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Sunday, March 28, 2021

(Catedral de La Habana. Marzo 28, 2021) Sermón de las Siete Palabras.

Card. Juan García.
Arzobispo de La Habana.
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Fotos/Yandry Fernández Perdomo



A propósito de la Semana Santa (por el sacerdote camagüeyano Alberto Reyes)


Texto tomado del Facebook del autor



Nací y crecí en un ambiente cristiano. Durante años creí que era imposible vivir sin Dios, y me preguntaba cómo era posible que alguien viviera sin Dios. Pero un día, cuyas coordenadas no recuerdo, algo me hizo darme cuenta que era posible vivir sin Dios, sustituyéndolo, obviamente, por otros dioses, pero eso no interesa ahora. Comprender que podía vivir sin Dios fue uno de los momentos más importantes de mi vida, porque ese día me dije: “No quiero vivir sin Dios; puedo, pero no quiero”. Y a mi libertad le nacieron alas.

Esta certeza no quita el hecho de que la vida es una apuesta. ¿Existe Dios? No lo sabemos. Nadie puede demostrar su existencia ni su inexistencia. Es el terreno de la fe.

Y yo tengo fe, yo creo. Creo en Dios, y creo que Jesús de Nazaret es Dios hecho hombre, y creo que murió realmente en una cruz, y creo que resucitó. Creo que la vida que propone da sentido pleno a la existencia, y creo que, pase lo que pase, su promesa es cierta: “Las puertas del abismo no prevalecerán, el mal no tendrá la última palabra”. Ningún mal.

Respeto toda opción diferente y respetable (no todas las opciones humanas son respetables), pero creo que ese hombre muerto en cruz es El Camino, La Verdad y La Vida.

Y desde ahí abro, transito y cierro mis días, desde ahí miro la vida.

Hay, ciertamente, otras miradas que salen de mí y que me turban.

Miro el mal, presente en hombres y mujeres singulares, en organizaciones, en sistemas políticos o ideológicos, y no puedo dejar de admitir que el mal es una gran fuerza, que con el mal se avanza mucho y se logran muchas cosas, y no puedo evitar la sensación de que el mal terminará imponiéndose. 

Miro la mentira, la manipulación, el chantaje, el juego sucio, la traición, la doblez, y cómo los que lo usan logran sus premios.

Miro la avaricia, el egoísmo, el ansia desmedida de poseer, y los aplausos, las alabanzas y las envidias de aquellos que se han quedado “por debajo”.

Y miro mi alma, y me doy cuenta de que el mal también me habita, que no estoy hecho de una pasta diferente, y que yo también me he sentido cómodo cenando con el mal.

Pero entonces, algo en mí se rebela, algo que viene de un Cristo en cruz, traicionado, abandonado, torturado hasta lo inimaginable, pero sereno, que escucha y consuela al que con él sufre, que reza por los que lo condenan, que se ocupa de los suyos, y que confía en Aquel a quien siempre llamó “Padre”: “En tus manos Padre…, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Y entonces surge en mí la certeza de que el mal no tendrá la última palabra, de que no terminará imponiéndose, tengo la certeza de que el mal, a la corta o a la larga, caerá; tengo la certeza de que la verdad, la sinceridad, la honestidad, el servicio…, tienen la fuerza de transformar la vida, toda vida.

Ese Cristo en cruz hace brotar lo mejor de mí, y hace que me diga: “Puedo servir al mal, pero no quiero; puedo hacerme cómplice de la oscuridad, pero no quiero; puedo ser instrumento de la mentira, de la opresión, de la manipulación…, pero no quiero”. 

Entiendo que enfrentar el mal tiene precios, porque el mal busca imponerse, y no tolera opositores, entiendo que es menos complicado aliarse con el mal que negarse a servirlo, y entiendo que el camino del bien suele ser siempre más largo y más sufrido, y que hay que cuidarse mucho de no contaminarse, de no combatir el mal con el mal, el odio con el odio, la violencia con la violencia. A veces es tan difícil no contaminarse. Pero vuelvo la mirada a mi Cristo en cruz, aparentemente vencido e impotente, y siento por dentro su voz que me dice: “Cree, cree en la fuerza del bien, cree en lo mejor de ti mismo, cree que yo estoy contigo, y no te rindas”.

Y entonces miro al mal, y siento que tengo fuerzas para decir: “Puedo ser tuyo, pero no quiero”.

Saturday, March 27, 2021

Una tarde de teatro al sol en un hermoso jardín de Miami (por Wilfredo A. Ramos)


Como ya habíamos anunciado con anterioridad, el pasado domingo 21 de Marzo, tuvo lugar el estreno de la obra “Una tarde de sol”, en un escenario singular: Casa María, producción de Margi Happenings, con dirección de Marilyn Romero y las actuaciones de Marta Velasco y Gerardo Riverón, trabajo el cual resultó en una versión libre de “Mañana de sol”, obra de los hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, ambos poetas y autores muy conocidos en el ámbito teatral español de finales del siglo XIX y principios del XX, por sus más de doscientas obras, entre comedias, dramas, zarzuelas y exitosas revistas musicales.

Esta obra de los andaluces Álvarez Quintero, escrita en 1905, forma parte de sus numerosas y bien recibidas comedias de tono ligero en un solo acto, donde reflejan el habla coloquial, el color local y el humor de su Andalucía natal.

El primer gran éxito de estos autores llegó con apenas 24 y 26 años respectivamente, mediante su obra “El ojito derecho”, sucediéndose inmediatamente muchos otros, tanto que desde 1897 y durante cuarenta años en todas las temporadas madrileñas siempre había en cartelera al menos una obra de dichos autores. Sus obras llegaron al continente americano siendo representadas en el escenario del Teatro Colón de Buenos Aires y traducidas a varios idiomas. Ambos hermanos sufrieron prisión al comienzo de la Guerra Civil en El Escorial por parte de las tropas republicanas, falleciendo posteriormente Serafín en 1933 y Joaquín en 1944, reposando sus cuerpos en el cementerio de San Justo de Madrid.

Sus obras en su gran mayoría son de naturaleza costumbrista, describiendo el modo de ser de sus nativas tierras andaluzas en las cuales se reflejan solo la luz y la alegría de su pueblo, llegando a considerándoseles como autores con una ideología tradicionalista. Según Francisco Ruiz Ramón en su Historia del Teatro Español Siglo XX (Cátedra, 1995): “...los supuestos básicos de este teatro son los de un realismo naturalista ingenuo.” El lenguaje usado es un castellano depurado y elegante, pasado por el tamiz fónico del ‘dialecto andaluz’, con chistes de buen gusto, sin llegar nunca a la chabacanería, pero con gran vis cómica y con un excelente trabajo de diálogos. En sus obras no se encontrará crítica social de ningún tipo ni temas que alejen al espectador de la alegría de la vida, pudiéndose considerar sus obras de cierto ‘ternurismo y melodramatismo’ que las convierten en comedias puramente burguesas, con una visión idealizada de Andalucía. Es dicha alegría de vivir lo que salvó la obra de estos autores de las implacables plumas de Ramón Pérez de Ayala, Azorín o Luis Cernuda.

Regresando a la versión miamense de la original andaluza, tenemos que decir a su favor que la directora ha escogido a dos muy conocidos y experimentados actores cubanos para encarnar a los septuagenarios personajes reunidos en este ‘paso de comedia’, como bien se le ha dado en llamar a este brevísimo tipo de obra, nos referimos a Marta Velasco y Gerardo Riverón, ambos con una consolidada trayectoria en televisión, cine y teatro, la primera aquí en los Estados Unidos, mientras que el segundo lo mismo en Cuba que este país.


Como era de esperar el trabajo de estos dos actores estuvo a la altura de las expectativas, teniendo en cuenta que sus personajes no requerían de un complejo y profundo trabajo de interiorización, ya que con la sola caracterización física como ancianos de avanzada edad, más cierta modulación de voz y gestualización apropiada, salvan las exigencias de tan elementales personajes. La pericia y el oficio de los dos actores les hacen crear a estos dos tipos escénicos sin mayor riesgo y cumpliendo con los requerimientos del texto dramático y del género en cuestión.

Tanto Marta como Gerardo se pasean con sus personajes por ese supuesto parque público, en que se ha convertido este muy hermoso y acogedor jardín privado, el cual su amable dueña, María, ha puesto a disposición de esta y futuras puestas en escena para el disfrute del público ansioso por regresar a los teatros, interactuando con los asistentes allí presentes e incriminándolos por tener todos los “bancos del parque ocupados”, provocando simpáticas situaciones.

La directora ha incluido dos personajes más en su puesta tratando de crear contrastes generacionales, así como buscar imágenes evocadoras del pasado de los personajes protagónicos cuando en su temprana juventud vivieron un cálido romance, interrumpido por situaciones familiares que los llevaron a alejarse y a no saber nunca más uno del otro, cosa que el encuentro de estos dos ancianos irá descubriendo poco a poco mediante relatos que ambos irán contándose a medida que van entrando en confianza, dejando atrás los resabios y desencuentros de ese primer contacto en la búsqueda y disputa por un banco de parque donde disfrutar de su día, aunque teniendo a bien dejar en suspenso la aceptación por parte de cada uno de sus propias historias, lo que hace que el texto dramático tenga un final abierto y dado a múltiples lecturas.

Respecto a la utilización de esos dos jóvenes personajes incorporados a la trama, que mencionamos anteriormente, debemos señalar que en el caso del chico su caracterización como guardaparque, se integra de manera coherente con la trama de la obra, incluso en sus momentos de interacción con la anciana en donde le recrimina el que le arroje comida a los peces -de la verdadera hermosa fuente estilo japonés que engalana el patio de la casa escenario de dicha representación. Estos breves diálogos le ofrecen frescura y realidad al desarrollo dramático de la acción. En cuanto a la utilización de la chica, su aparición se hace algo forzada como transeúnte del parque primeramente y mucho mayor después cuando se convierte en una angelical escultura de dicho parque, moviéndose e interactuando con el anciano. La relación que establecen estos jóvenes personajes casi al final de la obra con los ancianos llevándonos al recuerdo de su juventud y ocupando el lugar de ellos, no queda del todo conseguida de modo satisfactoria.

La directora lleva a cabo un buen proceso de adaptación del ambiente y lenguaje del texto, al trasladar la acción de una posible ciudad andaluza hacia otra ciudad que pudiera ser la nuestra, eso sí, sin localismos rancios ni dejando que el llamado ‘sainete costumbrista cubano’ aparezca por lado alguno. Un acierto total el no localizar demasiado la acción, lo que no siempre son capaces de evitar algunas adaptaciones.

Algo que no quisiéramos dejar de mencionar, porque nos preocupaba antes de comenzar la función, era la excelente calidad del sonido utilizado, debido a ser esta una puesta al aire libre y haberles sido colocados micrófonos inalámbricos a los actores, los cuales no presentaron los penosos problemas que en ocasiones hemos tenido que sufrir en otras puestas de este tipo, aunque por el contrario no nos pudimos librar del acostumbrado ruido al pasar los aviones a través de este tan transitado cielo de Miami.

El que podamos disfrutar de Teatro, aunque no sea en las condiciones apropiadas, habla del amor hacia el mismo que profesan sus hacedores, lo que hace que esta manifestación, tan en peligro siempre, más en estos turbios tiempos, sea venerada como bendita, tanto por los que la profesan como por aquellos que la disfrutan como espectadores.

Y es debido a ese amor y a esa tozudez en hacer Teatro, que Margi Happenings a través de su directora, Marilyn Romero, como de su productora, Gigí González, nos anuncian que a petición del público que no pudo asistir al estreno debido a lo reducido del aforo por problemas de seguridad sanitaria, se realizará otra función el próximo domingo 4 de Abril a las 5:00 pm, para todos aquellos que han reclamado poder disfrutar de otra tarde de sol en ese tan hermoso jardín miamense.

La dirección de Casa María es 1187 SW 22 Terrace, Miami 33129 y la web para obtener las entradas es http://tardesol.bpt.me







Wilfredo A. Ramos
Marzo 26, 2021

Friday, March 26, 2021

Ares, Euterpe y Víctor Pacheco Arias como muestra (por Verónica Elvira Fernández Díaz)



Ares, Euterpe y Víctor Pacheco Arias como muestra



por Verónica Elvira Fernández Díaz
para el blog Gaspar, El Lugareño





Muchos son los ejemplos de músicos cubanos relacionados con las gestas de independencia. Unos, aportando dinero recogido en sus conciertos para la compra de armas y alimentos. Otros, vinculados directamente a la manigua, desde donde escribieron no solo páginas de nuestra historia, sino también piezas musicales que escuchaba la tropa en momentos de tregua.

En Camagüey, cuna de extraordinarios artistas y suelo donde se gestaron muchas acciones contra el colonialismo español, existen varias muestras de la relación entre Ares y Euterpe. Comencemos por decir que en este territorio se concibió el primer himno para la independencia bajo la pluma de Francisco Agüero Velazco, Frasquito, en 1821. Este tomó el nombre de Himno Cubano, pues en su texto expresaba el anhelo de todo un pueblo por lograr esa independencia. Cuando se analiza este himno, desde el punto de vista musical, se encuentran asombrosas semejanzas con el himno compuesto 47 años después por Pedro Figueredo, Perucho, intitulado Himno de Bayamo, devenido Himno Nacional.

Entre las semejanzas musicales de estos himnos destacan la igualdad tonal y métrica —Fa M y compás binario de cuatro tiempos— y el mismo tipo de comienzo anacrúsico con una figuración rítmica idéntica que acentúa el tempo marcial indicado a comienzo de ambas partituras: 

Incluso mantienen una similar distribución de compases por frases, las que son repetidas en ambos casos a través de arcos de primera y segunda vez.


En relación al texto también hay semejanzas increíbles y con solo analizar la primera estrofa, estaremos de acuerdo en que en ambas composiciones se expresan deseos y sentimientos similares:


Gonzalo Roig reconoció a este himno cubano compuesto en Puerto Príncipe, actual Camagüey, como primer exponente de las relaciones entre música e independencia cuando expresó: “[…] el primer himno que se escribió para la revolución cubana, tanto su letra como su música, […] fue, el realizado por el patriota Francisco de Agüero y Velasco (Frasquito) en 1821 en el Camagüey y que se tituló Himno Cubano”(2).

En octubre de 1868 se vuelve a encontrar en el contexto musical camagüeyano otro himno titulado cubano. Este aparece bajo la música del pardo Vicente de la Rosa —director de la orquesta de negros y mulatos libres San Fernando—, con letra de Pamela Fernández. Este himno tuvo un arreglo a banda que fue donado al Museo Provincial por Antonio Muñoz quien fue su instrumentador.

Con respecto al Himno de Bayamo de Perucho Figueredo se encuentran también asombrosas semejanzas más allá de la igualdad entre compás, tonalidad y tipo de comienzo. Me refiero a fragmentos de música casi idénticos, relacionados, a su vez, con un fragmento del aria “Non piú andrai” de la ópera mozartiana Las bodas de Fígaro

Himno Cubano (1868). Vicente de la Rosa 
Himno de Bayamo (1868). Pedro Figueredo.


Si bien ninguno de estos himnos cubanos escritos en la entonces ciudad de Puerto Príncipe es reconocido por la musicología actual, a muchos principeños le cabe el honor de realizar versiones importantes que convirtieron el Himno de Bayamo de Perucho Figueredo en el actual Himno Nacional(3). El primero de ellos fue Emilio Agramonte Piña(4), quien asume la tarea de versión a instancias de José Martí a quien conoció en New York. Después del incendio de Bayamo en 1868, donde se perdió la partitura original compuesta por Perucho Figueredo, el Himno de Bayamo continuó cantándose por tradición oral, pues la versión que el propio Perucho hiciera a petición de la señorita Adela Morel en la finca camagüeyana de La Santa María, no se conoció hasta 1912. De manera que aquel himno transmitido por tradición oral entre los emigrados cubanos fue el que Martí, organizador de la guerra del 95, decidió dar a conocer, tarea para la que eligió a Emilio Agramonte. Aquella transcripción realizada por Agramonte a partir del recuerdo de los emigrados en tierras de Norteamérica, se publicó en el número 16 del periódico Patria en New York el 25 de agosto de 1892.

La partitura de Agramonte incluía, además de melodía y letra, una armonización para piano. En esa primera publicación se omitió de la letra las últimas cuatro de las seis estrofas que después aparecieron en la partitura que Perucho reescribiera para la señorita Adela Morel, quedando intactas las dos primeras estrofas con las que se le cantó desde entonces y definitivamente desde su consagración como Himno Nacional.

A finales de 1898, el maestro, músico y director de banda Antonio Rodríguez Ferrer fue comisionado para armonizar, orquestar e interpretar el Himno de Bayamo, con cuya ejecución se daría recibimiento en Guanabacoa al primer contingente militar cubano en llegar a esa ciudad una vez concluida la contienda bélica. Rodríguez Ferrer se planteó la tarea tomando como base la línea melódica que había plasmado Emilio Agramonte en su transcripción, pero no su acompañamiento de piano pues utilizó la banda como formato instrumental y le agregó la diana introductoria que hoy lo identifica, si bien en el propio año de 1898 una de las versiones del himno escritas por Marín Varona contiene una diana introductoria similar:

Ej.: 


Un himno vinculado a Camagüey es el Himno Invasor, compuesto a finales del siglo XIX en los campos insurrectos. El autor de sus versos Enrique Loynaz del Castillo narró en su diario por qué concibió la pieza y quién la musicalizó. Por el interés de los datos que aporta su testimonio merece citarse íntegro:
Recorríamos la casa de La Matilde (Finca perteneciente a Francisco Argilagos, padre de Matilde, esposa de Eduardo Agramonte Piña), a poco de acampar, por curiosidad y por obtener alguna raspadura de los miembros del Gobierno allí alojado. En las paredes del edificio leímos algunos insultos que nos dejaron los soldados enemigos, en vez de esperarnos para combatir. En una ventana blanca y azul había algo distinto: unos bellos versos, bajo el dibujo de una pirámide coronada por española bandera. […]

En ese momento, sobre la otra hoja de la misma ventana, pinté la bandera de Cuba, y bajo su glorioso palio, escribí estos versos […]:

¡A las Villas valiente cubanos!
A Occidente nos manda el deber
De la Patria arrojar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!

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¡Orientales heroicos, al frente
Camagüey legendario, avanzad
Villareños de honor, a occidente.
¡Por la Patria, por la Libertad!

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A la carga, escuadrones, volvemos,
Que a degüello el clarín ordenó,
Los machetes, furiosos, alcemos,
¡Muera el vil que la Patria ultrajó!(5)

Alguna que otra estrofa, innecesaria, escrita en aquella ventana, fue por mí suprimida, o modificada durante la campaña. En aquel ambiente caldeado al rojo, los versos de la Invasión, como enseguida lo llamaros, parecieron un reguero de pólvora. […]

¡El himno estaba consagrado! Aquel exitazo me animó a buscarle melodía apropiada al verso. Horas y horas de solitarios ensayos fijaron en mi memoria una melodía altiva y enardecedora. Con ella me dirigí al general Maceo […]

Y a medida que yo canturreaba los versos, la mirada se le animaba. […] “¡Magnífico! ― dijo ― […] Véame a Dositeo, para que mañana temprano lo ensaye la Banda.” […]

Al día siguiente el Ejército Invasor tenía un himno. Con él iba a recorrer la República(6).
José Marín Varona, ese músico calificado como “ilustre desconocido” fue el camagüeyano que realizó una significativa labor musical en cuanto a versiones(7) de himnos patrios. El Himno invasor en versión de Marín Varona presenta características a través de las cuales se puede apreciar más claramente la relación y compromiso de este camagüeyano con el proceso independentista, tanto en su pensamiento como su labor creativa. Esta versión y arreglo musical fue publicado en La mejor música del mundo

En tanto arreglo, José Marín Varona convierte la composición para banda de Dositeo Aguilera en una obra para voz y piano, el trabajo de transcripción se evidencia, sobre todo, en la estructura y la incorporación de toques de corneta como enlace entre las partes musicales del himno. Este elemento estructural es importante, ya que los toques de corneta presentes en la guerra de 1868 y 1895 fueron compuestos por otro camagüeyano: Eduardo Agramonte Piña, y constituyen una reafirmación del sentimiento patriótico que movió a los hombres de Puerto Príncipe desde principios del siglo XIX más que un homenaje.

La versión así definida del Himno invasor de Marín Varona, es mucho más elaborada musicalmente que su adaptación del Himno de Bayamo. Además de las secciones de enlace referidas, la estructura se enriquece por la alternancia tonal y métrica ofreciendo variedad en el desarrollo melódico. Al igual que en el Himno de Bayamo se evidencian cambios sustanciales con respecto a la letra escrita por Loynaz del Castillo, transformaciones que se producen, en lo fundamental, por ajuste a la música y el formato pianístico.

Otras composiciones de tema patrio escritas por músicos de Camagüey son canciones como Jucaral(8) y Canción histórica Eduardo Agramonte, con texto de Ramón Roa y música arreglada por los soldados del 1er Batallón con tono musical de Silvestre Montejo. Danzas dedicadas a Joaquín de Agüero como La sombra y Los Lamentos; dianas, marchas y valses de tema patrio compuestos por Víctor Pacheco Arias, a quien dedicamos un especial aparte.

Pacheco Arias nació en Manzanillo, Granma en 1835 y residió en Camagüey desde muy joven, donde murió en 1910. Se desempeñó como compositor, clarinetista y director de agrupaciones musicales. Fundó la Banda del Tercer Cuerpo del Ejército Libertador, más tarde Banda Libertad, que fue la más numerosa y perfectamente organizada de las que existían en los campamentos del Ejército Libertador. 

Banda Libertad
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La banda Libertad fue creada finalizando la guerra de 1898. Desde noviembre de 1896 el general Javier de la Vega Basulto, jefe de las fuerzas insurrectas del Camagüey, obtuvo del generalísimo Máximo Gómez el permiso para organizar una banda de música. Los instrumentos fueron enviados desde Puerto Príncipe por distintos comunicantes y luchadores clandestinos. Se dice que el padre Gonfaus pasó muchos de los instrumentos musicales bajo su sotana. Para ella, Pacheco compuso algunas obras, entre las que se halla la conocida como vals El campamento. Ejecutó sus obras en plena manigua y al finalizar la guerra decidieron continuar su labor con el nombre de Banda Libertad, pero se disolvieron por falta de apoyo económico en los primeros años de la República.

Para esta banda, Pacheco Arias escribió, también, el paso doble El triunfo, pieza que fuera ejecutada durante la entrada de los mambises por la actual Avenida de la Caridad al regreso de la guerra en 1898. Al respecto Marcos Tamames reseñó en el blog Gaspar, el lugareño, citando a su vez, fragmentos de “La gloriosa vuelta de los libertadores” de Abelardo Chapellí Marín:
Aún recordamos con cuanta alegría oímos las campanas de la iglesia de La Caridad, que repicaban intensamente, a medida que se aproximaban las fuerzas cubanas. Nuestra banda de música Libertad mandada por el inolvidable Capitán Pacheco entonaba el magnífico paso doble El Triunfo, original de dicho capitán […] Todo el elemento civil de la Revolución con sus capitanes, prefectos, gobernadores, subprefectos y jefes de postas y de predios, en fin, todos cuanto de una manera u otra habían contribuido al triunfo de la Independencia de la Patria, venían en aquella formidable parada militar, que hacía su entrada en Camagüey al grito de Viva Cuba Libre(9).
Víctor Pacheco fue también un entusiasta de la música lírica. En las visitas de compañías de ópera u otros géneros al Teatro Principal formaba las orquestas, instrumentaba las partituras y dirigía la agrupación. Su orquesta ofrecía bailes en la Benemérita Sociedad Popular Santa Cecilia alrededor del año 1886. Allí amenizó un concierto en honor al padre Olallo totalmente gratis en 1898. 

Como mambí fue hecho prisionero y condenado a muerte por los españoles, pidió como última voluntad interpretar algunas piezas en su clarinete y un comandante español lo invitó a formar parte de una banda que estaba integrando bajo el nombre de Isabel la Católica e inteligentemente aceptó, perdonándosele la vida. Tres meses después volvió a la manigua hasta lograda la independencia y falleció con el grado de capitán del Ejército Libertador. 

Pacheco Arias abordó, además, la música sinfónica y contribuyó con la creación de orquestas de este tipo. Tal es el caso de la orquesta de Gabriel de la Torre Álvarez, creada en 1890 con su ayuda. Ya que puso a todos sus músicos a disposición de Gabriel de la Torre Álvarez y él mismo se propuso aprender a tocar el oboe para incorporarse al ensemble. La primera presentación en público de esta agrupación se efectuó en la Benemérita Sociedad Popular Santa Cecilia. Se conocen otras en el Casino Campestre y una en el Teatro Principal acompañando una escena de la ópera Il trovadore de G. Verdi, junto al coro catalán de Félix Rafols.


Otras de las composiciones de Pacheco Arias son los valses El campamento y Tropical, dedicado al general Loynaz del Castillo y la diana La aurora. Compuso también obras religiosas como la escrita el 2 de noviembre de 1878 para la vigilia y la misa del día de la conmemoración de los Santos Difuntos en la Parroquial Mayor, por la que se le pagó 14 pesos.

Los valses de Pacheco Arias, aunque mantienen la rítmica base del género europeo, se diferencian de aquel por el significado de los títulos y las personas a las que se dedican, junto a otros elementos que aporta el compositor. Por ejemplo, la criollización del vals llamado en muchos países latinoamericanos como vals tropical y en el caso de El Campamento la incorporación del trío como parte de la coda.

La obra de Víctor Pacheco Arias tuvo continuidad en sus hijos Eduardo, Víctor y Liduvina Pacheco Zaldívar, todos vinculados de una u otra forma a la música. Eduardo, fue clarinetista como su padre y se desempeñó como solista en la Banda Municipal de Camagüey. Víctor, aunque se inclinó por el violín, se desempeñó como trombonista en la banda militar del Ejército Libertador, a la que se alistó como alférez y Liduvina destacó como compositora de zarzuelas, rara habilidad para una mujer de la República, e intérprete de mandolina. Su zarzuela El gremio de las costureras, tuvo cierto éxito en la época. Esta es una familia y una obra desconocida, que hoy damos a la luz contribuyendo a develar una página más de nuestra historia musical lugareña.




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1. Texto publicado en El Cubano Libre (2da. Edición Suplementaria, Bayamo, martes 27 de octubre de 1868, año I, núm.4) Apud. José Antonio Pérez Martínez: “El himno nacional de la República de Cuba”, Revista Calibán, nro. XXII, mayo-agosto, 2015. ISSN 2075-6046. http://www.revistacaliban.cu/articulo.php?numero=22&article_id208

2. Ramiro Guerra: Historia de la nación cubana. Tomo VII. Capítulo 2. Libro 8vo. p. 435.

3. Entre ellos, José Marín Varona, Himno Bayamés; José Molina Torres, Himno Nacional; Gaspar Agüero Barreras, El himno de Bayamo y Luis Casas Romero, Himno Nacional, además de un arreglo para banda de José Molina Torres a su propia versión para piano, esta vez para banda.

4. Emilio Agramonte Piña nació en Puerto Príncipe el 28 de noviembre de 1844 y muere en La Habana el 31 de diciembre de 1918. A los 36 años se vincula con trabajos editoriales en periódicos de la villa. Siguiendo una línea profesional sostenida por los Agramonte, estudia Derecho en España y recibe instrucción musical en Italia y Francia con Delle Sedie y Delsonte, a su regreso a Puerto Príncipe, asume la dirección artística de la sección de música de la Sociedad Filarmónica, donde se realizaban ya los preparativos para la guerra; acciones que lo inducen a partir hacia el exilio en New York en 1873. En esta ciudad conoce a José Martí, el que dedica al camagüeyano varios artículos en el periódico Patria y donde expresa justificados elogios hacia Emilio; no solo por sus cualidades revolucionarias y patrióticas, sino también por sus conocimientos de la pedagogía del canto y la interpretación lírica.

5. Del original consignado en el texto mencionado, hemos seleccionado algunas estrofas para no hacer la cita tan extensa.

6. Cfr. Enrique Loynaz del Castillo: “El himno invasor” en, Memorias de la guerra. Pp. 220-223.

7. Se llama versiones a cambios en la melodía, letra, título u otros elementos compositivos.

8. Esta canción fue compuesta el 4 de julio de 1851 en San Francisco de Jucaral donde Agüero designó su Estado Mayor y donde el mismo día que reza la partitura citada, escribió un documento que ha sido conocido como el juramento de Joaquín de Agüero y donde expone sus criterios sobre la esclavitud. Cfr. Elda Cento: El camino de la independencia…P. 92-93. 

9. Cfr. Abelardo Chapellí Marín: “La gloriosa vuelta de los libertadores” en, Marcos Tamames: Calles y callejones de Camagüey. Entre la leyenda y la historia (frag.) en, Gaspar, El Lugareño http://ellugareño.com/2020/02/calles-y-callejones-de-camaguey-calle_27.htlm?m=1 publicado el 27 de febrero de 2020. Agradezco al amigo Joaquín Estrada por el dato.





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Bibliografía

ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Luis (comp).: “La cultura en Puerto Príncipe”. Camagüey, Centro de Estudios Nicolás Guillén, 2000.

Arzobispado de Camagüey, Fuentes históricas documentales, Convento de La Merced. 

Biblioteca Nacional José Martí, Sala Cubana: «Crónica», «Que hay de zarzuelas», Revista Camagüeyana, Segunda Época, Año I, 1: 8. Puerto Príncipe, 1886.

GIRO ALMENARES, Radamés: Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, t. III, Ed. Letras cubanas, La Habana, 2007.

FERNÁNDEZ DÍAZ, Verónica: “La intertextualidad en el estilo de la música principeña del siglo XIX” en, Revista Clave No3, año 15, 2013. Segunda época. 

FERNÁNDEZ DÍAZ, Verónica: Diccionario de música camagüeyana. Siglo XIX. Camagüey, Ediciones El Lugareño, 2016.

MARTÍN CALERO, José y Leopoldo Valdés Quesada, (ed.): Cuba Musical, Molina y Cía. Impresores y Papeleros, La Habana, 1929. 

MÉNDEZ MARTÍNEZ, Roberto.: «Puerto Príncipe, entre la ópera y el piano», Antenas, Tercera Época, 11: 3-12, Camagüey, enero-abril, 2004.

PUIG FUENTES, Jorge E.: Panorámica de nuestros músicos del siglo XIX, Academia de Ciencias de Cuba, La Habana, 1975.

TORRE ÁLVAREZ, Gabriel de la: Mi vida profesional revisada a los 80 años. Imprenta Cuba Intelectual, La Habana, 1944.



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Ver Verónica E. Fernández Díaz en el blog


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Verónica E. Fernández Díaz. Nació en Camagüey, el 28 de enero de 1972. Doctora en Ciencias sobre Arte, Profesora Titular e investigadora Auxiliar de la Universidad de las Artes y el Centro de Estudios Nicolás Guillén. Premio Anual de Investigación Cultural 2007 con “Diccionario de la música camagüeyana. Siglo XIX” y 2015 con “Música e identidad cultural. Puerto Príncipe 1800-1868. Premio CUBADISCO 2014 en Producción de Investigación Musical con el CD Páginas de vida. Música camagüeyana del siglo XIX. 3er Premio de Musicología Argeliers León de la Uneac 2017 con el estudio de la obra de José Marín Varona.

Ha publicado entre otros: el libro Diccionario de Música camagüeyana. Siglo XIX, y varios artículos en Cuadernos de Historia Principeña de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, el Anuario de la Universidad de las Artes y la revista Antenas de su ciudad natal. También tiene trabajos publicados en la revista Videncia de Ciego de Ávila, Sic de Santiago de Cuba y Clave de Ciudad de La Habana, así como artículos en varios libros. Otros trabajos suyos se han publicados en Lisboa, Portugal; Baeza, España y Santiago de los Caballeros, República Dominicana.

Thursday, March 25, 2021

El profesor Hebert Pérez (por Rafael Duharte Jiménez)


El profesor Hebert Pérez


Ayer, 10 de marzo de 2021, fui a saludar al profesor Heber Pérez por su 80 cumpleaños y lo encontré en el techo de su casa, cortando una enredadera, cuando me vio bajó enseguida, descolgándose por la reja de una ventana; yo, asombrado, le dije: ¡profesor sólo le falta la capa de Superman! , a lo que él sonriendo, respondió: !es el mejor elogio que se le puede hacer a un hombre de mi edad!

Fui su alumno en la Escuela de Historia de la Universidad de Oriente a comienzos de la década del setenta, donde me impartió la asignatura Historia de los Estados Unidos, recuerdo clases caracterizadas por la profundidad de sus análisis. También en aquellos años duros nos dio lecciones de ética y dignidad, cuando enfrentó con hidalguía, el extremismo ideológico que por esa época estremecía al mundo académico.

A comienzos de los años ochenta, Joel James, Radames de los Reyes y yo, que habíamos sido sus alumnos, lo invitamos a acompañarnos en la recién fundada Casa del Caribe, donde con el tiempo se convirtió en una suerte de mentor intelectual.

En el primer lustro de la década del noventa, le pedí que me ayudara en el ejecutivo provincial de la Unión de Historiadores de Cuba, junto a Olga Portuondo y Alcibíades Poveda.

Con el paso del tiempo Hebert se convirtió en una leyenda que ha rebasado las fronteras de la Universidad de Oriente y la ciudad de Santiago de Cuba, por lo que a nadie le sorprendió su reciente ingreso a la Academia de la Historia y el otorgamiento del Premio Nacional de Historia.



Rafael Duharte Jiménez ,11 de marzo de 2021




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El profesor de la asignatura Dignidad.
Un pequeño homenaje 
a un viejo y querido profesor.



El lustro en que fui estudiante de la carrera de historia en la Universidad de Oriente fue particularmente complejo para el país. La Gran Ofensiva Revolucionaria del 68, había hecho cenizas el mundo de los timbiriches y pequeños comercios privados, al punto que en una noche de carnaval podía morirse literalmente de inanición en la calle, al ritmo de la conga…

Pero de pronto apareció en el horizonte una luz de esperanza: La zafra de los 10 Millones. Sobre la misma escribiría muchos años después el profesor de la Escuela de Letras: Rodrigues Rivera (para nosotros 7 curvas): “…la zafra loca, la gigante, la hipertrofiada, la de los 10 millones y el proyecto de independencia se nos fue para casa del carajo. Había que entrar al mundo de los bolos…”

Cuando efectivamente entramos al mundo de los bolos los problemas materiales se fueron lentamente aliviando, pero aparecieron otros nuevos, los ideológicos. En aquel contexto la Escuela de Historia se convirtió en una suerte de campo minado, en el cual reinaba el profesor de Historia de América (Igolfo el Exterminador, para nosotros); era un hombre de entendimiento grueso que veía sombras por todas partes.

Pronto los profesores más brillantes de la escuela estuvieron bajo fuego, lo cual incluían no viajar al extranjero y que no les vendieran un Moscovich. Entre sus víctimas estaba el profesor H. P., quien tenia desde su punto de vista, todos los atributos de un sospechoso: Aunque H. P. era hijo de una familia campesina de Holguín, tenia un nombre raro, se llamaba Hebert, había estudiado en la Universidad norteamericana de Duke, estuvo casado con una estadounidense, impartía la asignatura Historia de los EE. UU. , tenía un motor y para colmo algunas mujeres decían que parecía un galán de Hollywood. Probablemente este hombre encabezara la lista negra de Igolfo.

Aquel profesor se convirtió sin embargo en una leyenda y ganó la admiración y el respeto de sus estudiantes, claro excepto de algunos que Igolfo probablemente usara para espiarlo en sus clases, lo cual dio lugar a varios escándalos. Uno de estos, recordado aún por mis colegas de aquellos tiempos, ocurrió cuando el profesor impartía una clase de Historia Moderna y dijo que la burguesía había desempeñado un papel progresista en el enfrentamiento al régimen feudal; lo cual

provocó que un estudiante se pusiera de pie y lo interrumpiera, diciendo en tono desafiante que la burguesía nunca había sido revolucionaria, allí termino la clase; el profesor no dijo una palabra más y con un gesto de cansancio salió del aula. A la semana siguiente, el profesor comenzó la clase abriendo el Manifiesto Comunista y leyendo textual lo que Marx allí dice sobre el papel de la burguesía; el estudiante provocador sorprendido quedó en ridículo, pues evidencio que ni siquiera se había leído el Manifiesto.

En otra ocasión el profesor sorprendió in fraganti a un alumno con un chivo, lo saco del aula y le anuló el examen; pero aquello de pronto se convirtió en un problema político, pues el alumno que era militante, en vez de sentirse abochornado, intrigó aludiendo a una supuesta intención política en su sanción; el profesor se defendió con su habitual hidalguía y deshizo el entuerto.

Paso el tiempo y una cotorra sobre el mar Caribe, el profesor H. P. hizo su doctorado, publicó libros y recibió el Premio Nacional de Historia.

Hoy el profesor Hebert Pérez cumple 80 años y la Universidad de Oriente lo tiene como un icono de su claustro, para algunos de sus alumnos no sólo nos enseñó Historia Moderna y de los Estados Unidos, sino que también nos dio valiosas lecciones de dignidad… 



Rafael Duharte Jiménez, 11 de marzo de 2021.

Foto: Juan Manuel Reyes, Rafael Duharte y Hebert Pérez. Centro Pratt Puig, antiguo Colegio San Basilio Magno. 





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Rafael Duharte Jiménez (Santiago de Cuba, 1947). Profesor, Historiador Ensayista y Guionista de radio y televisión. Ha publicado 12 libros, numerosos artículos y ensayos en revistas en Cuba y el extranjero y una Historia Audiovisual de Santiago de Cuba que consta de 355 audiovisuales de 12 minutos cada uno; conferencista en 28 universidades y centros de investigación en El Caribe, América Latina, Europa y Los Estados Unidos. Es miembro de la UNIHC y la UNEAC. Actualmente labora como especialista de la Oficina de la Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Primavera (Fragmento de "Las Estaciones", un poema de Fed. Henríquez Carvajal. Revista Social. Habana, Agosto 1923)


A veces lo que se cree es de ahora, es de siempre, como el ir contra el piropo.

"En Madrid se está llevando a cabo una dura campaña contra el piropo callejero, el requiebro soez, insolente, que bien en voz baja, como la caricia de una serpiente es jactancioso y exhibicionisla, acoge a la mujer que pasa por la calle. Diariamente se verifican múltiples detenciones, es la misma mujer la que más coadyuva, señalando a los delincuentes verbales que así, cobardemente la ultrajan. Hace años se realizó también en Cuba esa campaña, y en varias ocasiones tornó. Pero como todas las cosas de estos países del Trópico 'mucha diligencia al principio--, se fué atenuando hasta desaparecer otra vez. Y ya no hay policías que persigan el piropo insultante". (Leer texto completo en la siguiente página de Bohemia. Agosto 18, 1929)

Wednesday, March 24, 2021

Siete poemas contestatarios de Rodrigo de la Luz




DIARIO DEL CIRCO


Es una noche fría.
Alguien mató esta noche
la paloma de un mago.
La asfixió con un pañuelo,
la ocultó entre baúles
y luego se marchó.

En la mañana
amanecieron horrorizados;
conejos, loros, leones.

¡Otro crimen impune!
Otra señal de fuerza.

-Ya hace una semana
se había negado a comer.
Dijo la cobra.





EL SILENCIO


El silencio es un ruido embotellado,
es un menudo roto de alcancia,
es un eco torcido de utopías,
un perpetuo callarse inanimado.

El silencio es un grito fracasado,
una palabra dulce y clandestina,
un transparente libro de oficina,
un pensamiento en un rincón tirado.

El silencio es un gato en el tejado,
un lagrimear de obuses y fusiles,
una argamasa para los barriles,
el buitre y la Pantera enamorados.

El silencio es un tétrico pescado,
un anzuelo inmortal para la muerte.
El silencio es un pobre continente,
sumido,sumergido y olvidado.



MASACRE

Remolcador 13 de Marzo



¿Qué nos quedó?
Que no fuera el enjambre sobre el mar,
la voz del muerto aún irreconocible;
un ancla que se divisa en lo profundo.


¿Qué nos quedó?
Que no fueran aquellas manos en la aurora,
aquel trocito de sol en el muro,
estos ovillos, este farol que el polvo ha saturado.

¿Qué nos quedó?
Que no fuera esa pausa, ese susto,
esas alas salvajes que no saben volar;
el torniquete en cruz, que más que enumerarnos
nos dejaba una huella como un código.

¡Ahora preguntan por aquel entusiasmo!
¿Acaso no se enteraron de esa plaza infernal,
de este designio torpe, de esta gabarra cargada de cadáveres?
¿Acaso no se enteraron 
de aquel silencio que nos fue inundando
hasta callarnos también la mirada?

¿Acaso, nadie les dijo?
¿No les contaron que el peligro se asustó,
que la memoria se convertía a chorros en olvido,
que el asno fue ascendido hasta llegar a policía?

¡Tal parece que no oyeron las noticias!

¿Qué nos quedó?
Que no fuera el asombro, la soberbia,
el agua en los pulmones y la irá.

Y un puñado de ojos
que duermen desvelados
en el fondo del mar.



CADETE


Este muchacho se acerca sospechoso,
(Felicísimo)
ahora que se mueren las ballenas.

Transcurre entusiasmado,
se asoma a los jardines optimista.

Su atrevimiento es tal, que me impresiona.
Abarca mucho con sus brazos frágiles.

Quiere acercarse al final con heroísmo,
quiere parar las bombas con aplausos;
seguir riendo ante el puñal obtuso.

Su cuello almidonado, sus zapatos pulidos,
su mano esterilizada, lo delatan.

Este muchacho está infiltrado entre nosotros,
pero no es parte de nosotros...

No le duelen nuestras carencias,
no se le nubla el cielo entre las ráfagas,
no se alza compungido en las colinas,
la carabina se le cae muy a menudo.

Trae una joven campana entre las manos
y la alborota al primer encuentro
con su prójimo.

Es tan puntual, tan modesto;
que ma parece cínico.

La más dudosa estrella vive fija en su órbita,
el canto más explícito se percibe en su voz.

Este muchacho contradice al aguafiestas.
Al enemigo lo recibe con efusivos estrechones.

Tendremos que expulsarlo de la tropa.
Tendremos que encontrar tercas razones.
Tendremos que salvarlo de la ira.



NOTICIAS DE ALLÁ



Allá jugaba el trueno con la aurora,
un oso mordisquea la hojarasca,
y hay un número que ha sido enumerado.

Allá hay también un fruto comestible
que no ha sido prohibido por los dioses.

Hay un mendigo que recorre los suburbios;
que se para en el trono de la muerte,
y que dice: "Los amo".

Hay, como en otros lugares;
la palabra lírica y anhelante,
que ronda como un gato en el jardín.

Hay polvo cíclico,
y una tremenda empolladura de soldado.

Hay la muchacha, con el pelo soleado
de ir al río;
insubordinada y suspicaz.

Hay la osadía y el atrevimiento de vivir aún,
que son la misma cosa en conclusión.

Hay la noticia que estalla como un vértigo
pero a las dos semanas se ha olvidado.

Hay el triunfo fatídico de un perro
que ha batallado toda la noche por un pan.

¡Hay la melancolía visceral!

Hay el indómito espíritu,
que más que patear, bufea y relincha.

Allá,hay la ingenua tempestad llameante,
y el corazón llameante,
y la plebe llameante,
y el dinerito de la cortedad.

¡Allá, hay la furia guardada en los bolsillos!

Hay la estridencia estricta de una voz.
(Una sola voz).

Allá se ha puesto de moda la esperanza,
y la alegría es un huevo oscuro sin polluelo,
que no se sabe por fin de qué ave es.

Hay, - no siempre -, unas voces
que reclaman justicia,
y otras voces escasas que nos dicen: "Silencio,
dejen dormir en paz, no sigan por favor."

Allá, también hay un pequeño y viejo lago,
adonde viene un cisne algunas veces,
a ver si juega el trueno con la aurora.



CIUDAD CERCADA

A José A Felipe



Sitio lleno de hormigas;
cucarachas,arañas y ratones,
que dormían la siesta en las ventanas.

Pueblo de corazones exprimidos.
Pueblo herido.

Pueblo de seres,
que le han quitado su alma de alambique,
su alma de alma mía,
si alma de alma máter,
su alma de almanaque.

Sitio de estrella multisecular,
de primavera destemporalizada.
Sitio entre tantos, región, lugar que aún amo.

En aras del amor llego hasta ti;
-rincón de anhelos, calcáreo y arenoso-,
adonde un rey, ya demasiado viejo
se yergue sobre un trono putrefacto.

Adonde un hombre incoloro e insípido,
e insensible;
le da clases de honor
a una chica aprendiz de cortesana.

...Vierte tu rauda lágrima en mi copa,
que apenas se desborda de tristeza.

Tu vital transparencia,
tus pregones ausentes,
tu beso de mujeres pueblerinas
toca una parte de mí que no distingo.

Que alguien mitigue un beso renovado.
Que alguien traiga de vuelta tus pregones.
Que alguien le de color a tanta vida.

Refulgente una ráfaga el cielo,
pregunta por relojes impuntuales.

Una campana dobla entrecortada,
y hay un alambre que te transita
como un mapa.

Sitio de todos ellos.
Sitio mío.
No perdones -si quieres- mi tardanza,
pero si grito,ten piedad de mí.

Ciudad, llego hasta ti.
Brinco la cerca.
Muero mordiendo una palabra ajena.




A QUIEN MEREZCA ESTE CANTO



No hay nadie que presida 
esta barca, este muelle,
este paisaje huérfano de aves.

Los soleados contornos
de esta ciudad en forma de Caimán
son resecos e inhóspitos.

A cada paso te encuentras con grimorios,
donde las madres dejaron testimonios
de aquellos hijos que prometían ser pródigos.

Harpas tan silenciosas que parecen estatuas,
se exhiben en los salones y quincallas.

Un florilegio de espanto
se lee en algunos parques
y en solares pequeños, repletos de pasquines.

Nadie ha podido saber,
por qué el aburrimiento es un aliado;
un siervo que trabaja sin destajo.

Si el mar pudiera devorarlo todo,
lo hubiera devorado hace unos años
cuando inundó las calles tan resecas,
con la sal y la sangre de sus propios ahogados.

(24 de marzo de 1956) Día de Batista en Daytona Beach

Cuban President Fulgencio Batista and his wife Marta
 wave to crowd along street during parade
 in Daytona Beach, Fla., March 24, 1956, starting ceremonies for
 "Batista Day" honoring the Cuban president.
 Beside Mrs. Batista is Mayor Frank Morrison. (AP Photo/Jim Kerlin)
------------------------------------------------------------------------------U.S. military vehicles are shown on parade in Daytona Beach, Fla.
during the "Batista Day" parade in honor of Cuban strongman
Fulgencio Batista, March 24, 1956. (AP Photo/Jim Kerlin)
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Crowds line streets to watch the Batista Day parade honoring Cuba's President
Fulgencio Batista in Daytona Beach, Fla., March 24, 1956. (AP Photo/Jim Kerlin)
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Crowds line streets to watch the Batista Day parade honoring Cuba's President
Fulgencio Batista in Daytona Beach, Fla., March 24, 1956. (AP Photo/Jim Kerlin)
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(Nota del blog: Los pie de fotos de AP los copio textuales como fueron publicados en ese momento por la agencia de noticias)

“Operation Pedro Pan: The Cuban Children’s Exodus 60 Anniversary", en el Museo Americano de la Diáspora Cubana (por Jesús Rosado)




Mi amigo Joaquín Estrada-Montalván, quien desde hace años nos regala ese enjundioso blog que es el Gaspar, El Lugareño, me pide gentilmente que le escriba algo sobre la Operación Pedro Pan, seguramente enterado que de algún modo he participado en el proyecto que desde el miércoles 24 de marzo se comienza a exhibir en el Museo Americano de la Diáspora Cubana.

Abundante ha sido la información que ha ido saliendo en los medios, pues la curadora principal de la exposición, Carmen Valdivia, directora ejecutiva del Museo, se ha enfrascado en una intensa campaña de promoción que cubre entrevistas, reseñas y comentarios en recursos puntuales de difusión en prensa plana, digital y canales televisivos no solo de Miami sino de extramuros.

De manera que no voy a repetir información historiográfica. Los que hayan estado al tanto de ese material o los que a partir de ahora hagan la búsqueda quedarán exhaustivamente ilustrados en qué consistió ese polémico episodio que implicó la más trágica decisión emocional en las últimas seis décadas de la historia cubana.

Voy limitarme a mi enfoque museológico y mi experiencia como colaborador.

Carmen Valdivia, fue unos de los más de 14,000 niños cubanos no acompañados que viajaron con la anuencia de los padres a los Estados Unidos entre 1960 y 1962. Carmen es la presidenta del Comité Histórico de la organización Pedro Pan. Entenderla, establecer una empatía con su vivencia, con su percepción del evento fue crucial para ofrecerle un aporte.

Recuerdo que a finales de los setenta cuando ya estaba enfrascado en la Universidad en la carrera como historiador le comentaba a un querido y talentoso amigo de mi padre, Felo Domínguez, que no había logrado mi propósito de hacer la carrera de Psicología porque me exigían ser militante de la UJC. Se lo expresé con pesadumbre con el tono del joven frustrado. Y Felo me devolvió con optimismo la respuesta: “pues ahora, como historiador, serás psicólogo y sociólogo, tu alternativa es más complicada. Lúcete.”

El desafío de asumir los criterios de Valdivia, una arquitecta de profesión, mujer enérgica, independiente, dueña plena de su historia personal y colectiva representaba un desafío.

Carmen Valdivia había encabezado una exposición con la misma temática en el History Museum of Miami en el 2015. Era el precedente museográfico más inmediato para emprender un revival del suceso.

El problema para mí estribaba en que la exhibición se había sometido a un diseño casi absoluto de cámara oscura. El concepto me parecía demasiado funerario para un episodio histórico donde se cifraban tantas esperanzas. No me parecía que los Padre Pan entregaban sus hijos a un negro horizonte. A los peores augurios.

La Operación Pedro Pan era una ofrenda a la esperanza, a la apertura de vida. Y eso fue lo que comuniqué a Carmen. Había que iluminar el concepto museográfico. Inundar de claridad el diseño. Ilustrar la salida hacia la luz de aquellas miles de criaturas. Y Carmen, aceptó sabiamente aceptó la recomendación, lo incorporó y se realzó como dueña del proyecto.

Le ofrecí fallidamente un diseñador de exposición que no se pudo aceptar por cuestiones ajenas a su talento. Y entonces, le recluté (Dios quería que fuese mujer) a la reconocida artista Consuelo Castañeda a cuyo esfuerzo le agradecemos la nueva dinámica de contenidos bajo la supervisión cuidadosa de la curadora.

Le traje al relevante pintor Ismael Gómez Peralta como experimentado preparador y a William Ríos (hermano de nuestro apreciado Alejandro) como carpintero y solucionador de problemas estructurales.

Por último, comprometí a Germain Herrera como cerebro IT de las proyecciones de videos, loops y audio en salas.

Carmen replanteó y corrigió la visión preliminar de la exposición. Y lo que disfruten hoy los visitantes es el resultado final del revisionismo de su curadora. Ardua ha sido su atención a cada detalle: corrección de textos, edición de videos y fotos, despliegue de elementos de apoyo, disposición de exponentes…Esta es la ofrenda que ha hecho a su propia biografía temprana y a sus compañeros en la angustiante historia. Su secuencia ilustra impecablemente la llegada legal de aquellos dreamers pioneros que enrumbaron aspiraciones en un futuro insertado plenamente en la nación americana.

La Operación Pedro Pan, no sé por qué se me ocurre llamarle (Madre o Padre Pan), es el lance más sensible quizás de los albores post revolucionarios. No pocos lo atribuyeron entonces a una maniobra organizada por la CIA en contubernio con la iglesia católica. Así lo argumenta la propaganda oficialista. Pero lo que no mencionan los voceros castristas es que, en 1960, ya centenares de padres eran sacudidos por expropiaciones y restricciones del régimen. Y que otros miles de padres se debatían amedrentados por los perturbadores ejemplos totalitarios de la Unión Soviética, sus satélites y China, países plagados de encarcelamientos y crímenes despiadados, a los que se acercaba de manera amenazante los pasos del proceso predictatorial en Cuba.

La ley de reforma integral de educación emitida por Castro en el año 60 reformaba ideológicamente la enseñanza convirtiendo a los centros educativos en sedes de adoctrinamiento. Las escuelas privadas y católicas eran relegadas y se incorporaban a los programas de estudios metodologías adquiridas de los sistemas marxistas-leninistas. 

¿Dónde residía entonces el centro de operaciones de la CIA? ¿En los mandos de la KGB soviética? ¿En la sede de la Stasi alemana?¿En el MPS chino?¿O en los predios del G2 cubano? Estos eran los dueños del terror y la coacción en la Cuba de los sesenta. Su vocación de verdugos y de inspiradores del pánico generaron la más aventurera y tiste historia de desprendimiento entre padres e hijos en un país de Latinoamérica.

Los Pedro Pan (y no cómo se les denomina erróneamente Peter Pan) se insertaron no solamente en el sistema de enseñanza americano, sino que se incorporaron al modelo institucional de la nación. Rellenaron de nombres ilustres la historia de la emigración cubana en el panorama estadounidense. Políticos, alcaldes, senadores, músicos, artistas, empresarios, médicos, arquitectos, periodistas, escritores, banqueros, agentes de bienes raíces…

Debe haber historias de frustraciones y la historia las ha de tener en cuenta, pero no es la mayoría.

La decisión en torno a los Pedro Pan se debate entre la paranoia y la premonición. Es complicado. Me pregunto, si estás en medio de un océano turbulento en una barcaza incendiada. Si estás tú con tus hijos y tu instinto de padre halla el futuro comprometido y sobre ti vuela un helicóptero de salvamento que solo puede rescatar a los menores. ¿Qué haces?

Esa tesis de emergencia es la que se despliega en las salas del museo.

Vuelvo a mí. Quiero acercar mi empatía a las intenciones de Carmen y del proyecto. Consciente de que soy la cara oculta del guion, solo me resta un último comentario.

En 1961, mi padre decidió que yo saliera como Pedro Pan. Tenía algo más de cuatro años. Mi madre se opuso rotundamente. No estaba convencida de los argumentos. Prevalecía esa sentimentalidad posesiva de la madre latina.

En 1996, con cuarenta años de edad, tenía en la mano un viaje profesional a México. Me senté con mi vieja y le comuniqué que no pensaba volver. Y su respuesta fue rotunda: ‘Vete, no vuelvas. Así lo quiso tu padre en algún momento hace muchos años. Así debió ser. Perdóname por el tiempo que en mi egoísmo de madre te hice perder. Te deseo lo mejor, hijo mío, Te amo”.

Y entonces me convertí tardíamente en un Pedro Pan.



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Museo Americano de la Diáspora Cubana.
(305) 529-5400
info@thecuban.org
1200 Coral Way
Miami, FL 33145

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