Monday, November 25, 2013

Cada día muero 24 horas (por Félix Luis Viera)

Nota del blog: El blog Gaspar, El Lugareño está presentando, los lunes y jueves, una selección del poemario Cada día muero 24 horas  (Editorial Letras Cubanas, 1990), de Félix Luis Viera. Se incluye traducción al italiano de Gordiano Lupi.    


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Leyenda

                     Para A. M


Cierta vez, hace milenios según los
   historiadores
(o los rapsodas o los acuñadores de mitos),
salieron todos los hombres de la Tierra
—casi toda vegetación, bestias y pájaros
   entonces—
a buscar la ternura que, según ellos,
no había sido incluida en la receta por
   quien los inventó.
Naturalmente, como eran hombres sin ter-
   nura, eran
todos bárbaros, tercos, sólo colmillos y
   diatribas,
garrotes, eructos y palabras obscenas (que
   ya
en aquel tiempo se decían).
Salieron estos hombres en busca de la ter-
   nura, porque
aun sin sentirla nunca la sabían ausente,
según comprobaban cuando al mirar las
   pestañas de un niño nada comprendían,
cuando miraban, insensibles, los pétalos
   que corren
en las mejillas de una mujer enamorada.
Es decir, que estos hombres bárbaros así,
   piedras
andantes así como eran, no obstante
   intuyeron
que les faltaba un ingrediente, pues
   además,
   convenían,
no era normal que ante ellos
se abriera un lirio y no pasara nada, si
   acaso
deseos de morderlo, machacarlo, hacerlo
   jugo.
Y así estos hombres que parecían
   anatemas
—pero, aun sin ternura, indiscutiblemente
   nobles si atendemos
a la sublime divisa que los guía— partieron
   hace milenios en su busca
sin saber adónde estaba y mucho menos
   cómo era,
pero firmemente esperanzados.
Y así continuaron según los historiadores
   (o los rapsodas o
nosotros los fabricantes de mitos)
varios milenios más en pos de la ternura,
   de manera
que quienes, al fin, la encontraron, eran
   remotos descendientes
de aquellos los primeros que fueron a
   buscarla.
De eso del hallazgo también hace milenios,
   pero menos, claro.
Y estos los halladores les contaron a los
   de más acá
(a los rapsodas, los historiadores, los poe-
   tas, los locos de más acá)
que la ternura estaba sentada, hacía mi-
   lenios, en una piedra alta, visible
desde todas las esquinas de la Tierra. O
   sea que tú
estabas sentada sobre esa piedra, hacía
   milenios.


Diciembre 1980


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Leggenda

                 Per A. M


Una volta, millenni fa secondo gli
   storici
(o i rapsodi o i creatori di miti),
uscirono fuori tutti gli uomini della Terra
- quasi tutta vegetazione, bestie e uccelli
   in quel tempo -
a cercare la tenerezza che, secondo loro,
non era stata compresa nella ricetta da
   chi li aveva creati.
Naturalmente, siccome erano uomini senza
   tenerezza, erano
tutti barbari, ostinati, solo zanne e
   diatribe,
bastoni, rutti e parole oscene (che
   già
in quel tempo si dicevano).
Uscirono fuori questi uomini in cerca della
   tenerezza, perché
anche senza sentirla non la credevano assente,
come si rendevano conto mente guardavano le
   palpebre d’un bambino senza capire niente,
mentre guardavano, insensibili, i petali
   che scorrono
sulle guance d’una donna innamorata.
Cioè, questi uomini così barbari,
   pietre
erranti com’erano, nonostante tutto
   intuirono
che mancavano d’un ingrediente, perché
   inoltre,
   convenivano,
non fosse normale che davanti a loro
si aprisse un iris e non accadesse niente,
   se non
il desiderio di morderlo, schiacciarlo, farne
   succo.
E così questi uomini che sembravano
   anatemi
- ma, ancora senza tenerezza, indiscutibilmente
nobili se prestiamo attenzione
alla sublime divisa che li guida - partirono
   da millenni alla sua ricerca
senza sapere dove si trovasse e ancor meno
   come fosse,
ma fermamente speranzosi.
E così continuarono secondo gli storici
   (o i rapsodi o
noi fabbricanti di miti)
diversi millenni ancora in cerca della tenerezza,
   in maniera tale
che coloro i quali, alla fine, la incontrarono, erano
   remoti discendenti
di quelli che per primi si misero a
   cercarla.
Una scoperta in ogni caso compiuta millenni fa,
   ma più recente, chiaro.
E questi scopritori raccontarono
   a tutti gli altri
(ai rapsodi, agli storici, ai poeti,
   ai matti che sono qui)
che la tenerezza era seduta, da millenni,
   in una pietra alta, visibile
da tutti gli angoli della Terra.
   Ossia che tu
eri seduta su quella pietra, da
   millenni.


Dicembre 1980

Traducción al italiano de Gordiano Lupi

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Félix Luis Viera (Santa Clara, Cuba, 1945). Poeta, cuentista y novelista. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La patria es una naranja (Ediciones Iduna, Miami, EE UU, 2010, Ediciones Il Flogio, Italia, 2011); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2002, Editorial L´ Ancora del Mediterraneo, Italia, 2005), la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005) y El corazón del Rey (2010, Editorial Lagares, México). Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico de la literatura de su país. Sus creaciones han sido traducidas a diversos idiomas y forman parte de antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió varias distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. En México, donde reside desde 1995, ha colaborado en distintos periódicos con artículos de crítica literaria, de contenido cultural en general y de opinión social y política. Asimismo, ha impartido talleres literarios y conferencias, y se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones.

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