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Thursday, September 24, 2020

Iglesia y Convento de La Merced de Camagüey. Apuntes cronológicos 1601-1997 (por Joaquín Estrada-Montalván)


Año 1905
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El 24 de septiembre la Iglesia Católica celebra la festividad de la Virgen de La Merced, conocida como la Virgen de los Cautivos (ver Mercedarios). Por este motivo y en homenaje a la Virgen, comparto nuevamente con los lectores del blog, el post relacionado con la historia de la Iglesia y Convento de La Merced en Camagüey.

Joaquín Estrada-Montalván

 

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Nota previa: Texto publicado en la Revista El Camagüeyano Libre, Miami, Año XXV, Número 2, Abril junio 2009. Varias de las fotos han sido escaneadas desde originales o postales.


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Around finales siglo XIX y principios del XX
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 Around década del 40, del XX
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década del 50
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finales de los 70s
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en la década de los 80s
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Museo Religioso, debajo del Altar Mayor,
conocido  como las "Catacumbas de la Merced"
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Esta nota cronológica, que es parte de un trabajo más amplio, fue realizada con documentos de los fondos de los archivos de los arzobispados de Santiago de Cuba y de Camagüey y el Archivo Histórico Provincial de Camagüey. Además, utilicé una amplia bibliografía que incluyó, entro otros autores, a Joaquin Weiss, Juan Torres Lasquetti, Jacobo de la Pezuela, y Pedro Agustín Morell de Santa Cruz.

Camagüey es conocida, entre otros sobrenombres, por el de la Ciudad de las Iglesias, incluso fue esta una de las características que le valieron el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad.

Uno de los conjuntos arquitectónicos eclesiales mas importante del territorio, y de toda la Isla, es la Iglesia y Convento de la Merced.

A continuación brindo una síntesis cronológica (años 1601 - 1997) que incluye tanto la evolución del edificio, como la actividad pastoral que se ha realizado desde este conjunto arquitectonico conocido como La Merced de Camagüey.

Joaquín Estrada-Montalván

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· 1601: Se funda el Convento de los Mercedarios por los Frailes Gaspar de la Rocha y Luis Fernández en una ermita de madera y guano cedida por Juan Griego y dedicada a nuestra Sra. de Altagracia.

· 1650: Existe una Ermita de cal y canto que fue demolida para construir el actual edificio.

· 1748: Se concluye la construcción del nuevo templo, que consta de tres naves, de ladrillos y bóvedas y una torre. El convento es de claustros en cuadro, de dos niveles sostenidos en arco.

· 1762: Fray Manuel de la Virgen Agüero manda a construir al platero mexicano Juan Benitez Alfonso el Santo Sepulcro, el trono de la Virgen, el Altar mayor y varias lamparas para el templo, siendo todos objetos de plata pura. Manuel de la Virgen gastó en estas joyas 23 000 monedas de plata, que fueron fundidas en el patio del convento a la vista del publico, el que acudía a observar los trabajos y echaba monedas de plata y oro en el caldo que el artífice Benitez preparaba.

· 1800: La Audiencia de esta Villa declaró fiestas anuales de tabla las de La Merced y la Caridad, equiparándolas.

· 1820- 1824:
El Convento sirve de cuartel a la Milicia, siendo evacuada la comunidad religiosa que regresa a este lugar en 1828.

· 1825:
Se instala un reloj en la torre del campanario. Este había sido instalado provisionalmente en 1822 en la Iglesia de la Soledad. Es el primer reloj público en la ciudad.

· 1831- 1870:
La Diputación Patriótica de esta ciudad acuerda el establecimiento en el Convento de una Biblioteca Pública (la primera de Puerto Príncipe).

· 1841:
Por ley del Rey Carlos IV, fechada 15 de diciembre de 1841 se suprimen 11 de los 19 conventos religiosos de Cuba y todos sus bienes confiscados. Los ocho conventos restantes pasaron a ser administrados por la Real Hacienda. Confiscado el Convento de la Merced en La Habana, los frailes habaneros fueron acogidos en Camagüey, que quedó exento, pero la penuria económica determinada por el impuesto y otras causas produjeron la lenta extinción de las comunidades mercedarias.

· 1851: Entre las medidas adoptadas en Puerto Príncipe para preparar militarmente la Plaza, como consecuencia de los acontecimientos tanto a nivel nacional como local, se construyó un aspilladero en la azotea de la Iglesia habilitándole como fortaleza militar.

· 1852: El Convento fue ocupado temporalmente por el ejército hasta 1854.

· 1862: Se utilizo como prisión de “49 negros bozales” en rebeldía que habían sido apresados en Santa Cruz

· 1865: Se proyectó convertir el Convento en Mercado y abrir una calle entre el Convento y la Iglesia

· 1867: Se hacen reparaciones y se pintan cenefas de flores en los techos del presbiterio, de la nave central y el coro.

· 1868: Se instaló provisionalmente la Audiencia de Puerto Principie en el convento. Al estallar la contienda independentista el ejército vuelve a ocupar el edificio. Se hicieron obras que convirtieron la Iglesia y el Convento en una fortaleza, emplazando cañones en las azoteas y bocacalles.

· 1888: Llegan los Frailes Carmelitas, quienes sustituyen a los Mercedarios por disposición del Obispo Herrera. Tienen que compartir el inmueble con el ejército hasta el año 1893.

· 1895: Es nuevamente ocupado este edificio por el ejército. En 1902, con el advenimiento de la República, fue reconocido el Arzobispado de Cuba como legitimo propietario.

· 1901: En septiembre se sustituye el viejo reloj por uno moderno.

· 7 de noviembre de 1906:
Un incendio destruye el Altar Mayor, otros dos altares, pinturas murales y otros objetos de arte pertenecientes al templo. No hace daños de importancia al cuerpo del edificio.

· 1908: El pintor Juan Albaijés y el arquitecto Claudio Muns restauran el templo y las pinturas. Sustituyen por mosaicos las viejas baldosas del suelo, rebajan el nivel del ante-presbiterio y transforman las columnas octogonales a la forma cuadrangular actual.

· 1909: Dolores Betancourt Agramonte dona y trae de Barcelona, España el actual altar mayor, de estilo neogótico, que fue colocado en 1910, junto a los altares laterales del mismo estilo arquitectónico.

· 1911 – 1914:
Se terminaron los nuevos altares de la Virgen del Carmen, Nuestra Señora María Santísima, del Santo Niño Jesús de Praga y el del Sagrado Corazón de Jesús, obra de los ebanistas Timoteo y Pascual Isasi.

· 1913 - 1915:
Se hizo la rebaja del anteprebisterio y una suntuosa gradería en forma de semicírculo que da acceso al presbiterio. Se hizo la instalación eléctrica en las cornisas y arcos con lo que la Iglesia alcanzó un gran realce. Se realizaron grandes reformas en el convento, fueron sustituidas las viguetas de madera en mal estado por las actuales de hierro en el piso alto, que se recubrió de mosaicos y se construyeron la biblioteca y el comedor.

· 1914:
Es consagrado en La Merced, Mons. Valentín Zubizarreta, como primer Obispo de Camagüey.

· 1915:
Zubizarreta cede en alquiler a perpetuidad a los Frailes Carmelitas la Iglesia y el Convento. Este intento durante su estancia en Camagüey establecer Catedral y Obispado, pero nunca se materializó este proyecto.

· 1921: Se inaugura la imagen del Santo Milagroso Niño Jesús de Praga.

· 1920- 1930:
Se hicieron reparaciones importantes en el interior y exterior del Convento. Se le dio a la fachada su apariencia actual.

· 1961:
En abril es ocupado el Convento por la Milicia Nacional Revolucionaria. Los P.P. Carmelitas deben abandonar el Convento. En mayo es devuelto el inmueble. En agosto el Obispo designa al sacerdote escolapio. Ramón Clapers,como Rector del Convento y la Iglesia.

· 1964: Regresan los P.P. Carmelitas. El Convento continúa como residencia de varios sacerdotes diocesanos. Se instalan las oficinas del Apostolado Seglar, Catequesis, Liturgia, etc.

· 1968: Se marchan los P.P. Carmelitas de La Merced y el Convento y la Iglesia pasan a ser regidos por el Obispo de Camagüey.

· 1980: Se retiran los altares neogóticos laterales del templo. Es cerrado el templo por presentar serios daños estructurales.

· 1981:
Se inaugura un museo religioso en la Cripta Funeraria debajo del presbiterio.

· 1990: El Convento es instaurado por Mons. Adolfo Obispo de Camagüey, como Casa Diocesana. Nombra al sacerdote diocesano José Sarduy primer Rector.

· 1994: Se reabre parcialmente al culto el Templo de la Iglesia de la Merced.

· 1995: Se termina la reparación del presbiterio.

· 24 de diciembre de 1996:
Se reabre totalmente el Templo de la Iglesia de La Merced.

· 1997: En junio es consagrado Mons. Juan García como Obispo Auxiliar de Camagüey en esta iglesia de La Merced.

. 5 de mayo de 2013. Regresan los padres mercedarios.

· Actualmente la Casa Diocesana de La Merced es considerada como “el corazón” de la diócesis. En ella funcionan: la Biblioteca Diocesana; las Oficinas Diocesanas de Pastoral. Se celebran encuentros de las diversas pastorales, a nivel diocesano y nacional; Retiros, Convivencias; Conferencias; se presentan videos, etc. Es también la sede de las Publicaciones Diocesanas y la Casa de todos los sacerdotes de Camagüey.

Monday, February 10, 2020

Sacerdotes camagüeyanos, obispos cubanos (por Joaquín Estrada-Montalván)


Varios de los obispos en la Cuba de hoy, son sacerdotes camagüeyanos ordenados por Mons. Adolfo Rodríguez.

- Card. Juan García, arzobispo de La Habana.

- Mons. Wilfredo Pino, arzobispo de Camagüey

- Mons. Alvaro Beyra, obispo de Bayamo-Manzanillo

- Mons. Juan Díaz, obispo de Matanzas

- Mons. Mario Mestril, obispo emérito de Ciego de Avila.


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Mons. Domingo Oropesa, obispo de Cienfuegos. Es un sacerdote español, nombrado obispo mientras servía en la diócesis de Camagüey. Estuvo en la ciudad de las iglesias desde el año 1999, invitado por Mons. Adolfo Rodríguez, hasta 2007 cuando fue escogido por el Papa para pastorear la diócesis de Cienfuegos. Es el primer sacerdote extranjero nombrado obispo en Cuba en varias décadas.

Wednesday, November 27, 2019

El 27 de noviembre de 1999, fue inaugurado el Hogar de Ancianos P. Olallo en Camagüey (por Joaquín Estrada-Montalván)


El 27 de noviembre del año 1999, la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios logró fundar en la ciudad de Camagüey un Hogar para Ancianos, dedicado al beato cubano Fray José Olallo Valdés, conocido popularmente como el P. Olallo. 

La institución caritativa, inaugurada por el hoy Siervo de Dios Mons. Adolfo Rodríguez,  se encuentra ubicada precisamente en la calle que lleva el nombre del religioso hospitalario y a unos 200 metros de distancia del antiguo Hospital, en el que ejerció por más de medio siglo.

El Hogar presta servicio interno; de hospital de día, y consulta externa de fisioterapia. La labor se realiza en conjunto con el Ministerio de Salud Pública.

Los Hermanos de San Juan de Dios laboran actualmente en tres instituciones sanitarias en el país: dos en La Habana –el Hogar San Rafael, para ancianos, y el Sanatorio San Juan de Dios, para enfermos mentales– y en Camagüey, el Hogar P. Olallo.

En Camagüey, la iglesia católica presta este tipo servicio desde dos Hogares de Ancianos, el Padre Olallo y el Mons. Adolfo Rodríguez, inaugurado el 25 de mayo de este año 2019.


José Olallo Valdés. Algunos datos biográficos

José Olallo fue depositado al mes de nacido en la Casa Cuna de La Habana, por lo que no se conoce quienes fueron sus padres, o alguna otra información de su historia familiar. En su mano tenía una cinta, en la que se consignaba que había nacido el 12 de febrero (de 1820). Por esta razón su apellido es Valdés, que se les otorgaba a los niños que eran criados en esa institución y de los cuáles se desconocían sus apellidos familiares.

Olallo Valdés, tuvo una vocación religiosa temprana y al parecer influido por el ambiente de caridad en que se desarrolló su niñez y temprana juventud, se decidió por la Orden Hospitalaria de los Hermanos de San Juan de Dios. Terminado su noviciado y hecha la primera profesión de votos, en el mes de abril de 1835, fue remitido al Hospital de San Juan de Dios de Puerto Príncipe (hoy Camagüey), donde vivió el resto de sus días. En este lugar ejerció de enfermero, cirujano, y además se dedicó a la educación de los niños vecinos del barrio.

Entre las muchas anécdotas que se cuentan del P. Olallo, una de las más célebres es la que narra como el 12 de mayo de 1873, lavó el cadáver del Mayor Ignacio Agramonte que fuera tirado en el piso de las galerías del Hospital por los militares españoles y que además, se atrevió junto al sacerdote Manuel Martínez Saltage, a pronunciar el Oficio de los Difuntos.

Falleció en su celda del hospital el 7 de marzo de 1889, a causa de un aneurisma de la aorta abdominal. Su entierro en el Cementerio General fue una impresionante manifestación de duelo popular.

En el año 1901 el Ayuntamiento de la Ciudad dispuso en su homenaje, que a la Calle de los Pobres y a la Plaza de San Juan de Dios, se les cambiaran sus respectivos nombres por el de P. Olallo.

La Causa de su beatificación se inició, por el Proceso Diocesano, en 1990. Este primer paso, en su camino a los altares, culminó el 29 de noviembre de 2008, día que que fue proclamado Beato en la misma ciudad donde vivió su santa existencia terrenal.

Tuesday, September 3, 2019

(10 de junio de 2002) Mons. Adolfo anunció su retiro como arzobispo de Camagüey y el nombramiento de Mons. Juan García como su sucesor (por Joaquín Estrada-Montalván)


 
Cuando Juan Pablo II le hizo saber a Mons. Adolfo (via nunciatura) que aceptaba su renuncia y Mons. Juan era su sucesor, Mons. Adolfo pidió retrasar unos días (hasta el lunes 10 de junio) el hacerlo público. El motivo fue que en esos momentos se celebraba el 4 Encuentro Nacional de Historia "Iglesia Católica y Nacionalidad Cubana" (6 al 9 de junio de 2002, de los cuales fui fundador y presidí sus primeras 5 ediciones).

Mons. Adolfo me dijo que si hacía pública esa noticia durante el Evento de Historia, este quedaría opacado, "por eso pedí" (me dijo) "mantener en reserva la noticia hasta el lunes" (el evento se clausuró el domingo 9 de junio) y así no perdía su lugar el Encuentro (todo esto me lo hizo saber Mons. Adolfo, luego que la noticia fuera hecha pública).


Mons. Adolfo lo anunció ese lunes 10 de junio, en el Arzobispado en la mañana, primero a los sacerdotes del clero camagüeyano y algunos participantes del evento que estaban aun en Camagüey, que fueron invitados a participar en el encuentro semanal de los sacerdotes y su Obispo (costumbre que mantuvo Mons. Juan y ahora mantiene Mons. Willy).

Llamé enseguida ese día lunes a una de las secretarias de la COCC, para conversar sobre la noticia y aun no lo sabían en la COCC, se enteraron con la llamada telefónica. 

Mons. Adolfo, en la carta anunciando la aceptación por parte del Papa de su renuncia, y el nombramiento de Mons. Juan como su sucesor, expresó:
… yo no puedo ocultar que esta dimisión me estremece interiormente, pero tampoco puedo ocultar que lo deseaba, porque después de 39 años con esta responsabilidad en nuestra iglesia, seguir dirigiéndola es un riesgo para la misma Iglesia, cuando el peso de los años va inclinándolo todo en uno mismo, y por tanto inhabilitando la capacidad humana (...) Las escasas fuerzas que me quedan las coloco a disposición del nuevo Arzobispo en lo que él estime conveniente disponer de mi servicio a la Iglesia de Camagüey.(1)



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Tuesday, May 28, 2019

"Monseñor Adolfo, santo arzobispo de Camagüey: ¡mira complacido este Hogar de Ancianos que, a partir de hoy, llevará tu nombre!" (Palabras pronunciadas por Mons. Wilfredo Pino, arzobispo de Camagüey, en la inauguración del Hogar Mons. Adolfo, el 25 de mayo de 2019)

Foto/Fidelito Cabrera
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Palabras pronunciadas por Mons. Wilfredo Pino, arzobispo de Camagüey, en la inauguración del Hogar Mons. Adolfo, el 25 de mayo de 2019. 

A: Querido Monseñor Giorgio Lingua, Nuncio de Su Santidad en Cuba.

Queridos hermanos obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles todos.

Madre Zelia Andrighetti, Superiora General de las Hijas de San Camilo de Lelis.

Hermana Esther Cusma, Provincial en Perú de las Hermanas Camilianas.

Hermanos de distintas Confesiones religiosas.

Distinguidas autoridades políticas y de gobierno en nuestra provincia.

Doctor Reinaldo Pons, Director Provincial de Salud.

Historiador José Rodríguez Barreras.

Trabajadores del Hogar.

Obreros que construyeron esta Casa para los ancianos.

Personalidades invitadas a este acto.

Familias vecinas de este reparto.

Primeros abuelos y abuelas que inauguran su nueva residencia.

Considero que debo empezar agradeciendo al Papa Francisco la gentileza que ha tenido en enviarnos ese afectuoso mensaje que hemos escuchado y su apreciada bendición. Creo que, al inaugurar este Hogar de Ancianos, estamos cumpliendo una aspiración muy personal del Santo Padre, cuando expresó: “¡Deseo que las comunidades cristianas brinden al mundo un testimonio de respeto y veneración hacia los ancianos, conscientes de que ellos pueden transmitir de forma privilegiada el sentido de la fe y de la vida! Invito a todos a empeñarse en la construcción de una sociedad a medida del hombre, en la que haya espacio para la acogida de cada uno, sobre todo cuando es anciano, enfermo, pobre y frágil” (11 de marzo del 2015).

Gracias les damos al Papa Francisco y a su representante en Cuba Monseñor Giorgio Lingua, a quien debemos la presencia de las Hermanas Camilianas entre nosotros.

Hoy también está con nosotros Monseñor Domingo Oropesa, obispo de Cienfuegos. No sé cuántas cosas pasarán en estos momentos por su mente, porque él es “el padre de esta criatura”. Como escuchamos hace unos momentos, fue él quien gestionó las importantes primeras ayudas recibidas desde España, su país natal. Camagüey guardará memoria perpetua de su nombre.

También quiero asegurar el agradecimiento de la Iglesia camagüeyana a tantas personas e Instituciones, de dentro y de fuera del país, que, con sus donaciones económicas, según sus posibilidades, hicieron posible esta construcción. Dios les recompensará abundantemente.

Mucho hay que agradecer, además, a los obreros y al personal técnico que trabajó durante 13 años para regalarnos esta maravilla que hoy se inaugura. Me gustaría decir los nombres de Morel, Salazar, Jorge, Yadián… pero son casi 100. Sin embargo, pienso que todos estamos de acuerdo en que debemos agradecer públicamente el trabajo del incansable Juancito Boutros. Sabemos, Juancito, que no fueron pocos tus dolores de cabeza, y que, en muchas ocasiones, por encargo nuestro, tuviste que insistir una y otra vez. A ti, y a cada uno de los que hicieron posible este milagro, mi gratitud personal, la gratitud de la Iglesia y del pueblo de Camagüey.

Considero que Salud Pública y la Iglesia hemos dado un ejemplo de cómo se puede trabajar juntos para conseguir un bien común. Y eso es algo que debemos seguir manteniendo. Hemos ganado en confianza mutua y aprendimos un estilo de trabajo que ojalá se multiplique en otras esferas en que la Iglesia y el Estado cubanos podrían trabajar juntos. En fin de cuentas, todos estamos al servicio de un único pueblo cubano.

A la Madre Zelia, Superiora General, y a la Hermana Esther, Provincial en Perú, mucho tenemos que agradecer. Gracias a su vocación en favor de los ancianos de cualquier parte del mundo han regalado a nuestra Cuba a las Hermanas Giovanna, Lidia y Beatriz, a quienes hemos aprendido a querer en los nueve meses que llevan entre nosotros. Debemos reconocer que ellas ya parecen cubanas.

Permítanme ahora mencionar a alguien que, por su trabajo, ha sido una inspiración para mí en estos últimos meses. Se trata de Brooks, un cubano con apellido inglés, y que con su ayudante Ernesto y con su pareja de bueyes Trigueño y Pimienta, ha ido venciendo, día a día, el marabú que rodeaba este edificio, y como ustedes podrán apreciar después, alrededor del Hogar hay ya cientos de matas de fruta bomba maradol, plátano macho, guanábana, aguacate con parición en meses diferentes, guayaba roja suprema, boniato, yuca, maíz, calabaza y habichuela. Todo esto, unido a las matas de mango, de tamarindo y de coco ya existentes, será una buena ayuda para la alimentación de nuestros ancianos.

Por supuesto que no voy a olvidar a todos aquellos laicos, diáconos, religiosas y sacerdotes que vinieron en diferentes días de los últimos meses para ayudar a la limpieza de cada rincón del Hogar. ¡Gracias por el ejemplo que nos dieron de recordarnos que esta obra no es propiedad de un grupo sino de todos!

Termino recordando a Monseñor Adolfo, cuyo nombre lleva este nuevo Hogar de Ancianos. Hace casi 18 años, el 3 de octubre del 2001, Monseñor Adolfo, en carta dirigida a una autoridad del país sobre el tema de este Hogar que él quería construir, escribió: “…Aprovecho la ocasión para reiterarle que la Iglesia no busca competencia ni hacerle sombra a otras instituciones de esta naturaleza. Desde hace siglos (y en Cuba desde hace 500 años), la Iglesia, por un mandato de Jesucristo, ha levantado las primeras escuelas, hospitales, leprosorios, asilos, cuando no había con quien competir ni a quien eclipsar. La experiencia, también en Camagüey, antes y ahora, enseña que una escuela, un hospital, un asilo… no compite sino estimula, establece una emulación sana que beneficia a todos. Un Hogar de Ancianos no es un negocio productivo sino un servicio muy ingrato a favor de un sector humano muy difícil que es la ancianidad.”

¡Todos los que lo conocimos, nunca vamos a olvidar al santo Obispo que nos enseñaba, de palabra y con sus obras, a confiar siempre en el Señor, convicción que lo hizo ser sereno y positivo aun en las horas oscuras y difíciles de nuestra historia!

¡Cómo olvidar al hombre que le dedicaba a la persona que tenía delante todo su tiempo como si no tuviera otra cosa más que hacer… que la atendía como si fuera la única persona existente demás de él!

¡Cómo olvidar al obispo de los detalles, de las delicadezas, de las felicitaciones en los aniversarios y del cariño a todos por igual, creyentes o no, importantes o no! ¡Era el pastor que conocía a sus ovejas, y las ovejas lo conocían a él!

¡Camagüey nunca podrá olvidar a un obispo que llamó a abrir ventanas donde los hombres cerraban puertas, a un hombre que quería dialogar con todos, incluso con los que no querían dialogar!

¡Ningún camagüeyano podrá agradecer suficientemente a Dios el regalo de Monseñor Adolfo para esta Arquidiócesis, su sabiduría de corazón y de mente, su visión de las cosas, su luz larga ante los problemas de cada día, sus repetidas llamadas a no perder la virtud de la paciencia!

¡La Iglesia de Camagüey nunca olvidará la elegancia, la discreción y fortaleza espiritual con las que hacía frente a cualquier adversidad! Fue un experto en distinguir entre un acto y una actitud. Siempre pensó que, como afirmó en la Toma de Posesión de su sucesor, Monseñor Juan, aquí presente: “El diálogo será siempre el camino mejor, necesario, posible y único, en todos los niveles… Mucho más en Cuba que está llena de once millones de cubanos dialogantes de los que proverbialmente se dice: “Los cubanos, hablando, se entienden”.

¡Cómo podremos olvidar la confesión que hizo en la misa por sus 50 años de sacerdocio cuando dijo: “Si volviera a nacer, volvería a ser sacerdote, y si alguien me preguntara dónde, le contestaría que en Cuba, incluso con sus nubes; en esta Iglesia cubana que es todo menos aburrida, y con este pueblo cubano que cada vez veo más claro que es un pueblo religioso y que quiere seguir siendo religioso”!

Monseñor Adolfo, santo arzobispo de Camagüey: ¡mira complacido este Hogar de Ancianos que, a partir de hoy, llevará tu nombre! Amén.


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Ver en el blog
(Camagüey) Inaugurado Hogar Mons. Adolfo

Saturday, May 25, 2019

(Camagüey) Inaugurado Hogar Mons. Adolfo


por Carmen Luisa Hernández
Texto y fotos periódico Adelante


Nueve campanadas llamaron la atención de los presentes. El trabajo de 13 años de la Iglesia católica en el territorio de conjunto con las autoridades políticas y gubernamentales rendía frutos. Aun el impetuoso sol no amilanó las grandes sonrisas y las galas de cuerpo y de alma que se extendían en cada abrazo y en cada felicitación; porque el día de la inauguración del hogar Monseñor Adolfo Rodríguez es fiesta entre los fieles.

La instalación con una capacidad para atender a 95 ancianos de forma permanente, y a 20 más durante el día, tiene una superficie de 6 000 m² donde pueden disfrutar de áreas exteriores con parques y zonas para la rehabilitación física.

El centro, con tres pisos, tiene elevadores, consultas, de enfermería, farmacia, lavandería, peluquería y barbería, central estéril, local para la terapia ocupacional, la residencia de las religiosas, y 45 habitaciones para los abuelos, entre otros espacios comunes.

Desde que se colocara la primera piedra de la edificación, el 8 de mayo de 2006, varios han sido los principales autores de este empeño; entre ellos se reconoció a su inspirador, Monseñor Adolfo, primer Arzobispo de Camagüey; Mons. Domingo Oropesa, obispo de Cienfuegos, y Mons. Juan García Rodríguez, arzobispo de la Habana.

El hogar será atendido por la congregación de las Camilianas, presentes en 21 naciones de cuatro continentes. Con estas tres hermanas, que llevan nueve meses en la provincia, quedó establecida la entrada permanente de la orden a Cuba, “este hermoso país y en este acogedor pueblo de Camagüey”, al decir de la hermana Celia, Superior General de la Hermanas Camilianas.“Nuestra misión aquí es lograr que los ancianos se sientan en su hogar, que se presencie de amor y de misericordia. Fieles a la misión de San Camilo de Lelis de asistir a los enfermos como hace una madre con los enfermos”.

Giorgio Lingua, embajador del Vaticano en Cuba, trasmitió un mensaje de afecto y bendición del Papa a los presentes y responsables del “Mons. Adolfo” y señaló que las Camilianas realizarán en el lugar “no solo una obra social sino una obra de amor. Espacios como este deberían ser el pulmón del barrio, !porque hace tanto bien atender y visitar a los ancianos!”.

Momento especial fue la recordación del Arzobispo camagüeyano Wilfredo Pino a Mons. Adolfo “en santo obispo que nos hizo confiar en el Señor. El obispo de los detalles, del cariño a todos por igual, creyentes o no: era el Pastor que conocía a sus ovejas y sus ovejas lo conocían a él”.

También dedicó palabras de elogio y agradecimiento a quienes participaron de la realización de este proyecto, en especial a casi 100 obreros y personal técnico que laboró a diario así como a quienes en los últimos meses dieron los últimos detalles al hogar. A ellos ofreció “mi gratitud personal , de la Iglesia y del pueblo”.

Antes de concluir añadió, “Salud Pública y la Iglesia hemos dado un ejemplo de como se puede trabajar en el bien común porque todos estamos al servicio del pueblo cubano”.En ese espíritu abrió sus puertas oficialmente el Hogar Mons. Adolfo, justo el día del nacimiento de San Camilo de Lelis.

Una institución, que se suma al total de 40 unidades asistenciales en la provincia y a los 13 hogares, además del hogar Padre Olallo, bajo el lema de la congregación de las Camilianas hacer bien todas las obras, seguros de que no hay obra mayor que el respeto y el cuidado de nuestros ancianos.



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Hogar de Ancianos Monseñor Adolfo Rodríguez de Camagüey (por Eduardo F. Peláez Leyva)


Wednesday, February 6, 2019

El seminarista Adolfo Rodríguez, estudiante de Teología en la Universidad de Comillas. Curso Académico 1947-1948 (por Carlos A. Peón-Casas)


Hemos dado recién con un interesante Catálogo de los Alumnos del Seminario y Universidad Pontificia de Comillas, correspondiente al curso 1947-1948. Y ni cortos ni perezosos hemos rastreado en sus dilatada lista de 770 estudiantes matriculados en aquel minuto, para re-conocer la presencia entre aquel alumnado, de nuestro inolvidable Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera.

En el orden numérico general, al entonces seminarista Adolfo, le correspondía el número 43. Aparecía registrado además, en el Orden de Clases, como el número 24 en el curso correspondiente al cuarto año de la Facultad de Teología.

En los datos que se recogían de cada estudiante, de nuestro primer arzobispo se decía en sus generales que era hijo de Adolfo, ya fallecido, y de Clara Esther, con residencia en la calle Castillo 27, en Minas, Camagüey, Cuba. Se mentaban igualmente su fecha de nacimiento correspondiente: 9 de Abril de 1924, y se apuntaba que cursaba su segundo año en dicha institución.

Aquel correspondería a su último ciclo lectivo en el Seminario de Comillas, por entonces localizado en la provincia de Santander, en el norte de España. Su ordenación como es sabido, ocurriría en julio del año 1948.

Pero el entonces seminarista-teólogo Adolfo, no era el único camagüeyano en Comillas, ni tampoco el único cubano.

Rastreando con atención, el dilatado record de los estudiantes de aquel curso hemos topado con los nombres de otros 4 camagüeyanos, dos habaneros, un cienfueguero, y uno de la antigua provincia de oriente, aunque en el desglose general por nacionalidades(1)  se nos hable de una cifra mayor: 20 seminaristas cubanos, la lista efectiva sólo incluye 615 nombres del total, de donde inferimos que entre los no mencionados, pudieran encontrarse los restantes.

De la entonces dilatada provincia de Camagüey provenían los seminaristas Eduardo Aguirre García, en segundo de Teología, natural del poblado de Jatibonico, hijo de José y Carmelina, y avecinado en aquel en la calle Céspedes 25; y Vicente Pérez Gago, cursando primero de Filosofía, y originario de Morón.

De la propia ciudad de Camagüey, eran dos los seminaristas en lista: Lionel Montells Loret de Mola hijo de Gustavo y Ángela, con dirección en San Fernando 154; y Francisco Oves Fernández, hijo de Leopoldo y Emma, y con dirección en Maximiliano Ramos (Horca) en el número 56. Ambos cursaban la Filosofía, el primero en segundo curso, y el segundo en el primero.

Originarios de la Habana, por ende cubanos de origen, pero ya residentes en España, estaban matriculados en aquel año: Mariano Albero Salinas y Armando López Valcarcel, ambos cursando la Teología.

De la antigua provincia de Oriente era Ángel Mario Rivas Canepa, residente en Sagua de Tánamo y estudiante entonces del segundo año de Filosofía.

Efraín Rodríguez Falcón, quien llevaba ya seis años de estudios, y cursaba en aquel minuto la Teología, era nativo de la ciudad de Cienfuegos.

Del grupo de camagüeyanos, además nuestro primer arzobispo, Mons. Adolfo, sólo, hasta donde sepamos, recibió las órdenes sacerdotales Francisco Oves Fernández, en 1952, y quien andando el tiempo, también fue consagrado obispo, fungiendo como Auxiliar de Cienfuegos en 1969, y Arzobispo de La Habana, de 1970 a 1980.

Del resto de los cubanos, también concluyó allí sus estudios para el sacerdocio: Ángel Mario Rivas Canepa, según nos testimonia del Sr. Enrique Palacios, quien hubo de conocerlo en sus años de seminarista, en el Seminario del Cobre.

Muchos años después, Mons. Adolfo tuvo la suerte de volver a reencontrar antiguos condiscípulos de aquellos años de seminarista en Comillas, aunque ya no en el primitivo espacio que ocupara el antiguo Seminario y Universidad en tierras cántabras, sino en su nueva sede en Madrid.

Se me dice, de buena tinta, que en un antiguo corredor en la antigua Universidad en Comillas, Santander, donde se reconocen a aquellos ex alumnos que se distinguieron a posteriori, y fueron nombrados obispos.

El recuerdo de nuestro Arzobispo Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, está oportunamente recogido allí, acompañado de una foto suya(2), como un claro símbolo de su denodada entrega a la que fue su inclaudicable misión de servicio a su Iglesia local camagüeyana, y a la de la patria cubana y universal.



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  1. Las cantidades de seminaristas por países es como sigue: Argentina: 5, Cuba: 20, Chile: 2, El Salvador: 4, Guatemala: 2, Honduras: 3. México: 54, Nicaragua: 4, Panamá: 2, Paraguay: 4, Perú: 3, Portugal: 8, Santo Domingo: 2, Venezuela: 1.
  2. Se trata de una copia coloreada, de la misma foto que le fuera tomada tras su ordenación obispal en Camagüey en 1963. Cortesía del Sr. Enrique Rodríguez.

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Ver Mons. Adolfo Rodríguez, en el blog

Tuesday, June 26, 2018

Presentación del libro: "Monseñor Adolfo. Es bueno confiar en el Señor" (por el Dr. Luis Alvarez)

Notal del blog: Agradezco al Dr. Luis Alvarez que comparta con los lectores sus palabras de presentación del libro Monseñor Adolfo. Es bueno confiar en el Señor. 

El evento tuvo lugar el pasado 20 de junio de 2018, en la Catedral de Camagüey. Estuvo presidido por  Mons. Wilfredo Pino, Arzobispo de Camagüey, Tania Bermúdez, Directora del Museo Arquidiócesano "Mons. Adolfo", Osvaldo Gallardo, redactor principal del libro, el Dr. Luis Álvarez, y el historiador Francisco Luna.


Esta valiosa compilación de documentos y algunos testimonios sobre la hermosa trayectoria de Monseñor Adolfo Rodríguez no solo ofrece a los lectores una imagen hermosa y coherente del sacerdote y el prelado, sino también un apasionante panorama de la iglesia cubana en una época en que a los católicos cubanos, como expresó Mons. Adolfo en su homilía de la misa crismal de 1987, nos “tocó asumir la sacudida de dos desafíos que vinieron al mismo tiempo: una revolución socio-política y una renovación conciliar profundas” (p. 109). La vida de nuestro inolvidable arzobispo resulta inseparable de un período que él supo iluminarnos también con su hondísima fe y con su admirable entrega como pastor de almas.

Muchas emociones e ideas de verdadera bondad se suscitan por la lectura de este libro y soy incapaz de hablar de todas. Pero si algo me queda claro como ínfimo lector, es el profundo humanismo católico que emana de las homilías y documentos de Mons. Adolfo. Ya S.S. Pablo VI decía en su encíclica Populorum Progressio, de 1967, que el humanismo cristiano que se debe propugnar es el que respeta y defiende la dignidad humana desde la verdad de la fe, una idea que S.S. San Juan Pablo II reiteró en su encíclica Sollicitudo Rei Socialis, en 1987. San Juan Pablo II decía allí:
Entre las opiniones y actitudes opuestas a la voluntad divina y al bien del prójimo y las «estructuras» que conllevan, dos parecen ser las más características: el afán de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás la propia voluntad.
Los documentos, cartas y homilías de Mons. Adolfo nos muestran a un cristiano convencido de que ante todo debe guiarnos el ejemplo que puso en sus palabras sobre el profetismo en la Iglesia —en el Consejo Parroquial Diocesano, 1997—, en las cuales se refirió a
“los hombres de la gran gesta, cuyos escritos impresionantes escuchamos en la liturgia de la misa, los hombres que pasaron por la cruz, soportaron las crisis, aguantaron las burlas, los desórdenes, los golpes y ataques, los que se enfrentaron con serenidad al martirio y a la muerte, pero siguieron adelante hoy, mañana y pasado mañana y murieron en su misión […]. Cada uno encarnó un valor, una virtud; cada uno puso su ladrillo del gran edificio” (p. 55).
Si alguien en nuestra isla comprendió cabalmente el sentido de la encíclica de San Juan Pablo II Sollicitudo Rei Socialis fue ciertamente Mons. Adolfo, quien una y otra vez en los documentos atesorados en este libro alude a la fe como portadora del perdón y del valor de la reconciliación. Sacerdote de estremecida y honda caridad, fue también cubano a toda prueba, y de allí deriva también su maravillosa capacidad de dialogar con su grey: él conoció como nadie esa cualidad que, con tanta certeza, nos atribuyó a sus compatriotas, llamándola la “sensibilidad expectante del cubano”. Pues, en efecto, somos un pueblo capaz de intensos sentimientos y de una constante expectación, palabra que significa “espera en la confianza“, y que no por gusto da nombre a una fiesta en honor de la Virgen María el 18 de diciembre. Como su propio pueblo, Mons. Adolfo supo esperar en la fe. Y ello hizo que nos repitiera, una y otra vez, que la pertenencia a la Iglesia Católica no deriva de lo exterior de una participación en acciones en su seno, sino de una fe interiorizada en esa confiada espera en Cristo. Por eso dijo en la XXVII Reunión Interamericana de Obispos celebrada en La Habana en 1999:
Debemos cuidar que los cristianos no midan su pertenencia a la Iglesia por su participación en las actividades de la Iglesia, porque esas actividades solas no definen al cristiano. Es necesario despertar la vida espiritual, en la pastoral de la santidad con el gigante dormido de la Iglesia cubana, que son nuestros magníficos laicos. Nunca se puede estructurar la pastoral exclusivamente en torno al sacerdote, menos aún en una Iglesia de muchísimos laicos y poquísimos sacerdotes (p. 59).
Esta idea fundamental, esa imagen peculiarísima que tuvo Mons. Adolfo del laicado cubano, es uno de los basamentos de su humanismo católico, en el cual el cristiano respeta, real y efectivamente, la dignidad humana y reconoce el derecho a las exigencias integrales de la persona, pero concibe esas exigencias como dirigidas hacia una realización concreta de una verdadera atención evangélica a lo humano, atención que debe no sólo existir en el orden espiritual, sino tender al ideal de una comunidad verdaderamente fraterna, a un re-ligarse los hombres entre sí a través de la fe y el amor. Mons. Adolfo sabía muy bien los riesgos y dificultades para luchar por una verdadero humanismo integral cristiano. Y alertó sobre ello claramente cuando dijo en la reunión de 1999 antes mencionada:
La Iglesia de la vivencia, que tan caro ha costado, no puede pasar a ser la de la prepotencia, que intente medir su pulso con otros como si fuera un poder frente a otro. La historia nos enseña que la Iglesia nunca ha perecido con los golpes, pero tampoco ha triunfado con los aplausos.
La tentación de la Iglesia de copiar las formas del mundo: copia que sale mal. Copia la autoridad y sale el autoritarismo; copia el orden y sale el inmovilismo; copie el derecho y sale el legalismo; copia la unidad y sale la uniformidad; copia el servicio y sale el funcionalismo; copia la comunión y sale el reunionismo.
La Iglesia cubana no puede cerrar el camino que lleva a la reconciliación, de la cual san Pablo nos dice que somos embajadores; y ese camino es el diálogo. (p. 60)
Y si algo supo Mons. Adolfo fue dialogar. Su humanismo, profundamente cristiano, le permitió dirigirse a los más humildes, sin vulgarismos de expresión que rebajan a quien los emplea, sin elevar a quienes los escuchan. No tuvo varios idiomas: uno para el culto y otro para el iletrado: dominó una lengua ciertamente bendecida, la que permite expresarse con limpieza, con corrección, sin pedantería engreída ni esa chabacanería que algunos consideran “aterrizar” el lenguaje y no es, en el fondo, más que una forma de desprecio a un oyente supuestamente inferior. Su palabra nos elevó siempre, porque era sabio, es decir, tenía verdad en él y no simplemente informaciones. Por momentos se descubre en sus documentos y homilías que conocía a José Martí mejor que muchos, o que, en el fondo recoleto de su alma, sabía muy bien que es bueno leer al gran escritor católico Georges Bernanos, y esos libros suyos, Diario de un cura rual o Diálogos de carmelitas, que hoy nadie en Cuba conoce. Sabía que la cultura, cuando se basa sobre la fe, es uno más entre los firmes estandartes del cristianismo.

Honremos una vez más la memoria vibrante de Mons. Adolfo. Pero, sobre todo, aprendamos de él, de estos textos suyos que, hoy más que nunca, nos alertan y fortalecen, porque nos recuerdan, en su palabra a la vez hermosa y transparente, que “la Iglesia cubana quiere ser la Iglesia de la esperanza: que recuerda el pasado, vive el presente y espera el futuro” (p. 37).



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Gaspar, El Lugareño Headline Animator

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