Monday, April 13, 2020

Leyenda (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.




Leyenda

                     Para A. M


Cierta vez, hace milenios según los
   historiadores
(o los rapsodas o los acuñadores de mitos),
salieron todos los hombres de la Tierra
—casi toda vegetación, bestias y pájaros
   entonces—
a buscar la ternura que, según ellos,
no había sido incluida en la receta por
   quien los inventó.
Naturalmente, como eran hombres sin ter-
   nura, eran
todos bárbaros, tercos, sólo colmillos y
   diatribas,
garrotes, eructos y palabras obscenas (que
   ya
en aquel tiempo se decían).
Salieron estos hombres en busca de la ter-
   nura, porque
aun sin sentirla nunca la sabían ausente,
según comprobaban cuando al mirar las
   pestañas de un niño nada comprendían,
cuando miraban, insensibles, los pétalos
   que corren
en las mejillas de una mujer enamorada.
Es decir, que estos hombres bárbaros así,
   piedras
andantes así como eran, no obstante
   intuyeron
que les faltaba un ingrediente, pues
   además,
   convenían,
no era normal que ante ellos
se abriera un lirio y no pasara nada, si
   acaso
deseos de morderlo, machacarlo, hacerlo
   jugo.
Y así estos hombres que parecían
   anatemas
—pero, aun sin ternura, indiscutiblemente
   nobles si atendemos
a la sublime divisa que los guía— partieron
   hace milenios en su busca
sin saber adónde estaba y mucho menos
   cómo era,
pero firmemente esperanzados.
Y así continuaron según los historiadores
   (o los rapsodas o
nosotros los fabricantes de mitos)
varios milenios más en pos de la ternura,
   de manera
que quienes, al fin, la encontraron, eran
   remotos descendientes
de aquellos los primeros que fueron a
   buscarla.
De eso del hallazgo también hace milenios,
   pero menos, claro.
Y estos los halladores les contaron a los
   de más acá
(a los rapsodas, los historiadores, los poe-
   tas, los locos de más acá)
que la ternura estaba sentada, hacía mi-
   lenios, en una piedra alta, visible
desde todas las esquinas de la Tierra. O
   sea que tú
estabas sentada sobre esa piedra, hacía
   milenios.


Diciembre 1980


Leggenda

                 Per A. M


Una volta, millenni fa secondo gli
   storici
(o i rapsodi o i creatori di miti),
uscirono fuori tutti gli uomini della Terra
- quasi tutta vegetazione, bestie e uccelli
   in quel tempo -
a cercare la tenerezza che, secondo loro,
non era stata compresa nella ricetta da
   chi li aveva creati.
Naturalmente, siccome erano uomini senza
   tenerezza, erano
tutti barbari, ostinati, solo zanne e
   diatribe,
bastoni, rutti e parole oscene (che
   già
in quel tempo si dicevano).
Uscirono fuori questi uomini in cerca della
   tenerezza, perché
anche senza sentirla non la credevano assente,
come si rendevano conto mente guardavano le
   palpebre d’un bambino senza capire niente,
mentre guardavano, insensibili, i petali
   che scorrono
sulle guance d’una donna innamorata.
Cioè, questi uomini così barbari,
   pietre
erranti com’erano, nonostante tutto
   intuirono
che mancavano d’un ingrediente, perché
   inoltre,
   convenivano,
non fosse normale che davanti a loro
si aprisse un iris e non accadesse niente,
   se non
il desiderio di morderlo, schiacciarlo, farne
   succo.
E così questi uomini che sembravano
   anatemi
- ma, ancora senza tenerezza, indiscutibilmente
nobili se prestiamo attenzione
alla sublime divisa che li guida - partirono
   da millenni alla sua ricerca
senza sapere dove si trovasse e ancor meno
   come fosse,
ma fermamente speranzosi.
E così continuarono secondo gli storici
   (o i rapsodi o
noi fabbricanti di miti)
diversi millenni ancora in cerca della tenerezza,
   in maniera tale
che coloro i quali, alla fine, la incontrarono, erano
   remoti discendenti
di quelli che per primi si misero a
   cercarla.
Una scoperta in ogni caso compiuta millenni fa,
   ma più recente, chiaro.
E questi scopritori raccontarono
   a tutti gli altri
(ai rapsodi, agli storici, ai poeti,
   ai matti che sono qui)
che la tenerezza era seduta, da millenni,
   in una pietra alta, visibile
da tutti gli angoli della Terra.
   Ossia che tu
eri seduta su quella pietra, da
   millenni.


Dicembre 1980

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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado, entre otros libros, siete poemarios, tres volúmenes de cuento y siete novelas.

Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.

En 2019 recibió el Premio Nacional de Literatura Independiente “Gastón Baquero”, otorgado por Neo Club Press, Vista Larga Foundation y otras instituciones culturales cubanas en el exilio.

Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.

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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960. Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros. Cuenta en su haber con un amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari. Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.

Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

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