Saturday, July 8, 2017

Camagüey en el año 1861


En aquellos tiempos que esta ciudad era una villa de doce á catorce mil habitantes, conocida más comunmente [sic] con el nombre de Camagüey, [...] que entre sus principales familias se contaban la de Orellana, la de Cabrera, la de Montalvan, la de Sifonte, la de Machicao, la de Figueroa (procedente esta del ilustre Vasco Porcayo de Figueroa, yerno del Cacique del país) y otras, de algunas de las cuales, apenas ha quedado uno que otro descendiente poco conocido: que á nadie se trataba de don; escepto tal cual eclesiástico, ó empleado de alta categoría: que todas las casas, ó casi todas eran bajas, y muchas de ellas de paja y embarro, con unos patios inmensos descubiertos ó acotados, por la mayor parte, con cerca de jequí, de guano ó de cualquier otra madera: que no había más quince ó veinte carruajes llamados calesas, muy pesadas, con un postigo atras y otro á cada lado con sus cortinillas, y algunas de ellas con dos pilares delanteros, dándole al carruaje apariencia de andas de santo: que los hombres ricos usaban á todas horas capa de paño azul ó de grana, con un galón ancho de oro en la muceta, ó bien de lamparilla sin galón: que cuando asistían a un acto solemne, además del calzón corto con bragueta y las medias que ordinariamente usaban hasta dentro de casa, vestían casaca con mangas anchas y faldas largas con entretela de petate, chaleco con faldas, camisas con vuelos anchos en la pechera y bocamangas por lo regular de punta fina, ó de Flandes, corbata estrecha y angosta, sombrero negro de pelo de tres picos, zapatos de paño ó de polvillo con hebillas grandes de metal ó de piedras que hiciesen juego con las charreteras de los calzones, la cabeza empolvada con harina, y espadín pendiente de la cintura: que cuando salían á la calle de noche era con su espada de cinco cuartas, envainada ó desenvainada, bajo del brazo: que la mitad delantera de la cabeza se la pelaban, lo que llamaban cepillo, recogiendo el pelo que quedaba atras dentro de una bolsa de tafetán negro, que figuraba la pala de una tarabilla de torcer rabo, denominado caramba, dejando a los lados lo suficiente para los bucles que caían encañutados en dos órdenes, á veces, sobre las orejas: que las mujeres vestían saya, fustán dentro de casa, en la iglesia y en las visitas de confianza, y cuando iban á alguna función añadían el tontillo y el corpiño, con manga ajustada hasta el codo, calzando zapatos con hevillas, lo mismo que las de los hombres, y con palillos de dos o más pulgadas de alto, y llevando la cabeza bien empolvada, con el pelo echado todo atras formando una especie de castaña sujeta con un espadilla de metal: que no se conocían otros instrumentos músicos que el violín, el violón, el harpa, la guitarra, la flauta y las trompetas; ni otros juegos de carteo que la malilla abarrotada, el rey, la zampa, la brisca, el tuti y el toro; ni de envite sino la primera, la treinta y una, el truquiflor y los dados: que los muchachos y aun los hombres casaderos jugaban en la calle á las bolas y á los mates: que en un departamento de la gallería se jugaba truco: que los escribanos no pasaban de dos, los abogados y médicos de cuatro ó cinco, y los barberos y peluqueros de cinco ó seis: que no había otras autoridades públicas que dos alcaldes ordinarios y dos de la Santa Hermandad, ni mas empleados Idem que el Administrador de Real Hacienda, el de el Correos y un factor de tabacos: que los templos se reducían a tres, las tiendas de ropa á cinco o seis y las tabernas á quince o veinte: que no había mas de un correo al mes: que casi todos los años nos entraba dinero de Méjico: que el papel sellado se usaba poco y poco costaba: y en fin que la abundancia reinaba, á la par que la paz, la tranquilidad y el contento.

Manuel Arteaga: Los antiguos camagüeyanos y el noble espósito. Puerto Príncipe, Imprenta El Fanal, 1861, p.1-5.

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