Sunday, February 25, 2018

El Pájaro de Fuego (por Florencia Guglielmotti)

Nota del blog: Sección semanal dedicada al Ballet y la Danza, a cargo de la la ballerina, coreógrafa y profesora Florencia Guglielmotti .


La relación entre Occidente (Francia) y Oriente (Rusia) fue siempre una relación de poder y, muy especialmente, en términos de danza, Francia era el modelo. Los Ballet Russes fueron orientalizados según el estereotipo imaginado por un europeo medio del siglo XIX. Desde este punto de vista entra en crisis la idea de que esta primera etapa de los Ballet Russes tuviera algo que ver con la búsqueda de un estilo específicamente “ruso” derivado de sus propias raíces culturales y mucho menos pensar en la expresión de un “alma rusa”. ¿Podemos acaso decir que solo el recurrir a fuentes literarias y religiosas era un acercamiento a lo que era considerado expresión de “lo propio” ruso? De todos modos, los temas localizados en ámbitos extravagantes, el exceso de escenografías y vestuarios, los temas musicales emparentados con temas populares rusos, desequilibraron las viejas formas de las composiciones escénicas fundadas en un romanticismo ya exánime. “El salvaje del Este era considerado una fuerza de renovación espiritual para las cansadas culturas burguesas de Occidente”. (Figes, 2006:340). El exotismo fue también una forma de escapismo, podía conducir a cualquier lugar, no importaba cuál fuera su ubicación ni la forma concreta de ese mundo distante, sino su posibilidad de contradecir la vulgaridad y medianía del mundo propio. Para ello era necesario que fuera un lugar remoto, fuera del espacio conocido y fuera del tiempo, puesto que la distancia contribuía a hacer más improbable la decepción.


Para los Ballet Russes, su orientalismo pudo haber funcionado como el tamiz necesario para ser aceptado en la ciudad luz. Dentro de los ballets “orientalistas”, “L'Oiseau de feu” (El pájaro de fuego - 1910) fue “el primer ballet ruso”, según Diaguilev, con coreografía de Michel Fokine, formado en la Escuela de Teatro de San Petersburgo. Para Diaghilev, era la metáfora perfecta del arte mismo.
El Pájaro de fuego  era el pájaro libre de la inspiración, tal como la concebía el círculo de El mundo del arte. En el libreto se recreaban cuatro cuentos tradicionales basados en historias folklóricas rusas. En él se conjugan la dicotomía esencial del bien y el mal, en dos mundos unidos por lo mágico y lo sorprendente, incluidos dentro de una historia amorosa. Obviamente, la complejidad del argumento ubicaba los recursos coreográficos en una forzada mimesis, con una caracterización de personajes y situaciones narrativas imposibles de descifrar sin un previo conocimiento del guión. Esta obra, aunque tradicional en su estructura, incluía movimientos novedosos para la danza aceptada hasta ese momento. En el cuento abundaban una “variada colección de monstruos folclóricos rusos” (Fokin, 1981:218).
Estos habitantes de un “reino malvado” se movían con gestos grotescos, angulares, feos e incluso cómicos, se arrastraban, anudaban sus brazos y hacían “todo aquello que veinte años después apareció bajo la etiqueta de la danza moderna” (Fokin, 1981:219-220).



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Florencia Guglielmotti reside en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Es Profesora de Danza (titulada en la Escuela Nacional de Danzas "María Ruanova"), Licenciada y Profesora de Artes (recibida en la Universidad de Buenos Aires). Cursó estudios en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. Es Miembro de International Dance Council CID (UNESCO).
 
Actualmente se desempeña como Profesora de Danza Clásica y como Profesora Titular de Historia de la Danza en la Escuela Superior de Enseñanza Artística "Aída V. Mastrazzi". florenciagu@gmail.com

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