Wednesday, May 11, 2016

Todo a pedir de boca. El stock comercial de la antigua Casa Calvo en 1958 (por Carlos A. Peón-Casas)



Casi nadie en Camagüey, sabe que el espacio que ocupa hoy, el muy deprimido mercado La Gaviota, en la calle República, y que antes en los años setenta, y comienzos de los ochenta del pasado siglo XX, ocupara su actual local una famosa pescadería del mismo nombre, donde abundaban verdaderas rara avis de hoy día, como el chicharro, algún jurel, y hasta los hoy seguramente boccatta di cardinale: calamares y ancas de ranas; fuera muchos años antes, el aludido supermercado de mi título.

Y los que pocos imaginan, salvo los que ya peinen muchas canas, y estén camino de ingresar a la “cuarta edad”, que lo vivieron en carne propia, es que aquel muy bien montado negocio, que quizás tenía sus iguales en otros establecimientos de la ciudad con más o menos el mismo estilo: El Colmado de la Palma, o La Zambrana, tenía el surtido mejor servido de una comarca y unos comarcanos, que no pecaban precisamente por andarse con chiquitas a la hora de sentarse ante una mesa bien servida.

Si alguien quería proveerse de buenos productos, no dudaba en visitar el sitio, que tenía como slogan: “vendemos lo mejor porque compramos lo mejor”; y lo hacían a precios muy oportunos, si bien es bueno aclarar que no cualquier hijo de vecino concurría asiduamente al establecimiento, pero también es muy cierto en cualquier bodega de barrio se podrían encontrar productos de menor precio, pero muy buena o tanta calidad como los expendidos allí. 

De todos modos, en la Casa Calvo la exclusividad de productos sofisticados, se pagaba muy a gusto, y reitero no a precios despampanantes. Hoy aludiremos las enormes existencias de aquellos que incluían las bebidas espirituosas, los vinos y los licores. 

Si se trataba de comprar una buena sidra, por supuesto que la muy popular El Gaitero se expendía allí al precio de sesenta centavos la media botella; pero si la ocasión lo merecía, y el bolsillo se podía dar el gusto Ud. se podía llevar una botella de Zarracina- Extra fina, por la que pagaba 1.30 pesos cubanos.

Con los Champagnes pasaba lo mismo aunque en este apartado, dado la calidad de las ofertas casi todas francesas, se podía adquirir otra media botella del afamado Veuve Clicquot dulce por 4.25 pesos; pero si había para más, se podría llevar a casa, para un brindis de altura el: Veuve Clicquot- Demi sec en cesto de mimbre, con dos botellas por 18 pesos. Otra variante del ya citado, el Brut Rosé, cosecha, óigase bien, de 1935, se adquiría por sólo 10 pesos.

Del apartado de los vinos, igualmente franceses, pero también italianos y alemanes (de la región del Rhin), o los muy populares españoles, y portugueses, la casa tenía una oferta que le quitaría el aliento hoy día a cualquier improvisado sommelier, de esos que encontramos en hoteles de turismo locales de muchas campanillas, pero de pésimo servicio, que en su ignorancia supina, te pueden recomendar un vinito Soroa, a la hora de degustar una Langosta Thermidor, que de todo se ha visto….. Sólo para ilustrar listo algunos de los más sofisticados que allí se podían conseguir:

Forster Alteburg del Rhin, cosecha de 1949…… botella 4.00
Bernkasteler Doktor 1945, de la región de Mosela…..botella 3.50
Napoleón Añada 1730. De Pedro Domecq. Viejísimo…….botella 10.00
Mittelwhir- Riesling- Grande Reserve 1937. Región de Alsacia….botella 4.00
Chateau D’Yquem Lur Saluces. Burdeos blanco, cosecha de 1945….botella 7.25
Falerno. Italiano blanco……botella 2.50
Sandeman’s Oldest & Finest (Oporto) ….botella 4.50
Chateuneup-du PAPE 1947 REINE PEDAUQUE del Valle del Ródano….botella 3.25

El apartado de los Aperitivos, Amargos y Vermouths era igualmente extenso. Se podía llevar lo mismo un Pernod, que un Dubonnet, un Fernet Branca, Campari Bitters, un Cinzano Rojo, o un Martini Rossi, rojo o blanco. Los precios iban desde 2 hasta 6.25 pesos.

De los Cognacs y Brandies la lista parecía interminable. Desde un Napoleon Grande Fine Champagne en botella de Baccarat a 40 pesos; a otro tipo Courvoisier, de 18.50 pesos; pasando por un Hennessy V.V.X.S.P, a 11 pesos; un Osborne No.3 en estuche con dos botellas a 19 pesos; un Cognac Griego Metaxaz, a 7.25 la botella; un Calvados Boulard-Cantarilla, a 7.25; hasta llegar a los muy populares entonces, hoy igualmente verdaderas rarezas hasta en bares muy bien montados, como serían un Felipe II a 4.50 pesos, Tres Medallas, a 2.50 pesos, ambos de Agustín Blazquez; o un Terry Malla Dorada, la botella a 3 pesos.

Ni qué decir de los Whiskies, que harían palidecer de vergüenza a los barman locales de aquí y ahora, ante su sola mención, imposibilitados de poder escanciarlos a su clientela: Un Conqueror- 12 años a 9.75 pesos la botella; un Old Smuggler, a sólo 4. 50, un Ancestor a sólo 8; un Old Hickory (Bourbon) a 6 pesos, o el muy sofisticado Crown Royal Seagrams, a 12 la botella.

Del apartado de Rones y Aguardiantes había tela igualmente por donde cortar. Te llevabas un Bacardi Añejo Decanter por sólo 2..25 la botella, o cualquiera de sus otras variedades, Bacardi 1873, Carta Oro y Carta Blanca, fluctuando entre 2 y 1.45 Los aguardientes de Cazalla y el de Uva Mosteiro fluctuaban entre 1.25 y 3 pesos por botella. Igualmente en otra sección de bebidas espirituosas se listaban un Vodka Ruso Legítimo a 5 pesos la botella; el Tequila Cuervo, a 4.50 pesos, y hasta un Vodka Checoslovaco.

Los Licores Cordiales, los Cointreau de Angers, y los Marie Brizard de Bordeaux, muy apropiados para el minuto posterior al café, se listaban en sucesión interminable. De aquellos últimos citados, un octogenario amigo me recordaba al leer la lista que hoy aireo, y rememorar el sabor de las cosas ya perdidas en su bien entrenado paladar uno en particular: el famoso Cuatro en Uno, en presentación de un litro, dividido aquel en cuatro porciones cada parte con un bouquet particular, y que se expendía allí por 11 pesos. 

Del resto había para elegir: Anis del Mono Dulce a 3.75 la botella; Benedictine, a 5 pesos, Cordial Campari, a 4.50 pesos; Cherry Heering, a 5.50; Apricot Brandy, Crema de Cacao, Blackberry Brandy, Peach Brandy, Prunelle y Cherry Brandy todos s a 3.75 pesos cada uno.

Finalmente no acabaré sin mentar los bien famosos y muy originales Licores Lucas Bols de Holanda, los Luxardo, de Italia, y las cervezas importadas. De los primeros listo el Licor de Mandarina y el Advokaat (Crema de Vie), o el Marraschino con funda, todos se vendían a 3.75 pesos la botella. Los Luxardo por su parte incluían un finísimo estuche de seis ánforas miniaturas que importaba 11 pesos.
Las cervezas importadas ofertaban, entre otras la Alemana La llave, media botella por cuarenta y cinco centavos, la Inglesa Cabeza de Perro, a 0.65; la Americana Pobst, la lata a 0.30 centavos, y la muy clásica Budweiser, también enlatada y al mismo precio que la anterior.

Si acaso algún antiguo cliente de aquel surtidísimo espacio se dejara caer de improviso por el sitio, se encontraría con lo inevitable: un paupérrimo, maloliente y mal iluminado salón con algunas botellas de ron peleón a precios de cielo, y alguna botella de algún vino de frutas artesanal, fabricado localmente y de ciertamente dudosísima calidad; y más y mucha desidia por parte de los casi siempre aburridos dependientes, que espantan a manotazos las moscas que los circundan. Un espectáculo no aconsejable para quienes conocieron las bondades de aquel supermercado, y quieran seguir viviendo del amable recuerdo, hoy venido tristemente de más a nada.

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