Wednesday, January 31, 2018

Museos de cera en Puerto Príncipe. La increíble novedad de 1820 (por Carlos. A. Peón Casas)


Fue en aquel año de 1820, a casi dos siglos de distancia, que dos expositores del interesante rubro de las figuras de cera trajeron sus colecciones a la incipiente ciudad, reconocida desde 1817 por su Majestad Don Fernando VII, luego de habilitado de todos sus cargos y prerrogativas al frente de su clausurado reinado, posteriori al regreso desde su forzado exilio en Bayona.

El primero de aquellos intentos de museos con figuras de cera, acaecía en agosto de aquel 1820. El por entonces gobierno local de la muy fiel y muy leal recién estrenada ciudad de Puerto Príncipe, autorizaba por el consiguiente Auto, al establecimiento de un local al uso en la entonces calle de la Candelaria (Independencia) esquina a San Francisco (hoy Luaces). Del hecho deja la consabida constancia histórica el historiador local Torres Lasqueti
Se concedió licencia el 16 de Agosto á D. Juan Delmonte, natural de Santo Domingo, para exhibir un museo de figuras de cera, al precio de 2 reales la entrada. Fue el primero de su género que se conoce en esta ciudad, habiéndolo situado en la calle de Candelaria esquina á la de San Francisco casa de D. Waldo Arteaga(1).
El incipiente negocio constituía sin dudas una sonada novedad para la adormilada ciudad, que veía llegar tan novedosa manifestación artística tan poco usual y conocida en las mediterráneas llanuras de la extensa comarca del Camagüey. El sitio de exposición, coincidía en su localización con lo que seria luego conocida casa comercial entendida en el expendio de abarrotes y ultramarinos.

Llama poderosamente la atención el precio de la entrada, valuada en dos reales de plata de la época, o lo que es lo mismo la octava parte de un escudo de oro, no poca plata para tal minuto en que discurría el hecho, y señal de que los principeños, o al menos los mas acomodados como es natural, se podían dar el lujo de abonar la susodicha cantidad, correspondiente a la pequeña moneda de plata, que igualmente tenia las denominaciones de cuatro reales, o la famosa pieza de ocho reales o real de a 8, que fueron emitidas lo mismo en la metrópoli que en las colonias durante los siglos del XVI al XVIII 

Poco después otro emprendedor hombre de negocios del mismo giro que el anterior, pedía al Cabildo las necesarias licencias para promover la exhibición de sus muy particulares figuras de cera. A falta de una, ya obraban dos exposiciones de tan reputada técnica entre los principeños. Los detalles de aquella nueva exhibición se recogen entre los mas connotados sucesos de aquel año del Señor de 1820, en la enjundiosa Colección de Datos Históricos del ya citado historiador local.
El 31 de Octubre e1 italiano D. Domingo Grisanti, exhibió en la casa de alto de D. Graciano Betancourt, situada en la plazuela de Paula, el 2o museo de figuras de cera traído a aesta ciudad. Era según la tradición, un espectáculo sorprendente no solo por la naturalidad de las figuras y la riqueza de sus vestidos, sino porque allí se encontraban representados con notable propiedad los personajes históricos más renombrados en aquella época, como Napoleón 1°, el Estado Mayor de su grande ejército, algunos Soberanos de Europa, Rafael del Riego y otros hombres políticos de gran talla, todos presentados con lujoso aparato(2).
Sin dudas, aquella segunda y bien reputada muestra, le subía la parada a la primera, y en definitiva, encontraba acomodo muy cerca del lugar de aquella, mediando entre ambas no mas que un par de cuadras.

La ciudad podía considerarse bien provista, en cuanto a poseer en tan corto espacio y tiempo, de aquellas dos particulares muestras del difícil arte de las esculturas de cera. Al parecer para ambas habría siempre un público ávido de visitarlas, y sumarse a la no poca clientela interesada en aquella manifestación del arte en aquel Puerto Príncipe recién estrenado como urbe al interior de la Isla.

No sabemos a ciencia cierta la duración de aquellos dos incipientes muestras, en aquellos casi improvisados museos de cera, quizás, pálidas manifestaciones de un arte ya reputado para entonces en Europa y Norteamérica, pero para entonces una singularísima novedad cultural, hasta donde sepamos no repetida en minuto posterior, en aquella nuestra naciente ciudad del Príncipe.

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1. Colección de Datos Históricos-Geográficos y Estadísticos de Puerto del Príncipe y su Jurisdicción. Torres Lasqueti 1888

2. Ibíd.

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