Wednesday, April 11, 2018

Sucesos en La Filarmónica, Mayor esquina a San Diego, la antigua casa del Marqués (por Carlos A. Peón Casas)


Desde el año de 1859, la que fuera casa solariega de los Marqueses de Santa Lucía, pasaba albergar la muy notoria sociedad de recreo, La Filarmónica, primero instalada desde 1842 en la casa de Don Diego Alonso Betancourt, calle de San Juan esquina a la de San Diego, y desde 1843, en la del Sr José Bocio, en la confluencia de las calles Mayor y Angel.

Pero no fue aquel sitio solo un espacio para las bellas artes, o como bien apunta Torres Lasqueti, para hacerse presente:
lo más granado de Camagüey: donde lucían sus galas naturales sus bellas hijas, en cuya presencia esclamaron entusiasmados los señores Ariza v Araujo de Lira, acompañantes del General Concha: ¡ésta es la Circasia de Cuba!... donde todo era elegancia y buen tono; donde á la par de los bailes y representaciones teatrales, se daban clase de inglés, francés, italiano y alemán, y donde por último se cultivaban las bellas letras, celebrándose juegos florales, en que obtuvo más de un premio el entonces estudioso joven y hoy profundo pensador Enrique José de Varona. También tiene su página en la historia política de Puerto Príncipe (…)(1)
Recordamos hoy más de un suceso con aquellos tonos. Sucedió una noche a poco de su traslado a la nueva sede, la antigua casa solariega del Marques de Santa Lucia.

Era la ocasión del San Juan, y los socios de la Filarmónica lo celebraban con la misma efusión que tal suceso festivo acontecía cada junio en la ciudad principeña.

Para hacer mas propicio el ambiente festivo, los socios de aquella benemérita sociedad de recreo, se sentaban en el exterior el edificio, bajo un improvisado emparrado o enramada, cuya sombra convidante hacia mas placentera la tertulia y el convite animoso. Lasqueti lo recuerda en su inmemorial e imperecedera colección de datos principeños, tan valida como siempre oportuna, para rememorar los pormenores de nuestra memoria puerto-principeña:
pasaron unos cuantos oficiales á caballo, que pusieron á galope al aproximarse, con la aviesa intención, de enlodar a los jóvenes con el fango de un bache formado en el centro de la calle por la continuas y torrenciales lluvias propias de la estación. Lo consiguieron como lo intentaron, mas no faltó quien le lanzase la silla en que estaba sentado, invitándoles á que volviesen á pasar si se atrevían. Hicieron intención de realizarlo: llegaron hasta la cuadra inmediata, y sé detuvieron al ver la actitud amenazadora de los que los esperaban provistos de asientos y garrotes. En aquel momento se dirigió a dicho lugar una fracción de la guardia del cuartel de artillería con bayoneta calada, y hubiera habido que lamentar algunas desgracias, no llegar oportunamente el señor Salinas, Jefe dé dicha fuerza. que la hizo retirar en el acto; concurriendo también e1 brigadier Primo de Rivera., Comandante general, que reconcilió los ánimos haciendo desmontar los oficiales, que entrasen en la Sociedad, se dieran las manos como amigos, tomasen su copa de cerveza y quedasen comprometidos unos y otros a reunirse con el al siguiente día, para formar entre todos una popular cabalgata, que recorriendo las calles destinadas al paseo en esos días, demostrase al pueblo la buena inteligencia y armonía que reinaba entre todos, y cesaran el temor y sobresalto de las familias.(2)
Pero aunque el suceso parecía arreglado de manera lo mas caballeresca posible, los ánimos de unos y otros seguirían exaltados, y no sobrarían ocasiones para que menudearan otros futuros desencuentros, tal fue el caso de lo acaecido en las celebraciones sanjuaneras del año de 1868, muy poco antes que muchos de los socios de la Filarmónica, abandonaran sus salones para sumarse a la manigua insurrecta. Otra vez Lasqueti nos amplifica el suceso desde la memoria centenaria:
Es costumbre muy antigua en esta población, usar bromas más ó menos pesadas durante 1a feria del San Juan, ya por los que en ella, toman parte, ya por los espectadores con los transeúntes, contestándose recíprocamente sin ulteriores consecuencias. Una tarde del correspondiente á 1868, pasó por frente de la Sociedad, en un magnífica coche con pareja de caballos americanos, un Sargento licenciado del ejército, á quien nadie conocía bienes de fortuna, y uno de los jóvenes allí reunidos hubo decirle: «suéltalo que no es tuyo.» Amoscóse el aludido y siguiendo su camino contestó con palabras destempladas, que le fueron devueltas al pasar otra vez por al mismo lugar; mas entonces detuvo el carruaje, se bajó de él, y encarándose á todos los presentes, prorrumpió en un fárrago de insultos y denuestos que le merecieron algunas bofetadas, marchándose en seguida.(3)
El suceso no parecía que fuera a tener consecuencias mayores, pero los ánimos no estaban nada apacibles, y la atmósfera caldeada como estaba, muy pronto estallaría en tormenta de violentos matices. Lo que siguió después, lo sigue narrando nuestra inestimable fuente, el siempre enterado historiador Torres Lasqueti:
(…) continuó la fiesta sin interrupción hasta la entrada de la
 noche en que se presentaron a retar á los socios de la Sociedad todos los Sargentos de infantería Y caballería francos de servicio. Armada la pelotera, hubo silletazos, palos v trancazos sin que se obedeciera la voz del Brigadier D. Julián de Mena Comandante General, intimando á los agresores la, retirada á sus cuarteles. Pero llegó a tiempo el esforzado Comandante de infantería que con espada en mano repartiendo planazos hizo cumplir la orden del Jefe Superior de la plaza. A no ser por la oportuna intervención de aquel valiente militar, quien sabe lo, que hubiera sucedido, pues ya los paisanos habían acudido á sus casas en busca de armas.(3)
Para 1869, el local fue convertido en Hospital de Sangre de las tropas españolas, y en octubre de 1870 se localizaba allí el Casino Español, del que hay constancia en una añeja y afrentosa foto de mayo de 1873, cuando con insulto los socio de aquella, ofrecieron vituallas a los pobres de la ciudad, celebrando la muerte en combate del adalid camagüeyano, el Mayor Ignacio Agramonte.


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  1. Colección de Datos Históricos-Geográficos y Estadísticos de Puerto Príncipe y su Jurisdicción. Juan Torres Lasqueti. Imprenta “El Retiro”. Habana, 1888.
  2. Ibid. p.227
  3. Ibid.

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