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Tuesday, November 16, 2021

La Habana en el año 1850 (Litografías)


 

Acto de repudio y homofobia (por Joaquín Estrada- Montalván)




Ayer, 15 de noviembre en el acto de repudio, gritaban "maricón" hacia el Arzobispado de Camagüey. Un señor con un altoparlante retaba "ven, sale maricón". Asimismo, vociferaba(n): gusanos, vendepatria, ...

Al parecer el centro del escarnio era el P. Alberto Reyes, calificado también como "mercenario" en pérfiles de facebook de periodistas oficialistas camagüeyanos.

El P. Alberto, Castor y Rolando Montes de Oca (quien denunció hoy una persecusión intimidatoria) están siendo hostigados en estos meses, porque ejercen el derecho a expresar libremente su visión de la realidad cubana actual.

En mi opinión, la molestia incluye el reciente documento de los Obispos Cubanos: 
Es imprescindible la implementación de los cambios necesarios, tan largamente deseados, que favorezcan una vida digna y feliz para todos los hijos, aquí, en esta tierra nuestra.
Además de lo triste y bochornoso de que este tipo de manifestación fascista, siga teniendo lugar en la Cuba de hoy, es llamativo que la homofobia continúe siendo un elemento de identidad de la dictadura cubana, al considerar "maricón", algo ofensivo. 




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Catedral de La Habana (Grabado del año 1885)


 

Monday, November 15, 2021

Historias Habaneras: Doña María de Cepero y Nieto (por Teresa Fernández Soneira)


En la revista Cuba y América de diciembre de 1900 y bajo el título de “Historias Habaneras”, escribía un curioso artículo Alfredo de Zayas(1)  quien luego sería Presidente de la República de Cuba. El escrito relata el fallecimiento en 1557 de doña María de Céspedes y Nieto, habanera de la alta sociedad de aquellas décadas de la fundación de las primeras villas en la isla de Cuba. Por los interesantes y novedosos datos del artículo, voy a reproducir aquí partes de este episodio que posiblemente sea desconocido para la mayoría de los cubanos, sobre todo para los habaneros.

Alfredo Zayas relata: “En una mañana del año de 1557, la humilde iglesia parroquial de La Habana se veía invadida por insólito concurso de fieles, ataviados con sus más ricas y vistosas galas. Los cirios de blanca y dúctil cera de Castilla esparcían su dudosa claridad, desvanecida en el torrente de luz que por ventanas, claraboyas y hendijas arrojaba el espléndido sol de los trópicos; el incienso humeaba, y la no bien concertada e incompleta orquesta, desde el coro alto llenaba de sonoras notas los ámbitos del templo”. La Parroquial Mayor, situada frente a la Plaza de Armas, era por entonces un edificio de poca importancia y de escasa arquitectura. Contaba con una sola nave y una puerta abierta a occidente y otra lateral que daba a la calle Obispo. Poseía varias capillas y habitaciones para sacerdotes y acólitos y un cementerio. Al fondo, detrás del altar mayor, estaba la sacristía dominada por una torre de poca elevación, con un reloj londinense que marcaba el transcurso de las horas. Doña Cepero residía al cruzar la calle de la Parroquial Mayor, en la esquina de Obispo y Oficios.

Pero ese día al que nos vamos a referir, la concurrencia en la iglesia era extraordinaria, atraída por una solemne actividad religiosa que costeaba la piadosa y acaudalada María de Cepero. Y sigue Alfredo Zayas su narración:
los cofrades del Santísimo Sacramento, los del Nombre de Jesús, los de la Sangre de Cristo, de San Crispín y Crispiniano y de Santa Bárbara asistían en crecido número, y con sus insignias y pendones bordados con hilos de oro, realzaban el esplendor de la fiesta. El Gobernador don Francisco Dávila ocupaba el lugar señalado a su alta gerarquia (sic), acompañado de los capitulares y otros personajes de distinción, y oficiaba el venerable presbítero don Francisco de Casas, habanero graduado en Salamanca, empobrecido por socorrer a los pobres, y cuya humildad le dictó el deseo que dejó expresado de que su cadáver no se enterrase en el pavimento de la iglesia, donde era costumbre inhumar los de los eclesiásticos, sino en el cementerio común, en medio de su amada grey.
Todo el templo oraba oyéndose los susurros y oblaciones que brotaban de los labios de los asistentes. En el centro del templo, de espalda a la puerta principal e inclinada la frente, oraba también doña María. Y dice Zayas:
llegó el momento en que un piquete de arcabuceros, en correcta formación en la Plaza, había de descargar sus armas en honor de la Divinidad; pero aun devolvían los ecos vecinos al unísono fragor, aun no habíase disipado al viento las nubecillas de humo, y confuso clamoroso que revelaba dolor, espanto y lástima, llenaba el sagrado recinto, mientras los congregados con indescriptible consternación se arremolinaban alrededor de la piadosa patrocinadora de la fiesta, de la desventurada señora Cepero que víctima de una bala extraviada, mortalmente herida, yacía exánime y ensangrentada en el suelo, y una rapidísima agonía exhalaba el último suspiro.
Al siguiente día se celebraron las exequias a las que asistió un numeroso público. En el mismo lugar donde trágicamente doña Cepero había encontrado inesperadamente la muerte, se cavó la sepultura y se le dio un adiós final a la que con religiosidad y amor había auspiciado la ceremonia el día anterior. Para conmemorar el triste día y suceso se colocó una lápida de piedra en el templo sobre la que tallaron una cruz, un querubín y otras alegorías, e inscribieron: “Hic finen fecit tormento belico inopinate percusa Domina María a Cepero. Pater Noster. Ave María. Anno 1,557”, que en castellano significa: “Aquí finó la señora María de Cepero, herida inesperadamente por una máquina de guerra. Padre Nuestro. Ave María. Año de 1557”. Con el paso del tiempo los datos de este incidente se fueron difuminando y comenzaron a inventarse historias y relatos errados sobre cómo había ocurrido la muerte de María de Cepero. Hasta se llegó a decir que había muerto de una bala de cañón escapada de un barco ¡que estaba anclado en el puerto!

Aparte de ser de la alta sociedad habanera, ¿quién era María de Cepero? Desde el siglo XIX se ha venido indagando e investigando sobre la identidad de esta mujer. El historiador José María de la Torre en su libro “Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna”(2)  escribe sobre ella, y luego el Dr. Manuel Pérez Beato(3)  la identifica como hija de Bartolomé Cepero, vecino de la ciudad, aunque luego reconoce el error y aclara que en realidad este era un tío(4). Lo que se cree es lo que más tarde publica el mismo Pérez Beato y el genealogista Francisco de Santa Cruz y Mallén(5)  asegurando que María era hija del Capitán Francisco Cepero(6), uno de los pacificadores de la isla de Cuba, quien había sido Alcalde ordinario de La Habana, casado con doña Isabel Nieto. La joven María se había casado con el Teniente Juan de Rojas Inestrosa y habían tenido una hija, Magdalena de Rojas y Cepero. Juan de Rojas pertenecía a una familia que había participado en la conquista y colonización de Cuba, y su padre Manuel de Rojas, suegro de María, había sido hombre de confianza del adelantado Diego Velázquez de Cuéllar(7). Aunque no se ha encontrado documento alguno que registre su bautizo o matrimonio pues los libros de registros de la Parroquial Mayor comienzan luego de su fallecimiento, todas las investigaciones confirman que esta era una dama de sangre noble, perteneciente a una de las más distinguidas familias fundadoras.

Cuando en 1777 se demolió la iglesia para construir en ese espacio el Palacio de Gobierno, que es donde hoy se encuentra el Museo de la Ciudad, la lápida pasó a manos de Rafael y José Cepero parientes lejanos de María, quienes sugirieron colocar la lápida en el muro de la casa solariega de la calle Obispo. En 1914 la lápida fue llevada al Palacio de los Capitanes Generales acompañada de una tarja en bronce que dice:
Este monumento, el más antiguo que se conserva en Cuba, fue erigido en memoria de Doña María de Cepero y Nieto, dama principal de la Villa de La Habana, en el mismo lugar donde, según la tradición, cayó mortalmente herida, en 1557, de un casual disparo de arcabuz, mientras rezaba en la Parroquial Mayor, situada en la parte del terreno que ocupa este Palacio Municipal.
Fue este el primer hecho trágico ocurrido en San Cristóbal de La Habana que quedó eternizado en una lápida. Pero la muerte de doña María de Cepero y Nieto aún permanece en la nebulosa de la historia; aquella historia de corsarios y piratas, de conquistadores y guarniciones, de flotas de navíos en el puerto de La Habana, de frailes y encomenderos. Pero a pesar de conjeturas y misterios, este es el primer monumento, el único monumento que ha llegado a nosotros de los comienzos de la conquista que está dedicado, nada menos, que a una mujer.


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  1. Alfredo Zayas y Alfonso (1861 - 1934) jurista cubano, orador, poeta y político; fiscal, juez, alcalde de La Habana, senador en 1905, Presidente del Senado en 1906, vicepresidente de 1908 a 1913 y cuarto Presidente de la República de Cuba desde el 20 de mayo de 1921 al 20 de mayo de 1925.
  2. José María de la Torre y Vidal Morales y Morales: Lo que fuimos y lo que somos, Librería Cervantes, La Habana, 1913.
  3. Manuel Pérez Beato, español que reside desde muy joven en La Habana, destacándose como médico, cirujano, profesor, historiador y bibliotecario.
  4. Carlos Venegas Fornias: María Cepero y Nieto, www.geni.com/people/María-Cepero-y-Nieto/6000000001147683857
  5. Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallen fue un intelectual, miembro de la Real Academia de la Historia en España y de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana. Embajador en Cuba de la Orden de Malta y miembro de la Academia Cubana de la Historia.
  6. Francisco Xavier de Santa Cruz y Mallén, conde de San Juan de Jaruco: Historia de las Familias Cubanas, Editorial Hércules, La Habana, 1940, Tomo I, p. 315.
  7. Diego Velázquez de Cuéllar (Cuéllar 1465-Santiago de Cuba 1524) primer gobernante de Cuba desde 1511 hasta 1524. Fundó las siete primeras ciudades de la isla.





Bibliografía

  1. Barclay, Juliet: Havana portrait of a city, Cassell, Nueva York, 1993, pp.85.
  2. de Santa Cruz y Mallén, Francisco Xavier: Historia de las Familias Cubanas, Editorial Hércules, La Habana, 1940.
  3. de la Torre, José María y Vidal Morales y Morales: Lo que fuimos y lo que somos, Librería Cervantes, La Habana, 1913.
  4. Garve, Lucas: “María de Cepero”, CubaNet News, www.Cubanet.com
  5. Carlos Venegas Fornias: María Cepero y Nieto, www.geni.com/people/María-Cepero-y-Nieto/6000000001147683857
  6. Zayas, Alfredo: “Historias Habaneras”, Cuba y América, La Habana, diciembre 1900, pp. 162-63.



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Teresa Fernández Soneira (La Habana 1947), es una historiadora y escritora cubana radicada en Miami desde 1961. Ha hecho importantes aportes a la historia de Cuba con escritos y libros de temática cubana, entre ellos, CUBA: Historia de la educación católica 1582-1961, Ediciones Universal, Miami, 1997, Con la Estrella y la Cruz: Historia de las Juventudes de Acción Católica Cubana, Ediciones Universal, Miami, 2002. En los últimos años ha estado enfrascada en su obra Mujeres de la Patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba, (Ediciones Universal, Miami 2014 y 2018). El volumen I dedicado a la mujer en las conspiraciones y la Guerra de los Diez Años, y el volumen 2, de reciente publicación, trata sobre la mujer en la Guerra de Independencia. En estos dos volúmenes la autora ha rescatado la historia de más de 1,300 mujeres cubanas y su quehacer durante nuestras luchas independentistas.

Acto de repudio, versión "pachanga revolucionaria, al Arzobispado de Camagüey

Fotos tomadas del Facebook 
de Juan Mendoza Medina
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Sunday, November 14, 2021

Antonio Maceo a Enrique Loynaz del Castillo: "Yo no sé nada de música, pero este himno me gusta y va a recorrer en triunfo la Isla. Quítele mi nombre y póngale "Himno Invasor".

Partitura tomada de una publicación 
del año 1898
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Cuando estalló la Guerra del 95, Loynaz se apresuró a acudir al llamado de la Patria, ocupando su puesto en las filas del Ejército Libertador. Poco después, ya estaba junto a Maceo, incorporado a la  columna invasora, en calidad de ayudante del Lugarteniente. Al fin se inició la marcha hacia occidente. Con Maceo iba el Gobierno de la República en Armas. Así se llegó a la finca La Matilde, en Camagüey, donde acamparon los libertadores. 

Había allí una bellísima casa de vivienda que, muchos años atrás, sirvió de placentero refugio para la luna de miel de Ignacio Agramonte [y Amalia Simoni]. Aquella circunstancia fue motivo para que, al paso de la fuerza española por el lugar, la soldadesca llenara las paredes con inscripciones obscenas e injuriosas para los cubanos. "Nos dimos a la tarea de borrar todo aquello", aporta Loynaz.

Pero sucedió que en la sala de la casa, en una de las ventanas, había unos versos que, por el tono respetuoso que usó el soldado español que los escribiera, llamara la atención de los cubanos. A instancia de Loynaz, se accedió a dejarlos, con la condición de que éste,  cuyo estro poético era bien conocido, diera una cumplida contestación al español.

Accedió Loynaz a la encomienda y, poco después en la otra hoja de la misma ventana, quedaron escritos los versos de lo que, poco después, iba a ser el Himno Invasor.

Dejemos que sea el propio Loynaz quien nos diga lo que ocurrió.

- Mis compañeros sabían que de joven yo tocaba la flauta en Camagüey, arte que me enseñó un primo mio. Como los versos gustaron quisieron entonces que les pusiera música. Prometí intentarlo y me retiré a la hamaca, donde comencé a tararear una melodía, que desde algun tiempo rondaba la inspiración. Logré atraparle, le adapté los versos y me fui a donde el Lugarteniente.

- General aquí le traigo un himno digno de su nombre. 

Muy bajito comencé a cantarlo, Maceo lo escuchaba con mucha atención. Al llegar a la segunda estrofa, se incorporó y me hizo repetirla. Cuando terminé, el General me dijo:

- Yo no sé nada de música, pero este himno me gusta y va a recorrer en triunfo la Isla. Quítele mi nombre y póngale "Himno Invasor". De este modo, la composición fue bautizada por el propio Maceo, a la orden suya fue llamado Doisiteo Aguilera, jefe de la Banda de Música de la Columna Invasora, a quien se encomendó llevarlo al pentagrama y hacer un arreglo para los ocho instrumentos que componían nuestra banda. Al día siguiente (era el 16 de noviembre de 1895) después del toque de diana, fué ejecutado por primera vez el "Himno Invasor". Gustó mucho a nuestros soldados, y recuerdo que en la batalla de Mal Tiempo, el 15 de diciembre de 1895, mientras duró la lucha, nuestros músicos estuvieron ejecutándolo bajo el fuego enemigo, llenando con sus notas de ardor patriótico a los libertadores y  contribuyendo al logro de una victoria memorable en los anales de la gesta libertadora. (Fragmento de una entrevista a Enrique Loynaz del Castillo, por Angel Quintero. Bohemia. Agosto 5, 1956)


Bohemia. Agosto 5, 1956
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Fragmento de la entrevista en la que narra  cuando salvó la vida a Antonio Maceo:
De Costa Rica tuve que salir precipitadamente, después del incidente en que me vi obligado a darle muerte al agente español Isidro lncera para salvarle la vida a Maceo. Lo maté cuando ya él había herido al Titán y éste yacía sangrentado en el suelo. Incera se acercó para rematarlo, y cuando disparé, la bala de mi revólver salió al unísono con la suya. El no hizo blanco y yo sí. Eso fué todo...


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Himno Invasor
Enrique Loynaz del Castillo



¡A las Villas valientes cubanos!:
A Occidente nos manda el deber.
De la Patria a arrojar los tiranos.
¡A la carga: a morir o vencer!

De Martí la memoria adorada
nuestras vidas ofrenda al honor
y nos guía la fúlgida espada
de Maceo, el Caudillo Invasor.

Alzó Gómez su acero de gloria,
y trazada la ruta triunfal,
cada marcha será una victoria:
la victoria del Bien sobre el Mal.

¡Orientales heroicos, al frente:
Camagüey legendaria avanzad:
¡Villareños de honor, a Occidente,
por la Patria, por la Libertad!

De la guerra la antorcha sublime
en pavesas convierta el hogar;
porque Cuba se acaba, o redime,
incendiada de un mar a otro mar.

A la carga escuadrones volemos,
que a degüello el clarín ordenó,
los machetes furiosos alcemos.
¡Muera el vil que a la Patria ultrajó!

"Miguel Angel Quevedo y Pérez Fundador de "Bohemia" y propulsor de la prensa gráfica en Cuba, que falleció el 14 de noviembre de 1929. La redacción de esta revista le rinde el cariñoso homenaje del recuerdo, en el primer aniversario de su muerte." (Bohemia. Noviembre 16, 1930)

 

Miguel Angel Quevedo y Pérez
Fundador de Bohemia y propulsor de la prensa gráfica en Cuba, que falleció el 14 de noviembre de 1929. La redacción de esta revista le rinde el cariñoso homenaje del recuerdo, en el primer aniversario de su muerte. (Bohemia. Noviembre 16, 1930)

De la Manifestación antiautonomista en Key West. Noviembre 4, 1897


"Cuba, representada por la Srita. Georgia Alvarez, tiene a su derecha a la Srita. Melitina Azpeytía, Presidenta del club de baseball “Occidente” —punzó— con su abanderada, la Srita. Adela Aulet; y a su izquierda, la Srita. María Xenes, Presidenta del ‘club “Oriente” —azul— con su abanderada, la Srita. María Diaz."

Saturday, November 13, 2021

"somos una revolución abierta al de-bate" (Miguel Díaz-Canel)

Presos Políticos de la Cárcel de Santiago de Cuba. Enero 1898


El grupo que aparece en esta página fué tomado de oculto con una pequeña máquina fotográfica, en la cárcel de Santiago de Cuba. En su mayor parte, los patriotas que en el figuran, proceden de la histórica expedición de Costa Rica, al mando de los Maceos y Crombet. Otros, de una de las primeras expediciones que salió de New York, y la cual, al desembarcar en las costas de Oriente, sufrió el percance de que un bote se extraviase, en el cual iba el coronel Alvarez, venezolano, y cayese en poder de los españoles.

Patriotas todos esforzados, hicieron lo posible por llegar de los primeros a combatir por la patria independencia; pero la suerte les fué contraria, y han permanecido encarcelados todo el largo período de la guerra, hasta ahora que, por halagar a esta república, o por aparentar benevolencia para seducir a cándidos; fueron puestos en libertad, excepción del coronel Alvarez, deportado a Ceuta hace algunos meses, y de Patricio Corona, que aún permanece en la cárcel de Santiago de Cuba.

- Los tres que figuran en la parte superior del grupo son: Carlos Ferrer, Jesús M. Santini é Isidoro Noriega.

- Los cuatro del centro son: J. Arozarena, Tomás J. Sainz, Fernando P. Alvarez y Patricio Corona.

- Los tres de la parte inferior son: José Ochoa, Frank Agramonte y Manuel de Granda.

Llegue a los que están en libertad nuestra cordial felicitación; y para los que sufren aun las torturas de la prisión espafiola la voz de aliento de la patria victoriosa y agradecida. S. F.

A José Martí (un poema de Diego Vicente Tejera. Año 1897)



¡Crezca la ira que al cubano encona!
¡Quien lo provoca, su venganza sienta!
¡Víctima nueva el despotismo cuenta!
¡Un mártir más la libertad menciona!

Cayó José Martí... ¿Por qué pregona
El español un triunfo que lo afrenta?
¿Matar la idea con el hombre intenta?
¡La idea es árbol que la sangre abona!

Aunque su canto, pues, al cielo suba:
Aunque su “‘gloria” fijen los cinceles, 
Cuando el malvado triunfa, triunfa en vano:

Que en Cuba habrá, mientras exista Cuba
Y a despecho del déspota, laureles,
Para la augusta sien del gran cubano!

Friday, November 12, 2021

(New York: Otoño de 1897) ¡Para una tumba...! En memoria de los Estudiantes de Medicina. Por Francisco García Cisneros


Aunque los siglos pasen y generaciones venideras se sucedan, habrá siempre lágrimas en los ojos é ira santa en el corazón de los cubanos, al recordar la fecha -27 de Noviembre de 1871-- en que aquel grupo de niños fué asesinado por una horda salvaje, ébria—horda que no lindaba en civilización alguna- a pesar de que el ángel blanco de la inocencia batía sus alas sobre las cabezas sacrificadas.

Peregrinaciones iran a ofrendar con palmas el túmulo donde descansan sus huesos, y mientras-suba al cielo la plegaria, gloriosa flor de salvacién, quedara en el fondo de la generosa y noble alma cubana, un sedimento de rencor para el español vicioso y sanguinario que condensó la Hispania con el degradante y cobarde uniforme de voluntario.

Reposen tranquilos, allá en el marmóreo panteón, las cenizas de los mártires, que el recuerdo que vive en todos los espíritus sube al cielo convertido en lágrimas y salmos.

Feria del Libro de Miami. 2021

 
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Por las calles de Guáimaro: Calle Benito Morell, antigua Concepción (por Desiderio Borroto Jr.)

Nota del blog: Sección semanal en el blog Gaspar, El Lugareño, dedicada a Guáimaro, a cargo del historiador Desiderio Borroto Jr.


La actual calle de Guáimaro que lleva el nombre de Benito Morell es una arteria que se orienta de este a oeste y arranca, exactamente en la Iglesia Nuestra Señora de la Concepción de Guáimaro y se extiende por cinco cuadras hasta la calle Olimpo, empieza en la Iglesia y termina o cierra su longitud en la Pista Deportiva o simplemente La Pista como la conocen los guaimareños.


El nombre original dado a la calle en el plano levantado en 1855, fue calle Concepción debido a que precisamente comenzaba su trayecto en la Iglesia de la villa que está bajo la advocación de la Purísima Concepción, durante el siglo XIX en esa calle vivieron personas que crearon luego familias reconocidas en el pueblo como Andrés Almanza que era comerciante y hacendado, también vivió Marcial Escalante López que montó en su casa una tabaquería y torcía tabaco de las producciones de las vegas de Guáimaro, Cascorro y algún tabaco de las de Maraguán además un comerciante próspero en la época llamado Sabino Valdés.


Después del sitio y toma de Guáimaro en octubre de 1896 por las fuerzas de Calixto García, la casa de la calle Concepción No 1, sirvió de cobija al Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas presidido por Salvador Cisneros Betancourt, esa casa estaba en el mismo espacio que está hoy la Casa de Cultura “Luz Palomares”. Al establecerse la República, fue designado como primer alcalde del barrio de Guáimaro al veterano mambí Benito Morell que hizo ingentes esfuerzos por la mejoría de la villa, su plaza y edificios domésticos y público, por esa razón después de su muerte fue consenso que esa calle donde también había vivido con su familia se llamará Benito Morell.

El Baratillo
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Casa de Socorro
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Academia López
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Segunda sede de la Academia de Música,
dirigida por Agapito Moré
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En los años desde 1902 hasta 1959 en el trayecto de esa calle se establecieron instituciones y comercios como El Baratillo, la segunda sede de la Academia de Música dirigida por Agapito Moré Zaldívar, la Sociedad de Instrucción y Recreo para Blancos “La Luz”, luego la Academia Regil que se convirtió en Academia López, en 1947 se inauguró en esa calle la Casa de Socorro, vivió Alemai conocido por Bichera un albañil y modelador que creó la mayoría de las molduras de las platabandas, frisos, cornisas y pretiles de las construcciones del pueblo así de los arcos interiores etc. En la esquina con la calle Máximo Gómez, Manolo Caballero montó una tienda de víveres que luego fue una tienda de para bebé y actualmente es la Librería Municipal y Café Literario.

Y un detalle interesante en la intersección de la calle Benito Morell con la calle Victoria en el año 1949 comenzó los ensayos la conga La Victoria que es una de las agrupaciones artísticas guaimareñas portadoras de la cultura popular y tradicional.

Casa del Dr. Juan Francisco Pedroso,
primer alcalde  del Término Municipal de Guáimaro,
en el año 1924
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Desiderio Borroto Jr. (Guáimaro 1961) Licenciado en Historia por la Universidad de Oriente y Master en Cultura Latinoamericana por la Universidad de las Artes en Cuba. Historiador, escritor, guionista radial y curador. Ha obtenido varios Premios y reconocimientos por su obra como investigador histórico y escritor.

Tiene publicado varios libros, entre ellos Abrazado sobre la Tierra (1996), El Guajiro Barba (2001), Historia de Guáimaro: Época colonial (2003), Historia de Guáimaro: República y Revolución (2005), La Vista Gorda (2007), ensayos, entrevistas y artículos han aparecido en colecciones y antologías como: Cien años con Soler Puig (2016), Calixto García la nobleza de servir a la Patria (2018), Cuando la luz del mundo crece: Sesquicentenario de la Asamblea de Guáimaro (1869-2019) (2019). También publicaciones suyas ocupan páginas de los Cuadernos Principeños, Revista Antena, Revista Santiago, Revista Viña Joven. Además de antologías y revistas de España, Uruguay e Israel.

"Alguna vez en Miami", teatro para pensar. (por Wilfredo A. Ramos)



“El teatro esencial se asemeja a la peste, no porque sea también contagioso sino porque, como ella, es la revelación, la manifestación, la exteriorización de un fondo de crueldad latente, y por él se localizan en un individuo o en un pueblo todas las posibilidades perversas del espíritu”.

Antonin Artaud.



Con este pensamiento de dicho importante teórico y creador teatral francés, quien es considerado fundador de lo que se ha conocido como ‘teatro de la crueldad’, se dan las primeras palabras en la obra “Alguna vez en Miami”, que tuvo su estreno mundial el pasado 29 de Octubre en el escenario de Artefactus Teatro, en la barrida de Kendal de nuestra ciudad, con dramaturgia y dirección de Eddy Díaz Sousa, y que cerró la cuarta edición del Open Arts Fest Miami, evento que corre bajo su propia organización.

En esta ocasión, Sousa asume el riesgo de construir un texto partiendo de diversas historias que aparentemente no encierran relación alguna entre ellas, debido a que lo contado en cada una tiene referencias muy particulares que las distancian entre si. Dicho texto, el cual no puede ser visto como un texto común, no contendrá una acción que pueda ser vista transcurriendo a lo largo del mismo, ni el orden de las historias contadas tendrán uno especifico. A no ser en el principio y final de la obra, no se nos revelará una continuación argumental con la cual pudiéramos observar un pequeño atisbo para hacernos cerrar un ciclo, pero que sin el intelecto del espectador de por medio, este se podría diluir.

Sousa dará nombres a las escenas que serán dichos por el narrador a manera de presentación de las mismas, personaje del que más adelante hablaremos y que tendrá una imprescindible función en el desarrollo dramático del espectáculo. De esta manera nos encontraremos con títulos como “Primeros pasos”, “Alma mía”, “Relato abreviado de la mujer del policía”, Colonia de Violetas”, “Es Octubre y llueve”, “Instrucciones para matar un gato”, “Medea y Jason”, “Algo grave” y “Navidad”.

Nosotros tuvimos el privilegio de tener acceso al texto primigenio, desde donde comenzó el trabajo de montaje de la obra, así como también al escrito final resultado de un amplio y complejo proceso dramatúrgico, donde la búsqueda y la insatisfacción, dieron al traste con muchas de las cuartillas antes escritas, creando un intenso trabajo, agotador por demás, tanto para el dramaturgo-director como para los propios actores, producto del surgimiento de nuevas ideas y reclamos que permitieran llegar al resultado final deseado, uno con una cota muy alta de exigencias artísticas e intelectuales.

Armando Naranjo y Dairín Valdés
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Para enfrentar este trabajo, el director acudió a la presencia en la escena de Oneysis Valido, Armando Naranjo, José Luis Pérez, Dairín Valdés, José Miguel Quezada y Julio César Amador, quienes asumen el reto de poner piel a personajes con historias complejas desde una posición en que ninguno podía ‘representar’ sino ‘narrar’ las historias, un trabajo de real distanciamiento que los obligaba a separarse lo más posible de las tradicionales técnicas stanilaskianas, algo en extremo difícil de lograr, mucho más para actores no suficientemente entrenados en este tipo de trabajo, aunque el resultado se acercó bastante a lo deseado.


El trabajo de cada uno de los actores fue desigual, destacándose los de José Miguel Quezada y Oneysis Valido, el primero con un excelente desempeño, sobre todo en la escena “Colonia de violetas”, en el que supo asumir los conflictos, sensaciones y actitudes que su difícil personaje requería, desdoblándose en varios, de una manera totalmente narrativa, pero proyectando la fuerza interior de cada uno a través de una magnífica dicción y proyección de voz, junto a un efectivo y preciso trabajo corporal. Vale aclarar que el texto que asume este actor es uno de los más duros en cuanto a acciones y contenido tanto de palabras como de frases que suelen ser consideradas de fuerte connotaciones eróticas, algo que pudiera extrañar a los conocedores de la dramaturgia de Sousa, quien se esmera en el cuidado de sus textos, dotados de bellas imágenes y poético lenguaje, pero que en esta oportunidad, con su vulgar rudeza, ayudan a crear el raro ambiente que recorre la obra de principio a fin.


En cuanto a Oneysis Valido, una actriz que ha trabajado desde sus primeros pasos en esta ciudad en innumerables oportunidades al lado de Sousa, enfrenta sus diferentes personajes sacándoles a cada uno de ellos la esencia germinal para colocarlos en polos opuestos, donde la entrega de su cuerpo resulta en imágenes contrarias de una misma realidad. Si en una parte de su desempeño asume un rol enérgico, cargado de ansiedad ante la posible pérdida del macho copulador, en el otro se deja llevar por la placentera sensualidad de quien es arrastrada en su semi inconsciente desnudez por las olas de un mar salvador como única manera de ser libre. Aquí el personaje nos hace un guiño a la aun reciente perdida de la actriz cubana Broselianda Hernández en las playas de Miami Beach, momento que hace saltar la emociones del espectador conocedor de la tragedia.


Aunque una vez más la Valido nos regala su plástica imagen corporal para el goce de nuestros sentidos, nos vemos precisados a decir que por momentos se le presentaron problemas con la proyección y dicción de la voz, tragándose las palabras, resultando en un murmullo ahogado, algo no usual en su decir.


Dairín Valdés ofrece un personaje conflictivo, dudoso, cargado de miedos, con buena proyección escénica, pero sin explotar las pocas posibilidades de desenvolvimiento que su rol le exigía, algo que igualmente lastró el trabajo de Armando Naranjo, conocido por todos en nuestro medio como un excelente cantante lírico, devenido actor para esta ocasión, en su escena junto a dicha actriz, en la que estuvo por momentos debajo de la intensidad que su personaje requería. Considero que ambos actores no asimilaron totalmente las contradicciones existentes en las relaciones entre sus personajes, dejando su desempeño inconcluso.


José Luis Pérez es un actor con fuerte presencia sobre las tablas, la que tal vez sea también su mayor handicap, pues maneja sus personajes con una cierta rudeza física que le resta organicidad y plasticidad a sus movimientos, amen que presenta un salvable problema en donde ocasionalmente se traga los finales de palabras, lo que hace prácticamente ininteligibles algunas frases.

Por último Julio César Amador asume el importante y decisivo rol del ‘narrador’, personaje encargado de darle a la obra la unidad necesaria para no ser percibida como una suerte de cuadros sueltos e inconexos. Por medio de su narración, el público va teniendo conocimiento de que la ciudad de Miami en tiempos ya demasiados lejanos como 1899, fue azotada también por una pandemia de salud -la fiebre amarilla -que dejó en la insignificante comunidad su legado de víctimas mortales. De igual manera van transcurriendo ante los espectadores narraciones de diversos momentos en el devenir de nuestra ciudad, dejando por el camino una estela de buenos y malos sabores que forman parte de nuestra historia, tales como algún que otro intenso y raro invierno para estos predios con nevada incluida, así como que debido a los grandes cultivos de cítricos que teniamos en nuestras tierras, estos nos ofrecieron la oportunidad de tener nuestro primer tren en 1896 o como fue castigada la ciudad por el terrible huracán que tocara esta ciudad la mañana del 18 de Septiembre de 1926, donde perdieron la vida 372 personas y más de 6000 resultaron heridas, una verdadera catástrofe para la época. También mediante este locutor nos enteraremos que Miami ha sido una ciudad diversa, en donde vivió Juan Ramón Jiménez, el escritor español y donde a pesar de haber visto una ligera capa de nieves sobre nuestras vidas; “...alguna vez sobrevivimos al fuego, a la nieve, al destierro y a la lluvia...”

Con respecto al trabajo de Amador en este distanciador rol del narrador hay que decir que por momentos su dicción no fue clara, dificultándose por ejemplo, el escuchar con claridad los nombres de algunas de las escenas.


Me veo obligado aquí a hacer una pausa para hablar sobre una situación que estamos viendo muy reiteradamente sobre las tablas miamenses que es el problema de algunos actores con la proyección de la voz y la correcta dicción. El trabajo del actor descansa en un alto porcentaje en la utilización de su voz, por lo que esta es su principal atributo de trabajo, el cual debe cuidar y pulir, por lo que es absurdo que dentro de un mismo espectáculos encontremos a varios actores que presenten por momentos dificultades en este rublo. Hago un llamado de alerta para que cada actor tome conciencia sobre dicho aspecto y no tenga miedo en reconocer sus problemas para tratar de superarlos. Ese, es no deber, sino obligación de quien decide subirse a un escenario.


Retomando el tema del narrador en esta obra, la inclusión de este personaje en un texto que pudiera sentirse caótico, no hace más que ayudar a crear un hilo conductor entre las distintas acciones que van transcurriendo a través del discurso dramático que encierra una ciudad como la nuestra, sacudida por acontecimientos, tragedias personales y pandemias tanto en el ayer como en nuestra actualidad inmediata.

Si bien en el principio de la obra los personajes no son más que actores reunidos en un escenario al que han accedido en busca de protección frente a una situación extrema desconocida, hacia el final, estos, despojados de los personajes en que se vieron envueltos, regresan al mismo espacio, todos con ligeros síntomas de mala salud demostrando lo inútil de tratar de huir de lo inevitable. Aqui el rejuego con la situación pandémica pasada y presente se hace presente, pero no quedando totalmente clara.


Mediante este provocador texto, el autor nos convida a evocar el “Decamerón”, obra producto de la reunión de diez jóvenes en la región italiana de Florencia que huyen de la peste bubónica conocida también como peste negra, que golpeara a dicha zona en 1348, haciendo que se cree de manera magistral y siniestra, un trágico nexo entre dicha realidad y la actual, lo que sin duda es un gesto maestro por parte de Sousa.


La realización de “Alguna vez en Miami” no pudo ser posible sin la eficaz producción de Carlos Arteaga, el diseño y realización escenográfica de Carlos Artime y el auspicio de Windhover Foundation, Miami-Dade Cultural Affairs, Histepa y el Archivo Digital de Teatro Cubano.


Para finalizar, lo hago con una frase extraída de un cuento de Gabriel García Márquez que muy bien se aviene con el mensaje provocador de esta obra: “... andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado”.





Wilfredo A. Ramos
Noviembre 12, 2021


Fotos de Alfredo Armas y Wilfredo A. Ramos




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