Monday, November 28, 2016

En el Cementerio (un poema de Félix Luis Viera)

Nota: Cada lunes la poesía de Félix Luis Viera. Puedes leer todos sus textos, publicados en el blog, en este enlace. Traducción al italiano de Gordiano Lupi.




7


En el Cementerio de Dolores está la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Es una mañana de domingo de noviembre y el frío destila aun en la tierra del cementerio
(tan sombrío).
Junto a una tumba
dos o tres guitarras y tres o cuatro voces cantan para un muerto
mientras se escancia el tequila de la mortalidad.
Luego de varios vericuetos
entre vendedores de flores y vivos que van a ver a sus muertos
(y que algún día no serán más que muertos visitados)
está la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Allí no estarán todos los ilustres del país pero los que están son Ilustres
(no hay por ejemplo ni un limpiabotas ni una doméstica ni un tragafuegos).

Bueno, lo que quería decir
es que ni mis colegas compatriotas,
ni el que suscribe,
                                que habitamos en la interminable ciudad de México
seremos enterrados en esta Rotonda ni en ninguna:
allá,
en la patria,
ni siquiera se ha estudiado un edicto a ver qué harán con nuestros huesos:
gracias al Tirano
nuestras futuras cenizas gozan, ya hoy, de la zozobra.

Hay un frío terrible en esta mañana de noviembre
mientras me fotografío junto a las tumbas de los Hombres (y alguna mujer) Ilustres
en el Cementerio de Dolores,
y resulta
inevitable
pensar adónde irán a dar los huesos de Rafael,
Andrés, Raúl, Osvaldo, Ernesto, Eliseo, Yoel, Elena, Carlos,
Osmar, Emilio, Odette
   y de los demás
cuando llegue ese instante ineludible
en que un ser humano viaja hacia el polvo.

El frío
a cada segundo
es más descomunal y en el cementerio (tan sombrío)
hay tumbas parecidas a los barrios ricos
   y otras
lucen gemelas de los arrabales más espeluznantes
de la interminable Ciudad.

Pasan unas viejecitas –que no parece que van hacia las tumbas, sino que han salido de ellas–
con flores para sus muertos,
y de nuevo
es imposible
dejar de pensar
cuál será el destino de los huesos de mis colegas compatriotas
y los míos
si no tenemos rotonda alguna
ni naranja
ni patria
ni tierra
ni flores
ni viejecitas
ni tumba en ninguna parte
ni nada.

1998


Poema 7 de La patria es una naranja (2010, 2011,2013)


7


Nel Cimitero Dolores c’è la Rotonda degli Uomini Illustri.
È una domenica mattina di novembre e il freddo trasuda ancora nella terra del cimitero
(così malinconico).
Vicino a una tomba
due o tre chitarre o quattro voci cantano per un morto
mentre si serve la tequila della mortalità.
Dopo alcuni luoghi impervi
tra venditori di fiori e vivi che vanno a vedere i loro morti
(e che un giorno non saranno più che morti visitati)
c’è la Rotonda degli Uomini Illustri.
Lì non ci saranno tutti gli illustri del paese ma quelli che ci stanno sono Illustri
(non c’è per esempio né un lustrascarpe né una domestica né un mangiafuoco).

Bene, quel che volevo dire
è che né i miei compatrioti,
né il sottoscritto,
                              che abitiamo nella interminabile Città del Messico
saremo sepolti in questa Rotonda né in altre:
là,
nella patria,
neppure è stato studiato un editto per vedere cosa faranno con le nostra ossa:
grazie al Tiranno
le nostre future ceneri sono logorate, sin da oggi, dall’angoscia.

C’è un freddo terribile in questa mattina di novembre
mentre mi fotografo accanto alle tombe degli Uomini (e qualche donna)
Illustri
nel Cimitero Dolores,
e risulta
inevitabile
pensare dove andranno a depositare le ossa di Rafael,
Andrés, Raúl, Osvaldo, Ernesto, Eliseo, Yoel, Elena, Carlos,
Osmar, Emilio, Odette
   e di tutti gli altri
quando arriverà il momento ineludibile
in cui un essere umano diventa polvere.

Il freddo
a ogni secondo
è più fuori dal comune e nel cimitero (così malinconico)
ci sono tombe simili ai quartieri ricchi
   mentre altre
brillano gemelle dei sobborghi più orripilanti
dell’interminabile Città.

Passano alcune vecchiette - che non sembrano andare verso le tombe, ma paiono uscite da quelle -
portando fiori per i loro morti,
e di nuovo
è impossibile
smettere di pensare
quale sarà il destino delle ossa dei miei compatrioti
e delle mie
se non abbiamo nessuna rotonda
né arancia
né patria
né terra
né fiori
né vecchiette
né tomba in alcun luogo
né niente.

1998

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Félix Luis Viera, poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado siete poemarios; tres libros de cuento; cuatro novelas y una noveleta.
Entre los premios que recibiera en su país natal, se cuentan el David de Poesía, en 1976; el Premio Nacional de Novela, en 1987, por Con tu vestido blanco, que recibiera al año siguiente el Premio de la Crítica, galardón que ya le había sido otorgado a este autor, en 1983, por su libro de cuento En el nombre del hijo.
Su poemario La patria es una naranja, que aborda el tema del exilio a la par que incursiona en la realidad mexicana, ha tenido una buena acogida de crítica y público y recibió en Italia el Premio Latina in Versi en 2013.
Es ciudadano mexicano por naturalización. Reside en Miami.
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Gordiano Lupi, periodista, escritor y traductor, nació en Piombino, Italia, en 1960.
Fundador, en 1999, junto con Maurizio y Andrea Maggioni Panerini de la editorial La Gaceta Literaria, ha traducido del español a varios autores cubanos, como Alejandro Torreguitart Ruiz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y Virgilio Piñera, entre otros.
Cuenta en su haber con una amplio trabajo sobre figuras del cine, entre ellas Federico Fellini, Joe D´Amato y Enzo G. Castellari.
Ha publicado más de una decena de libros que abarcan diversos géneros, como Nero tropicale, Cuba magica, Orrore, ertorismo e ponorgrafia secondo Joe d´Aamto y Fidel Castro – biografia non autorizzata.
Gordiano Lupi es un luchador por la democracia para Cuba y un promotor de las artes y la cultura de la Isla.

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