Tuesday, July 4, 2017

1775-1861, Cubanos en la Revolución Americana (por Frank de Varona)

Nota: El texto que compartimos es un capítulo del  ensayo histórico  Presencia y contribuciones cubana a los Estados Unidos, de Frank de Varona


La Habana en 1775 tenía más de 70,000 habitantes y era más grande que ninguna otra ciudad de las Trece Colonias británicas. Al empezar la guerra de independencia de las Trece Colonias, la ciudad más grande era Filadelfia con 40,000 habitantes. Cuba prestó ayuda valiosa a las colonias americanas durante la Revolución Americana. Los astilleros de La Habana construyeron los mejores navíos y fragatas para la marina de guerra española.

El general Jorge Washington reconoció que la participación de España, Cuba y otras colonias españolas con sus fuerzas de mar y tierra e inmensa ayuda económica fue crucial para ganar la independencia de las Trece Colonias. Así lo expresó el genral Washington en varias cartas que escribió a los líderes de la Revolución Americana.

El general Jorge Washington en una carta fechada el 4 de octubre de 1778 le confiesa a Morris que “si los españoles hubieran unido su flota a la de Francia y emprendido hostilidades, mis dudas hubieran disminuido…” El 11 de noviembre de 1778 el general le escribió al presidente del Congreso y le comunicó: ”Actualmente los ingleses son enormemente superiores a los franceses maritimamente en América, y lo seguiran haciendo en todos los aspectos, a no ser que España se interponga…” El 3 de septiembre de 1779, después de recibir la noticia de la declaración de guerra de España contra Gran Bretaña, el general Washington le escribió a Sullivan: “Tengo el placer de informarle que España, al fin, ha tomado una parte decisiva…se espera que esta formidable bifurcación de la La Casa de los Borbones no falle en establecer la independencia de Norteamérica en corto tiempo…” El general Washington nunca escribió que con su pobre ejército él hubiera podido derrotar a la poderosa Gran Bretaña.

Más de 55 millones de hispanos, entre ellos casi dos millones de cubanos, que viven en los Estados Unidos constituyen el 18% de la población total de este país. Los jóvenes que asisten a colegios y universidades tienen el derecho a saber que ellos también ayudaron a establecer la primera democracia moderna y que los hispanos luchamos y derramamos nuestra sangre para que esta nación fuera libre.

El día de año nuevo de 1777, Carlos III, rey de España, nombró a Bernardo de Gálvez , un militar de 29 años, gobernador del extenso territorio de la Luisiana. Este territorio, que abarcaba 13 estados de los Estados Unidos de hoy, se entendía desde el golfo de México hasta Canadá y desde el río Misisipi hasta las, montañas Rocallosas. Inmediatamente después de su llegada a Luisiana, Gálvez comenzó a ayudar a los revolucionarios norteamericanos en Virginia y en el valle del río Misisipi con pólvora, balas y abastecimientos. Nueva Orleans se convirtió en un refugio para todos aquellos que peleaban en contra de los ingleses.

El 21 de junio de 1779 España le declaró la guerra a Gran Bretaña y Gálvez comenzó a atacar a los ingleses con sólo 1,450 hombres. Mientras esperaba refuerzos de Cuba, Gálvez capturó los fuertes de Manchak, Baton Rouge, Panmure (Natchez), Thompson y Amith. Seiscientos soldados ingleses fueron capturados sin apenas ninguna pérdida española. Gálvez capturó Mobile el 14 de marzo de 1780, tras un sitio de 20 días. La expedición de Cuba fue dirigida por el Marqués de las Amarillas. El Regimiento Fijo de La Habana y el Batallón de Pardos y Morenos de La Habana, formados por cubanos blancos y negros, participaron en las campañas del general Gálvez y derramaron su sangre para lograr la independencia de los Estados Unidos. 

Gálvez tuvo que enfrentarse con el reto más difícil, Pensacola. Esta ciudad estaba defendida por 2,500 soldados ingleses y dos fragatas protegían la entrada de su bahía. Gálvez reunió tropas y abastecimientos adicionales procedentes de Cuba, la Luisiana y otras partes. Su ejército aumentó a 7,000 hombres, lo que para la época era considerable. Dicho ejército se componía de soldados blancos, negros, mestizos e indios nacidos en España, Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Haití, México, Venezuela y Nueva Orleans.

Ayudando a Gálvez en la batalla de Pensacola como segundo al mando estaba el general Juan Manuel de Cagigal, nacido en Santiago de Cuba, quien posteriormente fue nombrado gobernador de Cuba. Su edecán era Francisco Miranda, quien era venezolano, y al que se le conoce como el precursor de la independencia de la América de Sur y como su líder intelectual. 

La poderosa flota española de 15 navíos y tres fragatas al mando del general José Solano y Bote, unida a una flota francesa, fue de gran ayuda para el general Gálvez en la conquista de la plaza. Junto con los marineros españoles venían marineros nacidos en Cuba. Después de luchar durante dos meses, los ingleses se rindieron en Pensacola el 8 de mayo de 1781. Habían perdido su último baluarte en el golfo de México. Gálvez había expulsado a los ingleses del valle del río Misisipi y del golfo de México. De hecho, había creado un segundo frente de batalla.

El historiador Orwen Rush opina que la batalla de Pensacola fue de una influencia decisiva en la victoria sobre la Gran Bretaña. Herminio Portell Vilá, historiador cubano, afirma que los ataques de las tropas españolas y cubanas a las ciudades y fuertes ingleses a lo largo del río Misisipi, el golfo de México, las Bahamas y América Central fueron determinantes en la desmoralización de las tropas inglesas. Estos ataques impidieron que los ingleses pudieran consolidar un gran ejército para atacar a George Washington y las tropas francesas que ayudaron a los patriotas norteamericanos. 

El rey de España, Carlos III, le otorgó a Bernardo de Gálvez el título de conde de Gálvez y lo ascendió al grado mayor que un militar podía ocupar en el ejército español. Más tarde Gálvez fue gobernador de Cuba y virrey de Nueva España (México). Murió en México a los 40 años. La ciudad de Galveston, Texas ha sido nombrada en su honor. El rey le otorgó el título de marqués del Socorro a José Solano y Bote. 

Otra página olvidada en la historia de la guerra de independencia fue la de la generosidad de los habaneros y su ayuda a la causa de la Revolución Americana. En la primavera de 1781, Washington informó al general Rochambeau, jefe de las tropas francesas en los Estados Unidos, acerca del estado lastimero en que se encontraban sus soldados. El ejército norteamericano y francés necesitaba dinero para pagar el sueldo atrasado de los soldados y para comprar comida, ropa y otros abastecimientos. El conde de Rochambeau envió varias cartas al almirante de Grasse, cuya flota acababa de llegar a Santo Domingo. Rochambeau informó a de Grasse que las tropas francesas y norteamericanas estaban carentes de recursos y necesitaban 1,200,000 libras tornesas (moneda francesa) para poder lanzar un ataque contra los ingleses. A de Grasse le fue imposible recaudar esa suma tan considerable en la colonia de Santo Domingo, así que mandó a tres de sus mejores fragatas a la Habana, entre ellas una fragata al mando de Saint Simon. A su llegada a La Habana, Saint Simon se puso en contacto con el gobernador de Cuba, Juan Manual de Cagigal, y con el edecán Francisco Miranda y el dinero fue recaudado en 24 horas. ¡Los comerciantes y damas de Cuba recaudaron esta inmensa suma en un día! La inscripción que escribieron las damas de La Habana en su donación fue “para que los hijos de las madres americanas no nazcan esclavos”. 

¿Por qué los cubanos fueron tan generosos con los norteamericanos? Una de las razones era la compasión que sentían por la suerte de otra colonia. Otra razón era el odio que les tenían a los ingleses ya que ellos habían capturado La Habana en 1762 y maltratado a sus habitantes.

El tesoro recaudado fue traído a los Estados Unidos y dividido entre las tropas norteamericanas y francesas. Este dinero ayudó a financiar la última batalla de la guerra que fue la de Yorktown, la cual terminó con la rendición de las tropas inglesas el 31 de octubre de 1781. La ayuda económica cubana fue crucial. El historiador americano Stephen Bonsal dijo: “El millón proporcionado puede ser considerado verdaderamente como el cimiento sobre el cual se erigió el edificio de la independencia”. 

El general francés Jean Baptiste, conde de Rochanbeau, escribió en sus Memorias: “La alegría fue enorme al recibir el dinero de La Habana. La contribución de 800,000 libras de plata ayudó a parar la bancarrota financiera (del Ejército Revolucionario) y levantó el espírito y la moral del Ejército que se había comenzado a disolver”.

Otra gran ayuda de Cuba a las Trece Colonias durante la guerra de independencia fue el comercio que estableció entre los dos países el habanero Juan de Miralles cuando llegó a Filadelfia como agente diplomático de España. Barcos norteamericanos fueron reparados en los astilleros de La Habana, los cuales fueron los mejores de América. El general cubano Juan Manuel de Cagigal con una flota y ejército partió de La Habana y capturó las Bahamas. Estando en Nassau liberó prisioneros de guerra que los ingleses habían capturado durante este guerra. Aparte de la ayuda financiera de Cuba, y el comercio de Cuba con las colonias norteamericas fue también muy importante.

En conclusión, la historia de la valiosa contribución hecha por los cubanos, españoles y otros hispanoamericanos a la Revolución Americana debe ser reconocida e incorporada en los libros de historia para que todos los estadounidenses se den cuenta que los cubanos y otros hispanos no sólo exploraron y colonizaron gran parte de los Estados Unidos, sino que también lucharon por su independencia. 

En 1787, recuperada ya La Florida por España, abrió la primera escuela integrada donde blancos y negros estudiaron juntos en San Agustín. El primer profesor de esta escuela fue el padre Francisco Traconis, quien había nacido en Santiago de Cuba. Otro religioso cubano que sirvió como obispo en Luisiana fue Luis Peñalver y Cárdenas. Este religioso llegó a Nueva Orleáns en 1793 y construyó hospitales, iglesias y escuelas y fue muy querido por todo el pueblo.

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Frank de Varona is an educator, historian, journalist, and internationally known expert on politics, economics, foreign affairs and national security issues. He was born in Cuba and, at the age of 17, he participated on the Bay of Pigs invasion in an effort to eradicate communism in Cuba. After spending two years in prison, he returned to the United States, where he earned three college degrees. He is married and has a daughter and a grandson.
Mr. de Varona had a 36-year career in the Miami-Dade County Public Schools as a social studies teacher, principal, region superintendent, and associate superintendent of instruction. He also was an associate professor of social studies in the College of Education at Florida International Education for seven years. Currently, he is a part-time Adult Education Coordinator in the Miami-Dade County Public Schools.
He has written 20 books and many articles in newspapers and magazines. Among his books are Hispanics in U.S. History Volume 1 and Volume 2 (1989), Hispanic Presence in the United States (1993), Latino Literacy: The Complete Guide to Our Hispanic History and Culture (1996) and Presencia hispana en los Estados Unidos: Quinto Centenario (2013). Mr. de Varona is the only Hispanic in the nation who has written three books in Spanish about Barack Obama: ¿Obama o McCain? (2008), El verdadero Obama (2010) and ¿Obama o Romney? (2012).

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