitaba a llorar de miedo me dijo:

“¡Estás preso maricón! ¿Tú no sabes que en este país no se puede hablar con extranjeros?”.

Sentí mucho miedo y comencé a temblar. La mano no me soltaba, me zarandeaba y me repetía una y otra vez: estás preso, estás preso. La india, agazapada en su trono, me miraba tímida e impotente y Ballagas no se encontraba cerca para agregar nuevas estrofas a su poema. Los turistas andaban lejos, no habían vuelto a mirar atrás y yo necesitaba que lo hicieran, tal vez eso ayudaría a que me soltaran. “Estás preso maricón de mierda, vas a pasar mucho tiempo en la cárcel”, me decía el policía que finalmente pude identificar como el hombre de lejos.

La multitud seguía caminando de un lado a otro, y al ver al hombre de lejos, ahora a mi lado, maltratándome, tal vez pensaba que era mi padre regañándome por andar por la calle con un pantalón roto.

A pesar de tener el solar a unas pocas cuadras tampoco mi tío acudía, ni siquiera mis abuelos muertos y ni mi tía Concha a quien nunca conocí. Desde la bahía llegaba el mar, pero como un vaho repugnante. La lancha zarpando lentamente desde el Muelle de Luz lanzaba chorros de agua que batían y salpicaban el embarcadero. El Cristo de La Habana dejó de señalar la ciudad, pero no extendió los brazos como el del Corcovado, sino más bien los cerró y bajó la cabeza. Desde La Cabaña escuché un fogonazo seco, estremecedor, certero, perforando el blanco. Todo se desplomaba a mi alrededor, la tarde perdió súbitamente su brillo, su aire tropical y caribeño, y ahí comprendí por primera vez, sentí por primera vez, algo que tampoco había leído ni escuchado antes jamás, pero que comenzó a posesionarse de mí, a aprisionarme hasta la desesperación y el ahogo: la maldita circunstancia del agua por todas partes.

Presentan nueva edición de Paradiso

César López y Rogelio Riverón, director de Letras Cubanas, presentaron ayer en La Habana una nueva edición de Paradiso, con la cual dicha editorial abre la colección de Obras Completas de José Lezama Lima para celebrar el centenario del natalicio del importante escritor cubano, que se cumplirá en 2010. (Fuente Juventud Rebelde)

y la OEA que dice?

ver El presidente de Nicaragua irrespetó la Constitución
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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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