Thursday, February 28, 2008

Tú buen teatro en la Calle 8

El viernes pasado, por invitación de dos los Aseres y de Medea, tuve la oportunidad de asistir a una de las funciones de Improvisando a Chejov, puesta en escena de la compañia Teatro en Miami.

Agradable sorpresa que me deparó la Calle 8 al mostrarme que todavía existen "artistas puros", como los que se reclaman en el film Habana Blues.

Muchas gracias a los "brothers" Blogeros que me condujeron esa noche a buen destino.




Improvisando a Chejov

Cuatro historias cargadas de humanismo:

“La Audición” trata del Teatro que no debe ser. El teatro de la Diva, la pasarela inocua. Como el arte puede devolver los sueños perdidos.

“La institutriz” es acerca de las relaciones sociales/personales entre ricos y pobres. El poder y la obediencia. Dos formas de ver la vida, dos mundos incomunicados, cegados por sus propias experiencias.

“El Duelo” habla del amor, de cómo el desengaño nos lleva a escudarnos tras furibundas mentiras. Ni siquiera el disparo de una bala es tan ruidoso como la explosión del amor a primera vista.

“El Arreglo” es nuestro pretexto para añorar la niñez. La pérdida de la virginidad vista desde los ojos de un niño.

Como es tradición, Teatro en Miami, reúne un equipo multinacional para esta experiencia. (Perú, Costa Rica, Nicaragua, República Dominicana y Cuba )

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Créditos

Improvisando a Chejov (Versión de Sandra y Ernesto García basada en cuatro obras de Antón Chejov)

Dirección: Ernesto García

Productores: Sandra García y Ernesto García

Actores: Ivette Kellems, Christian Ocón, Lis Nicot, AnniaMary Martínez, Marcia Stadler, Carlos Bueno y Sandra García

Una producción de TEATRO EN MIAMI (TEM)

website: www.teatroenmiami.net

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Otras obras del repertorio de TEM: “El Celador del Desierto”, “Sangre” , “Aromas de un Viaje

Wednesday, February 27, 2008

El futuro de Cuba según Rafael Rojas

Comparto con los lectores la opinión de Rafael Rojas, publicada en El País, acerca del reciente cambio de presidente en Cuba y las posibles consecuencias que esto pueda traer para la Isla, en el futuro inmediato y un poco mas allá.

Este es el enfoque que mas acertado me parece de todos los que he leído en estos días.

Gaspar, El Lugareno

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A Raúl Castro y su equipo, por lo visto, no les interesa jugar a la confrontación con Estados Unidos, ni la alianza con Chávez y Morales, ni el proselitismo obsesivo de Cuba en América Latina y el Tercer Mundo. A esos sucesores les interesa, sobre todo, reconstruir la legitimidad histórica del socialismo por medio de la satisfacción de las necesidades básicas de una ciudadanía deseosa y, a la vez, temerosa de cambios.

Con Raúl Castro en la Presidencia del Consejo de Estado de Cuba, y a pesar de la ubicación de un político tan rígido como José Ramón Machado Ventura en la primera Vicepresidencia, se deshace, en buena medida, el espejismo insular. Aquella fantasía del país de Granma, basada en el cacareo de las "virtudes" del socialismo, se viene abajo. La realidad de un país en crisis desde hace dieciséis años, por lo menos, es mirada de frente por la clase política. Los muchos y graves problemas de Cuba -transporte, vivienda, escasez, bajos salarios, altos precios, imposibilidad de viajar, falta de acceso a Internet, dos monedas, apartheid turístico...- no se esconden bajo la retórica triunfalista de la "batalla de ideas", ni se atribuyen al "criminal bloqueo imperialista" o a la "guerra mediática de la mafia de Miami". Por primera vez, las causas de los problemas de Cuba se localizan en una legislación obsoleta y una administración ineficiente. (Texto completo)

Tuesday, February 26, 2008

Dos caminos ...

Luego de conformado el Consejo de Ancianos de Cuba, la Nota de Prensa de los Obispos Católicos y los discursos del Card. Bertone,

quedan (por ahora) dos caminos a seguir:


este:



o este:

Se reúnen Raúl Castro y el Card. Bertone (update)

Foto/Reuters

English version (here , here and here)


Raúl Castro y el Card. Bertone sostuvieron un encuentro esta tarde, en lo que constituyó la primera reunión con carácter internacional del nuevo "presidente" cubano. Además, estuvieron presentes:

Representando el "gobierno": Carlos Lage Dávila, Vicepresidente del Consejo de Estado; Esteban Lazo Hernández, Vicepresidente del Consejo de Estado; Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores; Caridad Diego Bello, Jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; Eumelio Caballero Rodríguez, Viceministro de Relaciones Exteriores y Raúl Roa Kourí, Embajador de Cuba ante la Santa Sede.

Representando a la Iglesia: Cardenal Jaime Ortega Alamino, Arzobispo de La Habana; Monseñor Luigi Bonazzi, Nuncio Apostólico en Cuba; Monseñor Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey y Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba; Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo Auxiliar de La Habana y Secretario General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba; Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín y miembro del Comité Permanente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba; Monseñor Jean Marie Speich, Consejero de la Nunciatura Apostólica; Monseñor Nicolás Henry Thevenin, Funcionario de la Secretaría de Estado y Monseñor Lech Piechota, Funcionario de la Secretaría de Estado.

De esta manera concluyó el programa oficial de la visita del Secretario de Estado del Vaticano a Cuba. Este viaje tuvo como motivo central celebrar el décimo aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a la isla. (otros detalles: AIN, ACI, Prensa Latina)

Covertura de la visita del Card. Bertone por la revista Palabra Nueva de la Arquidiócesis de La Habana. (Texto)
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Discurso del Cardenal Bertone en la Escuela Latinoamericana de Medicina. (Texto)

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La disicencia critica la visita

El opositor cubano Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), lamentó que el diplomático vaticano haya dado una "impresión de complacencia" con el Gobierno de este país que "no es justa" con el pueblo y la Iglesia de la isla.

"La impresión de complacencia no es justa con el pueblo cubano y con la Iglesia cubana, y no hay porqué dejar de decir que en Cuba hay prisioneros políticos, que están presos por defender la verdad y los derechos humanos", dijo Payá tras confirmar que no se reunió con Bertone, aunque lo había solicitado.

Payá, premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2002, indicó que "en Cuba hay un pequeño grupo colectivo que en todos estos años ha sufrido la persecución pero que se han mantenido con firmeza".

"Pensamos que la imagen que se ha dado con la visita no se corresponde con esa presencia humilde, pero digna y profética, de los católicos en Cuba", afirmó, y aseguró que esa es la imagen "que han recibido muchas personas con las que he hablado". (leer más/El Mundo)


Conferencia del Card. Bertone en la Universidad de la Habana

La cultura y los fundamentos éticos del vivir humano



Magnífico Señor Rector,

Honorables Autoridades,

Señor Cardenal y Señores Obispos,

Ilustres profesores,

Señores representantes del mundo de la cultura,

Señoras y Señores, amigos todos.

Con gratitud por la amable bienvenida que me han dispensado, quisiera comenzar esta tarde recordando con aprecio dos grandes figuras apasionadas por Cuba y vinculadas a este lugar. El primero es el Siervo de Dios Félix Varela, padre de la patria cubana, cuyos restos reposan aquí y del que hoy celebramos el aniversario de su fallecimiento. La segunda es el Siervo de Dios Juan Pablo II, quien habló desde esta misma cátedra hace diez años. Pocos han sabido glosar con tanto acierto la figura del Padre Varela como lo hiciera el Papa Juan Pablo II en el discurso que pronunciara en este mismo lugar. Ambos personajes encarnan un egregio modelo de humanidad, siendo reconocidos unánimemente como hombres de paz y de bien, incluso por aquellos que no comparten sus ideales ni sus creencias. Uno y otro son la confirmación de que no es necesario diluir la propia identidad para entablar un diálogo fecundo y creativo con todos los hombres.

La aventura existencial del Padre Varela nos ofrece el marco ideal en el que situar el tema que se me ha encomendado, –la cultura y los fundamentos éticos del vivir humano–, considerando en particular la cultura cristiana como sustento e inspiración de la ética.

Como es sabido, el joven sacerdote Félix Varela ganó por oposición la primera Cátedra de Constitución, establecida en el Colegio de San Carlos en 1821. Es significativo el modo en que el novel catedrático, en su brillante lección inaugural, definía su cátedra: ésta, decía, debería llamarse más bien, «la Cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales,... la fuente de las virtudes cívicas, la base del gran edificio de nuestra felicidad» (Discurso en la inauguración de la cátedra (21.1.1821). Para él, aquella Cátedra le ofreció una ocasión inmejorable para reflexionar sobre el modo de construir una sociedad, sobre los valores que deben fundamentar la convivencia entre los hombres, entre los cuales, la libertad, —«uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», en palabras de Don Quijote (II, cap. 58)—, ocupa el primer lugar, y junto a ella, los demás derechos del hombre y la rectitud de sus obras. La preocupación por la formación de la juventud fue constante en el Padre Varela, consciente de que no son las leyes las que salvan los pueblos, sino sus virtudes en el orden personal y en su actuación pública. En su visión de una nueva patria cubana, Varela, como antes de él el Padre Agustín Caballero y José Martí después, muestran un catolicismo comprometido con la modernización del país, los derechos del hombre y la libertad. Muestran, en definitiva, que el cristianismo y la modernidad no son incompatibles, sino que se encuentran en la defensa de la dignidad del hombre. Es más, el mundo necesita de esta gran alianza.

José Martí, preclaro cubano, afirmó que «ser cultos es la única manera de ser libres». Esta afirmación me ofrece la posibilidad de examinar ahora, con un poco más de detalle, la relación entre la cultura y los fundamentos éticos de la vida del hombre.

Todos los hombres aprecian la cultura como un bien importante. Pero, ¿por qué la cultura es un bien? Juan Pablo II lo expresó magistralmente cuando recordó que «la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, “es” más, accede más al “ser”» (Discurso a la UNESCO. 2.6.1980). Por medio de la cultura, en efecto, el ser humano «afina y desarrolla sus múltiples cualidades espirituales y corporales; pretende someter a su dominio, por el conocimiento y el trabajo, el orbe mismo de la tierra; hace más humana la vida social» (Gaudium et Spes, 53). Si la cultura es un bien, debe estar entonces al alcance de todos y no ser un lujo reservado a algunas élites.

La cultura, sin embargo, es algo más que la simple voluntad individual por adquirir nuevos conocimientos. Tiene una fundamental dimensión histórica y comunitaria y se nos presenta como un gran esfuerzo por brindar una visión que dé sentido a toda la vida, abarcando todos sus aspectos. A este respecto, la cultura está siempre marcada por una tensión que la lleva a superarse continuamente a sí misma, en una doble dirección: en sentido horizontal, hacia las demás culturas, enriqueciéndose mutuamente; y en sentido vertical, hacia la trascendencia, hacia la fuente última de la verdad, la belleza y el bien.

Podemos decir, pues, que la cultura es el ethos de un pueblo. Es un modo de comportarse y, a la vez, un ideal normativo, aun cuando no siempre sea vivido y respetado. En este sentido, ethos y ética están estrechamente relacionados, no sólo por su etimología, sino también porque la cultura es el resultado de la praxis del hombre y, a su vez, condición del obrar humano. No hay cultura que no remita a una ética, ni una ética sin referencia a una cultura. Ambas caen o se mantienen unidas.

Una simple observación, sin embargo, pone ante nuestros ojos el fenómeno de la diversidad cultural, uno de los rasgos más característicos de nuestro tiempo, que provoca a veces un saludable cambio de costumbres y obliga a replantearse convicciones consideradas inmutables. Pero puede provocar también una dolorosa pérdida de identidad, con consecuencias difíciles de prever.

Para algunos, la diversidad cultural y de normas de comportamiento conduce inevitablemente a afirmar la inexistencia de una norma moral común y objetiva. A partir de la experiencia de la diversidad se deduce la imposibilidad de normas morales universalmente válidas. El relativismo moral sostiene que una afirmación ética sería verdadera únicamente en el contexto de una cultura determinada. No habría por tanto convicciones ni principios éticos mejores que otros, ni nadie tendría derecho a decir lo que está bien y lo que está mal.

Las tesis del relativismo cultural y del relativismo ético se han visto reforzadas por el desarrollo de la razón moderna, un proceso descrito magistralmente por el Papa Benedicto XVI en su lección en la Universidad de Ratisbona. En extrema síntesis, este proceso ha consistido en la reducción de la razón a la ciencia experimental, que combina la verificación empírica con la formulación matemática. Sólo sería racional entonces aquello que es susceptible de experimentación y formulable matemáticamente. Con ello, sin embargo, las grandes cuestiones de la existencia del hombre, los problemas de la ética y la estética, la metafísica y, sobre todo, el problema de Dios, quedan fuera de toda consideración, porque son pre- o a-científicos (Cf. Discurso en la Universidad de Ratisbona. 12.9.2006).

Ahora bien, este estrechamiento de la razón contemporánea, conduce inevitablemente en el plano ético al subjetivismo de la conciencia. A pesar de los intentos de Kant por mantener una moral universal tras haber descartado la metafísica al afirmar que el único conocimiento racional posible es el de la ciencia, se ha de confinar la moral al ámbito puramente subjetivo: no sería posible hablar de normas morales universalmente cognoscibles. Pero entonces, «el sujeto, basándose en su experiencia, decide lo que considera admisible en el ámbito religioso y la “conciencia” subjetiva se convierte, en definitiva, en la única instancia ética» (Ibid.). La consecuencia es clara: de este modo, el ethos y la religión pierden su capacidad para dar vida a una comunidad y se convierten en un asunto totalmente personal.

El subjetivismo ético llevado hasta el extremo conduce a la situación paradójica de tener que admitir la inmoralidad como moralmente buena. Puesto que no hay modo de determinar lo que está bien y lo que está mal, habría que concluir que todos los comportamientos son igualmente válidos. El sentido común se rebela contra esta conclusión, a la que, sin embargo, se llega necesariamente desde las premisas de partida.

La lógica de este dinamismo lleva a lo que Benedicto XVI ha denominado la dictadura del relativismo. Es decir, ante la imposibilidad de establecer normas comunes, con validez universal para todos, el único criterio que resta para determinar lo que está bien o lo que está mal es el uso de la fuerza, sea la de los votos, sea la de la propaganda o bien la de las armas y la coacción. «Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos» (J. RATZINGER, Homilía en la Misa para elegir Sumo Pontífice. 18.4.2005). A partir de estos presupuestos, resultaría imposible construir o mantener la vida social.

Existe, por tanto, una distinción fundamental, de cuyo reconocimiento depende la subsistencia misma de la comunidad humana. Esta distinción es la línea de demarcación entre el bien y el mal. Sin esta distinción, no queda otra alternativa que el reino de la arbitrariedad.

Es necesario, por tanto, subvertir el axioma del relativismo ético y postular con fuerza la existencia de un orden de verdades que trasciende los condicionamientos personales, culturales e históricos y que conserva validez permanente. Este orden es lo que la filosofía denomina la ley natural. No pretendo entrar ahora en la problemática en torno a este término, sino subrayar únicamente el hecho de que con esta expresión se hace referencia a un orden previo al hombre, que él no se ha dado, que ningún gobierno ha promulgado y que únicamente puede reconocer. Es la constatación de que frente al derecho positivo, que puede ser injusto, tiene que haber un derecho que procede de la naturaleza misma, del propio ser del hombre. Este derecho tiene que ser hallado y constituye el correctivo para el derecho positivo.

La idea de derecho natural presupone un concepto de naturaleza estrechamente asociado al de razón. Presupone la idea de que la naturaleza está permeada de razón, de que hay en ella un logos que el hombre con su razón, participación e imagen del Logos creador, puede reconocer. La ciencia misma, a la que debemos increíbles avances en todos los campos, resultaría imposible sin aceptar una racionalidad en la naturaleza. Más aún, si el mundo es mero producto de lo irracional, nuestra misma libertad es, a la postre, una ilusión.

La ley natural aparece así como una especie de «gramática» trascendente que permite el diálogo entre los pueblos, es decir, un conjunto de reglas de actuación individual y de relación entre las personas en justicia y solidaridad, que está inscrita en las conciencias, en las que se refleja el sabio proyecto de Dios.

La Iglesia no pretende imponer su visión de las cosas a todos los hombres, como si tuviese la exclusiva del discernimiento moral. Sin embargo, no puede renunciar al profundo conocimiento que tiene del hombre y de la sociedad. Ella es experta en humanidad y desea ofrecer respetuosamente su contribución para la creación de la sociedad de los hombres en medio de los que vive.

En este punto, el pensamiento de algunos teóricos, como John Rawls o Jürgen Habermas, ha defendido la necesidad de la contribución de las confesiones religiosas al debate público (Cf. Benedicto XVI, Discurso a la Universidad de la Sapienza, 17 enero 2008; J. HABERMAS, «Vorpolitische Grundlagen des demokratischen Rechtstaates?», en J. Habermas – J. Ratzinger, Dialektik der Säkularisierung, 34). Éstas, en definitiva, desempeñan un papel social no sólo como elementos de integración social, que prestan subsidiariamente servicios sociales a la comunidad, sino también como fuente de saber y conocimiento.

A este respecto, el Papa Juan Pablo II recordaba que el principio de la libertad religiosa entendido en su sentido pleno, es como la prueba de los demás derechos. Y recordaba que, «del mismo modo que se daña a la sociedad cuando se relega la religión a la esfera privada, también la sociedad y las instituciones civiles se empobrecen cuando la legislación -violando la libertad religiosa- promueve la indiferencia religiosa, el relativismo y el sincretismo religioso, quizá incluso justificándolos mediante una comprensión errónea de la tolerancia. Por el contrario, todos los ciudadanos se benefician cuando se respetan las tradiciones religiosas en las que cada pueblo está arraigado y con las que las poblaciones generalmente se identifican de un modo particular» (Discurso a la Asamblea de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. 10.10.2003).

La objeción que se adivina inmediatamente es que en la sociedad actual, las iglesias y las confesiones religiosas deben limitar su actuación al ámbito puramente personal de los individuos que quieran adherirse a ellas, pero no tendrían algún lugar en la constitución de una ética social. El Estado moderno, se afirma, debe estar por encima de las religiones, las cuales, en muchos casos, no son vistas de modo positivo y equilibrado.

La sana laicidad conlleva, naturalmente, la distinción entre religión y política, entre Iglesia y Estado. Creyentes y no creyentes encuentran el fundamento de esta distinción en las mismas palabras del Evangelio, cuando Jesús recordó que había que dar «al César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21). Pero esta misma laicidad no puede significar que Dios sea una hipótesis puramente privada o que excluya la religión y la Iglesia de la vida pública. La célebre frase de Hugo Grocio etsi Deus non daretur, interpretada erróneamente como la fundamentación del ordenamiento político «como si Dios no existiese», significaba, para los jusnaturalistas del siglo XVIII, más bien la necesidad de establecer principios que tuviesen validez permanente «aun en la hipótesis de que Dios no existiera», es decir, con validez permanente para todos.

Como contribución de los cristianos a la construcción de la sociedad, el entonces cardenal J. Ratzinger, desde el marco sugestivo de Subiaco, poco antes de ser elegido Sucesor de San Pedro, lanzó al mundo una propuesta que yo me permito hoy evocar ante todos Ustedes: «el intento, radicalizado, de plasmar las vicisitudes humanas prescindiendo completamente de Dios, nos lleva cada vez más al borde del precipicio, a la marginación total del hombre. Deberíamos transformar completamente el axioma de los ilustrados y decir: también quien no fuese capaz de encontrar el camino para aceptar a Dios debería, en cualquier caso, vivir y orientar su vida veluti si Deus daretur, como si Dios existiese. Éste es el consejo que ya Pascal daba a sus amigos no creyentes; y es el consejo que quisiéramos dar a nuestros amigos que no creen. Esta invitación no limita la libertad de nadie y ofrece a todas las vicisitudes de nuestra vida el apoyo y el criterio que necesitan urgentemente» (J. Ratzinger, L’Europa nella crisi delle culture, Subiaco 1 aprile 2005. Ed. Cantagalli, Siena 2005. Edición multilingüe, con el texto español 75-84, aquí, 83).

Llegamos así al final de nuestro recorrido y retomamos la pregunta inicial. ¿Cuál es la contribución de la cultura cristiana al fundamento de una ética del vivir humano?

La respuesta podría ser ésta: presentándose como la religión del logos y del amor, la Iglesia ofrece una sabiduría milenaria, que pone a disposición de todos los pueblos y todas las culturas, convencida además de que es posible un diálogo y un enriquecimiento mutuo. En este sentido, se presenta ante la sociedad como memoria y como recuerdo de la existencia de un fundamento de los valores. Se presenta, en definitiva como testigo de lo imperecedero. Ella, al proponer con respeto su propia visión del hombre y de los valores, contribuye a la creciente humanización de la sociedad. La fe, por tanto, no destruye cultura alguna, sino que coopera a la purificación de todo lo que entorpece la dignidad, los derechos y el desarrollo de las personas y de todo lo que se opone a la humanización de la sociedad. Si en una nación crecen los ambientes y actitudes deshumanizantes, algo está sustancialmente dañado en el ethos de ese pueblo. La fe contribuye además a dar plenitud a todo lo bueno, verdadero y bello, abriendo al hombre a una visión siempre más elevada de sí mismo y de su convivencia en sociedad. Una convivencia sin valores es igual a una cultura sin ética, es una cultura deshumanizada y deshumanizadora que invierte la escala de valores y coloca el mundo al revés.

Precisamente porque toda sociedad digna se basa sobre el principio del valor supremo del hombre, de su responsabilidad ante la historia y ante sus semejantes, necesita el recuerdo permanente de valores perdurables, que existían antes de que él fuese y que seguirán existiendo después.

La sociedad necesita personas que manifiesten con sus vidas la existencia de unos valores fundamentales y dignificantes, necesita testigos que con sus vidas trabajen para recordar a todos los hombres el valor de la conciencia, santuario de Dios en el hombre, y de la verdad.

Los cristianos, mediante figuras como la del Padre Varela y una muchedumbre incontable de audaces personas semejantes a él, no piden más que poder dar testimonio de esta verdad entre sus contemporáneos.

Distinguidas Señoras y Señores, hemos reflexionado sobre la cultura como apoyo e inspiración para la ética. La cuestión es encontrar caminos concretos para que cultura y ética, Iglesia y sociedad, puedan colaborar en la construcción de un mundo más humano, anclado en los grandes valores de nuestra historia: la libertad, la paz, la solidaridad, la justicia y el desarrollo integral de la persona, de todo el hombre y de todos los hombres.

Permítanme que concluya con las palabras finales que el Santo Padre había escrito para su discurso en la Universidad de La Sapienza de Roma, que no pudo pronunciar personalmente por motivos de sobra conocidos.

El Papa, dirigiéndose a los universitarios de Roma, respondía a la pregunta «¿Qué tiene que hacer o qué tiene que decir el Papa en la universidad?». Nosotros podemos parafrasear esta cuestión preguntando «¿Qué tiene que hacer o decir la cultura cristiana como fundamento ético del vivir común?». La respuesta que dio entonces, estimo que conserva toda su validez para nosotros: El Papa, —la Iglesia católica, los cristianos podríamos decir—, «seguramente no debe[n] tratar de imponer a otros de modo autoritario la fe, que sólo puede ser donada en libertad… De acuerdo con la naturaleza intrínseca de su ministerio pastoral, tiene[n] la misión de mantener despierta la sensibilidad por la verdad; invitar una y otra vez a la razón a buscar la verdad, a buscar el bien, a buscar a Dios; y, en este camino, estimularla a descubrir las útiles luces que han surgido a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que ilumina la historia y ayuda a encontrar el camino hacia el futuro» (Alocución preparada para la inauguración del año académico en la Universidad La Sapienza de Roma. 17.1.2008).

Muchas gracias a todos.


Publicada en Ecclesia Digital


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Elogia el Card. Bertone la Escuela Latinoamericana de Medicina

Discurso del Card. Bertone en el encuentro con el Cuerpo Diplomático acreditado en La Habana



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Conferencia de Prensa (Texto)

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Honorable Señor Ministro,

Honorable Señor Decano y miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante el Gobierno cubano,

Honorables Representantes de los distintos Organismos Internacionales,

Distinguidos Oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores,

Señoras y Señores.

Agradezco al Señor Ministro de Relaciones Exteriores el haber organizado este cordial encuentro con los representantes de varios países e instituciones del mundo, lo que valoro mucho y considero un gesto de especial respeto y deferencia hacia la Santa Sede y al Santo Padre Benedicto XVI, del cual quiero transmitirles su más afectuoso saludo.

Es para mí un gran honor estar en esta noble tierra para conmemorar el décimo aniversario de la histórica visita del amado y recordado Papa Juan Pablo II a Cuba, país que en estos diez años ha dado muestras de entrega y capacidad de desarrollo. Es evidente el progreso alcanzado en el ejercicio de la solidaridad con países de África, de Asia, del Caribe y de América Latina, especialmente en los campos de la salud y la educación. También en el escenario internacional la presencia de Cuba ha ido afianzándose claramente. A este respecto, es muy significativa su actual presidencia del Movimiento de los Países no Alineados.

Teniendo la posibilidad de intercambiar algunas consideraciones con Ustedes, me parece oportuno dedicar estas breves palabras a las relaciones entre la Iglesia y el Estado, dada su relevancia en la historia pasada y reciente de la Nación cubana.

Basada en su plurisecular experiencia diplomática, que le ha permitido establecer relaciones de diálogo y de amistad con casi todos los Estados, la Santa Sede encuentra hoy una luz particular para su actividad internacional en los pronunciamientos del Concilio Ecuménico Vaticano II, sobre todo en su constitución pastoral Gaudium et spes. En el número setenta y seis de dicho documento se puede leer lo siguiente: “La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas en su propio campo. Sin embargo, ambas, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán tanto más eficazmente en bien de todos cuanto procuren mejor una sana cooperación entre ambas, teniendo en cuenta también las circunstancias de lugar y tiempo”.

También en Cuba, así como en el resto del mundo, la Iglesia, inspirada en la verdad del Evangelio, procura con humildad y solícita dedicación ofrecer su propia contribución de pensamiento y acción para la edificación del bien común, respetando la identidad y las leyes propias del Estado.

Otro pronunciamiento del Concilio Ecuménico Vaticano II, la declaración Dignitatis humanae, nos recuerda que el compromiso de la comunidad civil por el bien de los ciudadanos no se puede limitar a algunas dimensiones de la persona, como la salud física, el bienestar económico, la formación intelectual o las relaciones sociales; el ser humano tiene también una dimensión religiosa, que se refleja en actos voluntarios y libres, con los cuales él se dirige inmediatamente a Dios.

Pero, la libertad religiosa no sería integral y verdadera si no comportara también una dimensión pública, la libertad religiosa no pertenece sólo al individuo, sino también a la familia, a los grupos religiosos y a la Iglesia misma. Un Estado que quiera respetar esta libertad no puede eximirse del crear condiciones propicias para el desarrollo de la vida religiosa, de manera que los ciudadanos tengan la posibilidad real de ejercer sus derechos y cumplir con sus obligaciones espirituales.

Como ya dijera el venerado Papa Juan Pablo II, dando la bienvenida al actual Embajador de Cuba ante la Santa Sede: “la Doctrina Social de la Iglesia se ha desarrollado mucho en estos últimos años, precisamente para iluminar las situaciones que requieren esa dimensión solidaria desde la justicia y la verdad. A este respecto – continuaba el Papa Juan Pablo II - la Iglesia en Cuba, con su presencia evangelizadora y con espíritu de servicio sincero y efectivo al pueblo cubano, se esfuerza por poner de relieve ese magisterio, no sólo de palabra, sino también con sus empeños y realizaciones concretas. El conjunto de valores y propuestas que integran la Doctrina y la consiguiente acción social de la Iglesia forman parte de su misión evangelizadora y, consecuentemente, de su propia identidad”.

Estas palabras siguen siendo de gran actualidad. Pero, cabe decir que el desarrollo de la misión social de la Iglesia cubana se basa en las buenas relaciones que existen entre las instituciones eclesiales y estatales, con la esperanza de que aún sigan progresando: siempre hay posibilidades de mejoría, y esto no sólo vale para las relaciones con Cuba, sino con todos los pueblos y naciones del mundo.

Un gran Pastor de la Iglesia en Cuba, el benemérito Arzobispo de Camagüey, Mons. Adolfo Rodríguez Herrera, expresaba poco antes de su muerte: “Nuestro sueño es que la Iglesia cubana sea la Iglesia, y nada más; y que las instituciones civiles de la Patria sean las instituciones civiles, y nada más. Y que la Iglesia pueda ser en Cuba la Iglesia de la caridad, del servicio, de la comunión, de la misión”.

Antes de concluir quisiera enviar mis deferentes saludos al Presidente Fidel Castro que pude encontrar personalmente en octubre de 2005, con mis mejores votos para èl.

Desde ayer Cuba tiene un renovado Consejo de Estado, al que la Santa Sede con toda la Comunidad Internacional le desea mucho acierto y la capacidad de escuchar e interpretar más y más las necesidades de cada ciudadano, el cual tiene el derecho de sentirse orgulloso de ser cubano y respetado, valorado y representado por quienes lo gobiernan.

En estos días de mi visita, acompañada por la exquisita hospitalidad y cortesía de las Autoridades cubanas que agradezco vivamente, además de constatar la vitalidad de la Iglesia católica cubana y su solícita dedicación al bien común de la Patria, he encontrado gran disponibilidad al diálogo y a la cooperación en los Gobernantes del País – tanto en temas nacionales cuanto internacionales. Esto es un positivo impulso a las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica en Cuba, que permite mirar con serena esperanza la nueva etapa – ciertamente ardua y exigente – que Cuba se dispone a afrontar.

Muchas gracias.


Texto publicado en Ecclesia Digital

The Communist Party

Monday, February 25, 2008

Declaración Oficial de los Obispos Católicos de Cuba (update)

NOTA DE PRENSA

Los Obispos de Cuba, nos hemos reunido en Asamblea Ordinaria, al final de la cual recibimos al Cardenal Tarcisio Bertone SDB, Secretario de Estado de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, que fue enviado a nuestro país por el Santo Padre para presidir las celebraciones conmemorativas de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, hace diez años.

Durante nuestra reunión fue hecho público el mensaje del Presidente Fidel Castro Ruz donde manifestó su decisión de no aspirar ni aceptar el cargo de Presidente del Consejo de Estado ni Comandante en Jefe. Pocos días después se instalaba la nueva Asamblea Nacional del Poder Popular surgida de las elecciones del pasado 20 de enero. Ambos acontecimientos revisten un carácter de excepcionalidad, pues confluyen en la configuración de un nuevo Consejo de Estado que incluye un nuevo Presidente.

En ocasión de conocerse el 31 de julio del año 2006 la dejación temporal de su cargo por el Presidente Fidel Castro y la nominación por él de un equipo responsabilizado más directamente de la marcha del país durante el tiempo de su enfermedad, los Obispos de Cuba pedíamos a los fieles católicos su oración ante los momentos difíciles que vivía nuestra Patria. En nuestra oración incluíamos una petición a Dios nuestro Señor para que nada perturbara el bien superior de la paz en nuestra nación. Hoy queremos dar gracias a Dios porque esa paz posibilitó, en su momento, que las más altas autoridades del país invitaran a trabajadores, estudiantes y pueblo en general a debatir los problemas más urgentes de toda índole que afectan a nuestro pueblo. El llamado instaba a que esto se hiciera con claridad y valentía.

En nuestro Mensaje de Navidad decíamos que este debate prometedor había creado muchas expectativas en el pueblo de un mejoramiento en sus condiciones de vida.

En estos momentos nuestra oración se eleva al Señor y a la Virgen de la Caridad , nuestra Madre, Patrona de Cuba, porque esta Asamblea renovada que acaba de inaugurarse, el Consejo de Estado y su nuevo Presidente tengan la luz de lo Alto para llevar adelante con decisión esas medidas trascendentales que sabemos deben ser progresivas, pero que puedan comenzar a satisfacer desde ahora las ansias e inquietudes expresadas por los cubanos.

Como lo hicimos en Navidad, queremos también ahora renovar nuestros votos de confianza, y con esperanza cristiana, formular estos deseos al nuevo Presidente Raúl Castro Ruz, al Consejo de Estado y a la Asamblea del Poder Popular, teniendo siempre ante nuestros ojos el bien común del pueblo cubano al cual servimos, y pidiéndole al Señor el don de la paz para nuestra nación.

Los Obispos Católicos de Cuba

La Habana, 25 de febrero de 2008

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Todos los discursos e intervenciones del Cardenal Bertone en Cuba. (leer)


Cuba hoy...

Foto de J03P. Flickr


Tres primeras "decisiones" del "nuevo" Presidente


1. Un año para conformar un "nuevo gobierno de la república". "Estudiar con profundidad la actual estructura y funciones de los organismos de la Administración Central del Estado y, una vez concluidos, hacer la propuesta o presentación del nuevo gobierno y los demás cambios que se decidan sobre estructuras y funcionamiento, etcétera, en otra sesión de la Asamblea en el transcurso del presente año. Ni siquiera en julio, pedimos el año completo para estudiar con profundidad estos aspectos, y en una asamblea ordinaria, cabe que sea la de fin de año, o en una extraordinaria, si es necesario citarla, tratemos con más profundidad este tema. Es la aprobación del gobierno de la república".

2. Nombrar como nuevo Ministro de las FAR (cargo que pertenecia a Raúl Castro) al General de Cuerpo de Ejército Viceministro Primero del MINFAR, Julio Casas Regueiro

3. Los cargos de Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, (que pertenecian a Raúl Castro) pasan a José Ramón Machado Ventura

Sunday, February 24, 2008

Cuba today, hoy mismo ... Raúl Castro presidente (update)



(Primer discurso de Raúl Castro como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Video, Spanish Version, English Version)

(Resultados oficiales de las votaciones en la Asamblea Nacional)

Fotogalería

La Habana, 24 feb (PL) La Asamblea Nacional del Poder Popular eligió hoy a Raúl Castro Ruz como presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba para los próximos cinco años.

También fueron seleccionados el primer vicepresidente del país y otros cinco vicepresidentes.

Primer vicepresidente: José Ramón Machado Ventura, quien hasta ahora se desempeñó como vicepresidente del Consejo de Estado.

Vicepresidentes: Juan Almeida Bosque, Julio Casas Regueiro, Esteban Lazo Hernández, Carlos Lage Dávila y Abelardo Colomé Ibarra.

Secretario: continúa José Miguel Miyar Barrueco .

Entre los miembros ratificados: José Ramón Balaguer Cabrera, Ramiro Valdés Menéndez, Pedro Saez Montejo, Luís Herrera Martínez, Iris Betancourt Téllez, Roberto Fernández Retamar, Francisco Soberón Valdés, Felipe Pérez Roque, Carlos Valenciaga Díaz y Orlando Lugo Fonte.

El Consejo de Estado experimentó una renovación del 41,9 por ciento, al incluir a 13 nuevos miembros: Yolanda Ferrer Gómez, Salvador Valdés Mesa, Juan José Rabilero Fonseca, Julio Martínez Ramírez y María del Carmen Concepción González, de nuevo Tania León Silveira, Regla Dayamí Armenteros Mesa, Inés María Chapman Bou, Dignora Montano Perdomo, Zurina Acosta Brook, Guillermo García Frías, Leopoldo Cintra Frías y Álvaro López Miera.

Prensa Latina. Cuba

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Estructura del Estado Cubano. Spanish Version, English Version.
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La vida (en Cuba) sigue igual? (update)

Reelecto Ricardo Alarcón como presidente del parlamento cubano (Agencia Prensa Latina. Cuba)

La Habana, 24 feb (PL) El presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba, Ricardo Alarcón de Quesada, fue ratificado hoy para encabezar el máximo órgano legislativo.

El titular del parlamento fue reelecto por tercera ocasión en la primera sesión del la VII Legislatura, efectuada este domingo en el Palacio de las Convenciones de esta capital.

Como vicepresidente fue reelegido Jaime Crombet, y como secretaria, Miriam Brito [algo cambia, digo yo], quien sustituye a Ernesto Suárez.

Alarcón, en 1959 fue electo presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. En 1962 fue designado director de América del Ministerio de Relaciones Exteriores y desde 1966, hasta 1978, fue representante permanente de Cuba ante la Organización de Naciones Unidas. En 1978 fue designado viceministro primero de Relaciones Exteriores y seguidamente, en 1992, a titular de ese ministerio. Fue electo presidente del parlamento cubano en febrero de 1993. Es miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde el segundo congreso e integrante de su Buró Político desde el quinto congreso.

Fue electo diputado por el municipio Plaza de la Revolución en los comicios generales efectuados el 20 de enero de este año.

Nuevo panorama en la jefatura de la Isla? (update)


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Hoy se decide quien será el (nuevo) Presidente de la Asamblea Nacional y el Presidente del Consejo de Estado (jefe de Estado y jefe de Gobierno). Faltaría, además, anunciar quien tendrá bajo su autoridad la dirección del Partido Comunista de Cuba (único partido legalmente reconocido en la Isla).

Fidel Castro ha renunciado mediante art
ículo en la prensa a ser reelegido como Presidente del Consejo de Estado (esto incluye la Presidencia del Consejo de Ministros) y ser reconocido como el Comandante en Jefe : " les comunico que no aspiraré ni aceptaré- repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe".

El no mencion
ó, en su renuncia, cual sería el futuro inmediato de su responsabilidad como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, cargo que aún ostenta.

Se debe tener en cuenta que el gobierno del pa
ís, en última instancia, es subordinado a la autoridad del Partido, que en sus estatutos proclama: "Como fuerza dirigente superior de la sociedad asume el mandato del pueblo de orientar y coordinar los esfuerzos comunes de toda la nación en la construcción del socialismo, sobre la base de los principios revolucionarios y con un sentido cabal de lo auténticamente cubano". Asimismo, está escrito en el artículo 5 de la Constitución: "El Partido Comunista de Cuba,martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana,es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista".

A continuaci
ón, incluyo la manera en que está estructurado (segun las leyes) el estado cubano. La información es del sitio de la Asamblea Nacional de Cuba.

Gaspar, El Lugareno


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La sesión constitutiva

Los diputados, una vez en posesión de sus cargos el próximo 24 de febrero, tendrán la responsabilidad de elegir a la dirección de la Asamblea y a los miembros del Consejo de Estado


La Habana, 21 de febrero-Elegidos los 614 diputados que integrarán la Asamblea Nacional del Poder Popular en su VII Legislatura y convocados por el Consejo de Estado para reunirse por derecho propio el próximo domingo 24 de febrero a los fines de dejarla constituida, vale retomar lo establecido en la Ley Electoral para esta trascendente sesión en la que, además, tendrán la responsabilidad de elegir a la dirección del órgano supremo de poder del Estado y a los miembros del Consejo de Estado.

La sesión constitutiva comenzará a las 10 de la mañana en el Palacio de las Convenciones y conforme a la legislación vigente, en esta ocasión, se iniciará bajo la dirección de María Esther Reus, presidenta de la Comisión Electoral Nacional.

Corresponderá a ella dar lectura a la relación de los diputados y a los restantes miembros de la Comisión examinar y validar los certificados de elección de cada uno. Cumplido este paso, la Presidenta declarará su validez, informará la composición social de la Asamblea y una vez comprobado el quórum, se escucharán las notas del Himno Nacional, se producirán el juramento de los diputados y su firma, y quedará constituida la Asamblea Nacional.

Seguidamente se realizarán por separado los dos ejercicios electorales que complementan la jornada constitutiva. Primero se producirá la nominación y elección de quienes ocuparán los cargos de Presidente, Vicepresidente y Secretario de la Asamblea Nacional, y después la de Presidente, Primer Vicepresidente, Vicepresidentes, Secretario y demás miembros del Consejo de Estado, de entre los diputados.

A Amarilys Pérez, presidenta de la Comisión de Candidaturas Nacional, corresponderá presentar a la consideración de los diputados los dos proyectos de candidaturas, surgidos luego de un amplio proceso de consultas, y explicar los fundamentos que rigieron su elaboración, y a la Presidenta de la Comisión Electoral Nacional someterlos a aprobación y conducir ambos escrutinios que se realizan mediante voto secreto.

Conforme a la Ley Electoral se declarará elegidos a los que hayan obtenido más del 50% de los votos válidos emitidos.
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ÓRGANOS SUPERIORES DEL PODER POPULAR

ATRIBUCIONES E INTEGRACIÓN DE LOS ÓRGANOS SUPERIORES DEL PODER POPULAR

  • Asamblea Nacional del Poder Popular:

La Asamblea Nacional del Poder Popular es el órgano supremo del poder del Estado. Representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo.

La Asamblea Nacional del Poder Popular es el único órgano con potestad constituyente y legislativa en la República.

La Asamblea Nacional del Poder Popular se compone de diputados elegidos por el voto libre, directo y secreto de los electores, en la proporción y según el procedimiento que determina la ley.

La Asamblea Nacional del Poder Popular es elegida por un término de cinco años.

Este término sólo podrá extenderse por acuerdo de la propia Asamblea en caso de guerra o a virtud de otras circunstancias excepcionales que impidan la celebración normal de las elecciones y mientras subsistan tales circunstancias.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, al constituirse para una nueva legislatura, elige de entre sus diputados a su Presidente, al Vicepresidente y al Secretario. La ley regula la forma y el procedimiento mediante el cual se constituye la Asamblea y realiza esa elección.

La Asamblea Nacional del Poder Popular elige, de entre sus diputados, al Consejo de Estado, integrado por un Presidente, un Primer Vicepresidente, cinco Vicepresidentes, un Secretario y veintitrés miembros más.

El Presidente del Consejo de Estado es jefe de Estado y jefe de Gobierno.

El Consejo de Estado es responsable ante la Asamblea Nacional del Poder Popular y le rinde cuenta de todas sus actividades.

Son atribuciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular:

a) acordar reformas de la Constitución conforme a lo establecido en el artículo 137;
b) aprobar, modificar o derogar las leyes y someterlas previamente a la consulta popular cuando lo estime procedente en atención a la índole de la legislación de que se trate;
c) decidir acerca de la constitucionalidad de las leyes, decretos-leyes, decretos y demás disposiciones generales;
ch) revocar en todo o en parte los decretos-leyes que haya dictado el Consejo de Estado;
d) discutir y aprobar los planes nacionales de desarrollo económico y social;
e) discutir y aprobar el presupuesto del Estado;
f) aprobar los principios del sistema de planificación y de dirección de la economía nacional;
g) acordar el sistema monetario y crediticio;
h) aprobar los lineamientos generales de la política exterior e interior;
i) declarar el estado de guerra en caso de agresión militar y aprobar los tratados de paz;
j) establecer y modificar la división político-administrativa del país conforme a lo establecido en el artículo 102;
k) elegir al Presidente, al Vicepresidente y al Secretario de la Asamblea Nacional;
l) elegir al Presidente, al Primer Vicepresidente, a los Vicepresidentes, al Secretario y a los demás miembros del Consejo de Estado;
ll) designar, a propuesta del Presidente del Consejo de Estado, al Primer Vicepresidente, a los Vicepresidentes y demás miembros del Consejo de Ministros;
m) elegir al Presidente, a los Vicepresidentes y a los demás Jueces del Tribunal Supremo Popular;
n) elegir al Fiscal General y a los Vicefiscales generales de la República;
ñ) nombrar comisiones permanentes y temporales;
o) revocar la elección o designación de las personas elegidas o designadas por ella;
p) ejercer la más alta fiscalización sobre los órganos del Estado y del Gobierno;
q) conocer, evaluar y adoptar las decisiones pertinentes sobre los informes de rendición de cuenta que le presenten el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros, el Tribunal Supremo Popular, la Fiscalía General de la República y las Asambleas Provinciales del Poder Popular;
r) revocar los decretos-leyes del Consejo de Estado y los decretos o disposiciones del Consejo de Ministros que contradigan la Constitución o las leyes;
s) revocar o modificar los acuerdos o disposiciones de los órganos locales del Poder Popular que violen la Constitución, las leyes, los decretos-leyes, decretos y demás disposiciones dictadas por un órgano de superior jerarquía a los mismos; o los que afecten los intereses de otras localidades o los generales del país;
t) conceder amnistías;
u) disponer la convocatoria de referendos en los casos previstos en la Constitución y en otros que la propia Asamblea considere procedente;
v) acordar su reglamento;
w) las demás que le confiere esta Constitución.

  • Consejo de Estado:

El Consejo de Estado es el órgano de la Asamblea Nacional del Poder Popular que la representa entre uno y otro período de sesiones, ejecuta los acuerdos de ésta y cumple las demás funciones que la Constitución le atribuye.

Tiene carácter colegiado y, a los fines nacionales e internacionales, ostenta la suprema representación del Estado cubano.

Son atribuciones del Consejo de Estado:

a) disponer la celebración de sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional del Poder Popular;
b) acordar la fecha de las elecciones para la renovación periódica de la Asamblea Nacional del Poder Popular;
c) dictar decretos-leyes, entre uno y otro período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular;
ch) dar a las leyes vigentes, en caso necesario, una interpretación general y obligatoria;
d) ejercer la iniciativa legislativa;
e) disponer lo pertinente para realizar los referendos que acuerde la Asamblea Nacional del Poder Popular;
f) decretar la movilización general cuando la defensa del país lo exija y asumir las facultades de declarar la guerra en caso de agresión o concertar la paz, que la Constitución asigna a la Asamblea Nacional del Poder Popular, cuando ésta se halle en receso y no pueda ser convocada con la seguridad y urgencia necesarias;
g) sustituir, a propuesta de su Presidente, a los miembros del Consejo de Ministros entre uno y otro período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular;
h) impartir instrucciones de carácter general a los tribunales a través del Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular;
i) impartir instrucciones a la Fiscalía General de la República;
j) designar y remover, a propuesta de su Presidente, a los representantes diplomáticos de Cuba ante otros Estados;
k) otorgar condecoraciones y títulos honoríficos;
l) nombrar comisiones;
ll) conceder indultos;
m) ratificar y denunciar tratados internacionales;
n) otorgar o negar el beneplácito a los representantes diplomáticos de otros Estados;
ñ) suspender las disposiciones del Consejo de Ministros y los acuerdos y disposiciones de las Asambleas Locales del Poder Popular que no se ajusten a la Constitución o a las leyes, o cuando afecten los intereses de otras localidades o los generales del país, dando cuenta a la Asamblea Nacional del Poder Popular en la primera sesión que celebre después de acordada dicha suspensión;
o) revocar los acuerdos y disposiciones de las Administraciones Locales del Poder Popular que contravengan la Constitución, las leyes, los decretos-leyes, los decretos y demás disposiciones dictadas por un órgano de superior jerarquía, o cuando afecten los intereses de otras localidades o los generales del país;
p) aprobar su reglamento;
q) las demás que le confieran la Constitución y las leyes o le encomiende la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Todas las decisiones del Consejo de Estado son adoptadas por el voto favorable de la mayoría simple de sus integrantes.

El mandato confiado al Consejo de Estado por la Asamblea Nacional del Poder Popular expira al tomar posesión el nuevo Consejo de Estado elegido en virtud de las renovaciones periódicas de aquélla.

  • Consejo de Ministros:

El Consejo de Ministros es el máximo órgano ejecutivo y administrativo y constituye el Gobierno de la República.

El número, denominación y funciones de los ministerios y organismos centrales que forman parte del Consejo de Ministros es determinado por la ley.

El Consejo de Ministros está integrado por el Jefe de Estado y de Gobierno, que es su Presidente, el Primer Vicepresidente, los Vicepresidentes, los Ministros, el Secretario y los demás miembros que determine la ley.

El Presidente, el Primer Vicepresidente, los Vicepresidentes y otros miembros del Consejo de Ministros que determine el Presidente, integran su Comité Ejecutivo.

El Comité Ejecutivo puede decidir sobre las cuestiones atribuidas al Consejo de Ministros, durante los períodos que median entre una y otra de sus reuniones.

Son atribuciones del Consejo de Ministros:

a) organizar y dirigir la ejecución de las actividades políticas, económicas, culturales, científicas, sociales y de defensa acordadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular;
b) proponer los proyectos de planes generales de desarrollo económico-social del Estado y, una vez aprobados por la Asamblea Nacional del Poder Popular, organizar, dirigir y controlar su ejecución;
c) dirigir la política exterior de la República y las relaciones con otros gobiernos;
ch) aprobar tratados internacionales y someterlos a la ratificación del Consejo de Estado;
d) dirigir y controlar el comercio exterior;
e) elaborar el proyecto de presupuesto del Estado y una vez aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, velar por su ejecución;
f) adoptar medidas para fortalecer el sistema monetario y crediticio;
g) elaborar proyectos legislativos y someterlos a la consideración de la Asamblea Nacional del Poder Popular o del Consejo de Estado, según proceda;
h) proveer a la defensa nacional, al mantenimiento del orden y la seguridad interiores, a la protección de los derechos ciudadanos, así como a la salvaguarda de vidas y bienes en caso de desastres naturales;
i) dirigir la administración del Estado, y unificar, coordinar y fiscalizar la actividad de los organismos de la Administración Central y de las Administraciones Locales;
j) ejecutar las leyes y acuerdos de la Asamblea Nacional del Poder Popular, así como los decretos-leyes y disposiciones del Consejo de Estado y, en caso necesario, dictar los reglamentos correspondientes;
k) dictar decretos y disposiciones sobre la base y en cumplimiento de las leyes vigentes y controlar su ejecución;
l) revocar las decisiones de las Administraciones subordinadas a las Asambleas Provinciales o Municipales del Poder Popular, adoptadas en función de las facultades delegadas por los organismos de la Administración Central del Estado, cuando contravengan las normas superiores que les sean de obligatorio cumplimiento;
ll) proponer a las Asambleas Provinciales y Municipales del Poder Popular revocar las disposiciones que sean adoptadas en su actividad específica, por las administraciones provinciales y municipales a ellas subordinadas, cuando contravengan las normas aprobadas por los organismos de la Administración Central del Estado, en el ejercicio de sus atribuciones;
m) revocar las disposiciones de los Jefes de organismos de la Administración Central del Estado, cuando contravengan las normas superiores que les sean de obligatorio cumplimiento;
n) proponer a la Asamblea Nacional del Poder Popular o al Consejo de Estado la suspensión de los acuerdos de las Asambleas Locales del Poder Popular que contravengan las leyes y demás disposiciones vigentes, o que afecten los intereses de otras comunidades o los generales del país;
ñ) crear las comisiones que estimen necesarias para facilitar el cumplimiento de las tareas que le están asignadas;
o) designar y remover funcionarios de acuerdo con las facultades que le confiere la ley;
p) realizar cualquier otra función que le encomiende la Asamblea Nacional del Poder Popular o el Consejo de Estado.
La ley regula la organización y funcionamiento del Consejo de Ministros.

El Consejo de Ministros es responsable y rinde cuenta, periódicamente, de todas sus actividades ante la Asamblea Nacional del Poder Popular.

  • Consejo de Defensa Nacional:

El Consejo de Defensa Nacional se constituye y prepara desde tiempo de paz para dirigir el país en las condiciones de estado de guerra, durante la guerra, la movilización general o el estado de emergencia. La ley regula su organización y funciones.

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CONSTITUCIÓN DE LA REPUBLICA DE CUBA


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