Monday, March 31, 2014

Poemas de amor y de olvido (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: El blog Gaspar, El Lugareño está presentando, los lunes y jueves, una selección del poemario Poemas de amor y de olvido  (Editorial Capiro, Cuba, 1994), de Félix Luis Viera. Se incluye traducción al italiano de Gordiano Lupi. 


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 El ser humano es muy complejo



Como el ser humano, según se afirma, es muy complejo, me senté frente a la máquina para escribir un poema furioso, pero enseguida me sentí triste y quise escribir un poema triste. Entonces me vi frente a la hoja en blanco sin saber qué iba a escribir porque ya no me sentía ni triste ni furioso, sino, por ejemplo, como la luz amarilla del semáforo. Y todo por ti, o por mí, porque ya decía que el ser humano es muy complejo, de modo que tú no tienes la culpa de que tan pronto haya cambiado mi estado de ánimo de la tormenta a la calma o algo así. Inmediatamente, frente a la hoja en blanco, te comparé con una lágrima, pero enseguida comprendí que a quien debía comparar con una lágrima era a mí, pues tú estabas lejos y tal vez con otro en cualquier música, colchón, alfombra a esas alturas de la noche, de manera que ya con mucha razón me habrías olvidado y no tenía por qué compararte o pensar en ti como una lágrima desde ti, sino desde mí, y continué entre triste y furioso y mientras tanto la hoja continuaba en blanco y entonces —quién sabe por qué— recordé esa noche en Belgrado cuando desde un balcón a mí a Branco y a Mirianna comenzaron a lanzarnos trozos de manzana porque hablábamos muy alto al parecer y ya era más de medianoche y los trozos perforaban los castaños y al principio aun creímos que eran frutos de éstos, hasta que uno se estrelló contra mi brazo y, ahí mismo, con la hoja en blanco todavía, escuché el radio del vecino y me puse otra vez furioso porque, como casi siempre, no me dejaba concentrarme y sentí verdaderas ganas de lanzarle una manzana o mejor una guayaba o cualquier fruta folclórica y entonces, pensando en la guayaba, me acordé de tus labios y pensando que mordía la guayaba y la despielaba me acordé de ti toda desropándote y ahí comenzó la página a llenarse de aromas de ti y de guayabas y de mangos y nuevamente te vi —ya digo que el ser humano es muy complejo— como un hálito jugoso mirándome desnuda en esa habitación por primera vez allá, tan lejos, entonces nos escuché nuevamente hablando en ese idioma que no era el tuyo ni el mío pero con el cual no nos quedaba más remedio que entendernos, entonces te vi otra vez con aquellos blúmeres que parecían palomitas y me vi también palomita contemplándote y me vi contigo vistiéndome y desvistiéndome como si hubiéramos encontrado el movimiento perpetuo y contigo descubriendo las calles en la madrugada tomada por el sonido descomunal de nuestros pasos, y la hoja se fue llenando de palomitas y calles y dientes tuyos y frases en ese idioma que no era el tuyo ni el mío pero era el único, y de gestos escénicos cuando no nos alcanzaban las palabras en ese idioma extraño y me seguí viendo contigo enseñándote un triste bolero en español, tan triste y anacrónico como debe serlo el primer hijo natural de la tristeza, y la hoja llenándose y, como el ser humano ya se sabe desde hace tiempo es muy complejo, marchaba triste yo a medida que escribía esto que iba viendo, pero contradictoriamente satisfecho porque sentía que estaba escribiendo un poema muy sincero, satisfecho en la medida que te vaciaba como una puñalada en el papel, pero cada vez más triste, de modo que cuando me acercaba al final del poema o de ese escrito en el que te iba pasando tal una película me faltaba el aire o más bien se me fugaba por los pies, y también me sentía feliz como debe sentirse el equipo de electroshock cuando emite una descarga a un necesitado, pero bueno, como ya se sabe que el ser humano es muy complejo, terminando la escritura de pronto me embistió la furia —ella a mí, no yo a ella— y sentí unas ganas irremediables de morder todo lo escrito o de buscarte —lo cual es universalmente imposible— o no sé qué; así que otra vez me sentí en la posición que causa la luz amarilla del semáforo y arranqué el papel y, como si con eso arreglara algo, lo rompí en miles de pedazos, y entonces se me clavó por el flanco derecho, con salida por el izquierdo, eso que los psicólogos creo que llaman depresión y me fui al patio, y vi posarse un gorrión tiernecito de esos que en noviembre no han terminado de plumear por vez primera, y de nuevo deseos de comenzar el poema pero, ambivalente entre la furia y la tristeza, no supe qué hacer y sentí ganas de mandarlo al carajo por segunda vez; y así lo hice; y decidí sería mejor escribir estas líneas donde trato de narrar uno de los ejemplos que demuestran por qué el ser humano es realmente un ser muy complejo.

Noviembre 1982


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L’essere umano è molto complesso


Dato che l’essere umano, secondo quanto si dice, è molto complesso, mi sedetti davanti alla macchina per scrivere una poesia furente, ma subito dopo mi sentii triste e decisi di scrivere una poesia triste. Fu così che mi vidi davanti al foglio bianco senza sapere che cosa scrivere perché non mi sentivo più né triste né in collera, per fare un esempio, ero come la luce gialla del semaforo. E tutto per te, o per me, perché stavo dicendo che l’essere umano è molto complesso, quindi tu non hai colpa del mio repentino cambiamento di stato d’animo dalla tormenta alla calma o qualcosa di simile. Immediatamente, davanti al foglio bianco, ti paragonai a una lacrima, ma subito compresi che avrei dovuto paragonare me stesso a una lacrima, perché tu eri lontana, forse con un altro, persa in qualche musica, materasso, tappeto, a quell’ora di notte, quindi era molto probabile che tu mi avessi dimenticato e io non avevo motivo di paragonarti o di pensare a te come a una lacrima proveniente da te, se non da me, continuai tra il triste e il collerico, nel frattempo il foglio restava bianco, allora - chissà perché - ricordai quella notte a Belgrado quando da un balcone cominciarono a lanciare tozzi di mela contro di me, Branco e Mirianna perché secondo loro parlavamo con tono di voce molto alto, era già passata mezzanotte, i tozzi perforavano i castagni, al principio credemmo che erano i loro frutti, fino a quando uno si schiantò contro il mio braccio, in quel momento, ancora con il foglio bianco, ascoltai la radio del vicino, fui assalito di nuovo dalla collera perché, come quasi sempre, non mi lasciava concentrare, provai un vero desiderio di lanciargli una mela o meglio una guayaba o un altro genere di frutta tipica, allora, pensando alla guayaba, mi ricordai delle tue labbra, pensando di mordere la guayaba e di sbucciarla mi ricordai di te mentre ti spogliavi completamente, fu lì che la pagina cominciò a riempirsi di aromi di te, di guayabas, di manghi e di nuovo ti vidi - ho già detto che l’essere umano è molto complesso - come un alito succoso mentre mi guardavi nuda in quella stanza per la prima volta, così lontani, udii nuovamente le nostre parole in quella lingua che non era né la tua né la mia, ma rappresentava il nostro unico modo per capirsi, ti vidi ancora una volta con quelle mutandine che sembravano piccole colombe, mi vidi pure io piccola colomba mentre ti contemplavo, mi vidi con te vestendomi e spogliandomi come se avessimo trovato il movimento perpetuo, con te a scoprire le strade in un’alba conquistata dal suono fuori dal comune dei nostri passi, il foglio cominciò a riempirsi di piccole colombe, strade, denti tuoi, frasi in quella lingua che non era né la tua né la mia ma era l’unica, di gesti spettacolari quando non ci bastavano le parole in quella lingua strana, continuai a vedermi con te mentre ti mostravo un triste bolero in spagnolo, così triste e anacronistico come dev’essere il primo figlio naturale della tristezza, il foglio continuava a riempirsi, siccome l’essere umano - ormai lo sappiamo da tempo - è molto complesso, io andavo avanti triste mentre scrivevo ciò che veniva fuori, contraddittoriamente soddisfatto perché sentivo che stavo scrivendo una poesia molto sincera, soddisfatto mentre ti riversavo come una pugnalata sul foglio, ma ogni volta più triste, in modo tale che quando stavo arrivando alla fine della poesia o di quello scritto nel quale stavi passando come in una pellicola mi mancava l’aria o meglio mi scappava dai piedi, e per di più mi sentivo felice come deve sentirsi il congegno per elettroshock quando emette una scarica destinata a chi ne ha bisogno, ma certo, siccome ormai sappiamo che l’essere umano è molto complesso, mentre ultimavo la scrittura all’improvviso mi assalì la collera - lei a me, non io a lei - e provai una voglia incontenibile di mordere tutto quello che avevo scritto o di cercarti - cosa del tutto impossibile - o non so che altro; quindi ancora una volta mi sentii nelle tipica posizione che provoca la luce gialla del semaforo, strappai il foglio, come se così facendo potessi rimediare qualcosa, lo ruppi in mille pezzi, ma fu proprio allora che mi si conficcò nel fianco destro, uscendo per il sinistro, quel che gli psicologi credo chiamino depressione, me ne andai in giardino, vidi posarsi un passerotto tenero di quelli che a novembre non hanno finito di mettere le piume per la prima volta, e di nuovo provai il desiderio di cominciare la poesia ma, conteso tra collera e tristezza, non seppi che fare e provai il desiderio di mandarlo al diavolo per la seconda volta; e così feci; decisi che sarebbe stato meglio scrivere queste righe dove cerco di far capire con un esempio perché l’essere umano è davvero un essere molto complesso.

Novembre 1982


Traducción al italiano de Gordiano Lupi

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Félix Luis Viera nació en Santa Clara, Cuba, en 1945. Ha publicado los libros de poemas: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la UNEAC 1976, Ediciones Unión Cuba); Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba); Cada día muero 24 horas (Editorial Letras Cubanas, 1990); Y me han dolido los cuchillos (Editorial Capiro, Cuba, 1991) y Poemas de amor y de olvido (Editorial Capiro, Cuba, 1994). Los libros de cuento: Las llamas en el cielo (Ediciones Unión, Cuba, 1983); En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983, Editorial Letras Cubanas, nueva edición 1988) y Precio del amor (Editorial Letras Cubanas, 1990). Las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de novela, UNEAC 1987, Premio de la Crítica 1988, Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (Ediciones Unión, Cuba, 1995); Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003, Editorial Eriginal Books, Miami, 2012) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997, Editorial Capiro, Cuba, 2002).
Su libro de cuentos Las llamas en el Cielo es considerado un clásico en su país. Sus creaciones han sido traducidas a varios idiomas y se han publicado en antologías en Cuba y otros países. En su país natal recibió varios reconocimientos por su trabajo en favor de la cultura. En Italia se le conoce por su novela Un ciervo Herido, editada con el título El trabajo os hará hombres (L’Ancora del Mediterráneo, 2008), que aborda el tema de la UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), en realidad campos de trabajo forzado que existieron en Cuba, de 1965 a 1968, adonde fueron enviados supuestos desafectos a la revolución castrista, como religiosos de diversas filiaciones, lumpen, homosexuales y otros. Esta novela, con buena acogida de público y crítica, ha circulado en varios países de habla hispana y en la Florida.
En 2010, Félix Luis Viera publicó en México El corazón del rey, novela que incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista, y que expone el mundo marginal de esa época. Ese mismo año dio a la luz el poemario La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami), publicado posteriormente en Italia por ediciones Il Flogio y merecedor de uno de los Premios “Latina en Versos”, otorgados en aquel país.
Es ciudadano mexicano por naturalización.

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