Wednesday, November 27, 2019

Leopoldo Romañach y Don Bosco. Historia poco conocida de un encuentro romano (por Carlos A. Peón-Casas)



La anécdota de aquel suceso se nos pierde en la memoria, evocada por el propio pintor un poco antes de su fallecimiento cuando lo revelara a un cronista de la revista Bohemia allá por al año 1950.

El suceso en sí no pasó de ser un minuto fugaz en la vida del conocido pintor cubano que para tal época no precisada de su temprana carrera como artista plástico, hubo de vivir en Roma haciendo pininos en aquella capital del arte mundial(3).

La narración de aquel encuentro tal y como hubo de referírsela al cronista de Bohemia, ilustra al curioso lector sobre aquellos singulares pormenores:
Yo tenía mi estudio en Roma en un barrio pobrísimo. ¡Imagínense! Becado por el gobierno de Santa Clara, recibía una pensión de cuarenta pesos apenas. Eran mis días de bohemia. Escaseaba el pan, y la mayor parte de las veces, la calefacción también. ¡Ah pero tenía el calor de la juventud!
-A mis vecinos, a la portera y a no pocos niños de la pensión había oído decir: ¡Don Bosco es un santo! Los había oído, pero no los había escuchado. Por entonces, nada que no tuviera relación con el arte era digno de mi atención. Vivía esa deliciosa, esa maravillosa embriaguez del color y de la forma que, a pesar de todos los pesares, ha sido el secreto de mi felicidad personal. Una tarde, llegó a mi estudio un muchacho español de Teruel que también venía a Roma con el dudoso disfrute de una beca para estudiar pintura (…)
Traía varias cartas de presentación y recomendación. ¿Por qué no viene Ud. conmigo a entregarlas Romañach? Así paseamos y charlamos. Accedí. No tenía modelo disponible y el carbón se agotaba en la estufa. Por otra parte ¡Roma es tan linda a la hora del véspero, envuelta en lo lujos polícromos del ocaso! Salimos por el Ghetto, remontamos Chiavari y alcanzamos un callejón en el que habitaba el general de los Jesuitas. Mi colega y el de Loyola charlaron un rato sobre Teruel. Cumplida la visita bajamos por la Vía Nacional en uno de cuyos extremos estaban haciendo el ya famoso Altar de la Patria. Dando palique sobre cosas de arte, seguimos avanzando hasta que mi compañero divisó en la esquina más próxima dos sacerdotes que parecían en la espera de un carruaje. Mire Romachach -apuntó el de Teruel-  aquel cura es de mi pueblo. Vamos a saludarlo. ¡El otro sacerdote era Don Bosco! Ya el comentario popular le formaba un halo de santidad en torno del cabello que se hacía blanco. Era, por su tipo, un legítimo piamontés tostado por el resol del Po. Hombre de mediana estatura, recuerdo con precisión -¡como que lo miré con ojos de pintor empeñado en arrancar a la anatomía todos su secretos!- la roja pigmentación de su piel. Cuando hubimos cambiado unas frases de cortesía y recibido de los sacerdotes, en plena calle, la bendición, el teruelano y yo seguimos nuestro vagabundeo amable por Roma bajo el Crepúsculo(4).
Para el pintor que no volvió a ver nunca más al Don Bosco que sería santo, la impresión fue definitoria para su vida. Su relato a los periodistas que lo entrevistaron, salvaba para la posteridad aquella experiencia de juventud que en aquel minuto pareciese trivial y resultó ciertamente trascendente.


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  1. Leopoldo Romañach: Pintor cubano. Nació en Sierra Morena, cerca de Corralillo, Las Villas. Maestro de varias generaciones de pintores importantes en la Academia de San Alejandro, de la que también fu director. Ganó muchos premios en concursos nacionales e internacionales. Murió en 1951. Su obra mayor se colecciona en el Museo Nacional y en otras colecciones como la del Museo Ignacio Agramonte de Camagüey. En Pintores Cubanos Gente Nueva. La Habana. p.63
  2. Don Bosco: Juan Melchor Bosco Occhiena. Fundador de los Salesianos. 16 de agosto de 1815 Reino de Piamonte-Cerdeña- 31 de enero de 1888, Turín. Beato en 1929. Canonizado en 1934.
  3. Mirando en sus datos biográficos entendemos que el hecho estaría sucediendo en un momento primero de su juventud luego de sus primeros cursos en San Alejandro, que lo llevaron a la Escuela Libre de Roma, antes de 1888, pues esa fue la fecha de fallecimiento de Don Bosco. Por lo que barruntamos se trataba de un Romañach veinteañero, pues había nacido en 1862
  4. Yo Conocí a Don Bosco por Leandro García. Bohemia, 1950 (El volumen consultado carece de portada y su página legal falta también, no tenemos por tanto la precisión de la fecha exacta de la emisión, barruntamos por el contenido, correspondería a los meses de marzo o abril de aquel año)

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