Monday, February 10, 2020

Lalita Gómez, virtuosa a sus 65 (por José Manuel Cordero)


Adelaida Gómez Escobar (Lalita), vuelve a ser noticia al convertirse en la cuarta bailarina en el mundo -y la única con vida- en haber bailado en puntas a la edad de 65 años. Se une así a las ballerinas Margot Fonteyn (1919-1991), Alicia Alonso (1920-2019) y Maya Plisetskaya (1925-2015).


Lalita, -una de las fundadoras del Ballet de Camagüey-, segunda compañía clásica de Cuba, fundada en 1967 por Vicentina de la Torre, años mas tarde dirigida por el padre del ballet cubano, Fernando Alonso, hoy por Regina Balaguer, reside actualmente en Portugal y desde allí ha lanzado un claro mensaje al mundo.


Visiblemente emocionada ha regresado a los escenarios con una de las obras maestras del repertorio clásico La muerte del cisne. Este domingo 9 de febrero, la danza cubana volvió a escribir su nombre en letras doradas.


La miniatura coreográfica La muerte del cisne, símbolo del ballet clásico, ha sido la propuesta largamente acariciada Adelaida Gómez (Lalita) por años y que ahora ha mostrado ante un auditorio totalmente conmocionado del asombro en el Centro Cultural de Belém en Lisboa, en la cuarta y última gala de audiciones del reality show Got Talent Portugal.

Tal vez la excepcional plasticidad de ella (su cuello, pero no menos esos brazos míticos que dominaron el ballet del siglo XX; la proporción entre la cabeza, el torso y las piernas) facilitó una interpretación más plena y convincente. El sistema de líneas que la artista compone es tan complejo que se aleja del cisne en cuestión para convertirse en algo más cercano al símbolo.


Adelaida ha sido también símbolo imperecedero de obras cumbres para el Ballet de Camagüey, la compañía que la vió crecer profesionalmente. Ofelia, ballet que estrenó brillantemente bajo la autoría de José Antonio Chávez, recreaba esa agonía de aquella pobre criatura shakespereana envuelta en las intensas emociones que la perturbaron y, arrepentida y amorosa, danzó sus recuerdos, entre cuatro luces de velas que anunciaban su inminente muerte.

Sin embargo su fama como bailarina sería inmortal tras la llegada en 1971 de la obra Saerpil del desaparecido coreógrafo Gustavo Herrera. Adelaida, con un apreciable éxito no solo en aquella ocasión, sino en años sucesivos, se convirtió en ícono de la danza moderna cubana que ha hecho posible su inmortalidad, hasta el punto de que todavía en la actualidad, a pesar de sucesivos cambios de directores y elencos, la pieza se ha mantenido en repertorio de la compañía agramontina.


Amanda García, su nieta de tan sólo 11 años y quien estuvo presente en el suceso, sigue con fidelidad, el encanto de las puntas de su querida abuela, que hoy, después de seis décadas y media ha hecho posible el mito de danzar con el alma, con el corazón y desafiando las leyes de la vida.

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