Wednesday, March 20, 2019

La poesía hemingwayana. Coordenadas imprescindibles para una traducción (por Carlos A. Peón-Casas)

Nota del blog: Este miércoles en la sección de Carlos A. Peón-Casas, se inicia la publicación de una serie de ensayos que formarán parte de su próximo libro, el cuál estará dedicado a la obra poética de Ernest Hemingway.

Carlos A. Peón-Casas publicó, en el año 2017, El Vino MejorEnsayos sobre Ernest Hemingway. (Ver información en este enlace)


El asombro marcará para muchos su cercanía, a esta tan deseada y a la vez precaria aproximación a algunos de los poemas traducidos del autor norteamericano.

Pero tal sentimiento es perfectamente entendible, aún entre los que se califiquen como buenos conocedores de la obra del gran narrador Ernest Hemingway.

Su poesía, que indudablemente tiene un peso específico dentro de su obra, aunque aún se le desconozca, es a no dudarlo, la asignatura pendiente de ese corpus total, un fragmento ineludible de ese todo, aún mejor, un imprescindible complemento, en ese inquietante entramado que toda obra creativa lleva implícito, a veces sin que el propio creador llegara a ser del todo consciente, durante el demandante proceso de su forja.

Valorarla en su justa dimensión no es óbice para seguir las pistas del poeta que siempre habitó el alma hemingwayana, a lo que ya hemos apuntado antes cuando afirmamos que:
aunque no llegue a tener el grandeur de su prosa, (…) Hemingway sabe de esos efluvios reconfortantes que nacen al calor del sentimiento poético y los recrea, y se vale de ellos, no ya en sus textos poéticos, sino en muchos sitios de su poderosa prosa. Por ello, no dejaré de insistir que conocer al poeta que lo habitó entre pecho y espalda, ayuda a desentrañar al narrador, al cuentista impecable, incluso al corresponsal impenitente, que abre su alma en un poema, que muy bien pudiera funcionar como una muy efectiva corresponsalía. Leer su poesía, como Paris, bien vale una misa…(1)
Una experiencia de exquisita degustación de unos textos demandantes y exigentes, un proceso de incesante lecturas y relecturas, y una búsqueda a veces escabrosa entre el casi siempre agitado y proceloso mar de las equivalencias entre el Inglés original, y nuestra rica lengua.

El resultado es el fruto, a ratos agridulce, de una rigurosa, pero ineludible discriminación; estos ensayos sobre sus poemas, pudieran servir para cualquier lector asombrado, ante este Hemingway poeta, como oportuno báculo, para el viaje sugeridor a través de unos textos, que el rimador enmarca en las inevitables coordenadas de su excitante vida.

Todos se mueven en el espectro de los tiempos biográficos del autor: desde sus primeros poemas juveniles en su natal Chicago, hasta sus penúltimas creaciones, en su entrañable refugio cubano de Finca Vigía.

Remiten, con toda precisión, a un minuto específico de la vida del adolescente, del joven soldado, del periodista, del escritor en ciernes en aquel París que siempre fue un convite inenarrable, del ya establecido narrador, del novelista de pesos pesados, del corresponsal de guerra, del hombre enamorado, en suma del poeta con todas sus letras, de ese que siempre se puede afirmar con el adagio que “nace y no se hace”(2).

Todos y cada uno lo acompañaron en un minuto de su meteórica carrera, y como ya hemos apuntado antes en un ensayo precedente:
Aunque su producción poética decrecería a partir de sus años parisinos, justo con la emergencia del narrador de altos quilates que ya no dejaría de ser, aún en ese bien ganado limbo literario, no dejaría de expresarse poéticamente como un ser total (…)(3)
Si bien es cierto que como apunta su muy lucido crítico, y editor de su obra poética, Nicholas Gerogiannis: “Sería un error atribuirles mucha importancia a estos poemas en el desarrollo artístico de Ernest Hemingway”(4), no deja de ser un hecho incontestable que su primera obra conocida fue una colección donde la narrativa y la poesía compartían en igualdad de términos, referimos a sus tempranos Tres Relatos y Diez Poemas(6), que viera la luz editorial en 1923.

Y aunque suscribamos otra vez la autorizada voz de Gerogiannis, respecto a que “su poesía temprana fuera claramente el trabajo de un aprendiz”(5). Podemos entender igualmente el valor intrínseco que para el poeta-narrador tenía aquel primer libro suyo, cuando escribiera en 1951 a Charles Fenton que: “El único trabajo de mi autoría que reconozco y firmo como mi verdadera obra es lo que he publicado en Tres Historias y Diez Poemas (…) Y en otro lugar le hacía participe a Edmund Wilson de su satisfacción interior: “Estoy feliz de darlos a la luz(…)”(7)

Media docena de aquellos textos recogidos en ese libro, ya habían empero visto la luz en 1922, en una publicación norteamericana de Chicago: Poetry: A Magazine of Verse. La editora, Harriet Monroe, no tuvo objeción para que fueran añadidos al nuevo libro(8).

De este mismo período parisino, el más prolífico del autor, destaca otro poema como reveladora descripción de ambientes vitales de la propia Ciudad Luz, en aquellos roaring twenties, en atención a las funciones reporteriles que para entonces, todavía desempeñara como modo de vida, para el Toronto Star.

Montparnasse es el título de este texto complementado con una crónica(9)  alusiva al minuto en que recreara también aquellas circunstancias en forma poética, “otra interesante mezcla entre dos estilos en las mismas antípodas de la creación literaria, pero que logran fusionarse bajo el hacer inconfundible de Hemingway”(10).
No ocurren muchos suicidios entre la gente que uno conoce
No suicidios exitosos
Un niño chino se mató y está muerto
(Todavía le siguen poniendo su correo en la casilla del Dome)
Un niño noruego se mató y está muerto
(nadie sabe donde ha ido el otro niño noruego)
Encontraron una modelo muerta (…)
Cada tarde uno encuentra a la gente que conoce en el café.(11)
La voz poética del narrador fluye con alusiones, desgranando a su vez, los pormenores de aquella circunstancialidad vital sin cortapisas:
(…) a ese paisaje de la vida más anodina, en medio del concurrido barrio latino parisino en que se mueven los personajes más disímiles, los expatriados, los inmigrantes de todas las naciones que hacen lo indecible para sobrevivir, entre calles atestadas y malolientes(…)(12)
Hemingway dejará Paris, pero igual, nunca dejará de volver a la ciudad que lo marcaría como siempre para la Literatura con mayúsculas. Desde 1926, con la aparición de su novela Fiesta, se le reconocerá y se le admirará como un reconocido escritor. Su evolución posterior en el mundo de la narrativa, lo confirmará como uno de entre los más reputados creadores literarios del siglo XX.

Pero Hemingway, el poeta, no dejaría de existir, a pesar de que su elaboración poética pareciera decrecer y, hubiera períodos incluso de sequía extrema. La poesía le servirá de complemento, y a veces le funcionará como un mecanismo rememorativo, donde visualizar su existencia, siempre agitada por ese tremendo elan vital que lo lanzará impenitente a las más inopinadas aventuras humanas, y a la creación como ejercicio de inevitable y recurrente perennidad.

Un texto de tal signo es Poema, 1928. Lo firmaría en Berlín en 1929, y al recorrerlo sentimos a un narrador que nos alude al hombre, y que va denudando los espacios más autobiográficos del propio Hemingway, como quien hace un inventario de lo vivido y lo contrasta con cualquier posible futuro. Citamos algunos fragmentos del texto que ofrecemos íntegro como oportuna overtura palatal según el buen decir Lezamiano:
Dijeron se acabó (…)
Debemos estar llenos de gracia, o en camino a estarlo (…)
Pero nosotros
Que hemos matado a otros hombres
Y luchado en guerras extranjeras
Enterrado a nuestros amigos
Y a nuestros padres cuando se dispararon por razones económicas (…)
Hemos sido curados, nos hemos casado y engendrado hijos (…)
Que hemos estado en Troya
En Flandes, En Artois y en Picardy
Durante batallas allí acaecidas (…)
Que hemos vivido en otros países lo mismo que en el nuestro (…)
Tenemos algo que no nos pueden quitar (…)
Pero si perduramos y no somos destruidos
Y somos duraderos porque hemos sobrevivido (…)
Escribiremos los libros
Que ellos no leerán
Pero puede que sí sus hijos
Si acaso tienen hijos.(13)
La suma de todas las composiciones poéticas conocidas de Hemingway, ascienden a 88 en total, y permanecieron totalmente inéditas hasta el año de 1978, los criterios para darlas a la luz, las había fijado Mary Welsh, esperando al minuto a que ninguna persona aludida en aquellos estuviera viva.

Pero aún así, otros textos, controvertidos, no vieron nunca la luz, atenidos al principio antes citado, y de que obviamente no fueran a herir susceptibilidades. En una segunda edición de su poesía.

Leer pues a este Hemingway poeta, que sigue sorprendiendo a los lectores que lo descubren como tal, y que se muestra con una sugerente vitalidad a pesar del tiempo y sus desvanecidas señales, conlleva además de un acto de re-conocimiento, el inevitable placer que suele siempre acompañar a lo que es bueno y perdurable. Que sirva entonces last but not least:
como introito necesario al conocimiento más completo de su vasta obra creativa, en la que también la poesía tuvo sus coordenadas singulares dentro del corpus monumental de un autor al que la Literatura (siempre con mayúsculas), sigue reverenciando por sus dotes de inigualable signo.(14)






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  1. “Carlos Peón: “Leer su poesía, como París, bien vale una misa…” (Entrevista). Por Gladys Rodríguez Ferrero. Fuente CUBARTE 18.06.2015
  2. Poeta nascitur non fit (El poeta nace, no se hace) Frase atribuida al poeta latino Publio Annio Floro. Citado por Fletcher, Robert M.D. The Poet is he born, not made. En The American Antropologist. Washinton D.C., April., 1893
  3. "Los Poemas Cubanos de Hemingway" en El Vino Mejor. Ensayos sobre Ernest Hemingway. Carlos A. Peón Casas. Create Space Publishing Co (Amazon Company) South Caroline, U.S.A, 2017. p.106
  4. Complete Poems. Ernest Hemingway. Edited by Nicholas Gerogiannis. Univesrity of Nebraska Press, 1992. p.xxi
  5. Ibíd. p.xv
  6. Ibíd.
  7. Ibíd.
  8. Ernest Hemingway. A Life Story. Carlos Baker. Charles Scribner's Sons. NY, 1969. P.100
  9. Bohemios norteamericanos en París. Toronto Star Weekly,25 de Marzo de 1922. Ci En Un Corresponsal llamado Hemingway. Felipe Cunill (selección y edición). Arte y Literatura. La Habana 1984. p.24
  10. "Entre Textos y Contextos. La Imprescindible cercanía entre la Poesía y la Prosa Hemingwayana. Reflexiones desde una Traducción". En El Vino Mejor. Ensayos sobre Ernest Hemingway. Op. cit. p. 84
  11. Tres Relatos y Diez Poemas (1923) en
  12. Entre Textos y Contextos…Op. cit. p.85
  13. Poema, 1928 En Complete Poems..Op cit. p.
  14. "Ernest Hemingway: El poeta que todavía no conocemos". En El Vino Mejor. Ensayos sobre Ernest Hemingway. Op. cit. p. 124

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